reseña literaria del poemario por
Ana Herrera. Filóloga, escritora, poeta.

 

N

os encontramos con un trabajo que recoge la poesía de Muñoz Soler entre los años 1978 y 2019.  «Haz de tu vida un sueño y de tu sueño una realidad», nos dice Antoine de Saint-Exupéry, autor inmortal de El Principito. Esta recopilación es un sueño cumplido de su autor en una cuidada edición de Caligrama Editorial, 2020.

Quizás porque esas primeras composiciones corresponden a sus años más jóvenes, en voz del propio autor en «la flor de la vida», han sido bautizadas con el nombre de Prehistoria Poética. El poeta vive sus veinte y sus treinta años, una etapa aún de inestabilidad profesional, económica, de evolución hacia la madurez personal, pero también cargada de rebeldía, convulsa, pobre en experiencias, plena de inseguridades, de espera, y no exenta del dolor y el sufrimiento que acechan al ser humano en cualquier momento de su existencia. Es este  sufrimiento juvenil el que aparece descrito en los títulos, “Esperamos”, “Monotonía”, “Aislado”, “El sentido de la vida”…, y en un léxico preciso y contundente (frágiles, fugaces, absurdas, crueles, fracasado, mezquino, sombra, siniestro, frío…). Es consciente de la fragilidad de la vida desde un principio, del paso del tiempo, de la muerte, pero consciente también de que «Vivir es un ejercicio de actitud constante», de que su voz, en un profundo sentido de la conciencia social, se debe levantar siempre en ayuda de los más débiles. Este sentimiento humanista y solidario ha acompañado siempre al poeta, haciéndose si cabe más intenso y conmovedor, pues con el paso de los años, la rebeldía se nutre de compasión sin dejar de ser inconformista. Por ello, probablemente, ha dedicado sendos poemas a dos destacados personajes de la historia:

“Tu poesía: belleza siniestra y fría” (a Baudelaire).

“Los tronos manchados son servidores

perpetuos de la sangre derramada” (a Servio Tulio).

La voz poética se adentra en la madurez y se abre al amor, a la libertad, al conocimiento. Inmersa en las circunstancias del mundo, llega a afirmar que el poeta debe ser testigo de su tiempo. Su mirada se detiene en la miserable infancia de Oriente y de los espacios desfavorecidos, y medita sobre la bondad y el destino: «No es suficiente con ser bueno / además, es necesario ser afortunado». La mirada, la caricia, el sentimiento adquieren valor por encima de las mediocridades para cantar a la vida, a la tristeza, al beso del padre antes de morir, a la foto del hijo, a la madre o a las manos de su amada. El “Agua de mar”, sin duda, de la costa malagueña, reviste sus recuerdos y ausencias familiares: «Agua de mar, / a veces brava, a veces mansa, / baña mi cuerpo y mi alma». A la par, reconoce a veces la maldad de las palabras: «Hay palabras que son como lluvia breve… / Su maldad es que son lluvia ácida».

«Lo tengo claro, abogo la tesis / de uno de mis poetas favoritos: / ir ligero de equipaje, en paz conmigo mismo». Se refiere por supuesto a nuestro querido Antonio Machado. El horizonte de la humildad y la paz interior se atisba en su mirada. Nos trae un pensamiento para la fe que es utilizada con afán de coartar la libertad de las personas; otro, para las revoluciones que, con el pretexto de la justicia necesaria, niegan a los liberados. Su voz insistentemente sigue levantándose una y otra vez en pro de los derechos humanos, de los altos valores por los que vocea nuestro espíritu y de los que se hacen eco los grandes genios de la literatura. Así clamaba Cervantes: «Yo nací libre».

Continuando con su técnica del verso libre y del inicio de muchos de sus poemas con una cita de autoridad, el sujeto poético nos alienta ahora, en el camino de su madurez, conocedor de la filosofía del Tempus fugit y del Carpe Diem, a gozar de los placeres de la vida y del amor, de la amada que se asoma a sus retinas envuelta en belleza y ternura: «La figura de mi amada, cierta, tierna, hermosa, / así se muestra en el amplio mundo de mis retinas». Dos poemas de tono sublime inspirados en La aurora de Nueva York de Federico García Lorca y el soneto Huye sin percibirse, lento, el día de Francisco de Quevedo, nos hacen merecedores, de pronto, del sentir de los más ilustres poetas:

Hay auroras que surgen en las noches más hondas […].
Hay auroras que surgen en la claridad más terrible […].
Hudson, que desembocas sin esperanza posible.
                                                             La aurora

-Intento llenar de dicha mi ánima, fortalecerla
-con baños de contemplación y ricos recuerdos […]
“que mejora la lenta huida de las horas”.
                                                          La lenta huida de las horas

Porque a pesar de que el tiempo pasa rápido, a veces las horas transcurren lentamente en el amplio caudal de contradicciones de la vida.

