artículo por
Isabel García Díaz
Introducción
Decía Aurora de Albornoz en el prólogo del primer volumen de los cuatro que dedica a la prosa de Antonio Machado (Ed. Cuadernos para el Diálogo), que sus escritos eran poco y mal conocidos en nuestro país. Es más, añadía que la magnífica prosa del poeta no tuvo buena suerte. La crítica recibió con absoluta indiferencia un libro tan original como Juan de Mairena. Tuvo más éxito fuera, en países como Italia, donde se tradujo y se hicieron ediciones cuidadas precedidas de excelentes estudios críticos como la de Lerici Editore (Roma, 1968) o en Argentina, donde la editorial Losada de Buenos Aires difundió la prosa machadiana tanto en ediciones populares como de lujo.
Hoy en día, tampoco es fácil hallar una edición crítica de la prosa de Machado en cualquier librería, a pesar de la efemérides de los 150 años de su nacimiento. Imagino que la solución es pasearse por librerías de viejo, pero no deja de ser curioso, ya que uno llega a la conclusión de que la prosa de Machado sigue sin tener mucho éxito en nuestro país, como decía Aurora de Albornoz en 1970.
No solo escribió Antonio Machado Juan de Mairena, publicado en 1936, y que en realidad era una recopilación de artículos aparecidos en distintos periódicos entre 1934 y 1935. De hecho, cuando el libro vio la luz, Machado afirmó que Juan de Mairena no aparecería más en los periódicos, pero continuó necesitando de su apócrifo para hablar de la Guerra Civil. Además de este libro, Machado escribe prosa desde su juventud: artículos periodísticos, cartas a Juan Ramón Jiménez, Ortega y Gasset, María Zambrano, David Vigodosky, etc. También cuadernos como Los Complementarios y otros perdidos en su viaje hacia el exilio. Su último libro fue La Guerra en el que mezcla como en los anteriores poesía y prosa.
Con tan solo dieciocho años comienza a escribir en la revista La Caricatura junto a su hermano Manuel. Ambos firman con seudónimo, Manuel con el de Polilla y Antonio con el de Cabellera. Si escriben juntos firman con el de Tablante de Ricamonte que evoca un personaje de los libros de caballerías. Colaboran en varias secciones. Escriben sátiras, humorismo, poesías cómicas y criticas teatrales. Hay en Antonio Machado una influencia de Larra, de sus Artículos de costumbres como El castellano viejo o Vuelva usted mañana. Críticas dirigidas a ciertos tipos humanos que son una carga para la sociedad, estos artículos no tienen gran valor literario, Machado es todavía un adolescente, pero en ellos podemos ver las preocupaciones que más tarde tratará en otros artículos de madurez e incluso en su poesía como «el hombre del casino provinciano», «esa España inferior que ora y bosteza» o el don Guido de las coplas.
A partir de 1903 y hasta el resto de su vida escribe en revistas y periódicos como la Revista Helios, Índice (fundadas por Juan Ramón Jiménez), España (fundada por Ortega y Gasset), entre otras. En periódicos como La voz de Soria, El imparcial, La Vanguardia o El Sol donde comienzan a salir las primeras prosas de Mairena que luego se recopilarán en su libro bajo el titulo de Juan de Mairena. Sentencias, donaires, apuntes y recuerdos de un profesor apócrifo. También cabe destacar sus cursos y conferencias en Segovia.
La Guerra será su último libro. Contiene verso y prosa, está ilustrado por su hermano José. Último libro publicado en vida de Antonio Machado, reúne cuatro textos en prosa y tres poemas aparecidos con anterioridad en diversos periódicos y revistas durante los dos primeros años de la Guerra Civil. Es un libro de enorme carga emocional y simbólica, uno de los temas fundamentales que aborda es el de la muerte. Contiene: Los milicianos de 1936, El crimen fue en Granada, Apuntes (aquí aparece el segundo Mairena resucitado), Meditación del día, Carta a David Vigodsky, Al escultor Emiliano Barral (elegía al capitán de las milicias de Segovia muerto a las puertas de Madrid) y Discurso a las Juventudes Socialistas Unificadas.
