relato por
Raúl Ariel Angeles
B
uscó dónde sentarse. El vagón se llenaría pronto con la multitud, y ella siempre elegía un lugar cerca de las ventanas.
Estaba cansada, tensa. Mirar el paisaje la distraería un poco.
Estaba fresca aquella tarde. Desde lo alto, un cielo nublado, miraba a los hombres.
Se hundió en su saco de cuello volcado, mientras en un hacer automático, exhaló un suspiro.
El pequeño sobre estaba en su mano. Él se lo había entregado al despedirse. Justo unos momentos antes de que ella le dijera que se iba sola. Que no la siguiera. Necesitaba tiempo para pensar.
No era el frío, aquello que hacía temblar sus dedos, al intentar abrirla.
Comenzó a leer y en un punto, sus ojos se volvieron pequeños espejos del papel.
Hola:
Si comenzaste a leer esto, es que no me animé a decírtelo de frente.
Hace tiempo que quiero hablarte. Y me doy cuenta. Sé, de aquello que no te estoy entregando.
De lo que te está faltando de mí.
De esas noches en que llego tarde. De las cenas que no compartí.
Sí. Es cierto. Todo es mi culpa. Así lo creo.
Estoy a punto de perderte, lo sé. Lo siento en el umbral de nuestra puerta, antes de colocar la llave.
He visto un bolso escondido tras las ropas del placar. No te enojes. Lo descubrí por casualidad.
Solo espero, que, si me das tiempo, te pueda contar lo que me pasa. El porqué, de esto.
Mientras escribo, estoy suponiendo que mañana no me dejarás acompañarte. Te irás sola. Voy a intentar entregarte estas líneas y ruego que las recibas.
Estoy enfermo.
Los médicos no saben qué es. Solo me dan algún tiempo y…
… La carta no termina de leerse.
El tren toca un silbato que anuncia el cierre de sus puertas. Pero antes una mujer que olvidó su bolso, sale corriendo hacia la estación.
Se quitó los zapatos con taco que no le permiten ser más veloz. Tira su saco nuevo que no la deja respirar.
Solo mantiene apretado entre sus dedos un pañuelo húmedo y una carta.
Cruza, como puede, los molinetes y grita un nombre. Vuelve a gritar más fuerte y pierde su mirada entre la gente. No está el rostro querido, el rostro amado.
Un guarda se le acerca a grandes pasos.
—Señora… —dice, e intercambia unas palabras con ella, que ahora cae de rodillas.
… Y la roja sirena, solloza una partida.

Raúl Ariel Angeles. Nació en 1962 en Campo de Mayo, cerca del Partido de San Miguel, Provincia de Buenos Aires, Argentina. Es maestro normal superior con especialización en informática educativa, escritor, artesano, cantante y está enamorado de la impresión 3D. Participó en varias antologías de diferentes editoriales y publicó su libro de cuentos Bolsa de red en 2023; logrando más de dieciséis libros con cuentos y poesías.
ℹ️ Después del tren, de Raúl Ariel Angeles, forma parte del libro Domus Café. Una ventana y tres miradas, de Editorial Book Pack de Emiliano Casasola. Bella Vista Buenos Aires, Argentina 2026; ISBN 978-631-01-3413-0. Se trata de un libro de cuentos cuyos autores son Raúl Ariel Angeles, Marta Festa y Jorge Oscar Mozzino. (Reseña de este libro en: https://revista-realidades-y-ficciones.blogspot.com/2026/06/blog-post.html). (Leer otro relato de este libro: Atardecer en el campo)
🖼️ Ilustración relato: Imagen realizada con técnicas de IA (redacción).
Revista Almiar (Margen Cero™) · n.º 148 · 👨💻 PmmC · septiembre-octubre de 2026
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“Después del tren” es un cuento hermoso, fuerte y tierno que llega al corazón. “Domus Café. Una ventana y tres miradas”, de Raúl Ariel Angeles, Marta Festa y Jorge Oscar Mozzino es una antología de cuentos muy recomendable. Reseñada por el poeta Luis Elorriaga en: https://revista-realidades-y-ficciones.blogspot.com/2026/06/blog-post.html, trae datos muy interesantes por si se desea conocer más sobre esta obra conjunta.