artículo por
Beatriz Celina Gutiérrez

C

uando hablamos de habanera lo primero que nos viene a la mente es Cuba y su ciudad de La Habana. Pero no solo se conoce la habanera en la Isla Caribeña. También en las costas catalanas se cantan y en el País Vasco, en Galicia, Cantabria, Asturias, Castilla, Valencia, Andalucía, en las Islas Canarias y en muchos otros lugares del mundo se cantan habaneras, como en la Argentina y Uruguay, incluso, en algunas canciones napolitanas, como es el caso del bellísimo tema O sole mío.

El origen de la habanera, sin lugar a dudas, es la contradanza cubana, forma musical derivada de la contradanza continental europea introducida en Cuba por los franceses a mediados del siglo XIX. Que junto a la gavota y el paspié constituyeron los ritmos de moda obligados en todas las reuniones de sociedad y fiestas aristocráticas de la época.

Esta contradanza fue muy cultivada por los compositores cubanos durante el siglo XIX, que adoptaron dos métricas diferentes al pentagrama; la una a 6 x 8 y la otra a 2 x 4, de la primera derivaron la guajira, la clave y la criolla y de la segunda nacieron la danza, el danzón y la habanera. Y, sencillamente, lleva ese nombre porque nació en los salones de baile de La Habana colonial y en sus puertos de mar y es la gran aportación musical de Cuba a España y al mundo. No es el único género musical cuyo nombre lo identifica con un lugar, pero si uno de los pocos y eso debe enorgullecernos a todos y, puesto que nací en La Habana, permítanme que haga un poco de gloria a este género con el que me identifico tanto.

A la habanera, en estos tiempos, deberíamos considerarla como un canto de vuelta, no de ida, ya que en la actualidad no zarpa y navega por nuestros mares como lo hacía en pasados siglos. ¿Y qué queda en Cuba de la habanera? Creo que muy poco, o nada, a pesar de todos los esfuerzos que han hecho personas que la aman y algunas instituciones culturales. No existe la  tradición de cantar habaneras en La Habana, ni en toda Cuba y los libros de musicología y los cancioneros cubanos dedican a la habanera muy poco espacio. Salvo algunas excepciones. Por tal razón y otras, la habanera no es un género vivo y funcional en estos tiempos de toma y daca. Sin embarco, en España sería impensable omitir la habanera. Está muy presente en muchos territorios españoles.

Cuando hacemos una revisión de las letras y de los textos que se cantan en España e Hispanoamérica, la habanera se nos presenta como un género que sintetiza tradiciones folclóricas anteriores dándoles visiones nuevas. Aparece en España alrededor de la segunda mitad del siglo XIX como un género bailable de salón y por lo tanto, urbano; nada tiene de campesino su origen y data del año 1842.

La habanera aparece en España en zarzuelas, óperas, pasodobles, cuplés diversos y también en los pliegos de cordel sueltos del siglo XIX, medio fundamental en la difusión de la literatura y de la música popular en España. Los pliegos sirvieron para la divulgación del romancero tradicional, pero han servido también en los tiempos relativamente modernos para la divulgación del cancionero musical. Prácticamente hasta la Guerra Civil española, los pliegos circulaban con asiduidad, se vendían en todas las ciudades, en todos los pueblos, en cualquier lugar se compraban, leían y se aprendían pasándolos de mano en mano, hasta que el papel en que se habían impresos se pulverizaba y acababa por desaparecer. En una de las colecciones de pliegos del XIX ya aparecen algunas habaneras en España. Hay un pliego en que se dice: «Canción patriótica compuesta por un amante de su patria para cantar con música de habanera».  Es decir, que desde entonces, estaba constituida como tal género musical, con una música que podía usarse para textos varios. Esa música, con su compás de 2 x 4 y su ritmo, gustó tanto, que fue imitada y multiplicada por muchos países, pero conservando el mismo y único nombre de habanera.