Para un poeta viajero o aventurero, como él mismo se define, el recuerdo de las imágenes del trópico quedará para siempre impreso en su memoria, así ha sido con la luz destellante de las playas de Alamar, sus tardes, o la cochambre de las “Entrañas de Centro Habana”. «Si no sabes a dónde vas, cualquier camino te llevará allí», expresa Lewis Carroll. Muñoz Soler ha cruzado innumerables caminos y todos le han llevado allí adonde ha descubierto la belleza suficiente y la verdad ineludible para encontrarse a sí mismo. Fruto de estos viajes, ha conocido a innumerables y excelentes poetas y su propia poética ha sido presentada en países de todos los continentes y traducida a once idiomas.

Un impulso, un estímulo vital para salir del adocenamiento es la poesía. Así lo afirma con total convencimiento, y entretanto, los pensamientos sobre la muerte, la eternidad, Dios, el goce de la vida, siguen ilustrando estas páginas con la luz de la intelectualidad y la genialidad de las citas de Keats, Borges, Whitman y tantos otros. «Que no se me pase la vida ligera, / sin sentirla vivida, realizada, / […] / y mientras no cesaré en mi canto».

En el capítulo titulado Ícaro el autor reviste las alas de su amor por un laberinto de sueños, de deseo, de ausencias y recuerdos. La presencia inspiradora de Octavio Paz cobra fuerza en estas líneas poéticas: «Caer, volver, soñarme y que me sueñen otros ojos futuros, otra vida». Y así dirá nuestro poeta: «Renacer en otros ojos, / bálsamo de desamparo, / germinar bosques encarnados, / origen de nueva vida».

Las eternas preguntas sobre el cuerpo y el alma o el más allá después de la muerte, que han sido una constante en el pensamiento del ser humano, afloran también a su mente, creando un estado de perpetua incertidumbre: «En qué estadio electromagnético / pace nuestra ánima / cuando se desprende de nuestro cuerpo». «Deshabitado de mí mismo… /  busco remanso para mi espíritu». «Cómo me despediré de mí mismo».

A veces, las cosas más sencillas que nos rodean constituyen la verdadera esencia de la vida. A este capítulo de su creatividad se asoma la voz de Alejandra Pizarnik, William Blake y William Faulkner. Y como esencia de su vida afirma con rotundidad que siempre le ha gustado correr, recibir la llamada inesperada de alguien que lo saque de su vacío, llamar al viento para combatir su inercia, despertar en la consciencia de su fragilidad, de la desnudez humana al traspasar las sombras, de la inmortalidad del alma, de la poesía como gracia de quien ama y herramienta para despertar las conciencias, de sentirse conocedor del estado de compasión y empatía con el otro, de «Sentir ternura en mí, / y acceder a mi fortaleza».

Una cita de Emilio Prados y la evocación de Vicente Aleixandre conforman ahora el capítulo Zona Cero, donde la aceptación de la muerte y de la ausencia de sus seres queridos es un ejercicio de dolor que se acentúan con los recuerdos, que lo convierten en huérfano, pero que al mismo tiempo le devuelven la belleza de lo vivido, en esta su «Ciudad del paraíso», como amorosamente su Málaga adorada era llamada por el gran Aleixandre. Y así lo canta Muñoz Soler: «Y esta noche el cénit / fulge con más brillo, Aleixandre / cubre con su paleta de versos / la mar, el aire y las gentes / de la ciudad del paraíso». Hermosa es la metáfora «paleta de versos» que hace alusión a la poesía llena de luz y color del poeta referido en su elogio a la ciudad malacitana. Y en estos lugares costeros Muñoz Soler nos confiesa: «Crezco en paz y en silencio», un silencio que se llena con la voz de su poesía, y en un camino cuya única certeza es la incertidumbre, como así lo reafirma una y otra vez.

