artículo por

Marcos Solache de la Torre

 

Blanco, como toda fiel poesía, es un intento por mostrar una visión y sentir personal, acerca de otra poesía, aquella que es universal y total, aquella que a partir del siglo XX es llamada la poesía de la Nada.

Blanco es también una narración poética, un viaje de colores, sensaciones y elementos, un punto de vista teórico que parte del trastrocamiento de los sentidos hacia una dimensión inalcanzable, justamente donde está la Nada.

A partir de este planteamiento, Blanco aporta valiosas ideas a la búsqueda de encontrar en la página vacía, un sentido fulminante de existencia.

La mayor de ellas, y aunque suene ilógica, es afirmar que la sensación absoluta de la Nada, está fuera de la página.

La pregunta fundamental entonces es la siguiente: ¿qué es la poesía de la Nada?, ¿tiene un propósito simplemente literario, o realmente propone profundizar y revelar nuestra existencia?

El entorno para determinar alguna de las cuestiones anteriores, es realmente complejo, sobre todo si partimos del precepto básico de que la Nada ya está hecha, fue creada por fuerzas incongruentes a nuestro entendimiento.

Aunque es cierto que el poeta hace la proposición de anular el entendimiento, esto queda fuera de toda practicidad, ya que el poema, como el mismo lenguaje, se cimientan en él para expresarse.

Si no es a través del anterior ni de las sensaciones, se proponen otros dos medios, quizá más abstractos, para alcanzar la Nada: estos son la imaginación y la percepción.

Por lo tanto, esta poesía parte del fundamento en el que el ser humano es un medio, un puente de percepciones y realidades, donde se alternan las imaginaciones y se diluyen los presentimientos.

Precisamente la posibilidad real de alcanzar la irrealidad que se propone, es a través de la deformación de los sentidos, trastocar la realidad para que parezca irrealidad, mas con la paradoja de nunca serlo.

Explícitamente esto es: a través de la vista escuchar, del olfato ver, del tacto oler; cada uno de los cinco sentidos se licuarían en una combinación que abriría la posibilidad de un sexto sentido total.

Lo anterior en sentido estricto y duro, es completamente absurdo; lo cual no es si lo cubrimos al techo de una experiencia sobrehumana, llamada específicamente por el poeta como «aerofanía».

Las palabras en el viento a vendavales; ni vistas, ni oídas, simplemente sentidas como algo inexistente, más bien raíces intuitivas y generosas, que crecen si no se les limita, si no se les persigue con el pensamiento.

Por lo tanto queda muy claro que la poesía de la Nada es un proceso interno e individual, el cual no tiene ningún acompañamiento literario.

Si lo anterior es cierto, Blanco y algunos otros poemas que se plantean esto como propósito quedan, simplemente, como guías paralelas en la búsqueda personal y natural de la Nada.

Sin embargo, de estas conclusiones surge una paradoja de fundamento mayor: ¿el arte es individual o colectivo?

El arte debe de ser individual y dual, un encuentro entre dos entes, un enfrentamiento, la paz con el otro, o el amor hecho con el otro.

Sobre esto, también es clara la intención del poeta; ya que iguala la experiencia de la Nada con la del encuentro sexual.

El hombre y la mujer se dan sentido, y le dan sentido a la especie a través de una perpetuación temporal sin sentido.

Sin embargo la situación aquí planteada no se extiende a una cuestión biológica prolongada, sino más bien al instante preciso y fuerte, en el que el pene eyacula dentro de la vagina; ese momento en el que el hombre expira hacia la irrealidad, y la mujer se abstrae de toda conciencia lógica.

La propuesta tiene un desarrollo de la siguiente manera:

Si se mira el sexo masculino, frente a frente, no tiene ningún sentido natural; lo mismo pasa si se mira el sexo femenino, claramente el uno para sí mismo es repelido, porque precisamente el uno para el otro es atraído y opuesto.

Por lo tanto, es una insistencia tenaz, pero no infructífera, que el poeta repita el acoplamiento de los contrarios como un medio impar para lograr la grávida y nula paridad.

El sexo masculino, fuera del femenino, es irreal, solamente adquiere realidad dentro de la copulación, tal como el silencio solamente existe fuera del habla.

En términos de propósito diríamos que tenemos la certeza de que la Nada existe, porque el Algo o Mucho, existen; es decir, porque nuestra dimensión ahora es real, mientras la Nada es irreal.

Es concluyente que el no existir es una forma de hacerlo, siempre y cuando sea parte del reverso inexistente de algo que precisamente sí exista.

Eso que está en el justo centro, que no existe, pero que une los contrarios del habla y el silencio, es justamente el espacio en blanco.

Un espacio, del cual el poeta intenta hacer un nuevo realce, una nueva importancia, no a partir propiamente de él, sino de quien lo rodea: la palabra.

Habrá entonces una nueva palabra, una simiente plantada en el vientre femenino, producto de aquella copulación perfecta, en la que efectivamente, verdeará el nuevo lenguaje.

Un lenguaje, que en el terreno de la poesía, sin duda va más hacia la reducción que al empalme verbal: la sustracción de palabras por espacios, el afilamiento de las sílabas y la contundencia de los blancos.

Estirar el lenguaje a su máxima elasticidad, al punto de que la mínima vibración vocal pueda romperlo y nulificarlo, resplandeciendo a través de la Nada.

Finalmente, Blanco, como ejercicio personal, es una gran propuesta por intentar buscar la propia Nada.

El lograrlo o no, es una cuestión aislada al puntual instante en el que las palabras se piensan, se eliminan y se vuelven a pensar.

El estar frente a la hoja en blanco y tener conciencia de que cada palabra escrita será una vuelta más lejana para poder borrarla, es quizá la sensación más frustrante, como también la más satisfactoria que puede tener un poeta que honre a la Nada.

 

«Avec ce seul objet dont le Néant s´honore».
Stéphane Mallarmé

 

 

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Marcos Solache de la Torre (Mexicaltzingo, Estado de México, 29 de marzo 1989). Es Licenciado en Ingeniería Civil. ITESM Campus Monterrey. 2007-2011. Mención Honorífica. En el último semestre de sus estudios escribió un cuento titulado Rosa (que es el preámbulo completo de la novela con el mismo nombre, concluida en 2012 e inédita todavía); este cuento fue publicado en el espacio electrónico CICADP, constituyendo un gran paso para el autor, pues le impulsó a creer, como lo vio en el patio de Velarde, que en cualquier circunstancia, si esta es ideal, la vida se puede dar y el autor puede dar la poesía. Diversos cuentos y poemas de su autoría esperan el dictamen de varias editoriales…

@ Email: solache[at]gmail.com

 

Ilustración artículo: Fotografía por Pedro M. Martínez ©

 

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Poemas en Margen Cero

Revista Almiar – n.º 81 | julio-agosto de 2015MARGEN CERO™ – Aviso legal

 

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