Los apócrifos
Sin duda, Juan de Mairena es el apócrifo más célebre de Machado. Si buscamos la etimología de la palabra apócrifo de origen griego, veremos que significa oculto, secreto, fingido. Machado prefirió llamar apócrifos a estos personajes a los que fue dando vida en lugar de heterónimos, como lo hicieron Unamuno o Pessoa, aunque les atribuyera una biografía y un estilo particular. Parece que comienza a crearlos en su cuaderno Los complementarios, en la época de Baeza. Según José M.ª Valverde estos apócrifos fueron creados hacia 1923, los anota en uno de sus cuadernos y luego los incorpora en un apartado de Nuevas canciones (1924).
¿Por qué siente Machado la necesidad de crear apócrifos? Los estudiosos del tema dan varias respuestas. Quizá fuera por timidez, por modestia o por pudor. Sin embargo, en una carta a Juan Ramón Jiménez le escribe: «Cuando perdí a mi mujer pensé pegarme un tiro. El éxito me salvó, y no por vanidad ¡bien lo sabe Dios!, sino porque pensé que si había en mí una fuerza útil no tenía derecho a aniquilarla». Por tanto, se deduce que el dolor y la soledad le plantearon un problema filosófico que le acompañó el resto de su existencia. No es casual que un año después de la muerte de Leonor (1913) comience sus estudios de Filosofía y Letras y obtenga la licenciatura en 1916. La finalidad de los apócrifos reside en la necesidad de comprenderse a sí mismo, es su forma de indagar, de reflexionar, de mirarse a través del espejo como dice en Proverbios y Cantares: «Mas busca en tu espejo al otro, / al otro que va contigo».
Siguiendo a Pilar Moraleda, sin lugar a dudas Abel Martín y Juan de Mairena son los dos apócrifos más conocidos y mayores de Machado, con toda una obra en prosa y verso, en la que se entremezclan metafísica, poesía y teoría literaria. Martín y Mairena afirmarán que la metafísica es una rama de la literatura. Ambos se complementan, según Aurora de Albornoz, «son el poeta lírico —Antonio Machado—, el filósofo —Mairena— y el filósofo-poeta Martín. Tres facetas de una personalidad. Así Machado no sólo es creador de poesía y filosofía, sino también de poetas y filósofos».
En realidad, Abel Martín sería un apócrifo de un apócrifo, ya que es el maestro de Mairena al que constantemente hace referencia, pero no habla. En De un cancionero apócrifo hallamos la biografía de Abel Martín y su filosofía sobre la heterogeneidad del ser, ese ser múltiple que justifica esta necesidad de Machado de crear apócrifos:
Abel Martín. Poeta y filósofo. Nació en Sevilla (1840). Murió en Madrid (1898). Abel Martín dejó una importante obra filosófica (Las cinco formas de la objetividad. De lo uno a lo otro. Lo universal cualitativo. De la esencial heterogeneidad del ser) y una colección de poesías, publicada en 1884 con el título de Los complementarios.
La otredad y la temporalidad son dos grandes temas que siempre preocuparon a Machado ya desde 1910, cuando asistió a las clases de Bergson en París. En consecuencia, Abel Martín nos hablará de esa heterogeneidad del ser, de ese ser múltiple del que formamos parte. Martín diserta sobre el tema de la otredad y Mairena sobre la temporalidad («palabra en el tiempo», nos dice en De mi cartera). La temporalidad vinculada al recuerdo por influencia de las lecturas de Proust y también con la finitud de la vida que le lleva a preguntarse con quién converso yo, la respuesta es primero conmigo mismo («mi soliloquio es plática con este buen amigo» —nos dice en Retrato—), pero luego necesita de los otros y la solución la encuentra en la creación de apócrifos que son filósofos y poetas.
Sin embargo, hay otros apócrifos menores. En Un cancionero apócrifo (Nuevas canciones) leemos Doce poetas que pudieron existir, que en realidad son catorce. Entre ellos hallamos a un tal
Antonio Machado que nació en Sevilla en 1895. Fue profesor en Soria, Baeza, Segovia y Teruel. Murió en Huesca en fecha no precisada. Algunos lo han confundido con el célebre poeta del mismo nombre, autor de Soledades, Campos de Castilla, etc.
