(Contada por algunos de sus personajes)
artículo por
Adán Echeverría

 

E

n el 2011, apenas un año después de que México celebrara los doscientos años del inicio de su independencia, la Catarsis Literaria El Drenaje, que me honro en dirigir desde el año 2005, propuso al Programa de Apoyo a las Culturas Populares y Comunitarias (PACMYC) el proyecto denominado Inamovibles sueños: cuando los creadores jóvenes se expresan, viven, el cual fue aprobado con el presupuesto del programa 2010, de la Dirección General de Culturas Populares, delegación Yucatán, resultados que tuvimos a bien entregar al finalizar el año.

El proyecto presentaba tres objetivos: 1. Reconocer a los creadores jóvenes de Mérida y presentarlos a la sociedad como ciudadanos más allá del talento y el arte que desarrollan; 2. Establecer un diálogo, que más allá de las entrevistas, permitan al lector de las mismas situar a los creadores jóvenes de arte como personas trabajadoras en esta sociedad en que se desenvuelven; 3. Demostrar a la ciudadanía en general que los creadores jóvenes de arte no son solo vagos sin oficio ni beneficio que se creen artistas. Como parte de la metodología para conseguir los objetivos se decidió realizar entrevistas a los artistas de las siguientes disciplinas: Danza, Literatura, Música, Teatro, Artes visuales y Promoción cultural y activismo, así como realizar investigación de gabinete sobre las mismas. El documento que ahora presentamos es el resultado, análisis, y comentarios propios que obtuvimos respecto a algunos de los artistas involucrados en la danza clásica y contemporánea.

Introducción

Los verdaderos artistas tienen sueños inamovibles. Pueden existir muchos inconvenientes que parezcan enormes, impedimentos de toda índole, siempre apareciendo frente a uno, moviendo los hilos para alejarnos de nuestro destino, pero para alcanzar la meta, aquel que nació y se decidió por dedicarse al arte lo conseguirá. Esta es una pequeña narración cuya única pretensión es contar un poco de la historia de la danza en Yucatán, y para poder abordarla es necesario reconocer que, desde 2007, Margarita Tortajada Quiroz, señala que «Una de las labores pendientes dentro de la historia de la danza escénica mexicana es el análisis de los movimientos que se han sucedido en el país durante el siglo XX». Yucatán no escapa a esta necesidad de conocer y apuntar algunos aspectos historiográficos de dicho movimiento y, para ello, recurriendo al archivo del proyecto arriba mencionado, presento un poco de esta historia desde la voz autorizada de cuatro personajes, Víctor Salas González, Adán Argáez, Fanny Ortiz, Rosalía Loeza y Tatiana Arcila, todos ellos nacidos y radicados en Yucatán.

Un poco de historia nacional

Haremos un muy breve repaso del ballet y la danza contemporánea. En 1526 se fundó la primera escuela de baile de la Nueva España. En 1673 fue inaugurado en la ciudad de México el Teatro Principal, el cual sería el más importante hasta el siglo XIX, que contó desde 1725 con un reglamento que debía ser seguido por bailarines, coreógrafos, maestros, empresarios y público. Después de doscientos años de fundamentar una tradición dancística con escuelas de baile, entre 1778 y 1785 el ballet hizo su aparición por primera vez en la Nueva España, con el matrimonio de bailarines italianos Peregrino Turchi y María Rodríguez Turchi y Giuseppe Sabella Morali, ellos enseñaron y crearon la primera generación de bailarines de la nación, en la Escoleta de baile y canto, la cual se encontraba en el Teatro Coliseo. El virrey Bernardo Gálvez creó la primera Compañía de Ballet del Real Coliseo de México, quien a su vez es el autor del primer reglamento de censura y comportamiento de artistas y público de la Nueva España. Durante el siglo XIX, a partir de 1830, a pesar de que en la ciudad de México y Puebla se encontraban los mejores lugares para presentarse, la llegada a ellas de compañías tanto de ballet como de ópera y teatro era complicada, tanto por lo largo del trayecto como por los asaltos, especialmente en el camino de Veracruz a Puebla, en conjunto con los riesgos que una guerra conlleva. Por ello las ciudades más visitadas de esta época fueron Mérida y Veracruz. Las compañías extranjeras venían con su propio cuerpo de baile pero además, en el lugar donde se iban a presentar los agentes enviados con anticipación a veces contrataban solistas y cuerpo de baile locales, lo cual era importante para el desarrollo del ballet. Fue hasta 1919 que la rusa Ana Pavlova presentara en la ciudad de México su repertorio clásico al cual incorpora una representación estilizada del Jarabe Tapatío, mismo que se volvió prototipo para las siguientes generaciones, lo que colaboró a despertar nuevamente el interés por la danza clásica (Tortajada Quiroz, 2007b; Gutiérrez-Villa, 2010).

Para poder entrar en el contexto del ballet clásico y la danza contemporánea, presentamos las palabras que el maestro Víctor Salas González, quien naciera en 1950 en la ciudad de Mérida, Yucatán, y fungiera como director de las compañías de danza clásica y contemporánea, tuvo a bien ofrecernos en entrevista:

«Hace 50 años (circa 1961), en la ciudad de Mérida, solo existían como medios de comunicación la radio y los periódicos —en 1963 inicia labores Canal 3 de Mérida, Yucatán, primera emisora de televisión en el sureste de México, financiada por capital local (Sánchez Ruiz, 1991); inicia labores el Canal 13, en Yucatán se inaugura el 27 de febrero de 1970, aun cuando a manera de prueba se transmitieron los juegos olímpicos de 1968 (Rodríguez Santa Ana, 2001)—.

