Sinopsis de la novela, por su autor
Mario Marín

 

Esta novela cuenta, en versión cromo y panorámica, cómo la opción por una vida mineral y el anclaje al barrio, termina precipitando en un ritmo vital ajeno a rigores y a oficialismos; pausado, contem- plativo y finalmente acertado. Una ciudad pequeña, un barrio con años, un grupo de amigos cuya única ocupación es fumar porros al sol y beber cerveza. Han fabricado una horma propia en torno a la amistad, con el menudeo de drogas y la pequeña delincuencia como ejercicios de mantenimiento y la compra venta de robado y el cobro de subsidios sociales como fuente esencial de ingresos. Domingo, personaje central, ha desarrollado una teoría particular como muleta para las ventiscas; el Invencionismo. Inventamos nuestra vida a cada momento, construimos una realidad paralela en un territorio con doble titularidad, la nuestra y la de los demás. Yo controlo el tiempo y lo tengo todo. Yo invento. El Invencionismo es una pose incontaminada, arcano puro. Es ver venir los problemas y no solucionarlos; rodearlos. Los invencionistas pensamos que existe la satisfacción, después la dicha, después la alegría y por último la felicidad. La felicidad es para los invencionistas. Nosotros pensamos que lo que no se piensa no existe. No existe el escándalo, ni lo prohibido, ni lo amoral, ni lo peligroso, ni lo uniforme, ni la familia tipo, ni el polvo perfecto, ni la mejor mamada, ni el mejor culo, ni lo adecuado, ni lo correcto. Tampoco existen los malos tiempos, porque a Andrés, gracias a Dios, nunca le falta el hachís.

El color de las pulgas es una historia de entrega, de fallos, de gusto por el exceso. Un relato de surrealismo primigenio y balbuceante, un esperpento metacostumbrista, un camino sin salida. Es, en mitad de la cotidianeidad más sobresaltada, una póliza de lealtad firmada por todos. Domingo lo describe sin tachaduras cuando habla de Juanita en los primeros momentos. Ahora a mi lado estaba Juanita, un bujarra tan bonito como el recorte celeste de las tardes sobre la retama, en La Bota, sobre la arena, sin toalla, con un litro y un porro. Juanita es amigo del barrio desde siempre, muy maricón desde chico. Bajaba a la plazoleta con las uñas y los labios pintados y se ponía de portero. Era buenísimo. Y sin miedo. Se te tiraba a los pies y se dejaba media carne en el cemento. Después se levantaba rápido, muy parguela, con el balón contra el pecho, y se ponía a gritar, que había que cerrar más, que delante solo uno. Sabía mandar. Un máquina, sin guantes, sin rodilleras, siempre con la camiseta de portero de su hermano. Un amigo de verdad, sin miramientos ni paraqués.

Con una estructura de andamios cruzados, ésta es en resumen, una historia sustentada sobre el concepto más ortodoxo de gueto, sobre una escenografía marcada por un territorio crisálida, donde un grupo de siete amigos miden su vida por la calidad de los porros y la ausencia de problemas, cuando, accidentalmente, tienen que deshacerse de un cadáver. Lo que como en otras ocasiones no había sido sino otra aventura más de sexo de vecindario, de repente se convierte en una ventolera imposible que amenaza con llevarse a Julito por delante. Domingo traza un boceto de plan que va reinventándose con cada día que pasa. Si en un primer momento, eliminar todo rastro de una muerta, parece muy al alcance para individuos hechos a la calle, la realidad deviene en comedia derretida y surrealista. Mezclar personalidades asociales y en permanente estado de toxicidad con las trazas de la más mínima disciplina, es una estrategia fallida en su propia concepción. La imposibilidad para la seriedad y el agarre continuo al hachís y al alcohol, hacen que cada paso adelante conlleve tres o cuatro para atrás.

Pero también es una historia de amor trágico y doloroso, áspero y rotundo. Un amor, el de Domingo con Luisa, de perfil discontinuo y elástico, marcado por los problemas mentales de ella y el compromiso con el relativismo de él. Un amor bacheado por los abandonos estacionales de Luisa, inmersa en su poza, en su territorio ya saldado. Un amor solo hilvanado, un amor mostrenco. El mismo amor que ha creado las más importantes obras de la literatura universal o las más pequeñas. Historias como ésta.

 

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Mario Marín (Huelva, 1971). Es Licenciado en Bellas Artes por la Universidad de Sevilla, artista plástico transgresor, inquieto y curioso. El color de las pulgas es su primera novela. Tanto en el arte como en la literatura, Mario plantea sus propuestas como escenarios estéticos y necesariamente desollados.

Páginas web del autor: Colectivo Paco Pérez | Mario Marín González

 

Ilustración artículo: Imagen de la tapa del libro, remitida por el autor de la novela (© de sus autores).

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El color de las pulgas
Autor: Mario Marín
Editorial: Ediciones del Viento (2015) – ISBN: 978-84-15374-85-5

 

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Revista Almiar – n.º 87 / julio-agosto de 2016
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