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Rubén-Carlos Freire Fernández

 

Arte y poesía se respiran en el ambiente cuando visitamos Celanova. Tierra de San Rosendo, fundador de su monumental cenobio, tierra de poetas ilustres como Manuel Curros Enríquez, Celso Emilio Ferreiro y Castor Elices. Arte y poesía se han dado la mano en esta preciosa villa orensana que les invito a conocer y a visitar tan pronto como les sea posible. ¡No les decepcionará!

Se encuentra Celanova situada en el Sureste de la provincia de Orense, perteneciente a la comarca de Terra de Celanova, a escasos 25 Km. de la capital provincial. Para llegar a esta preciosa villa, una vez en Orense, deberemos tomar la carretera OU-540, que une la capital orensana con Portugal. El pasado día 28 de enero se abrió al público la AG-31 que enlaza el tramo de la Autovía de las Rías Baixas A-52, con la villa celanovesa. Ello supondrá un tremendo adelanto para la localidad y un enorme impulso para su economía, puesto que quedará comunicada mediante autovía con la capital de la provincia y con la mayor ciudad de Galicia, como es Vigo.

Pero antes de pasar a hablar sobre la figura de S. Rosendo y del nacimiento de la villa, haremos una pequeña referencia a quienes fueron los primeros pobladores de la zona.

En el actual municipio, en el lugar de Santa María de Castromao, a una altura de 732 metros, encontramos el castro de CASTROMAO. Data el mismo de la Edad del Hierro, desde los siglos VI-V a. C. hasta el siglo II d. C. Ptolomeo lo identifica con COELIOBRIGA, capital del pueblo de los Coelernos.

Las excavaciones arqueológicas realizadas en el castro han puesto al descubierto numerosas piezas que ahora podemos admirar en el Museo Arqueológico de Orense. En este mismo museo, se conserva también un importante hallazgo relacionado con Castromao y sus habitantes. Se trata de una TABULA HOSPITALITATIS, en la cual se reflejaba el pacto de hospitalidad firmado entre el pueblo de los coelernos, habitantes del castro, y los romanos en el año 132 d. C.

Castromao

Estructuras defensivas como muros de contención y una muralla servían de protección al poblado. Al visitar el yacimiento, podremos observar viviendas de diversas plantas como circulares, cuadradas y elípticas. Una calle enlosada completa el castro.

Volvamos ahora a la figura básica y principal en el nacimiento de la Villa de Celanova, Rudesindus Guterri, San Rosendo. Nació en el seno de una familia noble gallega, emparentada con la nobleza asturleonesa e hijo de Santa Ilduara. Sabarico, a quien San Rosendo sustituiría a su muerte como Obispo de Mondoñedo, fue su maestro y mentor. El joven Rosendo recibe en sueños la revelación de fundar en el lugar de Vilar, actual Celanova, un cenobio. Y en ello puso todo su empeño. Cuenta la tradición que para elegir el lugar exacto donde erigir el monasterio, se subió San Rosendo a un monte cercano a Celanova, conocido hoy en día como monte de la Cruz. Desde allí lanzó una piedra, y en el lugar donde la piedra cayó fue donde el Santo levantó el cenobio. En la fachada de la iglesia conventual podemos distinguir claramente al patrono de la villa con una piedra en una de sus manos, precisamente haciendo referencia a esta curiosa leyenda.

Así, en el año 936 comenzaron las obras de construcción del que comúnmente se conoce como monasterio de San Rosendo, aunque su verdadero nombre el de San Salvador de Celanova. Llegó a tener un enorme poder este cenobio, extendiéndose su dominio a más de cincuenta entidades contando entre ellas, monasterios, prioratos, iglesias. Tal fue el poderío del monasterio, que el mismo Emperador Carlos V, sopesó seriamente el retirarse a aquél antes de decidirse definitivamente por el Monasterio de Yuste.

Celanova 01

Del primitivo cenobio e iglesia no queda nada a día de hoy salvo la capilla de San Miguel. Se puede decir sin rubor alguno que es una joya del arte mozárabe, la única existente en Galicia de este estilo arquitectónico y declarada monumento nacional por Real Orden en 1923. Fue erigida por San Rosendo en honor a Froila, su hermano. Prueba de ello es la inscripción que podemos leer sobre la puerta de la capilla: «Autor de esta obra, tú oh Dios, eres creído. Borra los pecados, tú oh Cristo, a todos los que aquí oran. La presente memoria recomienda a Froila, tu indigno siervo, el cual desea y en el Señor te conjura, oh bien amado que lees esto, que hagas de mí, pecador, memoria sagrada en la oración». De muy reducidas medidas, está constituida por tres bloques de desiguales dimensiones que podrían representar cada uno de ellos a las tres personas de la Santísima Trinidad.