Y si ahora, siglos después, queremos hacer un recuento de las características del género, nos encontramos con que, naturalmente, no se nos presenta como un todo uniforme, sino como un conjunto donde hay sobre todo diversidad temática. Llegó desde Cuba a España, en primer lugar, a los puertos de mar; porque navegó en barco y ancló donde primero tocó tierra. Existe un mapa donde se marcan los puntos de esa arribada: Galicia, Asturias, Cantabria, Cataluña, el Levante y Canarias. Esa es la ruta de la habanera en España. Las primeras habaneras llegaron a la Península Ibérica en la memoria y en el gusto de un grupo de regresados de la Guerra de Cuba y al llegar a España se extendió el gustó por ellas y se hizo tradición enraizándose en diferentes pueblos y ciudades españolas.

Como ya hemos reafirmado es un género musical originado en Cuba en la primera mitad del siglo XIX. La primera habanera documentada es El amor en el baile, de autor anónimo y publicada en el periódico literario habanero La Prensa, un 13 de noviembre de 1842, de ritmo lento, a 60 pulsaciones por minuto, con compás binario: una danza a tiempo lento, cantada, con ritmo muy preciso formado por una parte con corcheas con puntillo y semicorchea o con semicorchea, corchea, semicorchea; y por otra, con dos corcheas. Se conoce, que algunas danzas ya acriolladas, con una mayor elaboración rítmica, asimilaron un texto, de donde surgieron varias canciones a las que se llamó habaneras. Estas canciones tomaron de las anteriores contradanzas y danzas cubanas el llamado ritmo de tango y lo utilizaron como patrón guía.

Hay diversas opiniones sobre su origen. Lo cierto es que nació en Cuba. Como decía ​el etnólogo y antropólogo cubano Don Fernando Ortiz Fernández «la verdadera historia de Cuba es la de sus intrincadísimas transculturaciones». Desde que Cristóbal Colón llegó a nuestra isla el 28 de octubre de 1492, han sido variadas las culturas que se han ido mezclando hasta hoy; aborígenes, españoles conquistadores y negros africanos de distintas etnias, con distintos idiomas, han hecho que la cultura, el arte y también la música cubana fuera formándose con diferentes elementos. Aun así, el Renacimiento español fue el que predominó y negros libertos acabaron teniendo el oficio de músicos al estilo de las orquestas europeas de la época.

Ya a partir del siglo XVIII en España se conocen géneros musicales llegados de América, como lo es la habanera, la chocona y la contradanza. La contradanza o danza criolla, es ya una verdadera especialidad cubana. Se comenzó a desarrollar de gran manera a partir del siglo XIX y presenta elementos del tango cango, de origen bantú mezclado con factores melódicos de procedencia hispánica y así muchas contradanzas se van ralentizando y perdiendo elementos que le eran propios adquiriendo otros que suenan ya a lo que hoy conocemos como habanera. Los continuos viajes de marineros y comerciantes en las tierras antillanas han hecho que este género se haya convertido en el primero que ganara desde Cuba resonancia internacional. La historiadora cubana María Teresa Linares afirmaba, citando fuentes de la época, que esta contradanza criolla, ya a mediados del siglo XIX «se baila mucho en Madrid, donde ya es distinguida con el nombre de Habanera». Una de las más conocidas mundialmente y no de autor cubano, es la habanera del vasco Sebastián Iradier, autor de la famosa La Paloma («Cuando salí de la Habana, válgame Dios…»), considerada por algunos la primera habanera, ya que El amor en el baile, escrita en Cuba por un autor anónimo, la consideran como de transición. Ellas se disputan el primer peldaño pero sin duda nació en los salones de una Habana colonial. De eso no nos cabe la menor duda.

La habanera es fundamentalmente un canto romántico de amores y desamores y la Guerra de Independencia en Cuba, a finales del siglo XIX, aportó cantos patrióticos a  sus letras y a más de ello, los marinos, desde las tabernas, cantaban llenos de añoranza por los amores dejados atrás.

