artículo por
Juan M. Sánchez Martín

Esa fue también la noche en la que fui
consciente del extraordinario don
que tenía Gatsby para la esperanza,

un don que nunca he visto en nadie más
y que probablemente no volveré a ver jamás.
(El gran Gatsby)

E

l gran Gatsby (2013), una afamada adaptación de la novela homónima de F. Scott Fitzgerald, ya desde su inicio deja entrever el misterio que rodea la historia contada por Nick Carraway (Tobey Maguire) sobre el señor Jay Gatsby (Leonardo DiCaprio). Es más, la luz verde del faro que da apertura a esta obra en la primera escena será vaticinio de la esperanza que, según Nick Carraway, alberga Jay Gatsby como nadie: «Era la persona más optimista a la que he conocido y que, seguramente, conoceré jamás». Otras temáticas se ciernen en la trama (actitudes de la alta clase como la hipocresía, el patriarcado o el sueño americano), pero no serán objeto de la siguiente reflexión.

Centrándonos en el personaje de Gatsby, para describirlo con profundidad, no hay mejor manera que descubrirlo visionando la película. Ambientada en la Nueva York de los años 20, el misterioso personaje capta la atención de todos los miembros de la alta clase característica de ese contexto. Viene a ser un forastero millonario de origen desconocido que organiza fiestas en su mansión sin motivo aparente. Su nuevo vecino, Nick, el narrador de esta historia, será quien establezca un contacto más íntimo con él para conocer a la auténtica persona que se esconde detrás de esa majestuosa e incógnita figura.

El pasado, el presente y el futuro, ¿en cuál vivimos? Eso depende de cada persona: aquellos que se aferran en vivir en base a una identificación con el pasado; los hay quienes viven con la esperanza de una autorrealización en el futuro; y hay otros (aunque sean pocos), que viven en el presente, en el llamado «ahora». El pasado muere, aun así, el hecho de pretender reencarnarlo en el futuro, es decir, que vuelva a suceder una situación que ya tuvo lugar en un contexto pasado, no cabe duda de que es vivir a expensas del tiempo. Es la inconsciencia del momento presente lo que consigue que suframos por el pasado y ansiemos el futuro. Algunos lo llaman «ser positivos», otros, «tener fe», «esperanza», «sueños», etc. Llamémoslo como lo llamemos, esta actitud se convierte en un propósito de vida, y esa es la tesitura en la que se encuentra el propio Gatsby. Un propósito de vida que para él va más allá, hasta tornar a obsesión y desmesura. Una cosa es tener objetivos realistas a cumplir en el futuro, trabajándolos día a día, y otra es pretender alcanzar metas demasiado exigentes y vivir en la frustración hasta su hipotético cumplimiento.

Recuerdo cómo todos habíamos ido a casa de Gatsby y habíamos hecho conjeturas sobre su corrupción mientras lo teníamos delante ocultando un sueño incorruptible.

No es malo tener propósitos y sueños en la vida. De hecho, estos pueden resultar un gran aliciente para el progreso y la superación personal. He aquí la esperanza y el positivismo como instrumentos de motivación. El espíritu de superación de Gatsby, basada en la esperanza y no en la resignación es loable, no faltaría más. Lo contraproducente sería entonces condicionar toda la existencia a un fin, y esto es en lo que peca el misterioso personaje. Un fin que ya depende de cada quien: conseguir un trabajo, ser rico, encontrar el amor verdadero, alcanzar la felicidad… uno es libre de soñar.

Espiritualmente hablando, nuestra razón de ser, ¿acaso es dependiente de algo ajeno a la propia esencia del ser? Nuestro ser no es el popurrí de cosas de las que disponemos, no es lo que queremos poseer o lograr y, ni mucho menos, es nuestra mente, pues hasta esta puede jugar en nuestra contra y ser la que nos desconecte del estado de consciencia plena y de la vida en el presente, según Eckhart Tolle (El poder del ahora). El mencionado autor contempla la posibilidad de que la mente consiga el control del presente a través de la conexión con el pasado y el futuro. Se olvida el presente, se va contra él o incluso se usa convenidamente con el fin de alcanzar un objetivo en el futuro, en vez de aceptar de una vez por todas lo que verdaderamente vivimos: el momento presente.

Seamos o no espirituales, quizás nos convenga poner cartas en el asunto: la pretensión consciente de gobernarnos a nosotros mismos, de proclamar nuestra soberanía mental y que seamos nosotros los que controlemos nuestra mente y no esta a nosotros. La esperanza como vía a la liberación, pero nunca a costa de la autodestrucción.

Había llegado tan lejos y su sueño debió de parecerle tan cercano que creyó tocarlo con los dedos. Pero lo que no sabía es que ya lo había dejado atrás. Gatsby creía en la luz verde, el futuro orgiástico que año tras año se desvanece ante nosotros. Se nos escapa ahora, pero no importa. Mañana correremos más rápido, alargaremos más los brazos y una buena mañana… Y así seguimos, navegando barcos a contracorriente, devueltos sin cesar al pasado.

Quizás, la luz verde esperanzadora acabó por cegar al señor Gatsby… Libertad de soñar, bienvenida seas, mientras no nos quites la libertad de vivir.

 


 

Juan Manuel Sánchez Martín

Juan Manuel Sánchez Martín. Nacido en Málaga, es graduado en Administración y Dirección de Empresas por la Universidad de Málaga. Lector y cinéfilo, escribe comentarios y reflexiones sobre películas.

📩 Contactar con el autor: jm_s.m1995 [en] hotmail [punto] com

🖼️ Ilustración: Imagen realizada mediante IA. Diseño y edición por Pedro Martínez.

 

Biblioteca El gran Gatsby
Revista Almiar (Margen Cero™) · n.º 133 · marzo-abril de 2024 · 👨‍💻​​ PmmC

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