compiladas por el Dr. Adán Echeverría

P

ara rescatar la tradición oral de nuestra actualidad, decidí revisar con mis alumnos algunas de las historias que se cuentan en sus familias, de sucesos que pudieran parecerles extraños, y que siempre se cuentan en la sobremesa, y en ocasiones para intentar causar sensación de miedo en los pequeños de cada familia. Estas son algunas de las historias que me contaron.

 

Los búhos de trapo

En un tranquilo pueblo de San Luis Potosí, se cuenta una antigua historia que ha sido transmitida de generación en generación. Los habitantes del lugar creen firmemente que los búhos, conocidos allí como tecolotes, son en realidad brujas disfrazadas.

Según la leyenda, en cierta ocasión un valiente poblador logró matar a uno de estos tecolotes. Cuando se acercó a revisar el cuerpo del ave, descubrió que en lugar de tener tripas, el búho estaba lleno de trapos enredados. Este hecho reforzó la creencia de que los tecolotes eran brujas.

En otro momento, una familia se encontraba acampando a la orilla del río durante la noche. Eran tres hijos y su padre. Cuando se disponían a dormir, un tecolote comenzó a cantar desde un árbol cercano, emitiendo su característico y aterrador sonido. El padre, al ver a sus hijos angustiados, decidió enfrentar al tecolote con su rifle de caza. Al dispararle, el tecolote cayó muerto y para sorpresa del padre, no tenía tripas ni carne como cualquier otro animal, sino su interior era todo de trapos y remiendos de tela.

Contada por Jesús Yael Goytortúa Villanueva

 

Nuevas leyendas - El niño llorón

El niño llorón

Cuenta mi abuela que, hace muchos años, una joven se mudó a un lado de su casa; la joven estaba embarazada; dice mi abuela que al poco tiempo ya se había aliviado, pero no miraba al bebé ni nada.

Mi abuela tenía plantas atrás de su casa. Acostumbraba regarlas por la madrugada, un día escuchó el llanto de un bebé y pensó que era el bebé de esa joven. Al día siguiente se repitió el mismo llanto en la madrugada, y los días siguientes.

La joven se fue de ahí, y pasaron los días y el llanto en la madrugada se seguía escuchando. Mi abuela nos contó que al principio nadie le creía, pero un tío, durante un fin de semana que estaba borracho lo comprobó en la madrugada.

Mi abuela se acostumbró al llanto sabiendo que la chica ya no vivía ahí. Mis primas contaban que al jugar en el patio les jalaban el cabello, ellas corrían y les contaban a todos; era difícil de creerles porque eran solo niñas.

Con el tiempo se fueron normalizando esas actividades paranormales en nuestra familia, ya que mis primos y yo estábamos jugando fútbol y de la nada nos aventaban piedras; incluso, una vez estábamos todos en un cuarto jugando a las luchitas, de la nada se apagó el foco de la luz y bruscamente se cerró la puerta del cuarto.

Mi abuela ya no le sorprendía nada; solo decía que lo maldijéramos cada vez que nos hiciera algo y así él se tendría que ir. Ella misma contaba que el niño le hacía travesuras. Un día nos confesó que, mientras lavaba los platos, lo miró colgado de una reja. Su método para enfrentarlo era solo maldecirlo y aquel desaparecía.

Al pasar del tiempo mi abuela cuenta que lo sigue escuchando, solo que ahora es el llanto de un adulto.

Contada por José Saldaña

 

Bruja o fantasma en el rancho

La leyenda o historia fue contada por mi padre y mi abuelo quienes fueron los que acontecieron este suceso. Hace ya más de veinte años que sucedió en el rancho de mi abuelo, el cual se encontraba detrás de una empresa química que procesaba flúor. Ellos, al dedicarse a la venta de leche y quesos, tenían que ir a ordeñar las vacas a diario; aproximadamente entre las tres y las cuatro de la mañana. En ese tiempo a mi abuelo le habían amputado una pierna y el que se encargaba de ordeñar era mi padre, pero mi abuelo lo acompañaba y se quedaba arriba de la camioneta.

Un día sucedió algo fuera de su rutina; mi papá se encontraba ordeñando como de costumbre, cuando por un camino de tierra venía caminando una señora ya muy mayor de edad; pero traía puesto vestido completamente blanco. La señora se metió hasta donde se encontraba mi padre ordeñando para preguntar una dirección y pedirle dinero, según lo que me contó. Mi papá le dio unas monedas y la señora se fue; solo habían pasado algunos minutos cuando mi abuelo después de haber escuchado lo que la señora le pidió a mi padre, lo llama y le dice:

—¿Quién era?