Al llegar a Europa, la habanera se emparenta pronto con la música culta y con la alta aristocracia y los compositores de la época buscando nuevas ideas, encontraron en este ritmo su fuente de inspiración. El compositor Sebastián Iradier fue su mayor impulsor, pero de todos será conocida la genial habanera del francés Georges Bizet de su ópera Carmen, que no es más que una traslación con algunas variantes de otra habanera de Iradier, llamada El arreglito. Muchos otros autores han hecho suyo este género musical. Y como dato curioso el músico estadounidense Víctor Herbert también la utilizó en su opereta Natoma.

Y mientras la habanera se paseaba con éxito por todo el mundo, en la tierra que la vio nacer fue reemplazada por otros géneros populares como el danzón o el bolero cubano, que ocuparían preponderancia, mientras que la habanera siguió el camino hacia el arte lírico europeo.

En La Habana, Cuba, desde el año 1985, en la primera quincena de noviembre comenzarían a realizarse los Festivales de Habaneras; La empresa artística Adolfo Guzmán y la Sociedad Catalana en Cuba organizaban estos eventos coincidiendo con el aniversario de la fundación por los españoles de la villa de San Cristóbal de La Habana y surgen estos festivales con el ánimo de  rescatar y divulgar dicho género musical y mantenerlo vivo. Esto se logró durante varios años.

La musicóloga cubana Tamara Martín, actualmente residente en Miami, era la presidenta, por aquellos años, de la sección de musicología de la Unión de Escritores y Artistas Cubanos (UNAEC) y tuvo la feliz idea de organizar estos festivales de Habaneras y al inaugurarlos expresó: «La significación de la habanera para las culturas musicales del mundo iberoamericano motivó nuestro interés por rescatar y revitalizar este género musical con la creación y proyección del Festival Habaneras en La Habana, el cual no solo presenta las habaneras tradicionales más populares, sino también promueve la creación de nuevas obras y el montaje de muchas piezas cubanas, latinoamericanas y españolas poco conocidas». A esa idea de Tamara se sumaron diferentes personalidades de la cultura cubana de entonces así como incipientes compositores del género. Desde sus inicios, estos festivales lograron recuperar la habanera. Se mantuvieron hasta el año 2007 con un gran formato y esplendor en diferentes teatros habaneros.

En 1995, con Castilla canta habaneras, rodaron un documental para el Instituto Cubano de Cine, ICAIC, con el director Ildefonso Ramos, pero el film nunca vio la luz.

Muchos han sido los compositores cubanos que a lo largo de estos años han participado en estos Festivales de Habaneras resultando finalistas y premiados. Sería interminable la lista. Todos están presentes en estas líneas.

En el año 2005, en el marco del Festival de Habaneras de La Habana se presentó un disco titulado Habanera viajera, idea original de la compositora Beatriz Celina Gutiérrez Gómez, fundadora de estos festivales, donde la soprano Lucy Provedo y la mezzo Lina Milián, acompañadas al piano por el maestro Juan Espinosa interpretan habaneras desde el siglo XIX hasta la actualidad. La emisora Habana Radio, la EGREM y la empresa artística Adolfo Guzmán patrocinaron ese álbum.

También, en esos años, la Sociedad Catalana presentó el Primer disco de habaneras en Festival, realizado en Girona, Cataluña, donde se hizo una recopilación de todas las habaneras premiadas en los diferentes festivales. El cantautor de habaneras catalán Andreu Navarro fue su patrocinador y también se le debe a él todo el apoyo material y espiritual para realizar las «Cantatas de Habaneras» en la Sociedad Catalana de La Habana y de Matanzas así como en la iglesia de la Ermita de los Catalanes y en el puerto pesquero de Cojimar al este de la capital habanera donde se degustaba el tradicional cremat, bebida que era preparada por los marineros en alta mar cuando realizaban sus travesías de ida y vuelta.