Así que constatamos este juego de espejos que he mencionado antes y ese humor fino e irónico de Machado.
Cada uno de los apócrifos tiene una breve biografía a la que siguen una o dos poesías. En el caso de Pedro de Zúñiga no añade ninguna, quizá por aquello que Mairena dice a sus alumnos sobre «tirar el poema al cesto de los papeles y quedarnos con el poeta» (Juan de Mairena, cap. XXII). Tal vez hubiese en los cuadernos perdidos algún poema de Zúñiga. No lo sabemos y, por tanto, lo que nos queda es un poeta sin su poesía.
Se cuentan más de una treintena de apócrifos machadianos. Así que insisto en esta necesidad de Machado de dialogar consigo mismo («Converso con el hombre que siempre va conmigo», dice en Retrato), con su yo múltiple para expresar su pensamiento a través de otros. Esos otros que llevamos dentro como explica Mairena a sus alumnos: «¿Pensáis que un hombre no puede llevar dentro de sí más de un poeta? Lo difícil sería lo contrario, que no llevase más que uno». (Juan de Mairena, cap. XXII).

Juan de Mairena
Sin duda, Juan de Mairena es el mejor espectador de la vida de Antonio Machado, como afirma Pablo del Barco.
En el Cancionero apócrifo también aparece su biografía: «Juan de Mairena, poeta, filósofo, retórico e inventor de una Máquina de Cantar. Nació en Sevilla (1865). Murió en Casariego de Tapia (1909). Es autor de una Vida de Abel Martín, de un Arte poética, de una colección de poesías: Coplas mecánicas, y de un tratado de metafísica: Los siete reversos».
En La voz de Madrid (octubre de 1938) explica Machado el origen y el sentido de Juan de Mairena:
¿Juan de Mairena? Sí… Es mi «yo filosófico», que nació en época de mi juventud. A Juan de Mairena, modesto y sencillo, le placía dialogar conmigo, a solas, en la recogida intimidad de mi gabinete de trabajo y comunicarme sus impresiones sobre todos los hechos. Aquellas impresiones, que yo iba resumiendo día a día, constituían un breviario íntimo, no destinado en modo alguno a la publicidad, hasta que un día… un día saltaron desde mi despacho a las columnas de un periódico. Y desde entonces, Juan de Mairena —que algunas veces guarda sus fervorosos recuerdos para su viejo profesor Abel Martín—, se ha ido acostumbrando a comunicar al público sus impresiones sobre todos los temas… (…)
Juan de Mairena es un filósofo amable, un poco poeta y un poco escéptico, que tiene para todas las debilidades humanas una benévola sonrisa de comprensión y de indulgencia. (Juan de Mairena. Edición Pablo del Barco. Alianza Editorial. Pág. 38).
Las iniciales JM de Juan de Mairena corresponden a las mismas que las de su admirado poeta Jorge Manrique. Tampoco es coincidencia que la mujer de Manrique se llamara Guiomar como Pilar Valderrama. También hay que señalar que esta dualidad entre maestro-discípulo (Martín/Mairena) es la misma que se da entre Unamuno y Machado. Y tampoco es baladí el nombre de su apócrifo Abel Martín que nos recuerda a Abel Sánchez, el personaje de la novela de Unamuno del mismo título, en la que trata el tema del cainismo.
Mairena diserta sobre todo, pero centra sus discursos en cuatro grandes temas:
– Educación/Pedagogía
– Filosofía
– Lengua y Literatura
– Reflexión social
Hay que recordar que Juan de Mairena era profesor de gimnasia, pero daba clases gratuitas de retórica, aunque no se diga en su biografía. Precisamente de la gimnasia no habla muy bien como vemos en estas líneas:
(…) Todo deporte, en cambio, es trabajo estéril, cuando no juego estúpido. Y esto se verá más claramente cuando una ola de ñoñez y de americanismo invada a nuestra vieja Europa.