Era una sociedad, la meridana, no conservadora sino bastante limitada en términos del desarrollo cultural y educativo. Todo era muy cuadrado. Se aprendía de manera muy rígida. Ese es el entorno educativo en el que me desarrollo. Fuimos diez hermanos a los que abandona su papá, dejando a mi mamá embarazada, por eso mi hermanito menor nunca conoció a su padre. Desde muy joven siento la necesidad de ser artista. Lo tuve muy claro desde los cinco años. Para ello estudié con Leticia Rosso, Eduardo Vidiella, y para ser músico me metí a estudiar con Charito Morcillo. Cuando le dije a mi madre que quería ser pianista, ella respondió que esa era una carrera para mujeres, y añadió: “El piano es caro y no tenemos dinero”. Luego quise ser cantante, había un programa de radio para aficionados y yo cada semana iba a cantar en él, con una terquedad inmensa porque era desafinado. Pero me lo permitían, hasta que me convencí de que mi camino no era el canto. Cursaba el primer año de la secundaria cuando unas vecinas y amigas: Mayra Acevedo, Lizbeth Acevedo, Leydi Acevedo, me invitan a formar parte de un grupo folklórico, comenzamos a ensayar. En eso se abre, en el teatro Fantasio, una temporada de teatro regional, y nos invitan a integrarnos al espectáculo. Cuando entro al teatro Fantasio siento algo tan luminoso, tan brillante, tan capturador de mi persona que ocurre cuando atravieso la puerta de entrada, puertas que se deslizaban, donde el olor a creolina, el olor a cigarro, a encierro y a humedad, ése mundo de olores se me graba, me impresiona de tal manera que me di cuenta de que ese era mi mundo y a él quería pertenecer. Ahí conocí a Petrona, la gran Petrona. Lo importante de esto que te cuento es que todo lo hago sin el conocimiento ni permiso de mi madre. Le decía que iba a la escuela pero yo estaba en el teatro, en los ensayos, o en las funciones. Hasta que una tía, a la que le gustaba el teatro regional llevó a mi mamá a una función, y cuando salimos a hacer el primer número de opening en el que cantábamos, y nos bajábamos y paseábamos entre el público, ahí yo con mi pantaloncito, con sombrero, vestidos como brasileños, mi tía le dijo a mi madre que era yo, y mi madre lo negó, porque yo debía estar en la escuela; ella creía que yo no podía engañarla, y no dudada de mí. Pero cuando comencé a quedarme dormido en la escuela, tuve que aceptar que yo estaba trabajando por las tardes y noches, porque el director preguntó por mi comportamiento enfrente a mi madre. Y tuve que aceptarlo. Mi madre me dijo: en esta casa tienes comida porque estudias, pero si no estudias no comes. Y yo le dije: Y qué pasa si yo te doy el dinero de mi comida, ya que yo ganaba 30 pesos de aquel entonces, era un mundo de dinero si consideramos que las cosas costaban centavos. Aun así me recomendó: Estudia una carrera corta, para que tengas un titulo. Yo le daba la mitad de mi sueldo; eso la tranquilizaba, pero me siguió pidiendo que yo estudiara, cosa en que no pude complacerla porque yo tenía pasión por el teatro y no para el estudio.

Luego Alfredo Cortés me invitó a formar parte de una función de danza en Bellas Artes, y desde ahí me comienza a dar clases. Luego me dijo que nos íbamos a la Ciudad de México a un curso de folklor, pero en realidad nos fuimos a un curso de ballet. De nuevo tengo que decirle a mi mamá que me gusta el ballet, y que me iba a ir a vivir a la Ciudad de México a estudiarlo. Mi madre se enojó y dijo que si eso quería entonces que me quitara el apellido: “Si vas a ser bailarín, te quitas el apellido y te olvidas de nosotros”. Fue algo muy duro, porque ella lo era todo para mí, para nosotros, porque no teníamos padre. Y a los dieciséis años me salgo de casa, yendo hacia mis sueños. Me quedé ahí diez años, trabajando, y nunca tuve un problema económico, nunca me faltó comida; llegué a tener doscientos mil pesos ahorrados, mi primera tarjeta de banco la conservo todavía. Luego mi madre se fue a Los Ángeles, y yo me quedé en México. Sus enseñanzas me saltaron encima, porque a veces me encuentro repitiendo las cosas que ella me enseñó, ella construyó el edificio que soy. Ella que solo llegó hasta sexto año de primaria, es mi gran amor. Aunque le costara mucho trabajo decirles a sus amigas que yo era bailarín, porque ser bailarín para un hombre es ser maricón, pero yo no era maricón, jamás lo he sido. Esa fue la parte más oscura en el inicio de mi carrera, que mi madre lo entendiera, pero creo que no me afectó, porque creo que me hizo fuerte, resistente. La disciplina que impongo es gracias a esa forma fuerte en que me educaron. Tuve maestras que me golpearon, me gritaron, me mentaron la madre, pero eso no me afectó nunca, son palabras que no me hacen daño. Agradezco ese mal trato, y qué bueno que me pegaron, qué bueno que me agredieron, nunca me afectó sicológicamente, los insultos nunca me hicieron ni hacen daño. Pero eso sí, no me digas mentiroso, porque eso es el peor insulto que puedas hacerme. La disciplina y el orden que tengo son gracias a esa educación. Me construyeron como una gran fortaleza, para saber recibir los golpes de la vida con naturalidad; también sé devolver los golpes. En esta ciudad me han dado muchos golpes. Todo lo que me han impedido la gente que administra la cultura, porque si algo he tenido en Mérida son impedimentos. Fue con Renán Guillermo que me dan la oportunidad verdadera de tener la Compañía.

Yucatán, desde el jueves 6 de enero de 1542, durante el siglo XVII y hasta el 2011 (año en que se hizo esta entrevista) ha tenido grandes tradiciones en literatura, teatro, música, danza, y aún no tenemos un boom en todas las artes, éstas no se han desarrollado como debieran. La danza, como todas las demás artes, siempre tiene periodos de apoyo y periodos en que éste se les quita. Tuvimos un buen momento de arranque con Nina Shestakova en 1936; una maestra que viene de la escuela rusa, la escuela imperial. A Nina es a la primera a la que le sucede una traición por parte de los encargados de la cultura del estado de Yucatán. Comienza a dar clases en Mérida y cuando en 1942 se plantea la fundación de la escuela de ballet de Bellas Artes, al abrirse el área de danza clásica, ella le propone a Alfredo Tamayo Marín, director de Bellas Artes, que no era conveniente abrir la escuela de ballet porque no había la madurez todavía en las alumnas; ella pensaba que tenía que esperarse un poco más. Pero no le hicieron caso y le dieron la escuela a la hija de un personaje de Yucatán. Cuando Nina Shestakova se dio cuenta, se fue de Yucatán regresando al DF. Y es entendible porque si uno no tiene la suficiente madurez, el arte, la técnica, no tiene el reposo que requiere; la técnica que es un universo de secretos no se desarrolla, y si la agarras con seis años apenas de conocimientos (de 1936 a 1942), a dónde vas a ir con ese pobre conocimiento. Entonces la escuela de danza clásica de Bellas Artes empieza con bailecitos, funcioncitas y no pasa nada más nada.

En 1959, cuando Socorro Cerón agarra la escuela de ballet hay otro boom dancístico; Juan Duch Collel es director de bellas artes, venía de ser embajador de México en Rusia, y le pide a Socorro hacer todo al estilo de la escuela rusa, obras grandes con bailes completos, orquesta integrada, con todos los alumnos de bellas artes. Pero Socorro tiene otra traición, la corren de Bellas Artes en 1962, y hay otra caída de la danza clásica en Yucatán. Socorro tenía como alumno a Alfredo Cortés, un hombre con una figura muy hermosa, que estudia en México, y trabaja con el ballet clásico de México; Alfredo cuenta con una visión muy hermosa y diferente de la danza, y regresa a Mérida a trabajar en Bellas Artes, esto le da otro momento álgido a la danza clásica de Yucatán. Yo entro a trabajar con él pero entonces nos toca la mala suerte que llega el gobierno de Luis Echeverría, cuando María Esther Zuno (aquella que nunca quiso ser llamada primera dama sino compañera del presidente) comenzaba a hacer los grupos folklóricos de la república mexicana, y entonces responsabilizan del ballet folklórico de Yucatán a Alfredo Cortés, y el ballet clásico pierde a un exquisito elemento. Lo meten a folklor y el ballet tiene otra caída. Hay que ser honestos, la gente que no había salido de Mérida no tiene capacidad de enseñar el verdadero ballet. La gente de acá es muy cerrada, ni sale de Mérida para tomar un curso, ni sale de Mérida para ver un ballet o para ir a la ópera, hay que traerles todo acá, pero traerlo no es lo mismo que ir a verlo en otro estado, en otro ligar, porque el arte es una experiencia viva, es un asunto de encuentros. Para que tengas un criterio estético, para que tengas una idea de cómo vive un bailarín, y cuál es su realidad. Ni en el pasado ni en el presente, no han salido ni salen, ni aun ahora, en este año, menos en los años que comento. Lo que saben ellos es porque han venido maestros a darle explicaciones, actualizaciones, superación. Palabras que me indignan. Yo no permito que nadie venga y me actualice ni que me enseñe nada porque me están dando a conocer mi nivel de ignorancia, la cantidad de ignorancia me ofende como profesional.