No queremos dejar de destacar una habanera contemporánea “En el claro de la luna”, del cantautor Silvio Rodríguez aparecida en su álbum Días y flores, de 1975, si bien hay un cambio de ritmo en la segunda mitad de la obra que, no obstante, concluye de forma clásica.

A este bel canto, muchos musicólogos lo han llamado como canto de ida y vuelta, es muy popular en España y sigue siendo un género obligado para cualquier formación coral, habiendo incluso corales dedicadas al género de forma exclusiva, en especial en Cataluña. También en Gerona y Valladolid se realizan cantatas de habaneras desde hace muchos años incluso siglos, como es el caso de Valladolid.

En Cuba, como ya hemos reiterado, la habanera nació como un baile de salón muy popular en los salones de La Habana. Más tarde se desdoblaría, debido a influencias melódicas y rítmicas hispánicas, africanas y antillanas, en canto y baile, posteriormente, en canto, ya fuera en los escenarios de los teatros musicales, en la versión de salón para voz y piano o entre los músicos de la calle. «Dentro de la rica variedad de canciones amatorias que posee el folklore español, la habanera es una de las más finas joyas. Su aire lento, en un ritmo de continuo balanceo, y sus exóticas letras llenas de encanto y de nostalgia parecen queremos transportar a una lejana travesía hacia un puerto de mar, donde el recuerdo de los seres queridos, dejados al otro lado de un inmenso océano, son evocados con la pasión y dulzura de los marinos enamorados. Es la habanera como una limpia brisa de mar que acaricia y envuelve, llegando, directamente hasta lo más profundo de nuestros sentimientos y despertando su dulce balancear un mundo evocador que hace vibrar al son de sus melodías de amor».

Lo que sí es cierto y no podemos negar, aunque nos duela, es que fue en España donde la habanera creció, se desarrolló y se mantiene, de tal forma, que hoy podemos decir que se canta en todas las regiones de su territorio y en los pueblos y ciudades de las costas catalana y vasca, así como en el sudeste de Alicante, es donde se conserva viva y con mayor profusión. Un caso muy singular es el de la ciudad alicantina de Torrevieja, donde la habanera es cantada por los torrevejenses en bautizos, bodas, fiestas, rondas e incluso entierros. La habanera es para este pueblo marinero la sal de la vida. Tanto es así que desde 1955 se vienen celebrando los Certámenes Internacionales de Habaneras y Polifonía, donde confluyen corales de los cinco continentes.

Fue tan popular la habanera en el siglo XIX español que en muchas de las zarzuelas más famosas siempre ha estado presente el cálido balanceo de una habanera, que cautivó, cautiva y seguirá cautivando al público en general, mientras las brisas del mar sigan soplando las velas.

Como dato de interés y digno de destacar, les expondré que Sebastián de Iradier y Salaverri, nacido en Lanciego, Álava en 1809, un 20 de enero, día de San Sebastián, de donde tomó su nombre, viajó a mediados del siglo XIX desde París a Estados Unidos, a Méjico y a Cuba. La presencia de Iradier en Cuba es recogida por la Enciclopedia de la Música Espasa Calpe y otras. Pudiéramos suponer y creo que no estoy muy errada, que la inspiración para su bellísima y famosísima habanera La paloma surgió navegando por las azules y benditas aguas del mar Caribe o paseando por las calles adoquinadas de la Habana colonial. Por tal razón o hipótesis, alego que la habanera es cubana de pura cepa.

 


 

Beatriz Celina Gutiérrez Gómez. Escritora y compositora. Tiene diferentes libros publicados en España y otros países. Actualmente vive en La Torre de Esteban Hambrán, Toledo, Castilla la Mancha.

🖥️ Web de la autora: http://www.vozquejo.es

🖼️ Ilustración del artículo: La Habanera, Acto I, Gran Ópera de Florida, CC POR 2.0, via Wikimedia Commons

 

Índice reseña Eduardo Herrera Baullosa

Reseñas en Margen Cero

Revista Almiar (Margen Cero™  👨‍💻 PmmC) · n.º 120 · enero-febrero de 2022

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