artículo por
Paula Cantera García

 

«El artista, como las cometas,
solo toma altura con el viento en contra».

 

D

icen que para volar una cometa es preciso situarse en un lugar despejado, sin estorbos. Es necesario igualmente que la brida esté bien ajustada, un tornillo suelto puede hacer que no levante del suelo. Dicen que para alzar la cometa hay que colocarse de espaldas al viento, nunca dar la cara, que si notamos tensión en los hilos, habrá que empezar de nuevo. Las normas son claras: no volar si hay tormenta, volar siempre con la cometa adecuada, y, por supuesto, con cuidado de la gente que hay cerca.

Si piensas bien en estas directrices, creo que Enrique Jardiel Poncela no cumplió ninguna de ellas: los obstáculos y la niebla no le impidieron avanzar. Siempre tuvo, gratamente, más de un tornillo suelto; de hecho, ni los imanes conseguían mantenerlos en pie. Su disparatada y absurda cometa era todo menos la «más adecuada». Nunca dio la espalda al mundo, se encaró, a pesar de la tensión, y nunca dio un paso atrás por que hubiese gente contraria a su viento.

Tal vez él fuera otro tipo de cometa. Puede que fuera un cuerpo celeste irregular, que describía órbitas elípticas de gran excentricidad, con una cola que dejaba una imponente estela jardeliana. En la antigüedad, de hecho, los cometas eran considerados un mal augurio, como la muerte de algún rey o emperador. Y, si bien es cierto que su literatura no es tan remota, el mal presagio también es cierto: Enrique Jardiel Poncela aniquiló las leyes tradicionales del humor, las normas comunes de la prosa y rompió con el teatro clásico de la época.

Transgresor, inverosímil, ilógico. Fue un renovador de la comedia y la narración humorística partiendo de una literatura de raíces vanguardistas. La originalidad, la sorpresa, lo absurdo y lo inesperado han sido siempre sus sellos de identidad. Pero ese es tan solo el físico de sus obras, el exterior que las compone. El interior es mucho mejor: muestra una dura mirada crítica a la sociedad, un reflejo de la desencantada visión de la realidad en la que vive, se acerca al lector y le ofrece poesía, ironía, deseo, desobediencia y, sobre todo, humor intelectual.

Poncela supone una contradicción humana en cuanto a sus estudios biográficos se refiere. Es admirado y, a su vez, despreciado; es criticado y elogiado; no es de izquierdas, y tampoco de derechas; se le tachó de misógino y de haber escrito un libro feminista; se le juzgó como racista y después, antirracista. Es una antítesis andante, un disparate convertido en humano. Y eso, sin duda, es lo que le hace tan especial.

Antes de leer la biografía de Poncela y saber más datos sobre él, yo le conocía únicamente por haber leído hace años su libro Amor se escribe sin H. Lo primero que sentí al comenzar a leer sus páginas fue sorpresa. No sabía que una novela podía hacerme tanto reír como pensar.

«Sylvia había hecho de Zambombo el mismo caso que un empleado en las cataratas del Niágara habría hecho a una gotera».

Enrique Jardiel Poncela

Sinceramente, quedé enamorada. Pienso en él y sonrío. Es pura inteligencia enmascarada en chistes irracionales.

Por lo que, lo que lea sobre su vida o sus libros tal vez sea verdad o tal vez no; él decía que no existía la verdad absoluta. Puede ser que solo sean unos chistes tras otros que fue contando por aquí y por allá para esconder alguna sensatez, alguna lógica y racionalidad que le dio vergüenza mostrar. Pero no me cabe duda de que él hizo cosquillas a mil almas y envió una risotada al aire. Masticó la ironía, desmenuzó el humor y vistió al mundo de gracia.

Así que, me quedo con eso. Con la risa y sonrisa de un autor como Enrique, que tan solo con esa mirada pícara que sostenía en sus cóncavos ojos, se entreveía una risotada del cosmos vestido con bata blanca.

 


 

Paula Cantera

Paula Cantera García. Licenciada en Periodismo, con un máster en Comunicación escrita y creativa. Actualmente cursa un grado en Lengua y Literatura españolas. Ha trabajado en diferentes medios de comunicación, como en el periódico estudiantil de la UPSA y la agencia EFE. También ha trabajado en diferentes puestos alrededor del mundo, como en Hong Kong, Tailandia, Bolivia o Inglaterra. Actualmente es tutora del curso Maestros de la Literatura Hispana en el Instituto IVCH. Asimismo, trabaja como freelance. Entre sus proyectos actuales se encuentran la edición y corrección novelística y la redacción de artículos y dosieres de distinta índole.

Artículo publicado originalmente en la web de la autora: https://lacorreria125.wixsite.com/lacorreria125

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 Ilustraciones: (portada) Imagen por OpenClipart-Vectors – Pixabay [public domain] (En el texto) Enrique Jardiel Poncela, versión en B&W. Unknown author [public domain].

 

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Revista Almiar (Margen Cero™) · n.º 109 · marzo-abril de 2020

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