entrevista por Paulo Ferreira*
sapukai.culturas [at] gmail.com

 

E

ste viernes en el Centro Cultural Siete Corrientes, de la ciudad de Corrientes, se realizará un encuentro interdisciplinario de artistas. Habrá música, presentación de libros, lecturas, y a las 21 comenzará el ciclo «Tenemos Visita», con la presencia de César Bisso, poeta santafesino radicado en Buenos Aires; Juan Páez de Formosa y Alicia Rossi del Chaco. César presentará un poemario nuevo titulado Andares, editado por Ananga Ranga. Antes de su arribo a la ciudad charlamos sobre su actividad como poeta y periodista.

«Ojalá la palabra pueda transformar el mundo. Ojalá la palabra pueda hacer llover. Ojalá la palabra pueda hacer florecer la rosa». Así pinta por un momento un mundo posible César Bisso, recordando a otros poetas como César Vallejo, Paul Valéry y Vicente Huidobro. «Escribir poesía es un camino de ida, lo importante es vivir con la duda; la certeza nos destruye», desliza mientras llueve largamente en su memoria.

—¿Cómo surge esta visita a Corrientes?

—Esto nace por iniciativa de Tony Salazar, junto a su editorial Ananga Ranga, que han terminado de publicar un poemario inédito bajo el título de Andares. A él se le ocurrió hacer una movida literaria para la cual convocó a otros poetas a compartir una fiesta de la palabra, desde la poesía. Es también una fiesta de la amistad, de la confraternidad, esa es la idea de Tony y la comparto plenamente. Así que llegaré a la ciudad a mostrar el nuevo libro, a leer mis poemas y a escuchar a otros poetas.

—Sos poeta y periodista, ¿qué surgió primero?

—La poesía siempre estuvo, surgió primero y estoy escribiendo desde los primeros años de la juventud. Empecé a los 13 o 14 años a escribir. A esa edad empecé a observar el mundo a través de las palabras, del lenguaje poético, de la lectura de grandes poetas argentinos y extranjeros.

Después el periodismo surgió porque buscaba trabajo de forma azarosa. Era libretista de la radio de la Universidad Nacional del Litoral y un amigo me llevó a trabajar en periodismo deportivo. Comencé a mediados de los años 70. Después me fui integrando a otras ramas de este oficio, me fui a Buenos Aires a trabajar en varios medios y luego entré al mundo académico cuando me recibí de sociólogo en la Universidad de Buenos Aires.

—Leyendo tus poemas hay un camino, los poemas se van reduciendo hasta llegar a la síntesis máxima del haiku. ¿Cómo es ese proceso?

—A ver, en la literatura uno busca todos los caminos. El lenguaje en este sentido es amplio y cualquier camino te puede llevar al cosmos de la palabra. Lo importante es saber lo que uno intenta decir, en definitiva uno a las palabras, al poema, los caza al vuelo, como decía Alfredo Veiravé. A mí me consideran —hay dos críticos historiadores que así lo describen— un minimalista. Un minimalista como aquel que logra sintetizar los grandes temas universales en pequeñas acciones cotidianas. Creo que ahí trabajo en la síntesis de la poesía. La contemplación me lleva a mí a convertir lo mucho que veo en pequeñas acotaciones poéticas. Ese es el trabajo que hago, el mecanismo que hago para escribir. El noventa por ciento de mis poemas son breves, no debe superar los 15 o 20 versos, pero tengo poemas de uno, dos o tres versos. Estos últimos son pequeños fogonazos, pequeñas epifanías o revelaciones de la naturaleza. En un haiku se refleja un instante. Es una búsqueda que uno hace para acercarse a la poesía. Después la poesía va por otro lado porque siempre nos sobrepasa, por eso es universal y existe desde siempre. Desde la edad de las cavernas y superará la edad atómica.

—La poesía abrió y cerrará el mundo.

—Totalmente. Así es.

—Entre los poemas que leí antes de esta entrevista me detuve en uno que lleva por título Salvación, ahí decís «recoger la poesía y el amor entre los escombros de la vida». ¿La poesía y el amor están en un mismo plano?

