artículo por

Mario Rodríguez Guerras

 

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El libro de Peter Warncke sobre Picasso [1], por lo que dice en la introducción de Ingo F. Walter, parece tener la intención de rendir un homenaje al genio, sin embargo, existen numerosas expresiones que más bien parecen contener la intención de enterrarle. Entre numerosos halagos se mezclan frases de menosprecio y rebajamiento de su obra. Especialmente vemos este tipo de expresiones en el anteúltimo capítulo, el 16, titulado El viejo salvaje, posiblemente como colofón a toda una exposición en la que se ha mezclado, como hemos dicho, halagos y descalificaciones. Entre numerosos aciertos a la consideración de su obra se intercalan comentarios que hacen dudar del valor de su trabajo. Se nos asemeja a una manzana envenenada con la que no se pretende matar nuestra persona sino nuestra opinión sobre el artista. Este libro debe ser leído con mucha precaución para elegir la sabrosa carne que contiene, pero cuidando de no ingerir los nocivos ingredientes que le han sido añadidos.

 

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Veamos dónde residen algunos de estos comentarios deletéreos tan numerosos que no nos podemos ocupar de todos ellos:

«La respuesta de Picasso residía en un arte de protesta. Su obra tardía está impregnada por la voluntad de sobrevivir. [2]

A esta etapa sigue una intensa y casi obsesiva confrontación con motivos relacionados con la autarquía del artista: aunque no era algo nuevo en Picasso, resulta desacostumbrado aún para él, ese uninilateralismo, ese empeño rayano en la obcecación. [2]

La cantidad de obras tardías hablan a las claras de una forma formidable vitalidad. (…) En realidad, detrás de todo eso se ocultaba un juicio sumamente destructivo. La conclusión lógica de los críticos era que la actividad había sido colocada por encima de la calidad [2]».

Estos comentarios continúan más adelante:

«Puede constatarse hasta qué punto todas estas obras contradicen los conceptos de arte estético, creador de belleza [3]».

Hablando sobre las series del pintor y su modelo, nos dice:

«Todas parecen realizadas según la inspiración del momento como si entrara en la reflexión y tuvieran como objetivo plasmar ideas espontáneas. Pero frente a estos cuadros (…) se encuentran otros en los cuales trabaja en varias etapas… [4]».

Como remate, nos dice:

«Esta reiterada elaboración de una producción significa la solución más radical para el objetivo central que se proponía el Picasso tardío: la destrucción del concepto mismo de “obra” [5]».

Las conclusiones, consideraciones e intereses del señor Warncke no pueden ser más distintos de los nuestros. Tengamos en cuenta, para valorar a este autor, lo que cita al principio de este capítulo:

«El predominio absoluto de la abstracción internacional fue decreciendo cada vez más, y sus déficits fueron registrados con dolor [6]».

Estando por lo tanto el autor en contra de corrientes figurativas difícilmente pueda hacer una valoración positiva de un pintor que no practica el arte abstracto. Si la abstracción fue reduciendo su importancia fue debido a que ya no se deseaba la abstracción por lo que su pérdida no puede significar ningún dolor. El comentario no es más que una opinión personal de aquel autor. Toda la obra pretenderá reducir el valor de la pintura figurativa y ensalzar las nuevas formas.

Sobre el valor artístico de las últimas obras de Picasso ya hemos comentado anteriormente que la falta de una adecuada consideración de su obra ha sido debida a que la única valoración que se ha hecho de todo el arte del siglo XX ha sido la búsqueda de un arte científico y un arte reaccionario, todo lo demás no había sido apreciado, porque no podía ser apreciado de la misma forma que un sordo no puede oír la música y, en consecuencia, se niega su valor artístico. En el análisis del arte del siglo XX se ha valorado la obra por sus efectos políticos y sociales siendo incapaces los críticos, contaminados por prejuicios políticos y sociales, de hacer una valoración artística o filosófica del sentido interno del estilo y de las obras.

En cuanto al valor estético que el autor reclama como condición del arte debemos recordar también que la estética no es más que una consideración personal por lo que está en el individuo y no en la obra. Pero, más aún, debemos recordar que lo feo también tiene un lugar en el mundo del arte.

