artículo por
Adán Echeverría

 

Nada embrutece tanto
como el trato diario con los sabios.
Mariano Azuela

 

«Demetrio Macías, con los ojos fijos para siempre, sigue apuntando con el cañón de su fusil». Así termina la novela Los de abajo de Mariano Azuela (1873-1952), y uno tiene que recargar la espalda en algo sólido para poder respirar y sentirse completo. Entonces la reflexión se extiende para repasar página por página las imágenes, las escenas, los sonidos que se van escapando del libro.

Novela de actualidad aún por lo que implica el trasfondo de la misma, ya que las traiciones, la violencia, la lucha sin sentido son parte de la naturaleza humana y de la política que los avienta sobre uno y otro cuadro:

«—¿Por qué pelean ya, Demetrio?

Demetrio, las cejas muy juntas, toma distraído una piedrecita y la arroja al fondo del cañón. Se mantiene pensativo viendo el desfiladero, y dice:

—Mira esa piedra cómo ya no se para…».

Los de abajo es un texto cargado de sinceridad, adornado con la natural poesía que todo escritor tiene en la pluma para encadenar ideas, haciendo que frases como: la oscuridad impenetrable de la noche, salgan sobrando para mirar las acciones una a otra, y esas pequeñas carencias se suplen con el argumento, ya que como decía un maestro: la novela aguanta todo.

Ha sido vista, además, como un documental de la Revolución Mexicana de 1910, al menos de una pequeña parte de un conflicto armado donde, al final, las traiciones de los grupos políticos, las mentiras y artimañas comenzaban a sembrar sus parabienes.

¿Qué nos deja leer en la actualidad Los de abajo?, primero habría que señalar que sigue siendo una narración fresca la que el autor utiliza al estimular las acciones: El hombre, sin alterarse, acabó de comer; se acercó a un cántaro y, levantándolo a dos manos, bebió agua a borbotones. Luego se puso en pie.

En este 2017 uno puede replantearse en la lectura de Los de abajo, imágenes agotadas ya por los filmes mexicanos de la revolución, los documentales históricos, que cada septiembre y noviembre venimos celebrando desde hace ya poco más de 100 años del inicio de la guerra revolucionaria. Pero la obra de Azuela no queda fundida en la descripción de una historia más sobre «los alzados». Toda ella es una gran metáfora sobre el México que le tocó vivir, y que con gran visión analiza el futuro del conflicto armado, que hoy se nos presenta como el mismo conflicto de siempre, y que nos hace cantar en son de crítica política: songo le dio a morondongo, morondongo le dio a bernabé… ya que todo mundo en la política como en la vida, se traiciona, se aplaude, se pisa, se hace a un lado, para repartirse el pastel; al final el gran ganador para este 2010 es una Partidocracia anquilosada que agita su cola para golpear y destruir esos monumentos revolucionarios, como «tumbas blancas y vacías», hasta hacerlos caer. Esa doble moral cultural que los hace, por un lado festejar bicentenarios y centenarios, y por otro desaparecer las instituciones que nacieron con la revolución.

Así, es espantoso mirar como poco a poco la Partidocracia va finiquitando cada uno de aquellos logros por el que murieron millones de personas en el país, durante el conflicto armado. Esas personas que murieron junto con los ideales:

«—Mira esa piedra cómo ya no se para…».

Azuela logra retratar al mexicano puro, con todas sus bajezas, con todas sus indiadas, con toda su mala leche y uno se ríe al encontrar a los compañeros propios retratados en la novela; para luego mirar en silencio y a solas, y reconocerse ahí mismo, metidito hasta los huesos, bien dibujadito que acaba uno. Porque  la historia es cíclica y el hombre tan simple, y se repite y se repite, y el jodido más jodido, y el fregón, cada día más bravo.

Uno puede mirar a la distancia las obras de los escritores clásicos mexicanos, como Mariano Azuela, y reconocer la enorme distancia cultural e intelectual que existe entre aquellos escritores y los escritores jóvenes que nos toca conocer en los encuentros de escritores que se hacen por todo México, uno puede vivir sin esas nuevas novelas que sobre la revolución e independencia se han escrito con el presupuesto del Bicentenario y Centenario, pero nos sigue pareciendo como obras que todo lector debería atesorar novelas como ésta de que hablamos hoy de Azuela, o leer El Diablo en México de Juan Díaz Covarrubias, o El Rey Viejo de Fernando Benítez. Justo es reconocer que la cultura literaria en México ha sufrido, más que un estancamiento, un retroceso dramático que tiene que ver con la mala educación pública y privada, el difícil acceso a muchos libros por la crisis económica en que se encuentra la mayoría de los lectores mexicanos: siempre será mejor comer un taco y llenar la panza que comprarse un libro. Pero además este retroceso cultural de los escritores tiene que ver con la falta de humildad. Cualquier chamaco tiene una oportunidad en algún proyecto editorial naciente y siente que puede despreciar a escritores mexicanos clásicos como José Joaquín Fernández de Lizardi, Federico Gamboa, Alfonso Reyes, Heriberto Frías. No tienen los tamaños que un Mariano Azuela quien dice en el tomo III de sus Obras Completas: «Como lector tengo la manga ancha: dos veces he leído la obra completa de Marcel Proust y hace treinta años que no puedo acabar el Ulises de James Joyce». En cambio ¿qué han leído algunos de los que hoy publican sus novelas, sus poemas, sus cuentos ya en editoriales o en las revistas que circulan en México? He escuchado de parte de algunos jóvenes: «Yo sólo leo escritores que siguen vivos», lo cual es una lástima ya que se perderán no sólo a los clásicos mexicanos sino a los universales.