—Una señora ya muy vieja, quería dinero y saber cuánto faltaba para encontrar la colonia más cercana.

—¿Le viste los pies? —mi papá le dijo que no.

—Ve a buscarla; si es una vieja, como dices, no debe haber llegado lejos. Mi papá fue a seguirla por el camino, era un camino larguísimo por lo cual la señora debía verse, ya que caminaba muy despacio. Papá no encontró señal alguna de la señora.

Por lo cual mi abuelo le dice: —Qué bueno que no le viste los pies, porque te pudieron ocurrir varias cosas. Te hubieras asustado a tal punto de no poder moverte. Al darte cuenta de que no tenía pies, podría haberte hecho algo muy malo. No era una persona real, era una bruja o un fantasma penando, fue por eso que te pidió la dirección de la colonia. Y en caso de que te hubieras portado mal con ella o no la ayudaras te hubiera hecho o pasado algo malo.

Mi abuelo sabía que no era humana porque junto con sus hermanos ya habían experimentado varios casos iguales en ese rancho. Y varios de los vecinos habían sufrido distintos tipos de consecuencias al no ayudar a ese tipo de seres.

Contada por Santiago Arredondo Pérez

 

La carreta sin jinete

Cuenta mi mamá que en el pueblito de donde ella es se cuentan muchas historias; una de ella es la de la carreta sin jinete.

Había un grupo de jóvenes que les gustaba mucho salir a dar las mañanitas a los que cumplían años, y lo hacían entre las doce de la noche y una de la madrugada.

En una ocasión fueron a dar las mañanitas a un ranchito de ahí cerca, a una muchacha que era sordomuda llamada Mireya. Cuando llegaron a la casa de la cumpleañera ellos no sabían que la muchacha era sordomuda y empezaron a cantar las mañanitas. En ese momento salió su mamá, doña Reina, y les dijo que la muchacha no los podía escuchar porque era sorda, ellos dejaron de cantar y tocar sus guitarras y escucharon ruidos en la carretera, pero no se veía nada. Asustados se escondieron tras unos arbustos para ver quién iba por el camino, cuando de pronto vieron que era una carreta antigua, pero nadie la iba dirigiendo. Quedaron muy espantados y corrieron hacia dentro de la casa, ahí los resguardó la señora y los dejó ir hasta que amaneció.

Esta carreta suele aparecer cuando se acerca el día de muertos, aparece desde las orillas de la población y recorre las calles hasta desaparecer del otro lado. Desde entonces aquel grupo de jóvenes dejó de salir si no eran acompañados por varios adultos para seguir tocando las mañanitas a los cumpleañeros del público.

En unas vacaciones que fui a casa de mi abuelita; por la noche la vi levantarse como a la una de la madrugada y escuché como sonaban las ruedas de la carreta entre las piedras del camino y también se escuchaba a los caballos, pero ni ella ni yo quisimos asomarnos para ver lo que había afuera.

Contada por Nicolás Castillo

 

Un rancho llamado…

En un rancho llamado Ceilán, ubicado cerca de Ciudad Victoria, Tamaulipas, a las afueras de la ciudad, más pegado a los montes y cerros, vivía una pareja de abuelos en una casa; una tarde sus hijos fueron a visitarlos, decidieron beber, por el hecho de reencontrarse; felices y en plena convivencia, un hijo de los ancianos decide ir a orinar atrás de la casa; había mucha niebla, frío; la noche había caído sobre ellos, sin embargo era un lugar con milpas, donde no se podía ver bien, y se sentía una vibra súper extraña.

Al orinar, y percatarse de una presencia tras él, voltea para ver el fondo de la milpa y entre los árboles alcanzó a distinguir una silueta. Contó que era un hombre alto, vestido de soldado; en ese lugar varios locatarios han reportado apariciones y avistamientos de dicho soldado, entonces la persona se quedó aterrada y pasmada.

Regresó a la parte de enfrente con sus demás familiares, y le contó a un primo lo que había visto; no le creyeron, pensó que era por efecto del alcohol. La fiesta siguió y al rato se dieron cuenta de que un primo había desaparecido.

Empezaron a buscarlo y se percataron de que el perdido estaba en la parte de atrás, entre la milpa y el monte, miraba la lejanía, estaba maloreado, como poseído. Repetía que se quería ir de ese lugar, entonces lo meten a una habitación, lo acuestan. Había mucha tensión en los que lo ayudaban, porque al tipo le salían varias voces cuando intentaba hablar, era como si hubiera cambiado de personalidad.

