artículo por

Mario Rodríguez Guerras

 

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CONTINUAMOS ANALIZANDO los comentarios del libro sobre Picasso [1]:

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En el último capítulo, el 17.º, titulado: La leyenda del artista, seguimos viendo frases con las que radicalmente discrepamos:

 

«La proclamación de Picasso como figura cumbre del arte moderno y encarnación mítica del artista se extiende, como un velo sobre su obra. Pero ello corresponde a una larga tradición [2]».

 

Como se entiende, se nos quiere hacer creer que el mito de Picasso es el que da valor a la obra; en lugar de considerar que el valor de su obra es lo que le ha convertido en un mito.

 

«Según esta opinión, la creación del artista surge de una inspiración que se expresa como un ímpetu indomeñable, que lo constriñe a realizar la obra de arte en un estado de embriaguez nacido de una mezcla de ferocidad y locura. La leyenda el artista siempre nace como niño prodigio [3]».

 «Como genio, el artista está muy cerca de la demencia y de lo demoníaco [3]».

 

Creemos que, cuando el autor comprenda lo que es un genio, podrá ofrecernos una exposición más correcta y menos simplista.

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Mostramos otras declaraciones que consideramos inadecuadas:

 

«Sin embargo, Picasso trabajaba en el fondo como en pocos temas y motivos, que se repetían constantemente: el pintor y su modelo, corridas de toros, bañistas, figuras de la mitología antigua y retratos. A lo largo de su carrera se hizo de un repertorio al que recurría una y otra vez incesantemente. No obstante, su técnica de la variación es asombrosa y disimuló durante muchos años sus verdaderas peculiaridades creativas [4]».

 

Sin embargo, esta obra omite lo más importante, a saber, la ingente cantidad de estilos que creó. La supuesta reducción de temas es secundaria cuando advertimos la variedad de estilos que utiliza para representarlos, casi podríamos asegurar que cada obra suya la ejecuta con un estilo distinto. Nada más ni nada menos que este afamado autor está despreciando la creación de lenguajes artísticos. Mayor mérito posee realizar varios estilos con el mismo tema, para lo que conviene la unidad temática, que numerosos temas con el mismo estilo. Y ya hemos mencionado la variedad de gestos que representa en cada uno de sus personajes. La «técnica de la variación» es otra de las muchas formas que se emplean para reducir el valor del genio en el que no se reconoce la creación de numerosos estilos y se los denomina variaciones.

En la misma página del libro en la que esto se afirma se pueden observar cinco estilos para representar un rostro.

 

«Para él, la abstracción no tuvo ninguna importancia a pesar de que muchos de sus cuadros (…) muestran que era muy consciente de las posibilidades creativas que la composición abstracta… [5]».

 

Con esta afirmación se pretende indicar que quien no crea en el valor de la pintura abstracta no es un gran artista. Picasso consideraba que la representación debe ser siempre figurativa y que la pintura abstracta no es sino la simple abstracción del color de la obra de arte. Los intereses del autor priman sobre la valoración ecuánime.

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Un poco más adelante que afirma:

 

«Resulta interesante constatar que Picasso no es un caso único en la historia del arte [6]».

 

Nos alegraríamos mucho de que fuera así, pero un comentario como este no se hace en los libros de otros artistas salvo que, como hemos expuesto, se tenga la intención de minusvalorarle. No obstante, quizás, el autor no haya comprendido nada de cuanto creó este genio único en la historia del arte universal.

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Pasaremos por alto otras numerosas cuestiones por ser todas similares para llegar a la última página en la que podemos leer:

 

«En el caso de Picasso y el lugar que ocupa en la historia del arte es mucho más interesante el aspecto de la estrategia que se pone aquí claramente en evidencia. Ella contradice la imagen de un artista que actúa inconscientemente y que sólo rinde cuentas a su imaginación. Por el contrario, la obra de Picasso refleja en general un trabajo absolutamente racional, lógico y consecuente: ¡en el fondo era un artista intelectual!  [7]».

 «Allí reside la diferencia fundamental con el moderno arte conceptual y su precursor Marcel Duchamp. En todos esos trabajos, el pensamiento se encuentra ante y junto a la obra que sólo se remite a la idea. Para comprenderlos, es necesario un modo aclaratorio, una clave verbal. Las obras de Picasso, por el contrario, muestran lo que dicen y son en sí mismas comprensibles [7]».

 

 Wolf Kibel

A

El concepto y la idea son dos formas distintas de conocimiento de una misma realidad. La idea se conoce de forma irracional, el concepto, de forma racional. El concepto tiene, por ello, la ventaja de poder trasmitirse sin variación de contenido entre las personas. Esta transmisión se realiza mediante signos. La palabra es el signo del concepto en el lenguaje verbal. Evidentemente, es necesario conocer el significado de la palabra para poder acceder a su contenido, el concepto que encierra y trasmite. El arte conceptual intenta trasmitir conceptos mediante imágenes y es necesaria una referencia de qué se pretende expresar con determinada imagen.

La idea se conoce mediante la inteligencia. La posibilidad y la profundidad del conocimiento que proporciona la idea depende de la inteligencia de cada cual. La idea resulta ser un conocimiento abstracto y puede no ser el mismo en distintas personas, y, generalmente, es inmediato en el tiempo, pero siempre inmediato en la forma de alcanzarle, sin mediador alguno, pues no existe más vínculo entre la realidad que se conoce y el conocimiento que se alcanza que la capacidad individual de comprender. Creo recordar que Nietzsche utilizaba algún término para referirse a la carencia de inteligencia.