Cuando Alfredo se hace cargo del ballet folklórico yo estoy viviendo en México. Cuando regreso a Mérida vengo a trabajar en Bellas Artes; Alfredo me propone trabajar con él, formar el ballet clásico de Mérida, pero al ver que era difícil hacerlo en Bellas Artes la idea no toma fuerza, y decido hacerlo en la Universidad, por lo que junto con Carmita Cerón hablamos con Albero Rosado G. Cantón rector de la Universidad en esa época, y le preponemos hacer el ballet de cámara de la universidad de Yucatán, y Alberto nos comenta honestamente y con sinceridad de sus presupuestos limitados, y que no hay dinero para apoyarnos. Pero decide apoyarnos institucional y moralmente, nos ofrece contar con el nombre de la universidad, y el apoyo del Departamento de Extensión Cultural que en ese entonces estaba a cargo de Renán Irigoyen y Fernando Marrufo; nos ofrece el teatro, boletos, programas de mano, el nombre del ballet, pero esto coincide con la muerte de El Charras (Efraín Calderón Lara, líder estudiantil de Yucatán), en 1974. El 14 de febrero matan al Charras, el ballet se estrena en enero, como parte de un proyecto que planeaba hacer temporadas permanentes a partir del mes de febrero, lo ocurrido limita los presupuestos de la Universidad, por lo cual se desintegra el proyecto de la compañía, y yo me regreso a México a trabajar. Estos han sido los altibajos en la danza que puedo comentar. Todo lo anterior ha impedido un desarrollo real de las artes en general. Ocurre cosas similares con la música sinfónica la cual empieza un movimiento en el siglo XVIII con Jacinto Cuevas, se interrumpe, se vuelve a empezar con Daniel Ayala, se interrumpe, lo retoman ahora, y esperemos que se continúe. Por ello creo que estamos regresando a vivir el siglo XVIII de las artes en Yucatán, ese siglo hubo teatro costumbrista, teatro formal, poética, música, se hacen los primeros intentos de la trova, y ahora en el siglo XXI, estamos retomando orquestas de cámara, sinfónica, no es un boom sino un reinicio y los altibajos impiden el desarrollo real.

Todo porque los yucatecos no sabemos valorar a nuestros artistas, por ejemplo en literatura Carlos Martín Briceño me parece un gran escritor yucateco. Pero los yucatecos no tenemos los huevos suficientes para decirle a la gente, qué chingón eres. Me choca la idea de seguir hablando tradicionalmente del arte, porque viene la equivocación de las autoridades culturales, y lo que somos en realidad no nos lo reconocen. Nos pesa decir que alguien es bueno. Y sin embargo decir que alguien es bueno en lo que hace es una forma de retroalimentarnos. Para poder crecer uno tiene que reconocer a los demás. Así como los escritores no se leen sino que se deben vigilar, los escritores y todos los artistas, y pasa lo mismo con los artistas dedicados a la danza. Ir a todos los espectáculos de danza, a todos o a los que puedan. Pensar como Octavio Paz que lo aglutina todo, trata todos los temas. Habló hasta de la danza en México y el mundo, con esa visión con que uno puede mirar dentro de las artes. Hay que saber de pintores, de escritores, de nuestro México como del mundo. Tener conciencia que las becas que ahora ofrece Conaculta surgen por iniciativa de Víctor Flores Olea y Octavio Paz, y esa actitud es la que nos hace falta en Yucatán.

El artista no tiene un lugar en la sociedad, ni dentro de la cultura, ni dentro del arte, ni dentro de las instituciones. El problema es fundamentalmente político. Soy enemigo de emplear cultura por arte, mi discurso va en términos del arte, me choca hablar de cultura porque la cultura es lo cotidiano y el arte es excepcional. Políticamente ni los encargados de cultura que fueron artistas han tenido la visión suficiente para darle el rango al artista dentro de la sociedad. Los propios directores de cultura han hecho uso de los artistas como si fuéramos campesinos. Antes al campesino le daban atole con el dedo, ahora a los artistas les dan ese atole. Vas a pedir cualquier cosa a los administradores de cultura, y nos tratan como campesinos; nos dan migajas, no hay proyectos artísticos. Se ha creído que hacer el desarrollo artístico es tener membresías. Por eso no nos desarrollamos. Si tú no estás enfrente de la sociedad, si la sociedad no ve tu trabajo ¿existes?, ¿te pueden reconocer? Mis propios bailarines, quieren su basificación dentro del Instituto de Cultura, como profesionales de la cultura, pero si ni el propio director del Instituto los conoce. El artista existe cuando le es útil a la sociedad, cuando te usan. Roldán Peniche Barrera tiene una presencia porque es útil al grupo que representa, por todas las cosas bonitas que dice de la literatura o de sus amigos del café, lo que comenta de la orquesta sinfónica; porque es útil se le reconoce, si no tuviera ese servicio no se le reconocería en la sociedad.

Nos negamos a aceptar realidades. Si no vamos con la revolución no vamos a ningún lado; las revoluciones son de izquierda mientras que las lentas evoluciones van con la derecha. El arte tiene que ser gratuito, no puede pensarse en cobrar por los espectáculos de arte. No podemos pensar que el gobierno nos brinda su dinero cuando el dinero que manejan no es de ellos sino de todos nosotros, tuyo y mío, es el gobierno el que me lo debe pagar por mi trabajo. Pero no somos revolucionarios, no sabemos ser exigentes. Demanda por justicia a ver si un amigo te acompaña. Tienen miedo de perder el amigo, la beca, nadie tiene los huevos para decir me vale madre que no coma mañana. El ejemplo más concreto es Cuba, Fidel Castro, acude al domicilio particular de Alicia Alonso y Fernando Alonso; toca la puerta y pregunta si lo pueden recibir, cuando ellos ven que es Fidel, abren y a la orilla de la cama reciben a Fidel. Le pregunta a Alicia cuánto se necesita para hacer una compañía de danza, y le da hasta el doble de lo que le pidieron. Solo el hombre revolucionario sabe la virtud social del arte, el beneficio social que trae consigo. Si sabes los porqués te sientes satisfecho como artista, tienes que desear eso para la sociedad porque así no estaría ociosa, no estaría con esa visión trágica de la vida, no tendría miedo del futuro, aprendería a resolver su futuro, a gozar las cosas hasta el último detalle, y eso es vivir. Yo fui muy terco cuando regresé a Yucatán, quiero recorrer los ciento seis municipios con la compañía de danza, pero hasta este 2011 apenas llevo cuarenta y dos municipios, sin embargo ese es mi proyecto, llevarles el ballet clásico, la danza clásica, la danza contemporánea. Porque la gente del campo goza los espectáculos de una manera diferente que la gente de la ciudad, con una entrega devota, fervorosa, pero hay que llevarles cosas buenas, llevarles el mejor elenco.