En otra parte del mismo tomo III, Mariano Azuela aclara: «Mi amigo don Manuel Pedro González, distinguido crítico cubano, me dijo un día, un tanto alarmado, que un conocido hombre de letras de México, al corriente del movimiento literario contemporáneo, le había declarado no haber leído Los de abajo. Con sano corazón y sin ánimo de hacer frases, le respondí al momento: “Si yo no la hubiera escrito tampoco la habría leído”». Ante todo a los escritores mexicanos les hace falta, entre otras cosas, Humildad.

No queda más que pensar en que tenemos que celebrar la palabra, el pensamiento abierto que se nos va lanzando dentro de la literatura, y que en muchas ocasiones, por desidia, supongo, dejamos empolvar en los libreros. Ya que esta novela, como muchas otras del mismo género, ha retratado un determinado tiempo en la historia mexicana, tan universal; y nos permite mirar desde la lejanía las formas sociales que debemos reconocer para trazar nuestro futuro.

Al final, como Desiderio Macías, somos hombres que con los ojos fijos seguimos apuntando: ¿hacia dónde?

 

revolucionarios mexicanos Mariano Azuela

 

ADÁN ECHEVERRÍA. Mérida, Yucatán (1975).
Integrante del Centro Yucateco de Escritores, A.C. Realiza el Doctorado en Ciencias Marinas en el Cinvestav del Instituto Politécnico Nacional – Unidad Mérida con una beca del Conacyt. Biólogo con Maestría en Producción Animal Tropical por la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY). Ha cursado además el Diplomado en Periodismo, Protocolo y Literatura (ICY, CONACULTA-INBA y Editorial Santillana, 2005). Por su obra literaria ha sido considerado en el Diccionario Biobibliográfico de Escritores de México que realiza la Coordinación Nacional de Literatura del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA). Ha publicado los poemarios El ropero del suicida (Editorial Dante, 2002), Delirios de hombre ave (Ediciones de la UADY, 2004), Xenankó (Ediciones Zur-PACMYC, 2005), La sonrisa del insecto (Tintanueva ediciones, 2008), y Tremévolo (Ed. Praxis – Ayuntamiento de Mérida, 2009); así como el libro de cuentos Fuga de memorias (Ayuntamiento de Mérida, 2006). Compiló junto con Ivi May el libro Nuevas voces en el laberinto: Novísimos escritores yucatecos nacidos a partir de 1975 (ICY, 2007), y con Armando Pacheco la compilación electrónica en Disco Compacto Del silencio hacia la luz: Mapa poético de México. Autores nacidos en el período 1960-1989 (Ediciones Zur y Catarsis Literaria El Drenaje, 2008). Es Premio Nacional de Literatura y Artes Plásticas El Búho 2008 en poesía, Premio Nacional de Poesía Rosario Castellanos, convocado por la UADY (2007). Ganador del X Premio Nacional de Poesía Tintanueva 2008 (convocado en 2007). Premio Estatal de Poesía Joven Jorge Lara (2002). Mención de honor en el Premio Nacional de Cuento José Amaro Gamboa, convocado por la UADY (2004); Mención de honor en el Premio Estatal de Poesía José Díaz Bolio (2004) y Mención de honor en el Concurso Nacional de Cuento Carmen Báez (2005), de Morelia, Michoacán.

 

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Contactar con el autor: adanizante [at] yahoo.com.mx

Ilustraciones artículo: (portada) Azuela mariano, By Tomjc.55 (Own work) [CC BY-SA 4.0 (https://creativecommons.org/ licenses/by-sa/4.0)], via Wikimedia Commons | (en el artículo) SoldadosRevolucionarios, By Saloca (Own work) [CC BY-SA 3.0 (https://creativecommons.org/ licenses/by-sa/3.0)], via Wikimedia Commons.

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Revista Almiarn.º 95 / noviembre-diciembre de 2017MARGEN CERO™Aviso legal

 

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