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reseña del poemario de Marga Mayordomo
por
 Pilar Martín Gila

 

E

s sabido que la creación, el arte, esa forma de pensamiento en los arrabales, escapa a la acción pedagógica y de método, no dispone de una clave. Herzog decía, ante las pinturas del paleolítico en las cuevas, que la expresión artística no parece el resultado de una andadura o una evolución, sino que se manifestó como un «súbito estallido». El proceso creativo escamotea los preceptos y parece darse en saltos y colisiones entre lo consciente y lo inconsciente, que no somos capaces de comprender. En la poesía, surge ese estallido, esa intuición reveladora, en la tensión del propio lenguaje que, inexplicablemente, arranca un sonido al mundo, algo cercano a un sentido.

En la escritura de Marga Mayordomo se escucha con fuerza esa colisión, podríamos decir, entre la intención y el ímpetu, un choque cargado de intensidad, que, por momentos, tuerce lo previsible y pone en juego un modo plural del significado. En ocasiones, da la impresión de borradura, de un proceso en el que la poeta muestra primero y luego vela hasta que, precisamente así, mediante la veladura, extrae lo más verdadero de la palabra. Ese movimiento entre el impulso y la contención alcanza momentos reveladores.

me desplazo desde lo alto del corazón
al interior de un dromedario incansable
voy y vuelvo al vaivén de la escritura
para roer la espina

Con este Meridiano de Greenwich, Mayordomo nos pone ante el tiempo. Una medida del tiempo pactada, que abraza la tierra, pero que también rodea lo singular, penetra en los lugares menos visitados del corazón. Lo muy grande y lo muy pequeño, todas las cosas están fuera y están en nuestro interior: una bacteria, un pueblo, el hielo y la sabana, el amor y el arrebato. Quizá, esto último, la pasión, el arrebato, sea lo que tiene el poder, en este libro, de congregar todas las demás cosas. El exceso convoca más aún que una idea de espíritu universal, la voluntad de querer tocar el hueso de la vida, la voluntad, en su sentido clásico, como pasión de todas las pasiones. El tiempo también es un exceso, un incontable, tanto veloz como de lentitud geológica.  «300 horas o 300 siglos —ya casi eones—».

Este arrebato parece manar de un dolor, que podría ser el verdadero meridiano en Mayordomo. Un dolor, a veces apocalíptico, el desconsuelo que va de lo cósmico a lo personal. El dolor produce una distorsión, un desequilibrio, que paradójicamente, lo sustenta, le da suelo. Y eso es uno de los aciertos de este libro. La poesía misma es esa distorsión, ese desequilibrio del lenguaje, que lo convierte en creador de mundos.

El sujeto poético, a lo largo de estas páginas, surge de cada cosa, en cada lugar y cada parte. Es un yo que parece hablar para sí mismo, pero alcanza afinidad con todo lo que hay, «yo estaba aquí desde el principio / se lo he dicho en secreto a la montaña». Por eso, la expresión del yo puede pasar del susurro, que sugiere un secreto, al clamor y la vehemencia; «oídme / amo la desazón», nos dice al final del libro, como si hubiera sufrido una transformación in crescendo y fuera alzando la voz. No es un yo fundido con el universo, diluido en lo otro, desubjetivizado, al contrario, es un sujeto reforzado, sonoro. Es la voz del pensamiento, la forma de melancolía en que se produce el pensar, y su lugar en el lenguaje, lo abre el poema.

La lectura de este trabajo de Mayordomo pide una atención sensitiva, que ponga en juego la percepción. Hay una presencia del cuerpo, y específicamente de sus sentidos, a través de los que es posible señalar y habitar los lugares. La mirada, en concreto, capta marcos casi fotográficos —en el sentido de escribir con luz, que nos deja la palabra «fotografía»—, márgenes, encuadres recortando la continuidad del paisaje, pero a la vez, permitiendo que la imaginación escape por esa misma frontera iluminada. «intenso gris exhibe el alba / trozos de cuarzo el cielo / al pie del volcán que escupe humo». Pero, sobre todo, surge una concentración de los sentidos en torno a la piel, en su abarcar sinestésico. «en el cráneo azul de la ventana / hoy es un día felino y crudo —lo noto— / estoy llena de signos / los dedos tiemblan de savia caliente y dura». Sentimos ese contacto, quizá, ese apoyar la cabeza sobre el cristal de la ventana, una metonimia que desencadena todo un mundo de premoniciones.