No ha habido autoridad que haga el movimiento de masas para el arte, y el movimiento de masas solo se hace con espectáculos gratuitos. Si yo fuera director del Instituto de Cultura de Yucatán, todo mundo tendría sueldos profesionales, nadie a menos de 14 mil pesos mensuales; contaríamos con grupos numerosos, capacitados y profesionales. Un individuo en política cuesta el doble o cuatro veces más. A las autoridades no les gusta molestar a los políticos. El artista que es la razón única de que existan los Institutos de cultura no tiene ni basificación, ni prestaciones, ni nada, pero la secretaria, el chófer, el asistente tienen vivienda asegurada, seguro médico, prestaciones y el artista no, y sin embargo somos la razón de ser de los institutos. Esa es la razón de porqué la sociedad no reconoce a los artistas, por eso no hay público, ni oportunidades, ni respeto. Si a mí me beneficia el arte tengo que impulsarlo, recomendarlo. Querer que los demás tengan lo que yo tuve o algo mejor. Cualquiera puede ser bailarín, pero el personaje supremo es el artista, en cada disciplina. Tiene que ser un fenómeno de conmoción. El arte tiene que deslumbrar. Para mí no importa si un director sabe dirigir a la orquesta sinfónica (como Lomónaco) si no conmueve. Estamos acostumbrados a regalar los calificativos con nuestra crítica, porque no apreciamos, y porque no queremos quedar mal. Yo creo que alguien tiene que poner en orden las cosas. El arte tendrá un correctivo con una persona revolucionaria, alguien que sea capaz de salir adelante. Si tu quieres ser artista no lo pienses, hazlo, selo. Pero toma la postura del artista, la postura excepcional; tienes que ser presumido, egótico, sentirte mucho, saber que naciste para no ser un “todo-mundo”. Lo diré como me lo decía mi madre: Ni el más importante ni el primero, sé siempre el único».

Hemos visto en las líneas de arriba no solo un breve relato de la historia de la danza en Yucatán, sino el esfuerzo personal del maestro Víctor Salas González para alcanzar el ideal de convertirse en un artista. En las siguientes líneas podremos observar la visión de otros artistas de la danza que platican también el cómo lograron acercarse a la danza y cómo ha sido su desarrollo en esta disciplina.

Adán Argáez González. Nacido en Izamal, Yucatán en 1976. Compañía de danza contemporánea de Yucatán. Folklor. «Puedes expresar todo lo que sientes con movimientos. Mi formación fue folklórica principalmente. Diecisiete años de folklor. Carlos Acereto, Lupita Pérez Monje (Ballet Folklórico de Yucatán). En contemporánea Nicolás Flores, Tatiana Zugazagoitia Héctor Fernández, Víctor Torres. Y en danza contemporánea siete años. He viajado a Houston, EE.UU., Carolina del Norte, Asheville, y la república mexicana. El único obstáculo he sido yo para conseguir mis metas, muchos logros, estoy satisfecho con lo que he logrado hasta ahora. Al principio mi papá no estaba de acuerdo, fue el primero en saltar, hasta que vio mi formación, ellos saben a qué me dedico y vienen a verme. Mis padres viven en Izamal. El artista es una parte muy importante dentro de la sociedad. Es un trabajo, a esto nos dedicamos. Es una manera de vivir lo que estamos pasando lo que estamos sintiendo. La situación, compleja. Contrario a la danza folklórica, en la danza contemporánea es fácil hablar de cómo, decir lo que está pasando, con ese objetivo de decir aquí estamos. En los ocho años que estoy en la compañía estamos enfocados en lo que está pasando y decirlo con el movimiento, con música, con interpretación. En Yucatán es una gran pena que la danza contemporánea. Nuestra compañía tiene veinticinco años de formación y no ha habido suficiente apoyo, suficiente interés en aceptar esta disciplina, por el tipo de movimiento, por el tipo de música, por el tipo de temas que manejamos, es muy lento el proceso de aceptación. Creo que al tipo de difusión, eso puede ser, aunque nos hacen promoción; hace falta, muchísima falta que haya intermediarios entre el artista y una persona que sea el enlace entre el artista y la sociedad entre el artista y las instituciones. Invitarlos a que se avienten y se atrevan a una disciplina nueva, a probarlo, y de ahí partir, si les gusta continuar con su carrera».

 

El renacer, coreografía de Adán Argáez.

AlsurDanza Compañía de Danza Contemporánea del Estado de Yucatán fundada en 1987 por la maestra Graciela Torres y actualmente dirigida por el maestro Milton Acereto.

Adán además es bailarín de la Compañía de Danza Contemporánea AlsurDanza en Yucatán. El día de hoy en las oficinas del Registro Civil de Mérida, Yucatán, Francisco Cárdenas y Adán Argáez, se convirtieron en la cuarta pareja del mismo sexo en contraer matrimonio en ese estado del sur de México.

 