Presidiendo la Plaza Mayor, decorada ésta con una preciosa fuente que en sus orígenes formaba parte del claustro barroco del monasterio, encontramos la Iglesia y fachada principal del cenobio, declarado Monumento Nacional en 1931 y premio Europa Nostra en el año 1984. La fachada barroca de la iglesia fue construida en el siglo XVII, sustituyendo a la antigua románica. Se encuentra dividida verticalmente en tres calles. Distinguimos distintos elementos como frontones partidos, curvos y rectos, pero principalmente destacan tres estatuas pétreas. En el centro, San Benito, como fundador de la Orden Benedictina a la que perteneció el cenobio celanovés, San Rosendo a la derecha, como fundador del monasterio, y San Torcuato, a la izquierda, copatrón de la villa junto con el anterior.

En el interior de la iglesia se combinan elementos clasicistas y barrocos. Tiene el templo planta de cruz latina, tres naves y crucero sobre el que se alza una impresionante cúpula de media naranja sobre pechinas. En ella, una balaustrada de piedra da paso a un linternón que ilumina el interior del templo.

Podemos disfrutar en el templo de doce altares, dedicados entre otros, al Cristo, a Nuestra Señora, San Rosendo, Santa Gertrudis o Santa Escolástica. Pero entre todos ellos destaca majestuoso el retablo mayor de estilo barroco y erigido en honor del Salvador por el maestro Castro Canseco. Dos fantásticas columnas salomónicas lo presiden y diversas imágenes lo decoran, tales como la transfiguración, la ascensión o la resurrección. Dos urnas de plata, obra ambas del orfebre vallisoletano Juan de Nápoles, recogen las reliquias de San Rosendo y San Torcuato.

Cuenta esta preciosa iglesia con dos maravillosos coros. El llamado Coro Alto de estilo gótico flamígero en el cual resulta curiosa la imagen de un monje gaitero entre otras muchas que lo decoran. En la parte inferior, en el tramo anterior al crucero, se encuentra el coro bajo. La parte superior de éste se encuentra decorada con esculturas de distintos santos de la orden benedictina. En el trascoro podemos disfrutar de dos majestuosas puertas conocidas como de San Pedro y San Pablo.

El monasterio propiamente dicho es el resultado de distintas modificaciones realizadas a lo largo de los siglos XVI a XVIII. La fachada principal junto con la iglesia recorre la Plaza Mayor de lado a lado. En el extremo opCelanova 03uesto a la iglesia, se encuentra la puerta principal del monasterio que da entrada al claustro barroco o de las procesiones, uno de los dos con los que cuenta el cenobio. El referido claustro comunica directamente con la iglesia a través de la nave derecha de ésta. De planta cuadrada y compuesto por dos cuerpos, destacan en él las impresionantes bóvedas de crucería. En las ménsulas de las que parten las nervaturas que dividen las mencionadas bóvedas se encuentran esculpidos medallones y bustos de personajes perfectamente reconocibles como Carlos V, Felipe II o D. Juan de Austria.

El segundo claustro con el que cuenta el monasterio es de estilo neoclásico y está datado en el S. XVIII. Al igual que el barroco, tiene planta cuadrada y consta de dos cuerpos. Lo hace muy peculiar un curioso balcón apoyado sobre ménsulas de gran tamaño y a través del cual se daba entrada a las celdas de los novicios. Le confiere este balcón un aire muy gallego y de ahí su nombre de Claustro Do Poleiro.

Dos elementos más merecen destacarse en el conjunto del monasterio, y ambos se pueden divisar desde el claustro barroco. El primero de ellos es la torre de los abades o de las campanas, dividida en cuatro cuerpos de cuatro caras. El segundo cuerpo lo conforman en sus cuatro caras dos arcos de medio punto en cada una, que encierran las campanas y unidos todos ellos por un pequeño balaustre de piedra. El último cuerpo está compuesto por una cúpula de media naranja apoyada en un tambor circular.

El otro elemento que podemos divisar desde el claustro barroco es el cimborrio de planta octogonal que cubre el crucero. Una balaustrada de piedra lo recorre completamente, alzándose en el centro el linternón coronado por un cupulín a través del cual se ilumina el interior del templo.

A escasos dos kilómetros del casco urbano de Celanova, Cristo románicoencontramos el burgo medieval de Vilanova Dos Infantes. Se conserva en su iglesia de San Salvador, construida en el 1614, un cristo románico de enorme valor y belleza cuya cruz trata de imitar a las ramas de un árbol. Resulta curioso que una iglesia construida en el s. XVII dé cobijo a un cristo románico tallado al menos cinco siglos antes. La explicación es sencilla, ya que el referido Cristo procede la primitiva iglesia románica de la Santa Cruz edificada en el burgo de Vilanova, y de la que hoy en día no se conserva ningún resto. Destaca también en Vilanova su torre del homenaje, de origen medieval y único vestigio de la fortaleza levantada por el padre de San Rosendo en el siglo X y destruida por la revuelta irmandiña en el siglo XV. Hoy en día es sede del Museo Etnográfico de la Fundación Terra de Celanova. 