Una tía de aquel grupo era religiosa, y empezó a tratarlo, a rezar, a tratar de que se sintiera mejor, ya que la persona pateaba e insultaba diciendo muchas groserías, hasta que después de una sesión, pudo volver a la normalidad, solo se sentía cansado, y no pudo contener el llanto… No se supo nada después de ese extraño suceso.

Contada por Juan Carlos Ramírez

 

De los muertos que se despiertan cada 31 de octubre

En memoria del señor Juan

Muchas personas creen que los fantasmas no existen, pero la realidad es otra. En las colonias Obrera, Acuario y Santa Elena, cada 31 de octubre se dejan ver ante los demás; pero esto se remonta mucho tiempo atrás cuando todos esos terrenos solamente eran el rancho Santa Elena y los narcos satánicos estaban en su punto máximo de fama y trabajo. Se supo que enterraban los cuerpos de sus víctimas cerca del rancho. Las tres colonias mencionadas tenían cadáveres por todos lados, y como los cuerpos eran usados en sus ritos, se quedaban con esa energía maldita.

Por eso no hay casa en la que falte una cruz. Ya de por sí te hablan o te gritan estos espíritus solo para asustar, pero muchos dicen que no son espíritus sino demonios.

Aún hoy sueles escuchar tu nombre, pero eso no es lo peor; ya que cada 31 de octubre los demonios se dejan ver, toman forma de payaso, o de diferentes animales comunes. Se cuenta que siempre que es Halloween se pierden niños en esas colonias. Por eso siempre la gente se reúne para pasar en grupos por las calles de estas colonias ya que nadie quiere ser el siguiente desafortunado en desaparecer.

Se cuenta que hay un señor que llegó a escaparse de estos demonios cuando tenía quince años. Primero vio a un tipo alto y sombrío que seguía a una flamante señorita, hasta que en un parpadear ni uno de ellos estaba. Se asustó y corrió por las calles de la colonia, pero los locales estaban vacíos. Sintió que él sería la siguiente víctima de aquel tipo sombrío, cerró los ojos, oculto tras de una barda, y sintió que ya era víctima de este demonio. Lo que lo salvó fue que el demonio decidió llevarse a otra niña en vez de a él.

Por eso, desde aquel día, se arma de valor y sale con sus amigos en busca de estos seres para evitar que más niños sean desaparecidos.

El señor que me contó esta historia ya murió hace mucho tiempo; la última vez que lo escuché decir este pequeño relato, yo tenía siete años.

Contada por Patricio Hernández

 

Luci

Luci era una niña dulce y adorable, le encantaba jugar en el patio con sus muñecas, como todo niño inocente e inconsciente jugueteaba por toda la casa. Antes de dormir tenía que tomar una pastilla que la madre siempre le tenía preparada. Un día Luci cayó en un sueño profundo del cual no pudo despertar jamás.

Mi familia y yo habíamos decidido mudarnos, ya que en la casa en la que estábamos anteriormente quedaba muy lejos de la de mi abuela; mientras encontrábamos casa propia decidimos rentar una que se encontraba a unas cuantas casas de mi abuela. Pasaron dos semanas desde que nos habíamos mudado, cuando listo para dormir, entré a mi habitación me acosté en mi litera, y de un momento a otro mi cuerpo empezó helarse, no comprendía si estábamos a treinta y seis grados de temperatura; sentía que me observaban, tenía un miedo que paralizaba cada parte de mi cuerpo. Nunca olvidaré aquella espeluznante cara que apareció en la ventana de mi habitación.

Después de esa noche tan horrible que pasé, no pude estar a gusto en esa casa, ya no la sentía mi hogar. Le conté a mi madre lo sucedido; resultó que en aquella casa, en mi cuarto hacía cuatro años había ocurrido la muerte de una niñita, por las pastillas que le daba su madre.

Contada por Joshua Cerón

 

La mujer de blanco

Crecí escuchando a mi abuelo hablar sobre una mujer de vestido blanco; su cabello largo a la altura de su cadera, lo raro era que nunca pudo ver su rostro mucho menos los pies.

—Como si ella estuviese flotando, no se apreciaba el movimiento que cualquier persona hace al caminar —mencionó mi abuelo.