Fany Ortiz Estrella, nacida en 1969. Bailarina contemporánea. «La danza me escogió, estaba en busca de un camino que en mi adolescencia no encontraba, la danza me atrajo. He tenido la suerte de tener una de las cosas porque me gusta la danza contemporánea, en retrospectiva, no me equivoqué, es exactamente lo que quería, me identifico por mi carácter mi forma de ser, mi propia búsqueda, cuando bailo lo encuentro, encontré mi verdadero camino. Maestros maravillosos, crecí en la compañía de danza del instituto de cultura de Yucatán desde 1992, porque hice la escuela en Bellas Artes, Graciela Torres nos traía a los mejores maestros. Nos hemos formado en clásico, con teórico, con práctico, el contemporáneo está abierto a todo. Me considero a alcanzar retos personales, estoy en constante cambio, esto no termina hasta que termina. En todos los teatros de Yucatán en los ciento seis municipios. A Costa Rica, Belice, EE.UU., Carolina del Norte, Asheville. He trabajado con grupos independientes, pero siempre poniendo en nombre el estado de Yucatán. Los obstáculos se los pone uno. Si no hubiera obstáculos no habría metas. Los obstáculos son necesarios, nos impulsan para salir adelante. Becas personales para irme a Cuba y Nueva York. Mi familia ha crecido conmigo en esta carrera de danza contemporánea, en Yucatán es más joven que la danza clásica, Bellas Artes tiene cien años de fundada en el Estado, pero ha ido creciendo a pasos agigantados. Mi familia ha sido un detonador importante Al irles educando de cierta manera, porque educas tu entorno social, ellos al principio veían un hobby, pero fueron entendiendo, creyendo en una carrera, se fueron educando en la danza contemporánea, al mirar mis logros, mi empeño. Mis metas es como artista qué es lo que sigue, seguir bailando de una manera mas antropológica, consciente de esencia, alcanzar metas, una se va trazando los objetivos, soy maestra, estudio la licenciatura en pedagogía, forjándome como maestra y seguir bailando de una manera inteligente. Ser mejor maestra en el centro estatal de bellas artes. Dentro de la sociedad el papel del artista ha ido cambiando, hay más apertura, hay más disponibilidad, los padres apoyan a sus hijos, se preocupan porque estudien algo de su a la par académico, la Sep está haciendo esa apertura, se han dado cuenta de que el arte humaniza, crea mejores personas, sensibiliza, el arte es necesario y fundamental, es nuestro deber como artista hacer esa labor, por nosotros mismos, por las futuras generaciones, evitar la violencia. No hay mejor forma de hacer la paz que haciendo arte. Los artistas a veces participamos en marchas por la paz no estamos exentos, más que cualquiera no es puede pasar cualquier cosa, los artistas propiciamos la paz, invitas a que vayan a los teatros, que vengan a apreciar el arte, difunde tu propio arte, convencer a los alumnos, hablar con ellos, la paz es parte de la salud. Se ha hecho labor para que los yucatecos aprecien la danza: Socorro Cerón, Graciela Torres, a través de festivales, abren camino para futuras generaciones, hay más festivales en nuestro Estado. En Yucatán hay mucho talento, cada vez veo mejores generaciones, chavos con mucha creatividad. A nosotros nos tocó otra época, ahora hay más difusión, antes volanteábamos, ahora hay Internet. Es importante ser gestores o Promotores culturales no solo ser bailarín, que generen un enlace entre artistas y la sociedad. Un ser social y participativo. Porque no te puedes quedar en una sola tarea. Cada vez debe haber más bailarines, más promotores, para hacer una mejor sociedad, todos tener un bien común. Ojalá que los jóvenes se acerquen al arte, que no pierdan el tiempo, el tiempo es un factor determinante, A mí el arte me sigue transformando, es esencial. No está en el de al lado, lo esencia esta dentro de uno mismo. El arte te hace encontrarte y saber quién eres».

 

Ana Rosalía Loeza Lara. Nacida en 1974. «Llegué a la danza contemporánea por suerte. Mi hermano me vino a inscribir, y era lo único que había, no sabía qué era, pero me quedé ahí porque me gustó o porque era lo único que podía tomar, no podía entrar a danza clásica porque ya estaba grande. Sabía que la danza contemporánea no era lo que más me gustaba, pero lo demás no me gustaba. A los doce años entré, se estaba abriendo, tenía un año de fundarse, yo entré en el 1988, yo soy de la primera generación de danza contemporánea. Mi vida se ha hecho a partir de la danza contemporánea. Me fui quedando y de una cuestión de suerte, me convertí en maestra, coreógrafa, bailarina, en dirección de escena. Mis primeros maestros fueron Rossana Filomarino, Javier Romero, como estaba empezando, le metieron mucho apoyo, tomo clases con los mejores maestros del país y muchos, tengo la suerte de tener muchos maestros, muy buenos, a los que les aprendí muchas cosas. Estamos ahora en calma. El país está detenido en cuestión de danza contemporánea. Es un rompimiento, la vida cotidiana llevada a escena, así podemos definirlo, cosas que pasan a las personas, las cosas que ves y quieres proyectar, no es una historia definida, no es un cuento ya establecido en la tradición. Se puede sacar una coreografía de cualquier cosa. He estado en muchísimos lados. Solo me falta Sonora, Sinaloa de todo el país, te enriquece mucho conocer como persona, como bailarina. Hemos estado en Costa Rica, San Diego, California en un curso en Nueva York. Los principales de nacional, San Luis, Potosí, Monterrey, en Tabasco. La sala Miguel Covarrubias en la ciudad de México. Nada me emociona. Todo ha sido tranquilo. Tengo como diez coreografías, he hecho piezas con la compañía. Y en la escuela cada fin de año pongo una coreografía, tengo un repertorio de como quince coreografías montadas. He estado encontrándome. Cada coreógrafo tiene un estilo muy marcado que le es muy difícil romper con él, yo casi siempre me voy hacia lo mismo, me gusta mucho lo misterioso, lo que hay detrás de cada persona, los fantasmas, lo oscuro, no lo plasmo en las escenas, me lo imagino, busco esas sensaciones, yo lo siento, y se lo digo a los alumnos y queda una pieza de libre interpretación para el espectador. A nivel personal, la danza es muy difícil desde el punto de vista físico, a veces ya no quieres moverte, trabajo cinco horas diarias en la compañía, y cinco horas en la tarde dando clase. Además investigas, escribes, practicas en casa. Tengo tres hijos, y ellos pueden ser un obstáculo, porque me tengo que dividir como mamá, y eso me desmotiva un poco, esa falta de tiempo, porque me cuesta mucho trabajo. Hemos hecho de la danza un arte de nuestra vida, no es que no sepa hacer otra cosa, es que no quiero hacer otra cosa. Mis padres percibieron que no iba a querer hacer otra cosa, así que no me insistieron mucho. Ahora que ya estoy grande, creo que pude haber estudiado otra carrera. Tengo veintidós años bailando, es amplia, y generosa la vida como bailarina. Me he divertido muchísimo, no me imagino en una oficina sentada, me acuesto y mi cuerpo sube y baja, haciendo figuritas, no podría quedarme sentada. Me hubiera gustado que mis padres me machacaran un poco para estudiar otra cosa, pero percibieron que no quería hacer otra cosa. Solo tengo prepa, y la compañía pasó sus ensayos a la mañana y me dijeron que si quería continuar tenía que dejar de estudiar, porque había giras y esta es mi casa, la compañía es mi casa, acá vivo, acá me paso todos los días. La danza contemporánea es un rompimiento constante, cuando uno siente que su cuerpo se está mecanizando, buscas una nueva forma de conectarlo. Como puedes moverte y tu cuerpo no pierda las sensaciones. Es difícil mantener eso como bailarín, La técnica hace que tu cuerpo se haga mecánico. Y por eso se intenta que el cuerpo mantenga su originalidad, buscando como romper. O eres técnico o eres orgánico. No perder la organicidad y la naturalidad del cuerpo. Como creadora pienso que los artistas somos muy importantes en la sociedad, mantenemos al ser humano conectado con su propio yo. Pienso que somos importantes como maestros creativos, porque tocamos a la juventud, los chavos están absorbiendo de nosotros, el conéctate de tu cuerpo, mantente en contacto con la naturaleza no pierdas de vista nada de lo que está sucediendo porque todo te puede servir, todo lo vas a meter a tu cuerpo y te va a enseñar cosas que tienes adentro. Como ciudadano da mucha tristeza somos casi casi la última parte de la cadena alimenticia, estamos muy abandonados, tenemos un sueldo de dos mil pesos quincenales. Nos mantenemos con nuestras ilusiones. Quién se mantiene con dos mil pesos quincenales. Te sientes a gusto porque no pierdes el ser humano y lo que soy es lo importante pero te sientes mal porque no tienes poder adquisitivo, entonces tienes que hacer muchas cosas para vivir bien. Lo que te mantiene a flote es la parte artística. Estar dale y dale porque no tenemos unas zapatillas que necesitamos. No hay apoyos para que vengan más gentes a darnos cursos. Los espacios donde termina una apuesta, y empieza la otra, esos momentos de calma, no hay apoyo. Y nuestro cuerpo no detiene su crecimiento. La danza contemporánea en Mérida ha evolucionado, antes solo era la compañía estatal, pero ahora hay más espacios, hay varias compañías Vania Durán, Lourdes Luna, Betsabé Castillo, Lourdes Magallanes, Lupe Sales cada quien con su nivel y características. Hay movimiento danzario en Mérida. La cuestión del público siempre ha sido muy difícil, en los veintidós años que tengo como bailarina hay un fenómeno que hace que vaya mucha gente al teatro y luego dos o tres gentes al teatro. Si se pone danza clásica el teatro revienta, si pones danza contemporánea doscientas o trescientas personas. No hemos encontrado la forma de transmitirle a la gente, al público general qué sucede con la danza contemporánea, esa conexión con el ser humano. No hemos podido enseñarle a la gente para qué te sirve la danza contemporánea, no hemos buscado la fórmula para contar una historia a la gente, pero ha mejorado muchísimo, tanto en cuestión de bailarines como en público. Respecto a la violencia hemos tratado tres años consecutivos el tema de la guerra contra el narco, cómo recuperar la no violencia. Yo no quiero trabajar sobre esos temas. Creo que la gente no quiere ver lo mismo que ve en la tele en el teatro, quiero que se relajen, quiero que sueñen, quiero otra cosa. Mi meta es encontrar cómo voy a devolver todo lo que he aprendido en la danza, cómo lo voy a compartir, a quién o quiénes se lo voy a dejar, siento que tenga la obligación, o más bien la necesidad de devolver lo que me han dado. Cuando logro enseñar algo, me encanta. Quiero ser buen maestro. Ya cubrí todas mis metas, mi meta es encontrar una meta, eso es lo que estoy trabajando. Ya tengo que salir de la compañía y buscar un área que me sirva y que les sirva a los demás».