La poesía social sigue cobrando cada vez más fuerza en las siguientes páginas conducidas por las ideas de Rubén Darío, Allen Ginsberg, Dámaso Alonso, Picasso, Mahatma Gandhi o Marcola. Sus palabras se vuelven duras y crudas: «Id y meaos en las letrinas donde moran los pobres». Con esta profunda ironía el poeta nos induce justamente a lo contrario: «Rebelarnos contra los códigos que nos dibujan los poderes…» para que «La justicia y el progreso sean un bien unitario…» porque «Una insaciable injusticia devora el mundo». Se revela contra las religiones que matan, contra la homofobia, contra el totalitarismo genocida y contra todo tipo de lacra social. Cuando esta alcanza su extremo, afirma con rotundidad: «Somos una mutación, una especie de post miseria».

Y un nuevo capítulo, que haciendo honor a su título, nos deja sentir el latido íntimo de Francisco Muñoz Soler en las circunstancias más diversas de su vida cotidiana. Un latido impregnado de nostalgia, de inconformismo a veces, de esperanza, de una profunda pena y, sobre todo, de un infinito amor. Aparece acompañado de la lectura de Bukowski por tierras de Tijuana. Canta a Perú. La importancia de los recuerdos y el dolor lo envuelven como un pálido velo. La incertidumbre, la eternidad y el regreso al origen —«Miro a la mar desde mi casa», en su Málaga natal— forman un acorde de sentimientos presentes en su rutina diaria: «La mejor manera de vivir / es sustentar las acciones con amor, dotar de cariño el sentido de aventura / de nuestro latido íntimo».

Amante de la poesía, asiduo lector, conocedor de los grandes poetas del mundo, que se erigen en maestros para inspirar sus versos, nos lleva al encuentro de Rilke, Borja, Coleridge, Elliot, Dalton o María Zambrano. Dedica sus palabras «a W. Szymborska y a los que luchan contra el odio sectario» para que «El odio no reescriba la historia», para que los seres humanos no crucen desiertos baldíos ni dejen atrás su pasado al huir de las guerras. Alza su voz para sacar del olvido a Los que pretenden levantar fronteras. Arduo defensor de la paz: «Los pueblos deben afrontar el futuro / haciendo las paces consigo mismo» para retornar al idilio del hogar, de los besos y de los recuerdos: En casa, noto en la piel.

Cantar para existir, un título que me recuerda a mis propios versos «Cantar, cantar, cantar / para que las paredes del mundo / se llenen de melodías de amor», porque amar es existir. La quietud del alma, la esperanza, la contemplación, el ansia de conocimientos son el camino para tomar conciencia de la realidad que nos rodea. «Tomar / conciencia del desamparo y desde ese punto construir espacios / alejados del ocaso». «Siempre nos queda levantar la vista, mirar el universo, y disfrutar de la belleza del silencio». Hay un recuerdo para la muerte en la carretera de Almería, en plena Guerra Civil española, a través de la inocencia de una niña, en este apartado que el autor llama Inéditos. Desdichado es el país que mata a sus poetas, otro título sorprendente para elogiar la voz del poeta como el juglar que es cronista de los acontecimientos de su época y que hace de su canto una cascada de emociones y sentimientos que no son sino los de todos, una manera de combatir los «Poderes sin ética / ni compasión» que conducen a las masas en las sociedades modernas.

Tal como su título indica en este capítulo dedicado a Luis Cernuda, el poeta deambula Entre la realidad y el deseo, transita por su pasado, su presente y su futuro ensalzando la proeza de vivir con la libertad como bandera, reprobando la opresión de los pueblos, reflexionando sobre la paz y la historia, alojado de nuevo en la memoria de su amada, de sus angustias y esperanzas y, mientras tanto, encomiando su única verdad, la realidad, los deseos, los sueños.

Enfrentarse al mundo sin miedo, en una actitud primigenia, venciendo las caídas y los condicionamientos, hacia la claridad, porque «Siempre quedará la dignidad en la derrota», así se alzan sus opiniones. Y un precioso y desgarrador poema se incrusta en estas páginas, un canto a Chowringhee Road (Calcuta), la estremecedora visión del ser humano en la búsqueda de sí mismo «En estas duras calles, rebosantes de contaminación y pobreza».

En el bello capítulo titulado Intrahistoria, el autor rinde homenaje a una serie de personajes históricos, escritores y poetas latinoamericanos, cuyos valores representan la esencia de su propio espíritu: el reclamo de la libertad y la defensa de la dignidad y el amor para los seres humanos. Una emoción intensa se desprende de estas palabras clamorosas a Clementina Suárez, Raúl González Tuñón, Virgilio Piñera, Bonifaz Nuño, Ida Vitale, Ernesto Cardenal, Enrique Lihn y Juan Gelman, en sendos poemas llenos de fuerza y vitalidad.

