Los crímenes apócrifos de Billy the Kid

Los crímenes apócrifos de Billy the Kid

Billy the Kid desenfundó su Colt 45 y apuntó al coyote que aullaba lastimero sobre un risco, bajo una luna fría. Sobó las cachas de su revólver, en cuyo marfil había tallados glúteos femeninos que se amoldaban perfectamente a la anatomía de la mano… (relato por Francisco Juliá Moreno)

Una postal en espera

Una postal en espera

Cuando viajaba, tenía la inveterada costumbre de remitir algunas postales a su propio nombre y domicilio. Como era soltero, no cabía otra opción si quería encontrarlas a su vuelta… (relato por Gustavo Catalán Fernández)

El Milagro de las Mercedes

El Milagro de las Mercedes

[…] Corrían los años 1960 y el aborto estaba penado por ley en Chile, pero fuera de comadronas clandestinas, había clínicas particulares que lo efectuaban bajo otro nombre, a un alto costo por el riesgo legal… (relato por Alejandro Engel)

Laura y Aura

Laura y Aura

[…] El espejo confirmaba sus dichos, con minutos de diferencia nací baja de peso y una marca en el cuello la cual se fue agrandando con la edad. Mamá, durante el eclipse de luna, se rascó la panza estando embarazada y por eso la chivaluna… (relato por Aída López Sosa)

El impulso y la caída

El impulso y la caída

Se sentía cobarde por elegir ocultar los ideales que algún día juró defender. Una pequeña llama dentro de él quería seguir apostando a lo perdido. Sin embargo, comprendía bien que la más mínima de las apuestas era capaz de arrastrarlo a una muerte sin réquiem… (relato por Natalia Martínez Alcalde)

Llueve tinta

Llueve tinta

Podríamos definir la poesía de Nerea Nieto como un torrente encauzado de sentimientos en donde la mirada femenina es un ingrediente que rebosa, que nos hace vibrar… (entrevista a la autora)

El viajante

El viajante

Es curioso cómo la vida a veces, con sus inextricables azares, acaba por concedernos nuestros más íntimos deseos sin que hagamos nada para conseguirlos. (Relato por José Luis Cubillo)

Sofía

Sofía

[…] Las agujas del reloj ahogaron su mecánico tictac exactamente a las doce de la noche, quedando rígidas y mirando hacia el techo como si hubieran expirado el último aliento. Los instrumentos de música enmudecieron… (relato por Lucía Oliván Santaliestra)