 

Tatiana Arcila. Nacida en 1982. Danza clásica (ballet). «Desde los cuatro años. Mi mamá bailó ballet y siempre quiso que yo fuera bailarina. El ballet en sus inicios se toma como un hobby, a mí no me gustaba, pero me llevaban. Como al segundo año me comenzó a gustar, pero sigue siendo un hobby, nunca me vi como para que fuera mi carrera. Ves que se puede jugar, que puedes experimentar cosas con tu cuerpo, cómo tu cuerpo hace la música. Yo empecé en la academia de la Miriam Casola, luego en la academia Bertha de la Peña, y mis maestras eran Maripaz Duarte y Mariela Romero. Tenía quince años y quería un titulo, y nos cambiamos de academia donde me pudieran graduar, y así llegué con el maestro Víctor Salas (academia, escuela, y la compañía), él tenia la Compañía Provincial de Ballet, era otro mundo completamente diferente, donde había una disciplina muy fuerte. A muchas personas no les parecía sus métodos, te ponía encendedores debajo de las piernas. Al ser una compañía bailabas cada mes. El que más me ha dejado en la vida, emocionalmente, en la danza, es el maestro Víctor Salas. Todo lo que he aprendido es con él. Yo entro a la escuela y era malísima, no pensaba que fuera a lograrlo, todas me parecían mejor, pero ahí estaba y decidí que tenía que lograrlo. A los dos meses, me preguntó si podía entrar a la compañía para bailar El Cascanueces, porque el necesitaba gente. Me dijeron que no aceptara, que era muy malo, que me iría mal, pero me valió porque era lo que quería, y acepté. Mis primeras funciones era cuerpo de baile, la de atrás de las de atrás. Pero estaba yo en un escenario con la compañía y fue para mí lo máximo, era yo ya una profesional, y se necesitaba compromiso, y lo tuve. Empecé a conocer los ballet clásicos, y no las adaptaciones de las academias, mi formación era muy amplia, era realmente el mundo del ballet, acá y en China. Quise saber más de ello. Empecé a bailar en todos los que podía, de cuerpo de baile, claro, y un día estaba sentada mirando el ensayo, porque me gustaba ver lo que todos hacían, y un día una chica que no era solista, eran cuatro personas, y cuando ella se lastimó y tuve una oportunidad y cundo preguntó si alguien lo sabía, levanté la mano, y me dio la oportunidad No salió perfecto, pero fue mejor de lo que los demás esperaban, y el maestro me aplaudió, y que Víctor te aplaudiera fue algo que jamás olvidaré, y me dijo que yo lo iba a hacer. Fui la mujer más feliz del mundo. Después de eso me empezó a tomar en cuenta para todo. Y de ahí comencé a subir, ya tenía yo una motivación más. Una amiga de la compañía, Cristina Novelo, me ayudó mucho, llevaba más tiempo con Víctor, y quería ser como ella, la admiraba, y me puse metas, primero llegar a ser como ella, luego como las de más adelante. Ella se quedaba conmigo a aprender más y más. El maestro nos metía a cursos o nos traía maestros, una vez trajo a unos rusos, que nos enseñaron mucho, trajo a unos de flamenco. Llevo catorce años con Víctor Salas y he tomado muchos cursos. Hasta que un día me ofrecieron un solo en El Cascanueces; en eso todavía vivía Cinthya Ricalde Zurita, la única primera bailarina de Yucatán, de la Compañía Provincial, la más importante, verla era algo hermoso, te emocionabas; ella me dio muchos consejos, era muy guapa, falleció en un accidente, cuando entraron a robar a su casa, se iba a casar. Se le hicieron mil homenajes. La tomo como mi modelo a seguir. Yo tenía apenas dos años en la compañía y Víctor me dio la oportunidad de hacer un papel: muñeca arlequina, y yo me quedé. Cuando muere Cinthya Ricalde Zurita no volvió a haber una primera bailarina, había dos que turnaban, esta o la otra, era un rol muy pesado, una vez hicimos El Cascanueces, dieciséis funciones seguidas. Un papel principal es una responsabilidad muy grande, a ella ven, a la principal es a la que critican, la principal es la que más luce. Después de Cinthya Ricalde Zurita, subieron a dos personas, y de repente me ofrecen que me iban a pagar, qué mejor que hacer lo que te gusta y que te paguen. No era mucho, porque yo era menor de edad, pero era una gran motivación. Hasta que mi amiga Cristina Novelo se fue a estudiar a Londres, y luego la aceptan en la Compañía Nacional, y yo subo y llego a ser una de las posibles que toman en cuenta para los papeles principales. Mi primer principal fue también El Cascanueces. En Mérida la gente que va es gente que está metida en el ámbito de ballet, que tiene a sus hijas en el ballet, en academias. Por eso Víctor Salas decidió llevar el ballet a los municipios, a gente que ni cuando va a Mérida se acerca al teatro a ver ballet. Los niños, las niñas empezaron a imitarnos; el mirar que les habíamos transmitido algo nuevo fue emocionante. Entreno de lunes a sábado, entrenas y ensayas, cinco y seis horas diarias. Yo soy arquitecta de la universidad marista. Fue súper difícil, y no sé cómo pude llevar las dos cosas al mismo tiempo, pero así ocurrió, me desvelé muchas veces, pero lo logré. Surge hace tres años y media la Compañía de Danza del Estado (2008), yo había dejado la Compañía Provincia porque ya tenía una carrera, y creí que tenía que hacer otra cosa. Quise estudiar Licenciatura en Danza, ser una bailarina profesional, pero mis padres hablaron conmigo sobre la vida del bailarín es muy corta, si te rompes la pierna