Nada más lejos de la realidad, y es una afirmación sacada de la manga buscando justificar la negación del valor de la obra de Picasso, que Picasso pretendiera destruir el concepto de obra. Muy al contrario nosotros hemos afirmado y demostrado que durante todo el siglo XX solo ha habido un artista pues Picasso comprendió que la ciencia era impropia del arte y volvió a crear arte introduciendo en su obra el sentido del mundo. Por si no ha quedado claro: sólo Picasso ha sido Artista.

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No es su obra un arte de protesta. Su obra tardía está impregnada por la voluntad de vivir, pero de vivir la vida y no como pretende el autor de ese libro, de sobrevivir en el mundo del mercado del arte.

En cuanto a las obras ejecutadas con reflexión y otras de forma espontánea debemos decir que para ser espontáneo hay que ser un genio y que posiblemente las personas que tratan sobre los artistas y su obra no tengan conocimiento del significado de la palabra genio. En la segunda parte volveremos a tratar esta misma cuestión.

La ejecución de series representa el mayor reto para un artista ya que debe ofrecer actitudes distintas ante situaciones similares correspondientes a distintos estados de ánimo en las distintas situaciones. Nada es fijo ni eterno, ni siquiera el hombre ni su conducta, por lo tanto, el reto de un artista es captar el gesto apropiado a cada situación

3

Cuando comienza a tratar el tema de la sexualidad en la pintura, podemos leer:

«Los impertinentes cuadros de Picasso se amoldaban a las tendencias generales de la revuelta de los años setenta. Esta protesta contra los tabúes debía recordarle necesariamente las corrientes espirituales análogas de sus años juveniles. Significativamente, el artista se retrotrae a trabajos en los cuales se empleaba la pornografía para rebelarse contra las normas morales burguesas, en concordancia con las radicales opiniones de su amigo Appolinaire [7]».

Desde muy antiguo, la mujer, especialmente desnuda, se ha utilizado como símbolo de la fertilidad, el origen de la vida. No hay en el desnudo de Picasso un significado pornográfico sino vital; el desnudo femenino muestra el aprecio a la vida, el deseo de conservarla, de repetirla y de generarla.

Picasso, con cerca de ochenta años, se percata de que está próximo el fin de su existencia y, entonces, cuando siente que puede perder la vida, es cuando más la puede apreciar. Algunos sujetos han llegado a comprender que la existencia no consiste en disfrutar de relaciones o en acumular bienes. Pero lo igual solo es conocido por lo igual y como no todo el mundo ha llegado a tal conclusión no pueden comprender a quien la ha alcanzado y ofrecen la interpretación que ellos tienen para sí o más a mano. El sentido pornográfico le ve quien le busca o quien pretende rebajar la obra del genio.

La idea de la vida que alcanza el genio le lleva a comprender que el sentido de la existencia está en ejercer la voluntad de poder, en expresar su ser y no en acumular posesiones. La existencia del genio consiste en aportar a la vida algún valor, el hombre mediocre busca en la existencia acumular bienes, puesto que es incapaz de devolver nada  a la vida.

La abundante producción de obras en los últimos años de Picasso guarda relación con esta idea (que no concepto) de que la existencia consiste en la manifestación de la voluntad y el genio aprovecha el tiempo, el poco tiempo que le queda, para mostrarla y la abundante producción indica una economía de la vida, aprovechándola para su fin específico sin malgastar un momento en lo innecesario. Nietzsche también afirmaba: yo no busco mi felicidad sino mi obra. Eso significa una solo cosa, el amor a la vida.

Pero los hombres vulgares «esa mercancía que la naturaleza produce a miles», como dice Schopenhauer, desconocen su condición y juzgan que todos los hombres son iguales, si es que no juzgan que ellos son los hombres superiores, y aplican a todo hombre su escala de valores. No obstante son muy astutos y lo que mejor hacen es destruir todo lo superior.

 (Leer 2.ª parte de este artículo)

Notas:

(1)  Carsten-Peter Warncke, Picasso, Taschen, Colonia, 2007
(2) Ibíd., p. 614
(3) Ibíd., p. 618
(4) Ibíd., p. 619
(5). Ibíd., p. 621
(6) Ibíd., p. 613
(7) Ibíd., p. 648

 

Imágenes:

(Portada) Pablo picasso 1, By Argentina. Revista Vea y Lea [Public domain], via Wikimedia Commons | (En el cuerpo del artículo) JuanGris.Portrait of Picasso, Juan Gris [Public domain], via Wikimedia Commons

 

arabesco rojo artículo Picasso

 

Contactar con el autor: direccionroja [at] gmail.com

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