Siempre creí que lo decía de broma, para asustarnos, aclaro (nunca me asusté), pero tiempo después mi hermano (el menor) me comentaba que miraba a una mujer con las mismas características. Una mujer de vestido blanco, cabello negro y largo, a quien nunca le miró el rostro; solía aparecérsele cuando iba hacia la tienda, antes de cruzar la esquina ella ya estaba ahí caminando frente a él, pero al llegar a la esquina ella desaparecía como si fuese producto de su imaginación.

Pensé que solo quería asustarme, las palabras de mi abuelo se vinieron a mi cabeza, mi piel estaba chinita mientras sentía un escalofrío.

Un jueves 9 de febrero de 2017 mi abuelo falleció dejando un gran dolor en la familia, ese mismo día de su muerte lo velamos en una funeraria; mis tíos estaban tomando y escuchando música, tal como mi abuelo pidió que fuera el día que él ya no estuviese más con vida.

Un par de meses después mis tíos y mi hermano (el mayor) relatan algo que les había sucedido en el funeral del abuelo: en el terreno de al lado, lleno de monte y neblina, una mujer de blanco pasaba —no parecía caminar, parecía ir flotando— (aclararon), quedaron paralizados porque no solo era uno quien la estaba mirando eran mis tres tíos y mi hermano. ¿Será coincidencia? ¿Acaso era la misma mujer de la que mi abuelo una vez me habló?

Hasta el día de hoy algunas tías mencionan verla por las madrugadas; no la escuchan, solo sienten su presencia y la necesidad de voltear a verla.

Contada por Diana Zárate

 

La niña atropellada

Mi abuelita me contó que hace mucho tiempo cuando ella estaba chiquita vivía con sus padres en la casa de enfrente adonde nosotros vivimos ahora. Iban a hacer una fiesta porque una sobrina cumplía años. Andaban apurados para tener limpio el lugar. Le pidieron al papá de mi abuelo que fuera a comprar algunas cosas, el enciende el carro y le da para atrás sin fijarse que había una sobrina de él en la parte de atrás, y la atropelló.

La niña perdió la vida, vino la policía y el papá de mi abuelo fue a la cárcel, la fiesta se canceló y enterraron a la pobre niña. A la noche siguiente se escuchaba un llanto de sufrimiento y se escuchaban risas o a veces la niña se aparecía.

He visto a la niña. Al principio mi mamá decía que era mi amiga imaginaria y después cuando crecí supe la triste historia.

Contada por Sara García Jiménez

 

La curva

En el kilómetro 82 de la carretera que corre de Matamoros a Valle Hermoso, hay una curva donde se han accidentado una gran variedad de autos; por tanto, ha habido gran cantidad de muertes, incluso hay variedad de cruces de cemento en la orilla de la carretera.

Se dice que hay algo aún más peligroso que la curva misma y es una joven muerta que se sube a tu automóvil en movimiento.

Algunos señalan que es la misma aparición la que provoca dichos accidentes por el pánico que causa, otros dicen que esta joven murió en unos de estos accidentes.

No se sabe si este hecho sobrenatural es verídico, pero es muy conocido entre la sociedad.

Contada por José Armando Herrera Guzmán

 

Los ahorcados de Lucio Blanco

En el ejido Las Rusias donde vivo se cuenta que se pueden ver a unas personas ahorcadas en los árboles por el rumbo hacia el laguito, casi a la salida de nuestro ejido. Se cuenta que la mayoría de las veces que los ven son altas horas de la noche y se sienten vigilados y que hablan cerca de ellos por lo que se evita manejar por las noches para evitar cualquier tipo de encuentros en las brechas.

Se dice que Las Rusias fue un campamento militar de Lucio Blanco en la revolución mexicana y por lo que se mandaban a ahorcar a los que no querían revelar posiciones enemigas; eso se cuenta y por eso muchos evitan viajar de noche por esos rumbos en los que no vive nadie.

Contada por Juan Martín Castillo Hernández

 

Nuevas leyendas contadas por jóvenes (La chica de la carretera)

La chica de la carretera

La leyenda familiar cuenta que hace tiempo, aquí en Matamoros Tamaulipas, mi abuelo Jesús se dedicaba a cortar leña a los alrededores de la ciudad; tenía un camión grande donde se recolectaba la leña que había cortado junto con sus compañeros.

Un día después de que ya había terminado de realizar su trabajo, tenía que regresarse por la carretera para llegar a su casa; cada día realizaba el mismo recorrido, hasta que se encontró a una mujer pidiendo ayuda en la carretera. Mi abuelo aceptó ayudarla y la subió al camión. La mujer estaba lastimada, tenía sangre y pedía ayuda. Repetía una y otra vez lo mismo que si le podía ayudar; hasta que de repente dejó de hablar, y cuando mi abuelo volteó para ver si estaba bien, la mujer había desaparecido.

