novela de Marta Ciudad

Ana Salvador  reseña por

 

Tejeré estas líneas con las frases, palabras y pensamientos de otros además de las mías, porque un libro no es, al fin y al cabo, más que el recuerdo de los sentimientos y sensaciones que deja tras él. Horas, días, semanas y años pasarán y habremos devuelto el libro al legítimo dueño que nos lo prestó, a la biblioteca en la que solemos refugiarnos desde pequeños, parada ocasional ahora en nuestro viaje de vuelta diario del trabajo a casa, al olvidado estante de los ejemplares ya leídos y objeto de interés, por tanto y tan solo, del polvo. Todo ese tiempo y más habrá pasado y, sin embargo, si el libro lo logró, si llegó hasta nosotros, entonces dejó una huella indeleble que, aun desdibujada y tenue, nos habrá acompañado por el camino.

«Con metro setenta de estatura, cincuenta kilos de peso y debilidad por las minifaldas, hasta hace bien poco la autora y sus imprescindibles tacones pasaban sus días entre las gélidas, y raramente glamurosas, paredes de un taller, montando grúas, detectando averías y aparentando saber lo que se hacían. Algunas veces, hasta era cierto. Ingeniera por accidente y ávida lectora de nacimiento, decidió que necesitaba tomarse un tiempo para sí misma… y se descubrió como una entusiasta escritora. Comencemos por el final es su primera novela, y de verdad, de verdad, espera que os guste, porque le encantaría escribir una segunda. Y una tercera. Y…».

Estas cuantas, y sin duda escasas frases, cualquier número lo sería si lo que persiguieran fuera responder a la imposible pregunta de quién somos, describen a la autora desde la solapa de su libro. Y los que lo hemos leído, los que hemos pasado página tras página hasta quedarnos sin ninguna más que pasar, no podemos sino pensar… ¡gracias a Dios que dejó eso de las llaves inglesas a otros! Dicen que algunos autores tardan años, y más que unos cuantos libros a sus espaldas, en encontrar su propia voz. Abre Comencemos por el final. Página tras página, las palabras impresas, negro sobre blanco, irán desvaneciéndose del papel para redibujarse dentro de ti, trazando imágenes, pensamientos y decisiones. Serás testigo impotente de cómo la protagonista, Helena, se tambalea de tropiezo en tropiezo, arreglándoselas para seguir en pie y adelante de algún modo milagroso e inexplicable. La autora ni siquiera se molesta en describirnos su carácter. No resulta necesario. Sus opiniones, acciones y reacciones se bastan solitos. El libro avanza al mismo ritmo que lo hace su protagonista. Regodeándose en la descripción, en lugar de pasar sobre ella de puntillas, la autora nos agarra de las solapas y nos sumerge de lleno en la historia, de esa forma que tanto echamos de menos los lectores de siempre, de esa en la que no importa lo brusco que gires la cabeza a uno y otro lado, tus ojos únicamente encontrarán burbujas y agua, ni rastro de la superficie ni de la claridad que lleva hasta ella.

Y entonces llega el capítulo diecisiete. «A veces una canción, el final de una película, una escena de una serie o el clímax de un libro tienen algo mágico que hacen la vida mejor. Te atenazan el pensamiento, te sobrecogen el corazón y te pasas horas, días dándole vueltas. Pensando cómo el autor ha sido capaz de pillarte por sorpresa. Tienes ganas de compartirlo con los demás, de hablar de ello. Es uno de esos detalles que hacen que todo lo demás merezca la pena, que te hacen ver todo de forma distinta». Lo sé, lo sé, tendría que haber hecho un esfuerzo por encontrar mis propias palabras pero… ¿para qué molestarme, cuando lo que fuera que se me ocurriría, por muchísimo que me estrujara el cerebro, no podría soñar siquiera con rivalizar con este inesperado comentario? ¡Solo espero que su autor me perdone por haber tomado prestadas sus palabras!

En resumen, Comencemos por el final es uno de esos libros que hace tantísimo no encontramos en las librerías, de esos que enganchan sin avisarte, hasta que te encuentras remoloneando frente a la voz de tu propia razón y sensatez. ¡Solo una página más! Y es que sus páginas ya no sirven de soporte para tinta impresa, sino que rebosan de dudas, miedos y temores, aceptación y resignación, ganas de venganza, desánimo, angustia, necesidad de una mano tendida… y todo ello bañado por el humor sarcástico, y en ocasiones negro como el carbón, de la protagonista. ¿Cómo sobrevivir a su vida si no?

«Una gran historia, una protagonista que enamora y un final difícil de olvidar».

¿Cómo decidir dónde comienza una historia? ¿Hasta dónde sería necesario remontarte para explicar y justificar hechos y acciones, comportamientos y reacciones, traumas y miedos? ¿Dónde comenzaría mi historia?

Una historia sencilla comenzaría por el día de mi nacimiento, o el de mis progenitores, o el de alguna persona que hubiera ejercido algún tipo de influencia en mí.

Sin embargo, con gran seguridad puedo afirmar, sin miedo a equivocarme, que la mía, mi historia, no comenzó el día de mi nacimiento, sino el de mi muerte…

 

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tapa libro Comencemos por el final

Comencemos por el final se puede adquirir en La Casa del Libro, o en la web ReadOnTime de la Editorial Carena.

Página web de la autora: http://martaciudad.com/

 

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Revista Almiar – n.º 65 / septiembre-octubre 2012MARGEN CERO™Aviso legal

 

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