artículo por
Gustavo Catalán

 

L

os filósofos cínicos, en la antigua Grecia, tenían al perro como emblema. Por algo debía ser, y es que nunca conviene echar en saco roto el saber de pasadas épocas. Pudiera ocurrir que ya entonces conociesen que la compañía animal, cuando sentida como entrañable, puede aliviar el espíritu de variadas pesadumbres, mejorar el carácter del dueño e iluminar las emociones, aportando a su vida nuevas perspectivas.

¡Cualquiera sabe del mejor control sobre esos más de cien  mil millones de neuronas que alberga nuestro cerebro! No obstante, parece que las mascotas, a largo plazo, mejoran la interrelación entre ellas y así se desprende del estudio que en su reunión anual (Abril de 2022, abstract 671) presentó la Academia Americana de Neurología. Basado en la observación de 1369 adultos, más de la mitad cuidando de su mascota durante por lo menos cinco años y en comparación con el grupo control, sin gato o perrito que les ladre, la aplicación de test cognitivos demostraba que, con mascota a su vera, se mitigaba  el deterioro cerebral y la salud mental aumentaba de forma significativa en los mayores de 65 años, aunque las razones disten aún de estar claras y podría tratarse de varias a un tiempo.

Tal vez los diarios paseos con el can y el consiguiente ejercicio, sumado a las flexiones para recoger sus excrementos, juegue cierto papel, sumado al alivio del estrés que supone el callejeo. Como resultado de todo ello, una disminución de la tensión arterial y, según indican, de los niveles de cortisol. Concluyen los autores que adquirir una mascota no puede recomendarse como terapia —máxime, añadiría, si ello precisa actualmente de un curso previo de formación y, después, cuidadín con el comportamiento so pena de multa— pero, quien la tenga, convendrá que la mantenga en vista de las observaciones precedentes. Y es que si de ello se derivan sentimientos positivos, será superfluo analizarlos y la intelectualización solo servirá para ensombrecer lo que para los dueños puede representar una feliz comunión con el (por lo general) de cuatro patas.

Llegado aquí, debo confesar que ignoro si estudios o conclusiones similares están en la base de los entusiasmos animalistas, o qué mascotas proporcionan semejantes o parecidos beneficios. ¿Estarán desde los monos a los ratones, pasando por loros y periquitos,  incluidos en el saludable abanico? En cualquier caso, deduzco que si alguien quiere mascota, hágase con ella, si la tiene consérvela aunque le arañe, ladre de noche o le obligue a limpiar y es que, a tenor del estudio y pese a todo, sus neuronas lo agradecerán sin preguntarse si el benefactor es galgo, podenco, hámster  o gatito de angora.

 


 

J. Gustavo Catalán Fernández. Es Licenciado en Medicina por la Universidad de Barcelona, y Doctor en Medicina (1990) con la calificación de Apto Cum Laude. Médico Residente y después Adjunto en el Servicio de Oncología del Hospital de San Pablo de Barcelona. Es también especialista en Medicina Interna y Endocrinología (Univ. de Barcelona), diplomado en Metodología Estadística por la Universidad de París y en Sanidad (Escuela Nacional de Sanidad, 1982).

💻 Web del autor: Contar es vivir (te)
(https://gustavocatalanblog.com/)

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 Este artículo fue publicado originalmente el 24.10.2022
en el blog Contar es vivir (te).
🖼️ Ilustración por Pexels / Pixabay [dominio público]

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