o una rodilla, se acabó. Estudia una carrera y si terminas y quieres seguir en la danza, continúa, pero ya tienes otra cosa que te respalda. Trabajé en un despacho de arquitectos cuando terminé con la compañía provincial, puse mi academia y me llamaron por teléfono para ofrecerme volver al ballet, ya se tenía aprobado algo oficial y me dijeron que querían que fuera una de las dos primeras bailarinas del gobierno del Estado, y el sueldo era el doble de lo que yo ganaba en ese entonces en el despacho, y si es lo que quiero vivir, me decidí a volver. Sí se puede vivir de ser bailarín, de seguir en el arte; aunque no es muy bien pagado el trabajo, en otros estados en otros países están mucho mejor, pero nosotros estamos empezando. Yo creí que no, por eso empecé en el despacho de arquitectos, pero ahora creo que sí, creo que es necesario que más personas se acerquen, crear público para que los bailarines, los artistas puedan explayarse, y vivir de hacer el arte. Es necesario que los bailarines, las funciones, las puestas en escena lleguen a todos los rincones de las ciudades, de los estados, de la república. Hacer difusión, para que la gente se acerque a la danza. Todo lo que uno aprende debes transmitirlo, de pronto te vuelves una figura de respeto para los que te ven, te admiran, y hay que darles lo mejor que puedas dar para que sean buenos bailarines. El artista debe ser visto con respeto, nosotros vimos a nuestros maestros con respeto. El artista es respetable, debería valorarse eso. Siento que bailarines de danza clásica a los hombres se los ve muy mal, siempre se les dice que son gays, en las academias no hay niños, las personas no llevan a sus niños a las academias de ballet, los maestros de otras disciplinas incluso les dicen como castigo que si no lo hacen bien, los van a mandar a ballet. La gente está cerrada en eso, que si eres bailarín eres gay, pero un ballet sin hombres es un problema. Por eso no crecemos en Mérida, porque son muy pocos los hombres en el ballet. Y algunos piensan que por ser gays entonces tienen que ser bailarines. Muchos maestros les dicen lo contrario, en el escenario tienes que ser un hombre, aunque afuera del teatro tus preferencias sean otras. No, en el ballet no hemos hecho protesta mediante nuestro arte. Pero sé que por fuera sí, es decir, hay quienes han hecho paros, huelgas, por cuestiones legales, o luchas sociales para mejoras a su cuerpo de ballet, a sus compañías de danza. Nosotros en Mérida no tenemos oportunidad de lograr ningún impacto. Creo que en Yucatán hay mucho teatro. Los que se encargan de la cultura en Yucatán están trabajando, se nota, la información llega a las personas, llega a los padres de mis alumnas, porque nosotros igual pasamos la información. Quizá falta algo, pero se están difundiendo. La vida de bailarín en algunas compañías es muy corta, porque hay todo un escalafón, si te audicionan y aceptan a los dieciocho, a personas como yo de veintinueve nos es más difícil. Las generaciones más nuevas quizá tengan más oportunidad. A mí me gustaría poder bailar en alguna compañía grande de otro estado, Nuevo León, ciudad de Mexico, la compañía nacional, o del extranjero. Ahora mi ilusión está en mi academia, en la enseñanza a mis alumnas, hacerlas las mejores, y eso me emociona demasiado. Los agentes culturales son necesarios en la danza, no hay, no los hay, las compañías de danza salimos de gira y no hay mucha gente que haga los contactos, que nos consiga contratos. En la compañía que depende del instituto de cultura no sé quiénes ven eso, pero hace falta eso, esos gestores, esos agentes culturales, y ese alguien no tiene que ser el director de la compañía. Si ya se dieron cuenta que la danza es una pasión, es decir lo dejas todo por ella, al menos por ese momento, si ya te diste cuenta que tu cuerpo sea tu arma de trabajo, porque la danza es hacer música con tu cuerpo, la música se puede ver con tu cuerpo, si ya te diste cuenta de ello, tienes que aprender a cuidarte para no lastimarte, mejorar para seguir, porque es lo que vas a querer toda tu vida. Y no tener miedo de pensar que si no hay suficiente incentivo económico, no debo hacerlo, si es lo que te gusta continuar tras ello, porque eso es lo tuyo».

 

Nota: Las entrevistas que han sido analizadas en este documento fueron realizadas en el 2011 por la escritora Ileana de Jesús Garma Estrella, y forman parte del material compilatorio del proyecto Inamovibles sueños: cuando los creadores jóvenes se expresan, viven, a cargo de la Catarsis Literaria El Drenaje.

 

Documentación consultada:

  • Torres, E. (2014). Carta de Réplica Mérida, Yucatán a 1 de abril de 2014; www.poresto.net/ver_nota.php?zona=yucatan&id
    Seccion=1&idTitulo=316993
  • Rubí Montejo Cantillo. Publicado2012-02-23 16:24:40; www.visionpeninsular.com.mx/
    nota.php?nota=37706
  • Rafael Gómez Chi;
    www.poresto.net/ver_nota.php?zona=yucatan&id
    Seccion=1&idTitulo=171406
  • Jorge Castilla Franco;
    http://yucatan.com.mx/yucatan
    /hunucma/recrean-la-vida-de-emmita

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26 de mayo de 2009

La comunidad artística y cultural de Yucatán rindió homenaje en el lobby del Peón Contreras al prestigiado maestro Alfredo Cortés Aguilar, quien falleció el día de ayer domingo 25 de mayo, a la edad de 75 años.

