artículo por

Marcos Solache de la Torre

 

Edgar Allan Poe incursionó en prácticamente todos los géneros literarios, característica que sin duda redondea su propia genialidad.

Si su obra ya se consideraba completa, innovadora, compleja y germinal, la propia ambición intelectual le propuso encontrar la fórmula elemental del poema perfecto.

Para muchos, sean críticos o poetas, The Raven es un poema que puede presumir aquella perfección buscada por el autor.

Sin embargo, ¿qué hace a este poema tan único, dudosamente centrado en la perfección poética total?. Cuestiones sin duda difíciles de conciliar, si se parte al menos de la pregunta: ¿qué es el poema perfecto?.

Hay que escribir que Poe tenía un concepto muy claro y valeroso de lo que para él significaba una obra total. Obligatoriamente tiene que partir su desarrollo de los siguientes elementos: igualdad, musicalidad, repetitividad, condensación, y por supuesto, melancolía.

A lo anterior, lo primero que me cuestiono es: ¿qué tan lógica y controlada puede ser la creación de un poema, si se parte de la auténtica y eufórica verdad de los sentimientos?.

Sin duda, la creación sólida es progresiva, puede nacer de un momento inspirado y desarrollarse en muy poco tiempo, o fundarse y elaborase paulatinamente a través del tiempo.

El resultado de los métodos evaluará la obra en el tiempo, que sin duda es el único juez imparcial ante lo pasajero y lo poco más que temporal.

Lo escribo así, porque no hay obra humana eterna, ni mucho menos perfecta: somos un constante intento, variedad de reacciones ante el fracaso, una recreación, esa sí perfecta y eterna.

Aunque no niego que quizá sí exista un mejor método para hacer las cosas, elementos que nos ayuden a tener más claras y mejor amuebladas las ideas; sin embargo la expresión artística siempre será caprichosa, propia, única, irreductible incluso al completo entendimiento del propio autor.

Por supuesto que el desatino de Poe no fue intentar sintetizar los elementos que hacen trascender una obra, sino tal vez amoldarlos a un esquema lógico, al punto de sacrificar su propia e intima voz.

The Raven es un poema para conocer el intelecto de Poe, no para conocerlo a él mismo; de hecho, en muy pocas composiciones leeremos a un autor confeso, más bien serio y pensativo.

Esto se puede deber a que su educación de hombre culto y refinado, le prohibía los sentimentalismos y posturas débiles personales.

Esa fortaleza, equilibrio y sagacidad, las demuestra en este poema, mientras Virginia, su esposa, estaba muriendo en el cuarto contiguo.

Sin embargo el terror iba a venir después, los años de agonía entre repuestas y caídas lo alentaron a vivir, fecundar su poesía, y finalmente crear obras como The Raven, que sin duda augura lo que vendrá a la muerte de su joven mujer.

Ciertamente, la idea germinal del poema es el futuro, la incertidumbre, de ahí que un ser profético deba anunciar el paradero de la joven bella.

Predestino del que seguramente, en años posteriores, vivió de manera mucho más sorda y menos extraordinaria; acto que sin duda lo retornó de manera precipitada al alcohol y fatalidad final.

Pero para llegar a las estanzas quince y dieciséis, el autor debe crear todo un escenario y tiempo de suspenso adecuados; por de más decir que aunque estos elementos son propiamente desarrollados, y muy bien empleados en su narrativa, también lo son ingeniosamente incorporados en su lírica.

Sin embargo afirmar que The Raven es un poema narrativo, no es lo más acertado, aunque sea innegable que su estructuración está basada en el crecimiento y desarrollo de una narración, hasta romper finalmente en la perfecta incertidumbre.

A pesar de que el final es estruendoso, no es el motivo ni derivación conclusiva de la génesis del poema; esto quizá porque el centro determinante, aunque posea presencia enfática, dada su posición y desarrollo, no alcanza a trascender con notoriedad total en la obra.

La cuestión fundamental es la siguiente, y se plantea a partir de la ambigüedad en la muerte:

– La primera es ¿qué hacer con el dolor?, ¿existirá un momento de paz y solaz?

– La segunda es ¿qué creer del destino de quien ha muerto?

Si bien las dos incluyen directamente a la muerte, no se reducen al propio acto de morir, sino al ambiente ficticio y egocéntrico que es generado por la imaginación del doliente vivo.

El terror es tener la esquizofrénica certeza de que no existe bálsamo en Galaad, ni mucho menos Edén.

El terror es la nada, que después de la muerte no pase absolutamente nada; esa claridad y transparencia que no derivan esperanza, ni mucho menos sensación perceptible; ese espacio en el que olvidamos lo que fuimos y a quienes amamos; ese es el terror que el mismo Poe, ni siquiera en sus cuentos más lúgubres quiso profundizar.

La desolación, el abandono, la soledad, todos esos titanes de los que el poeta siempre huyó, primero físicos y luego mentales, se consolidan en esa palabra torpe y burda del cuervo: nevermore.

Así, el protagonista del poema, reflejo inequívoco del autor, prefiere seguir sumergido en la ficción de los libros y el conocimiento, prefiere inclusive estar anclado en una eternidad ficticia a la sombra de su desgraciada alma, prefiere cualquier inventiva que admirar desde nuestro imposible plano sensorial, la abstracta y terrorífica vacuidad de la nada.

A pesar de estas suposiciones poco esclarecedoras, el misterio y nuestra orfandad van a seguir siendo los mismos: inciertos y seguros.

Continuaremos creando cuentos, poemas y religiones, que nos hagan estos trances ciertos, hermosos y definitivos; aunque muy probablemente, nuestras creencias más fuertes, no sean más que bellas y ficticias composiciones.

 

separación texto artículo Marcos Solache de la Torre.

Marcos Solache de la Torre (Mexicaltzingo, Estado de México, 29 de marzo 1989). Es Licenciado en Ingeniería Civil. ITESM Campus Monterrey. 2007-2011. Mención Honorífica. En el último semestre de sus estudios escribió un cuento titulado Rosa (que es el preámbulo completo de la novela con el mismo nombre, concluida en 2012 e inédita todavía); este cuento fue publicado en el espacio electrónico CICADP, constituyendo un gran paso para el autor, pues le impulsó a creer, como lo vio en el patio de Velarde, que en cualquier circunstancia, si esta es ideal, la vida se puede dar y el autor puede dar la poesía. Diversos cuentos y poemas de su autoría esperan el dictamen de varias editoriales…

📩 solache [at] gmail.com

 

👁 Otros artículos del autor (en Almiar): Sobre «Blanco», poema de Octavio Paz | Los jardines interiores (Amado Nervo) | Un golpe de dados (Stéphane Mallarmé)

 

 Ilustración artículo: Raven1, Gustave Doré [Public domain], via Wikimedia Commons.

 

Poemas en Margen Cero

Poemas en Margen Cero


Revista Almiarn.º 83 | noviembre-diciembre de 2015MARGEN CERO™Aviso legal

 

(Total lecturas: 108 ♦ Reciente: 1)