El ir y venir al «vaivén de la escritura», que cité anteriormente, sugiere un mecerse, pero también recuerda el movimiento, la vuelta del arado en el surco de la tierra, de donde viene la palabra «verso». Así es como se va haciendo esta escritura, en el surco. El verso lleva una dirección que recoge el verso siguiente. No importa tanto el juego con el espacio en la página como el sentido con que carga el poema, incluso más el verso que el poema y más el poema que el poemario. Las partes son aquí más que el todo, como diría Montalbeti. Y hay un cierre, un principio y un final; en especial, un final, que clausura los poemas, pero también los versos, que suelen contener periodos sintácticos completos, sin fuertes rupturas ni desplazamientos gráficos. La tensión poética alcanza su mejor baza, particularmente, en las pequeñas unidades dentro de la frase, el choque entre dos palabras, que hace saltar la chispa, una visión. Ante la idea de esa voz del pensamiento, cabe preguntarse ahora, como diría Julio Prieto, si es que el pensamiento se puede ver o, de otra forma, es el pensar precisamente lo que nos hace ver.

morena es la figura del ausente
       ¡silencio!
de lejos viene incierta: la plegaria
el pensamiento dulce
yo mi sur mi hambre y el río y la montaña
y tu amor…


📓Meridiano de Greenwich
(Marga Mayordomo)
Prólogo por Pilar Martín Gila

Editorial Huerga y Fierro, 2026
ISBN: 979-13-992072-3-1

 


 

Pilar Martín Gila, (Aragoneses, Segovia, 1962), es una escritora, crítica y ensayista española en lengua castellana. Es autora de los poemarios Para no morir ahora, Demonios y leyes (Ediciones Libertarias), Ordet (Amargord), Otro año del mundo (Ediciones La Palma), La cerillera (Bala Perdida) y La triste figura de las batallas (Mochuelo), este último, una antología personal de su poesía encargada por Federico de Arce, así como Emparedada (Libros de la resistencia) un monólogo en edición de libro-CD en la que comparte autoría con Sergio Blardony. Otros trabajos literarios, de narrativa y poesía, han sido en parte recogidos en diversas publicaciones como la revista Sibila o la revista Turia, y antologías, entre otras, como 28.28 La Europa de las escritoras; la realizada por Amalia Iglesias para la Universidad de Salamanca, A poema abierto; o el ensayo Polifonía de lo inmanente. Apuntes sobre poesía española contemporánea (2010-2017) escrito por Gregorio Muelas Bermúdez y José Antonio Olmedo López-Amor, el homenaje Alejandra Pizarnik y sus múltiples voces (editorial Huso), o la colaboración en el libro India velada del fotógrafo Joaquín Seguí, entre otras colaboraciones.

Ha sido colaboradora habitual ejerciendo la crítica de poesía para diferentes medios como «La lectura», el semanario cultural del periódico El Mundo, Cuadernos Hispanoamericanos, El Norte de Castilla, El Cuaderno, Nayagua, o Quimera. También ha colaborado en el diario argentino Clarín, revistas culturales como La Modificación, El Crítico, Muy Verbum (edición coleccionista de Muy Historia), entre otros.

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Marga Mayordomo (Meridiano de Greenwich)
Marga Mayordomo.
Poeta y escritora madrileña, licenciada en Antropología Americana. Pertenece a la asociación de mujeres poetas Genialogías y al proyecto Nosotras, Mujeres y Poetas. Premios recibidos: Joaquín Benito de Lucas, 2013, dos premios Zenda de Instagram (2020 y 2021), y Enrique Pleguezuelo de Córdoba, 2022. Poemas: Publicados en varias antologías, así como en diversas revistas literarias. Colaboraciones: Estudios y artículos sobre Emily Dickinson (Revista Almiar), Adrienne Rich (Vallejo & Co.), y Ezra Pound (Tam-Tam Press), y también reseñas a libros de Ocean Vuong. (Margen Cero), Julieta Valero. (Mis Repoelas), y Marina Tapia. (Revista Almiar). Poemarios publicados: Dedos de Martini-Dry (Premio Joaquín Benito de Lucas, 2013), Pájaros tattoo (Cuadernos del Laberinto, 2018), Yukón (Mahalta Ed., 2022), y Meridiano de Greenwich (Huerga y Fierro, 2026).

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🖼️ Ilustración artículo: Portada del poemario, remitida por las autoras. Derechos reservados.

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Revista Almiar · n.º 148 / septiembre-octubre de 2026 · MARGEN CERO™

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