La ceremonia fue presidida por autoridades culturales y educativas del Estado, encabezados por el Mtro. Renán Guillermo González, director del Instituto de Cultura de Yucatán y la profesora Silvia Lorena Cárdenas Carrillo, directora de Programas Estratégicos de la SEP

Asimismo el profesor Luis Pérez Sabido, director del Centro de Investigación Musical Gerónimo Baqueiro Fóster y cofundador del Ballet Folklórico del Estado, hizo uso de la palabra para honrar la memoria del Mtro. Alfredo Cortes, al igual que los maestros de danza Bertha De la Peña Casares, Graciella Torres Polanco y Víctor Salas González. Por su parte y durante la ceremonia el Ballet Folklórico del Estado y la Orquesta Jaranera del Mayab interpretaron algunos números con coreografías de su extinto fundador.

A la edad de 75 años falleció ayer domingo a las 11 horas en esta ciudad el profesor Alfredo Cortés Aguilar, fundador del Ballet Folklórico del Estado en febrero de 1970, al que dirigió por espacio de 30 años en innumerables actuaciones dentro y fuera el Estado y en más de cien giras a Los Estados Unidos, Canadá, Cuba, Belice, Francia, España e Italia.

Alfredo Cortés Aguilar nació en Mérida, Yucatán, el 10 de febrero de 1934, hijo de Andrés Alejandro Cortés Baqueiro y María Isabel Aguilar Peraza, ya fallecidos. Se graduó de profesor en la Escuela Normal “Rodolfo Menéndez de la Peña” y ejerció como maestro de primaria en las poblaciones de Halachó, Umán y Mérida. Estudió danza clásica en el Centro de Bellas Artes de Yucatán donde recibió clases de Nelly Cetina Albertos, Amalia Cardós de Méndez y Socorro Cerón Herrera. Fue inolvidable su Interpretación del príncipe en la primera versión completa del ballet El Lago de los Cisnes, presentada en el Teatro Colonial bajo la dirección de la maestra Socorro Cerón. En la Ciudad de México fue alumno de danza clásica de Nina Shestakova, Nancy Dumbré y Enrique Martínez y fue solista invitado del Ballet Clásico de México dirigido por Felipe Segura y actuando con figuras como Laura Urdapilleta, Melissa Hayden del Ballet Theatre de Nueva York. Su nombre figura en el Álbum de Oro del Palacio de Bellas Artes.

Fundó el Ballet Clásico de Mérida, junto con Carmita Cerón Herrera y Alba Luz Carcaño Marín y dirigió inolvidables montajes de Coppelia, Giselle, El Lago de los Cisnes, La Fille Mal Gardée y Romeo y Julieta, en el que hizo pareja con Bertha de la Peña.

En febrero de 1970, junto con Luis Pérez Sabido, funda el Ballet Folklórico del Estado, primero de su género en toda la entidad, al que dirigió por espacio de treinta años, y con el que ganó el primer premio en la Muestra Folklórica de la Nación, en el Teatro Degollado de Guadalajara, en octubre de 1980. En octubre 11 de 1981 fue el grupo de obtuvo el récord de tiempo ante cámaras en el Desfile de la Hispanidad efectuado en la Quinta Avenida de la ciudad de Nueva York. Evento en el que participaron 25 países de América y España. Con el ballet a su cargo realizó innumerables giras por todo el territorio nacional y más de cien a los Estados Unidos, Canadá, Cuba, Belice, Francia, España, Italia, y otros países.

En vida fue objeto de innumerables homenajes y reconocimientos. En 1995, el gobierno del Estado le confirió la Medalla al Mérito, en solemne ceremonia efectuada en el Teatro Peón Contreras. El Instituto Nacional de Bellas Artes le otorgó la Medalla de Oro en el Palacio de Bellas Artes. En el 2003 el Instituto de Cultura de Yucatán le rindió tributó en el Teatro Mérida, por 30 años de labor al frente del Ballet del Estado.

Por tan lamentable deceso están recibiendo las condolencias, su viuda Rita Adelaida Ortega Campos, su hermana Enna Rosa Cortés de Osorio, su hermano político Manuel Osorio y sobrinos Osorio Cortés.

Su cadáver fue velado en la Funeraria Poveda, y ayer mismo por la noche fue incinerado. Su nombre quedará grabado por siempre en la historia de la danza de Yucatán y de México.

Descanse en Paz.

 


 

ADÁN ECHEVERRÍA. Mérida, Yucatán (1975).
Integrante del Centro Yucateco de Escritores, A.C. Realiza el Doctorado en Ciencias Marinas en el Cinvestav del Instituto Politécnico Nacional – Unidad Mérida con una beca del Conacyt. Biólogo con Maestría en Producción Animal Tropical por la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY). Ha cursado además el Diplomado en Periodismo, Protocolo y Literatura (ICY, CONACULTA-INBA y Editorial Santillana, 2005). Por su obra literaria ha sido considerado en el Diccionario Biobibliográfico de Escritores de México que realiza la Coordinación Nacional de Literatura del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA). Ha publicado los poemarios El ropero del suicida (Editorial Dante, 2002), Delirios de hombre ave (Ediciones de la UADY, 2004), Xenankó (Ediciones Zur-PACMYC, 2005), La sonrisa del insecto (Tintanueva ediciones, 2008), y Tremévolo (Ed. Praxis – Ayuntamiento de Mérida, 2009); así como el libro de cuentos Fuga de memorias (Ayuntamiento de Mérida, 2006). Compiló junto con Ivi May el libro Nuevas voces en el laberinto: Novísimos escritores yucatecos nacidos a partir de 1975
(ICY, 2007), y con Armando Pacheco la compilación electrónica en Disco Compacto Del silencio hacia la luz: Mapa poético de México. Autores nacidos en el período 1960-1989 (Ediciones Zur y Catarsis Literaria El Drenaje, 2008). Es Premio Nacional de Literatura y Artes Plásticas El Búho 2008 en poesía, Premio Nacional de Poesía Rosario Castellanos, convocado por la UADY (2007). Ganador del X Premio Nacional de Poesía Tintanueva 2008 (convocado en 2007). Premio Estatal de Poesía Joven Jorge Lara (2002). Mención de honor en el Premio Nacional de Cuento José Amaro Gamboa, convocado por la UADY (2004); Mención de honor en el Premio Estatal de Poesía José Díaz Bolio (2004) y Mención de honor en el Concurso Nacional de Cuento Carmen Báez (2005), de Morelia, Michoacán.

 

Leer otros textos de este autor (en Almiar):
Nuestras revoluciones internas | Mirar desde Clarice Lispector
| Recuerdo por Nicanor Parra | Tres puntos sobre la lectura, los libros y los poemas | Trastorno bipolar | Todos somos forasteros

Contactar con el autor: adanizante [at] yahoo.com.mx

 Ilustración artículo: indy0333 / Pixabay [public domain]

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Revista Almiar – n.º 98 / mayo-junio de 2018MARGEN CERO

 

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