artículo por
Mario Rodríguez Guerras

 

Se suele indicar que la obra de Macbeth trata sobre la ambición. Siendo cierto, no es exacto. Macbeth trata sobre el destino y las consecuencias de enfrentarse a él.

Macbeth ha ganado una batalla y espera una recompensa de Duncan, Rey de Escocia. No hay ninguna bruja que se lo anticipe, es el mismo Macbeth quien lo supone. Pero, puesto a imaginar, imagina recompensas más altas y piensa no en una baronía sino en el título de rey. Aun así, presume un destino glorioso para la estirpe de su amigo Banquo.

Macbeth expone a su mujer sus planes y esta se anima con la idea. También ella tiene sueños y aspiraciones. Juntos traman el asesinato del rey, aunque, después de cometer el crimen, Macbeth tiene remordimientos. Los hijos de Duncan, Malcolm y Donalbain, huyen y Macbeth es nombrado Rey.

Macbeth teme que otros actúen en su contra por avaricia como ha actuado él contra el rey precedente. Decide eliminar riesgos y manda matar a su amigo Banquo pero su hijo, Fleance, se salva. Con el tiempo, los descendientes de Fleance reinarán. Lady Macbeth, tan convencida inicialmente de la conveniencia del asesinato del Duncan, acaba por suicidarse por remordimientos.

Macbeth estaba destinado a un reconocimiento real pero busca otro destino. Como ese destino no le pertenece, todo cuanto hace se vuelve en su contra: Tiene remordimientos por el asesinato del rey, su mujer y colaboradora muere y el hijo del rey asesinado buscará venganza.

A pesar de algunos temores, Macbeth se cree invencible. No hay brujas que le digan que se cuide de Macduff, un vasallo, es su instinto el que se lo revela. También, es él mismo quien piensa que nadie podría nunca matarle, lo que la obra expresa metafóricamente poniendo en boca de una bruja que ningún hijo nacido de mujer podría acabar con su vida. Finalmente, piensa que su trono está a salvo y que solo, en un supuesto inconcebible, alguien podría enfrentarse a él y vencer.

Macduff y Malcolm se alían con otros para luchar contra Macbeth, produciéndose aquello que al protagonista le parecía inconcebible, y es derrotado. Macduff mata, contra sus pronósticos, a Macbeth y Malcolm recupera el trono de su padre de tal forma que el destino ha retomado su curso y truncado los planes de Macbeth porque su destino no era ser un mal rey, era ser un buen vasallo. Era Banquo quien podría haber esperado un destino más grande pero para sus descendientes ni tan siquiera para sí, tal y como había presentido ya Macbeth, razón por la cual le había mandado asesinar. Macbeth ambicionaba una determinada existencia y quiso forzar al destino. Banquo se limitó a esperar lo que deparara del destino que, a pesar de su muerte por encargo de Macbeth, se cumplió. Macbeth rompe el orden establecido y ese orden tiende a restablecerse por lo que las acciones de Macbeth están llamadas al fracaso y todas resultan infructuosas.

Esta obra está basada en otra obra anterior y los antiguos hablaban en sus obras de ideas trascendentales. Si esta obra tratara exclusivamente acerca de unos hechos y se limitara a exponer la conducta humana, el autor original se hubiera adelantado a su tiempo pero habría incumplido el objetivo de su tiempo, el de analizar la existencia. Entender la obra como la exposición o condena de la ambición desmesurada significa no entender que el mundo antiguo, ese tan despreciado por el hombre moderno, buscaba el sentido de todo acontecimiento porque entendía que el mundo era simple manifestación y lo que buscaba el hombre de entonces era el conocimiento del principio que la generaba. El delito de Macbeth no es exactamente tener una gran ambición, su delito es ambicionar aquello que el destino ha deparado para un tercero renegando del suyo. Macbeth pensaba que, con su voluntad, podría dominar el mundo pero la voluntad universal posee mayor fuerza que el simple individuo. La enseñanza de la obra es la de que el hombre no puede cambiar la naturaleza. Al perseguir algo que no le pertenece, el universo queda perturbado y se vuelve en su contra para hacer cumplir lo establecido. El destino se ve interrumpido por las acciones de Macbeth, pero las fuerzas se reorganizan para recuperar el orden establecido.

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Ilustración artículo: Sarah Siddons as Lady Macbeth By Robert Smirke [CC BY-SA 4.0 (http://creativecommons.org/licenses/by-sa/4.0)], via Wikimedia Commons.

 

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Revista Almiar – n.º 83 | noviembre-diciembre 2015MARGEN CERO™Aviso legal

 

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