Pero si por algo es conocida esta pequeña localidad es por su muy peculiar imagen de la Virgen del Cristal. Una pequeña talla de la Celanova torrevirgen dentro de un vidrio macizo, del tamaño de un huevo de paloma y con esa misma forma. Con la misma imagen, por un lado se ve a la Inmaculada y por el otro podemos ver a la Dolorosa. Fue encontrada esta imagen en el año 1630. Lo singular de la talla, es que no se le ve señal alguna de cerrazón ni soldadura alguna. Tal fue la fama del hallazgo, que el propio Rey Felipe IV pidió que se le llevara a palacio la imagen para que fuera examinada por eruditos de la época. Al no encontrarle explicación alguna a la composición, se la consideró como un hecho milagroso. Sobre la aparición de la Virgen existen varias leyendas, siendo la más conocida la relatada en su poema A virxe do Cristal por el poeta celanovés Manuel Curros Enríquez. Se cuenta que durante el reinado de Felipe IV, trabajaban en el castillo de Vilanova dos novios, Rosa y Martiño que pensaban contraer nupcias. Pero un enamorado de Rosa, despechado por el rechazo de ésta, lanzó una terrible calumnia sobre aquella. Ello llegó a oídos de Martiño quien, celoso, se lo echó en cara. Ante tal acusación, la moza le dijo a su enamorado: «nunca vieron tus ojos mayor cristal más limpio que mi pureza». Tras la discusión y mucho llorar, Rosa se fue quedando dormida. Y en sueños, vestida de gallega, se le apareció la Virgen María para consolarla. A la mañana siguiente, paseando por el campo la chica encontró la imagen de la Virgen del Cristal. Ante tal hallazgo corrió presurosa a contárselo al cura de Vilanova y mostrarle la imagen.

Otra leyenda cuenta mientras un labrador se encontraba labrando la tierra, notó que su arado se había atascado en la tierra con algo. Cuando se acercó a mirar qué era lo que no dejaba avanzar a su arado, vio que era la imagen de la Virgen. Observó lo curiosa que era la talla y se la metió en el bolsillo. Como ésta se movía demasiado en su bolsillo y le molestaba, decidió tirarla al suelo. Al día siguiente, la imagen fue encontrada por una pastora que se la llevó al cura de Vilanova. La imagen pasó por distintas manos curiosas del pueblo. Unas de ellas fueron las del herrero, quien pretendió abrir la talla para inspeccionar su interior. Prueba de ello podría ser una pequeña muesca que se observa en el cristal de la Virgen. Como castigo por su osadía, el herrero quedó ciego. Pero presa de su desesperación, invocó a la Señora rogándole su perdón, tras lo cual recuperó la visión.

Se dice que el manto de la Virgen cambia de color cuando se la saca en procesión desde su santuario hasta la población de Vilanova el día 15 de septiembre.

Pero no solo se puede disfrutar en Celanova de su arte, sino que, como todos los pueblos en Galicia, cuenta la villa con sus fiestas populares durante el verano, una en honor a San Roque y otra en honor a la Virgen de la Encarnación. Y es durante la celebración de estas últimas, cuando se celebra una curiosa procesión, durante el primer fin de semana de agosto. Es la llamada fiesta de A RAMALLOSA. La noche del primer sábado de agosto, a eso de las once, las luces del pueblo se apagan y sus calles se llenan de gente de todos los pueblos de alrededor portando ramos adornados con pequeños faroles de papel, así como grandes faroles con los diseños más divertidos que la imaginación pueda crear. La música de charangas y la alegría de los participantes hacen de esta procesión única en toda Galicia, y un acontecimiento digno de ser disfrutado.

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Sinceramente, merece la pena visitar esta maravillosa villa orensana. Una población que rezuma arte, tranquilidad y paz. Visitar sus monumentos, pasear por sus calles llenas de historia, disfrutar de la lectura de un libro a la sombra de su preciosa alameda o sentarse una cálida noche de verano en su plaza mayor tomando un refresco y gozando de la vista de su maravilloso monasterio, son placeres que les invito a disfrutar. Como les dije al comienzo de este artículo, ¡Celanova no les decepcionará!

 

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Rubén Carlos FreireRubén-Carlos Freire Fernández: «Nací en Vigo hace 40 años. Me licencié en Derecho pero pronto me di cuenta de que la abogacía no era mi camino sino que mi vocación era la escritura y el arte. Dentro del arte mi verdadera pasión es el románico, estilo del que afortunadamente podemos disfrutar en España de un riquísimo patrimonio. Desde hace unos meses soy administrador del blog http://romanicohispania.blogspot.com.es/ dedicado íntegramente a la divulgación del arte románico. Así mismo, en revistaiberica.com he publicado un artículo sobre la Iglesia Románica de Santa Mariña de Augas Santas, en Allariz (Orense). La escritura es otra de mis grandes pasiones pero nunca me había atrevido a compartir públicamente mis relatos. También desde hace unos meses me decidí a hacerlo, a plasmar negro sobre blanco todas esas historias que llevo dentro y mis más personales e íntimos pensamientos en el blog http://grandesesperanzass.blogspot.com.es/».

 

 Ilustraciones en el artículo: Fotografías por Rubén-Carlos Freire Fernández ©

 

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Revista Almiar · n.º 68 · marzo-abril 2013 · MARGEN CERO™ · Aviso legal

 

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