Mi abuelo se había asustado mucho y trató de llegar lo más rápido a su casa.

Desde entonces mi abuelo trata de no pasar por esa carretera; y en dado caso de llegar a pasar lo hace de día. Desde entonces ya no volvió ayudar a alguien en la carretera.

Contada por Juan Luis Cuadros Rodríguez

 

Chaneques

Mi papá creció en San Luis Potosí, en Río Verde, en un ranchito que se llamaba El Jabalí; muy cerca de ahí había un pueblo al que le decían «El pueblo de las brujas» porque en él se veían avistamientos paranormales por las noches.

Mi padre las veía por las noches, mientras jugaba. También me contó que como ellos no tenían un baño normal como los de la ciudad, sino baño de pozo, cuando quería orinar pues salían de su casa.

Me dijo que siempre, al salir por la noche, veía sombras como de pequeños hombrecillos que les llaman «chaneques». Me contó que esas sombras lo llamaban y le decían su nombre y que querían jugar con él; sin embargo, él se lo contó todo a su abuelito y a mi difunta abuela, y le dijeron que jamás se fuera con ellos a jugar; porque si se iba con ellos o jugaba con ellos lo llevarían a un lugar donde jamás volvería.

Contada por Jesús A. De la Cruz Vázquez

 

Todas las historias fueron contadas por estudiantes de Mantenimiento Industrial de la Universidad Tecnológica de Matamoros

 


 

ADÁN ECHEVERRÍA GARCÍA. Mérida, Yucatán (1975).
Integrante del Centro Yucateco de Escritores, A.C. Realiza el Doctorado en Ciencias Marinas en el Cinvestav del Instituto Politécnico Nacional – Unidad Mérida con una beca del Conacyt. Biólogo con Maestría en Producción Animal Tropical por la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY). Ha cursado además el Diplomado en Periodismo, Protocolo y Literatura (ICY, CONACULTA-INBA y Editorial Santillana, 2005). Por su obra literaria ha sido considerado en el Diccionario Biobibliográfico de Escritores de México que realiza la Coordinación Nacional de Literatura del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA). Ha publicado los poemarios El ropero del suicida (Editorial Dante, 2002), Delirios de hombre ave (Ediciones de la UADY, 2004), Xenankó (Ediciones Zur-PACMYC, 2005), La sonrisa del insecto (Tintanueva ediciones, 2008), y Tremévolo (Ed. Praxis – Ayuntamiento de Mérida, 2009); así como el libro de cuentos Fuga de memorias (Ayuntamiento de Mérida, 2006). Compiló junto con Ivi May el libro Nuevas voces en el laberinto: Novísimos escritores yucatecos nacidos a partir de 1975 (ICY, 2007), y con Armando Pacheco la compilación electrónica en Disco Compacto Del silencio hacia la luz: Mapa poético de México. Autores nacidos en el período 1960-1989 (Ediciones Zur y Catarsis Literaria El Drenaje, 2008). Es Premio Nacional de Literatura y Artes Plásticas El Búho 2008 en poesía, Premio Nacional de Poesía Rosario Castellanos, convocado por la UADY (2007). Ganador del X Premio Nacional de Poesía Tintanueva 2008 (convocado en 2007). Premio Estatal de Poesía Joven Jorge Lara (2002). Mención de honor en el Premio Nacional de Cuento José Amaro Gamboa, convocado por la UADY (2004); Mención de honor en el Premio Estatal de Poesía José Díaz Bolio (2004) y Mención de honor en el Concurso Nacional de Cuento Carmen Báez (2005), de Morelia, Michoacán.

Contactar con el autor de la compilación: adanizante [at] yahoo.com.mx

Ilustraciones: Imágenes realizadas mediante IA

TRES RELATOS SORPRESA (traídos aquí desde nuestra biblioteca)

Los confines del mundo (En Morir a los cuarenta) Los confines del mundo, por Carlos Montuenga. En Margen Cero (Biblioteca de relatos – 2006)
La colección (en Morir a los cuarenta) La colección, por Pedro M. Martínez Corada. En Margen Cero (Taller literario de El Comercial – 2003)
Impresiones en el frente Impresiones en el frente, por Miguel Vaquero. En Margen Cero (Biblioteca de relatos – 2002)

Nuevas leyendas contadas por jóvenes (compilación)

Revista Almiar (Margen Cero™) · n.º 131 · 👨‍💻 PmmC · noviembre-diciembre de 2023

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