—Para mí la poesía es reparación. Creo que el amor también termina siendo reparación. Es una búsqueda del otro a través del deseo. La poesía lo que trata más allá de los temas está detrás de lo inasible. El amor también parece algo inasible. Nosotros solo lo podemos develar cuando recibimos el reconocimiento del otro. En la poesía uno busca reconocerse en el otro. O que el otro lo reconozca a través de la palabra. Por eso creo que la verdad siempre está alojada en el fondo del lenguaje. No interesa la verdad que proviene de lo absoluto, de lo instituido por el sistema, ni siquiera la verdad de la arrogancia de los dogmas. En algún punto la poesía también se separa del poeta.

—Claro, pero volviendo a ese reconocimiento del otro es curioso lo que sucede cuando incluso no se escribe poesía para otro, ¿o sí?

—Ese es un tema muy largo. Hay poemas que uno escribe para otro, pero para ese otro significa otra cosa, tiene otro significante, tiene otra revelación. A nosotros como poetas nos queda la posibilidad de quedarnos al borde del camino a esperar una nueva epifanía para poder seguir escribiendo. Esto es lo que creo como poeta. Todo lo demás escapa a una lógica o formato establecido. César Vallejo hablaba de escribir sobre lo que sucede a nuestro alrededor, pero sin perder nunca el objetivo y el lugar de la poesía. Son caminos deferentes.

Este poema que mencionas, Salvación, lo rescató Raúl Gustavo Aguirre quien fue un gran poeta argentino, prácticamente fue mi padrino literario. El me impulsó a seguir escribiendo poesía, el empezó a pulir mis mamarrachos literarios. Ese fue uno de los primeros poemas que Aguirre incluyó en una antología argentina que hizo con la edición Fausto en la década del 70’. En esa antología creo que era el poeta más joven.

—Sos más poeta que periodista, en las dos ponés todo el cuerpo y la firma. ¿Te mostrás más en la poesía?

—En la poesía uno llega a mostrarse tal cual cree que es, uno va trabajando en eso. Lo que fluye al escribir es porque uno tiene su manera de pensar y mirar el entorno. Uno siempre está buscando y trabajando mientras se mira en el espejo tal cual como es, la palabra ayuda a ese mirarse internamente. Todos vivimos dentro de una investidura, no nos engañemos, no estamos preparados para decir determinadas cosas. A veces porque no lo necesitamos y otras porque se prefiere ir por otros caminos. La poesía, en cambio, más que narrar tiene que decir las cosas directamente. Escribo algo desde la poesía, pero todo se completa con el lector que recrea esas palabras y las resignificará a su manera. Mostrarse es un camino que hacemos y que quizás nos lleve toda la vida, no lo sabemos, mientras tanto vamos andando. El camino está marcado dentro del mundo de la incertidumbre, pero nos aferramos a encontrar en él lo que más nos gusta.

—En ese contexto, ¿los reconocimientos importan?

—El éxito, la gloria, son palabras «convencionales», son azarosas. Cuántos poetas se han ido a la tumba sin haber ellos mismos reconocido su camino o sin el reconocimiento del otro. Sin embargo, a nosotros nos queda la obra, que sigue reivindicando al poeta. La obra pone todo en un sitial de eternidad donde incluso uno jamás trabajó para eso. Andar dentro de uno o andar por fuera de uno en lo que reconoce del otro.

 

* Artículo publicado originalmente en Ñe’ é porá  (xn--eepora-vwa.com.ar), en noviembre de 2019.

 


 

Tapa poemario Andares César Bisso

Andares · César Bisso
Ed. Ananga Ranga. Corrientes (2019) · ISBN 978-987-86-2628-4 1

 

César Bisso. Nació el 8 de junio de 1952 en Santa Fe, República Argentina. Es Licenciado en Sociología por la Universidad de Buenos Aires. Ha recibido la Faja de Honor de la Asociación Santafesina de Escritores y obtuvo, entre otros, en el género poesía, el Premio Regional «José Cibils» y el Premio Provincial «José Pedroni». Coordinó los talleres de escritura del Rectorado de la Universidad Tecnológica Nacional y fue coorganizador del Primer Festival Internacional de Poesía de la Ciudad de Buenos Aires (1999).

 Ilustraciones: Fotografía y tapa del poemario con autorización para su publicación en esta entrevista [© de sus autores].

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