Se diría que Juan de Mairena había conocido a nuestro gran don Miguel de Unamuno, tan antideportivo, como nosotros lo conocemos (…). (Juan de Mairena, cap. XIII)
Su método se basaba en el diálogo con sus alumnos a la manera socrática, les plantea dudas para que lleguen a sus propias conclusiones. En el pedagogo Juan de Mairena hay mucho de la Institución Libre de Enseñanza, de Francisco Giner de los Ríos y de la filosofía krausista por su forma de enseñar a través del diálogo sencillo y persuasivo.
—Hoy traemos, señores, la lección 28, que es la primera que dedicamos a la oratoria sagrada. Hoy vamos a hablar de Dios. ¿Os agrada el tema?
Muestras de asentimiento en la clase.
—Que se pongan en pie todos los que crean en él.
Toda la clase se levanta, aunque no toda con el mismo ímpetu.
—¡Bravo! Muy bien. Hasta mañana, señores.
—¿…?
—Que pueden ustedes retirarse.
—¿Y qué traemos mañana?
—La lección 29: «De la posible inexistencia de Dios».
(Juan de Mairena, cap. X)
Aurora de Albornoz hace hincapié en dos preocupaciones fundamentales que siempre acompañaron a Machado: la enseñanza en sí y el paso de la enseñanza en las aulas a la difusión de la cultura.
El pensamiento filosófico de Machado evoluciona intentando hallar respuesta a los problemas sociales que se va encontrando por el camino. La falta de instrucción, de cultura, es el gran problema.
—A Ud. le parecerá Balzac, un buen novelista —decía a Juan de Mairena un joven ateneísta de Chipiona.
—A mí, sí.
—A mí, en cambio, me parece un autor tan insignificante que ni siquiera lo he leído.
(JM, cap.IV)
El paleto perfecto es el que nunca se asombra de nada; ni aun de su propia estupidez.
* * *
Los hombres que están siempre de vuelta en todas las cosas son los que no han ido nunca a ninguna parte. Porque ya es mucho ir; volver, ¡nadie ha vuelto!
(JM, cap.VI)
No hay que olvidar que Machado comienza a estudiar Filosofía en los años de Baeza, como he mencionado antes. En él hallamos la influencia de Heráclito, Platón, Parménides, entre los clásicos. También de Liebniz, Spinoza, Kant, Hume, Schopenhauer y Nietzche. Y entre sus contemporáneos, de Bergson y Unamuno.
Podríamos preguntarnos si Machado, aparte de un poeta, es un filósofo. Siguiendo a Aurora de Albornoz, llegamos a la conclusión de que no es un filósofo de «sistema», pero sí lo es de «decires y pensares». Su interés por la filosofía nace a temprana edad y se refleja en su poesía desde Soledades, el tema del tiempo es una constante en su poética. Machado «no se atreve, sin duda, a presentarse, ya en su madurez, como filósofo, a hacer filosofía de decires y pensares, y no de sistema. Necesitó, pues, crear unos personajes para esconderse tras ellos». Sin embargo, no olvidemos que tanto Martín como Mairena también escribían poemas. Por tanto, volvemos a la idea anterior, al tema de la otredad, a esa conciencia de Machado de sentirse varias personas distintas que constituyen sus otros «complementarios».
Machado va evolucionando de una crítica a una comprensión de los males sociales que provocan la injusticia social. No es que Machado fuera un revolucionario, pero sí, como afirma Aurora de Albornoz, fue uno de los primeros intelectuales que trató el fenómeno cultural de forma revolucionaria. Para Machado la cultura es la clave para la transformación de la sociedad, para la creación del nuevo hombre. Mairena le sirve a Antonio Machado para presentar su proyecto cultural, aquella inventada Escuela Popular de Sabiduría Superior.