Abanderado siempre por grandes poetas, Muñoz Soler llega a una conclusión definitiva: «Dar espacio a las palabras», lo que él hace, lo que él es, lo que él representa. Para ello, primero ha de cuestionarse la vida:

He nacido para cuestionarme la esencia de la vida, posiblemente
Dios me dé una gran
reprimenda,
pero si no lo hago, qué sentido tiene nacer.

Así termina su poemario. Sus versos nos conducen por la angustia vital y existencialista, por el árido desierto de la denuncia social, por la profundidad del pensamiento y la ternura del sentimiento, por el camino de la derrota a la esperanza y los sueños, por la corriente de Humanismo solidario que viven las letras de la poesía actual.

Una gran persona, un gran hombre, un gran poeta, Francisco Muñoz Soler, con quien nos reencontramos en las páginas de su antología, en la belleza de quienes no solo quieren sobrevivir, sino también vivir, entre los latidos de la esperanza. Por ello, cierro este análisis de su poética con mis propias palabras:

Amo tu esperanza y de ella aprendo.
Te miro a ti y miro al mundo.
El amor es una fuente de donde brota la esperanza.

                     (En «Ánfora Nova. “30 años de Literatura y Compromiso”»).

 


 

Ana Herrera Barba. Licenciada en Filología Hispánica y Diplomada en Magisterio. Profesora de Lengua Castellana y Literatura. Ha realizado actividades literarias, de prensa escuela y animación lectora. Ha participado en proyectos de innovación educativa. Imparte conferencias. Ha sido secretaria de la Federación Provincial de Asociaciones de Mujeres de Málaga. Ha publicado con la Delegación Provincial de Educación y Ciencias de Málaga (Hidalgos y Mujeres de la Mancha cuatrocientos años después) y con la Asociación de Estudios Históricos sobre la Mujer, de la Universidad de Málaga, fruto de su participación en simposios y congresos (María Teresa León, la gran olvidada y Mujeres en la historia). Es coautora en colectivos literarios (Firmana, Alas, Indocentes, Itimad, Ed. Algorfa) y revistas culturales de carácter digital (El Librepensador, Almiar, Aldaba, Letras, Ittakus, Estrechando). Ha sido galardonada por su obra poética y narrativa. Colaboradora en Amicam Radio Campillos, «La Firma» de la Cadena Ser y las tertulias radiofónicas de «La vida es bella» de RTV Marbella. Incluida en la Ronda Andaluza del libro. Forma parte de REMES. Es socia de Ace-Andalucía y de la Asociación Humanismo Solidario, y ha colaborado en el proyecto «Hoy es siempre todavía». Su poema “Yo nací libre”, de la exposición Voces de Mujer ha sido publicado en el calendario Amnistía Internacional 2015.Entre sus obras publicadas se encuentran la novela corta Mi mundo sin fronteras (Octaedro Andalucía-Ed. Mágina, 2009), el libro de relatos Una mujer, una historia (Ed. Alfar, 2010) y la novela Hasta que los muertos lleguen al cielo (Ed. Adhara, 2013). Actualmente publica en las revistas Letras de Parnaso, Sur. Revista de literatura y Abaadjamaliya.com. Traductora de poesía en lengua francesa. Realiza trabajos de crítica literaria. Entre sus últimas obras, el libro de poesía Bajo un cielo añil (Ed, del Genal, 2016). Recientemente ha colaborado en las antologías Rencontre-Encuentro de poetas en francés y español, VI Encuentro Hispano Marroquí de Poesía, Antología Amour de poetas en lengua francesa -donde aparecen publicados sus poemas “Nuestra Casa” y “Sola”, galardonados con un primer premio en Francia en 2018-, Quejío. Grito de mujer, 2018”, en todas las ediciones antológicas digitales y en papel de la Asociación Colegial de Escritores de Andalucía, y en las revistas literarias Estrechando, Dos orillas y revista literaria Ánfora Nova (galardonada en 2019 como Mecenas de las Letras Andaluzas). Sus últimos libros publicados son La dernière pavane  –El último baile– (traductora) y Les oiseaux de NeigePájaros de nieve– (autora), en ediciones bilingües español y francés.
Otras reseñas de esta autora (en Almiar): En la marañaZéjeles de alborada

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Ilustración: Portada del poemario (remitida por la autora de la reseña). Fondo de imagen por Pedro Martínez. Derechos reservados.

 

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Reseñas en Margen Cero

Revista Almiar n.º 113 / noviembre-diciembre de 2020  MARGEN CERO

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