artículo por
Mario Rodríguez Guerras

 

Danto llega a establecer, como Hegel, un final para el arte, para ser más exactos, para los relatos legitimadores. Pero Hegel establece una teoría que afirma que todo el arte del pasado era arte, mientras que Danto considera que el arte apareció un día. De tal forma que Hegel admite que la antigüedad grecolatina hacía arte mientras que Danto considera que el Coliseum es un objeto creado para su adoración, lo que choca con la idea generalmente aceptada de que allí iban lo romanos a divertirse y entretenerse. El concepto sobre el arte de uno difiere del otro por lo que hablan de cosas distintas y por el hecho de coincidir en una conclusión no les acerca lo más mínimo en sus planteamientos sobre el arte.

Partiendo de aquella famosa definición que dice que el arte, antes que una mujer desnuda, es una capa de pintura sobre un lienzo, Duchamp, redujo la obra artística al concepto de objeto; mejor dicho, mostró la obra de arte como objeto. Para hacerlo, no recurrió a una creación propia, porque sería una obra de arte, sino a recoger un objeto del mundo. Esa acción cuestionaba al sentido tradicional del arte y decidió aumentar esa diferencia de percepción eligiendo un objeto impropio del arte y digno de una contemplación artística. De Duchamp se dice que hizo burla del arte, aunque habría que preguntarse si lo que realmente hizo no fue arte con la burla. Duchamp estaba rodeado de artistas serios y la forma de destacar entre ellos era la de tomar una dirección opuesta.

Piero Manzoni, presenta el arte como un producto del artista que podría realizarse de forma seriada y elaborando objetos idénticos. El arte era obra de un artista.

Warhol eligió otro camino y planteó que el arte ofrecía una imagen al espectador. Warhol no podía pintar un cuadro porque sería una pintura y no un análisis. Tampoco podía pintarse pintando, porque parecería una obra surrealista. No podía poner a una persona pegada al cuadro, por obvias razones, ni podía poner un árbol porque se confundiría con el art brut. Warhol eligió una imagen no artística y que no fuera pictórica y, así, eligió una imagen del mundo de la publicidad para expresar lo que quería expresar, que la acumulación de objetos sobre un lienzo tiene por finalidad crear una imagen. El resultado de todos esos puntos de vista es que un cuadro es un objeto creado por un artista, consistente en crear una imagen para ofrecerla a un espectador. Cada pieza es parte de un proceso que no puede comprender una mente demasiado racional. Warhol, como le ocurría a Picasso, hacía lo correcto, obrando por instinto, sin saber lo que hacía; los sabios no fueron capaces de comprenderle y, siendo conscientes de sus conclusiones, o buscando conscientemente unas conclusiones, estas estaban equivocadas, precisamente, por ese exceso de consciencia.

Al analizar la obra de Warhol con sus limitados medios, los sabios se fijan en la forma y en los medios de su creación e interpretan el sentido de su obra a partir de todo esto, llegando a una conclusión errónea pero que resulta irrefutable dado que cumple los requisitos sociales para ser admitida: posee el respaldo de los sabios.

Pero, como bien dice la filosofía, a partir de los efectos no puede determinarse la causa. Para ello, es necesario conocer algún dato, alguna evidencia, o poseer una teoría sobre el arte, no sobre la que se asiente aquella conclusión sino que constituya el fundamento que la genere. Sin un fundamento teórico o material, cosa esta última que creo imposible de encontrar para una teoría sobre el arte, las conclusiones de los sabios no serán más que interpretaciones, es decir, conjeturas.

A partir de la descripción de una cosa no es posible establecer una definición. La identificación de una cosa debe hacerse buscando su naturaleza no su apariencia. Pero los sabios, aunque ciegos, están obligados por su cargo a ofrecer soluciones.

La mala digestión de la verdad por parte de los teóricos del arte puede pensarse que no es demasiado grave dado que pudiera creerse que el arte no afecta a la vida cotidiana. El problema es que la forma de pensar de los teóricos del arte es la misma que emplean otros sabios que llegan a tales conclusiones que, lejos de afirmar el valor de la ciencia y de la objetividad, lo que demuestran es la realidad de ese problema tan traído y llevado de la estupidez humana. Ya decía Einstein que había dos cosas infinitas, el universo y la estupidez humana, pero que no estaba seguro de la primera. Únase a la dificultad de conocer, incluso por parte de los hombres con uno o muchos títulos, la prepotencia de quien ostenta un cargo para entender que un incompetente es capaz de imponer una conclusión equivocada y que no hay forma de rebatirla, no por falta de razones, sino por falta de voluntad del prepotente titulado. Es imposible que una persona lo sepa todo sobre todas las cosas, pero lo que resulta inaceptable es que una comunidad científica cometa una y mil veces los mismos errores y sea incapaz de advertirlo porque los miembros no quieren entender que un título no garantiza alcanzar la verdad y que la soberbia impide reconocerlo. La película, La hija del general, es una de tantas que hacen referencia a la valoración de la verdad pero que nadie es capaz de reconocer en la vida diaria. Discúlpenme esta digresión que, como ya he dicho, no hace referencia al mundo del arte aunque bien pudiera parecerlo.

La estetización de la vida no es un fenómeno moderno, es un fenómeno que reclama y permite el progreso actual. Pero el arte no recurre ni a signos ni a símbolos, recurre a medios. El arte, empeñado en hacer referencia al arte, elige las formas del pasado que trasmitían determinada postura para manifestarla como un aspecto del arte. La variedad de manifestaciones del arte actual obedece a la variedad de aspectos que se analizan del arte. Las múltiples manifestaciones que ofrece el arte de nuestros días siguen poseyendo un sentido pero nuestros sabios no lo ven e inventan alguna teoría. En virtud de su título y su cargo, los ciegos quieren imponer su visión de los colores y resulta que lo logran. Y luego se quejan de que Hitler gobernara Alemania ¿Por qué no iba a hacerlo si tenía el poder necesario, como ellos, para hacerlo? ¿Cuál es el criterio, el poder o la verdad? Su criterio es su conveniencia, ellos eligen el criterio que más les conviene en cada caso.

 

 

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Ilustración artículo: Fotografía por Unsplash / Pixabay [dominio público]

 

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Revista Almiar – n.º 85 | marzo-abril de 2016MARGEN CERO™Aviso legal

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