poemas por
Francisco Juliá Moreno

Romance por Federico García Lorca

 

Estos aires de Granada
cantan tristes las cigarras,
al tremolar la guitarra
los recuerdos de la Alhambra.
La luna te mira amarga
mientras su plata moja
por los senderos del agua.
Granada, Granada blanca
de azahares y nevadas,
por el cristal de tus fuentes
fluye la voz de tu alma.
Granada, Granada triste
cuando el poeta te canta
en la madrugada incierta
de fusiles y de arañas,
en la madrugada fiera
de relámpago y guadaña
cuando silenciar quisiste
el vendaval de tu entraña.
Federico García Lorca
ha muerto. Pero aún vive,
pese al lodo de la fosa,
el verdor de su palabra.

 

Tablao

(la guitarra)

 

En un tablao de Santa Cruz,
con la calentura de la tarde,
rendidas las almas al trance
resuena una guitarra de luz,
ojo de terciopelo y de carne.
Dedos que crispan su rama;
otros ágiles y rapaces,
que preludian la zambra
sobre un abanico de estambres
luminosos de mañanas.

(el cante)

El raso velo de tedios
cubre el ajimez de la tarde
cuando acuchilla el verso
una síncopa de sangre,
aire de rosa y de espejo
donde el corazón se retrata
como una luna a lo lejos
irradia su desnuda plata.
Palo de dicha o tormentos
que mueve los goznes del alma
como un arado a los campos
la matriz le desentraña.

(el baile)

Vendaval de volantes,
busto de mujer gallarda;
en su reguero de espumas,
dos torrecillas morenas
sobre una tierra de ascuas.
Un cielo de molinetes
riza sus arabescos
por los requiebros del cante.
En Sevilla cae la tarde
y el espacio lo taladran
dos miradas de azabache.
Flamencos desplantes, lamentos
que el aire desgarran,
una flor lozana en el pelo
y sobre el infierno de tablas
el redoble salaz de un taconeo.

 

La flor viva de Federico García Lorca

 

Tu risueña anatomía
destaca su molde oscuro
en el centro de la plaza.
Serán resabios del torero
de la lírica que fuiste,
o peldaño del Parnaso
hispano que coronas.
Pareces empeñado
en no soltar a la paloma
que de tus manos escapa,
en un impulso de cielos,
como si te resbalara
entre los dedos, alada,
la cándida esperanza.
No todo está muerto
en tu frente dormida,
no todo es tiniebla
en tus ojos de noche,
no todo es silencio
en tu voz sin sonido.
Tu corazón está vivo;
lo atestigua esa flor
que entre tus dedos
de estatua se entrelaza.

 

 

Francisco Juliá Moreno. Es natural de Alicante y residente en la misma. Su actividad literaria comenzó hace ya tiempo, con la publicación de su primera novela Muerte del bibliotecario ilustrado, con editorial Logos, a la que siguió el libro de narraciones breves Aroma de Nardo y otros relatos, en la misma editorial. Mas tarde apareció el cuaderno de viajes Venecianas, en el que recoge sus repetidas peregrinaciones a la ciudad de los canales, y luego su novela más extensa Un amor de Béquer, publicada en la editorial sevillana Paréntesis, donde se pormenoriza la leyenda de un amor apócrifo del autor de las Rimas. Culmina su obra narrativa con la novela breve de corte histórico Naamán el sirio, donde desarrolla el acontecer de un episodio bíblico. Su obra poética ha sido divulgada por Internet, donde escribe habitualmente en su blog: impresionesyandanzas.blogspot.com.
Colabora con diversas publicaciones y medios. 

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Ilustración poemas: Fotografía por Pedro M. Martínez ©

 

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