Es cierto —decía proféticamente mi maestro— que se avecinan guerras terribles, revoluciones cruentísimas (…) Los políticos tendrán que aferrarse a ellas y gobernar con ellas. Nuestra misión es adelantarnos por la inteligencia a devolver su dignidad de hombre al animal humano. He aquí el aspecto más profundamente didáctico de nuestra Escuela Popular de Sabiduría Superior. (JM, cap. XXXVI)
Para Machado la cultura no está solo en las universidades, el pueblo tiene mucho que ofrecer al intelectual y al universitario. En un artículo de 1913 pide que envíen al campo a los mejores maestros para investigar el alma campesina, hombres que vayan no solo a enseñar, sino a aprender. La verdadera cultura para Machado será una conjunción de cultura universitaria y sabiduría popular. En Discurso sobre la defensa y difusión de la cultura dirá: «Escribir para el pueblo es llamarse Cervantes, en España; Shakespeare, en Inglaterra; Tolstoi, en Rusia». Aquí hallamos la influencia de su padre, estudioso del folclore. Machado se acerca al pueblo, al pastor de Soria, al campesino de los campos de Baeza, a los jóvenes obreros que acudían a los cursillos y conferencias de la Universidad Popular de Segovia de la que fue cofundador y colaborador.
Creía Machado que la obra de un escritor era inseparable de su vida (ser poeta y ser hombre) y que todo intelectual debe estar a la altura de las circunstancias que le tocan vivir. Ya en 1904, en un artículo sobre Arias tristes, de Juan Ramón Jiménez, escribe: «Porque yo no puedo aceptar que el poeta sea un hombre estéril que huya de la vida para forjarse quiméricamente una vida mejor en que gozar de la contemplación de sí mismo».
La personalidad de Antonio Machado es la consecuencia de la educación recibida, primero en la casa familiar y después en la Institución Libre de Enseñanza con maestros que soñaban con un renacer de España. De ahí que desde temprana edad sea un gran crítico y observador de la sociedad de su tiempo, de la política, de las costumbres como muestran sus artículos periodísticos desde La Caricatura.
A través de Juan de Mairena puede expresar su pensamiento sobre temas como la injusticia social. Aurora de Albornoz recuerda el texto de Machado «Lo que recuerdo yo de Pablo Iglesias» en el que evoca sus discursos en el Retiro, un domingo cualquiera, cuando el poeta contaba con tan solo trece años, le parecía un obrero de palabra ardiente. La voz de Pablo Iglesias tenía para mí el timbre inconfundible —e indefinible— de la verdad humana.
Conclusión
En este año en el que se conmemoran los 150 años del nacimiento de Antonio Machado, creo que un buen homenaje sería acercarse a su prosa porque merece ser leída con atención y reflexión, ya que en ella descubrimos al poeta y al prosista que fue, al hombre que hasta el final de sus días —en Colliure— vivió comprometido con sus ideas y a la altura de las circunstancias que le deparó el destino.

Isabel García Díaz (Barcelona, 1958). Licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de Barcelona. Profesora de Literatura y Lengua Castellana. Ha escrito microrrelatos y cuentos (Revista Nagari, Poémame, Almiar, 142 Revista Cultural, entre otras) y la novela Cuadernos de soledades (Huerga y Fierro Editores). Próximamente aparecerá su libro Barcelona-Galicia. Relatos breves (Ediciones Vitruvio). También ha realizado varios trabajos monográficos (UB/AEN) y ha impartido conferencias sobre literatura y cine. La última de ellas titulada La lengua de las mariposas: del libro al cine (ICAIC y Embajada de España en Cuba/ El Laberinto de Ariadna en el Ateneu Barcelonès).
📩 Contactar con la autora: igarcigd[en]gmail[.]com
📻 Varios relatos de esta autora se leyeron en Radio Ariete FM («Cuentalia»), en diciembre de 2023. Para escuchar el podcast del programa PULSA AQUÍ.
📓 Isabel García ha publicado Cuadernos de soledades, aquí puedes lee la reseña de la novela, y también puedes escuchar pasajes de la misma en este podcast.
Ilustraciones artículo: (Portada) Copia de pantalla del vídeo Antonio Machado: Biografía y Obra literaria (En YouTube: youtube.com/watch?v=4pL3TncBEDs&ab_channel=ElEdéndelosCínicos). En el texto: Fotografía publicada en el libro Antonio Machado, Poesías completas (1928), vía Wikimedia Commons.
Revista Almiar (Margen Cero™) · n.º 142 · 👨💻 PmmC · septiembre-octubre de 2025
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