Por lo tanto, el hombre que conoce un concepto no llega, mediante éste, a conocer la idea, salvo que de por sí ya la conociera. El concepto es conocimiento racional, un fin en sí mismo que no posee otro objetivo. Entre los hombres objetivos resulta muy apreciado el concepto porque ofrece certeza, seguridad y posibilidad de transmisión, allá ellos, pero no permitiremos que confundan el concepto con la idea para elevar la calidad de su valoraciones.

De todo esto se concluye que Picasso nos lleva al mundo de las ideas y Duchamp al de los conceptos. Uno es intuitivo y, otro, racional. Pero la idea que expone Picasso solo la encuentra quien posea inteligencia. Quien carece de ella sólo ve formas.

B

Como ya hemos dicho en otras ocasiones, la obra de arte tiene dos aspectos, uno inmaterial y otro formal. Pero, en toda construcción artística, la ejecución se realiza de acuerdo con una técnica. El aspecto inmaterial, cuando el artista es un genio, con lo cual indicamos que no todo artista es genial, le percibe instintivamente pero, necesariamente, tiene que expresarle de una forma estructurada, es decir, la construcción artística consiste en una técnica la cual es preciso dominar lo que se puede lograr de forma racional o de forma irracional, algo que le puede resultar increíble a un sabio, pero el genio humano ha sido capaz de crear lenguajes perfectamente estructurados sin utilizar una fórmula racional y sin precisar el consejo de tituladitos legitimados por una sociedad que pretende imponerse a la voluntad personal. La supuesta racionalidad Picassiana es la única forma por la que un sabio racionalizado cree que puede alcanzarse el conocimiento porque, cuando mira dentro de sí, no encuentra ningún otro camino para llegar a la verdad y no concibe que ningún hombre pueda poseer algo de lo que él, un representante de la sociedad, carece. La razón es, para los sabios y la sociedad, el único medio de conocimiento y la justificación de la razón es la justificación de la necesidad de su cargo. En el artículo El arte como lenguaje ya habíamos explicado esta diferencia entre mensaje e información a la que aludimos.

Por otra parte, Picasso investiga los diversos aspectos de la realidad, por lo que muestra variaciones y el proceso de comprensión de esa realidad, el cual requiere experiencia. Esa experiencia es, sorprendentemente, en el caso de este genio, una experiencia artística, y no vital, que adquiere a través de sus propias creaciones. De ahí, la infinidad de trabajos: son caminos en el proceso de conocimiento.

El supuesto valor superior de los movimientos modernos respecto de la realidad formulada por Picasso es una errónea interpretación nacida de la incapacidad o del interés. Solo modificando el valor real del significado del arte y el contenido de los movimientos puede conseguirse reducir el valor de las creaciones del genio.

C

Ha habido épocas, y volverá a haberlas, en las que la representación se hacía de forma intuitiva sin contar con una técnica. Crear mediante la intuición en el arte sería, aplicado al lenguaje, el balbuceo de unos niños. Y, cierto, que el fin del lenguaje es entendernos y que, entonces, el balbuceo es suficiente pero no podemos negar valor a quienes posean una capacidad superior de expresión artística o verbal.Wanyuki

El criterio de los sabios se impone en la sociedad como ideología oficial. Esto tiene la ventaja de que quien piensa como todo el mundo recibe el aprecio de todo el mundo y la consecuencia es que nadie puede pensar de forma distinta si quiere pertenecer a la sociedad. Todo el mundo es, como se habrá entendido, aquella porción social que tiene fuerza suficiente para desprestigiar las posturas opuestas a las suyas. El razonamiento correcto que se debería haber hecho es, que si los sabios no comprenden otra cosa, es por un exceso de racionalidad.

No obstante, resulta que el camino que recorre Picasso en su evolución artística abarca contenido y forma y, en ésta, a poco observador que se sea, se podrá apreciar una tendencia al abandono de la técnica una vez superadas todas ellas al haberlas dominado como maestro indiscutible.

D

Por todo esto, es decir, demostrada la ignorancia del autor sobre la obra del genio, sorprende que llegue a afirmar que sus obras son comprensibles.

Ser incomprendido es un signo de distinción, se evita ser confundido con seres mediocres, aunque ello lleve aparejado ser despreciado por los mediocres.

Picasso comprendió el contenido de las corrientes artísticas de su tiempo y se apartó de ellas para buscar un arte con un contenido que fuera capaz de profundizar en el sentido de la existencia, superó su tiempo y el monstruo de Picasso fue capaz de generar su propia corriente. Ningún artista se ha apartado nunca de las tendencias de su época y, por eso, Picasso es un caso único en la historia universal de la cultura humana.

8

No hace falta ser un gran psicólogo para percatarse de que es Warncke quien sufre el pequeño problema que achaca al genio. Podemos devolver a este autor las palabras que dirige a Picasso y creemos que debería haber tenido en cuenta las palabras de Nietzsche sobre los peligros de escupir contra el viento:

 

«La proclamación de Warncke como figura cumbre de la crítica del arte moderno y encarnación mítica del pensador se extiende, como un velo, sobre su obra. Pero ello corresponde a una larga tradición en el mundo editorial».

 

Tenemos como antecedente las declaraciones similares de Clement Greenberg que, desconociendo el significado del surrealismo, pudo decir, gracias a su prestigio como crítico artístico, que el surrealismo quedaba fuera del linde de la historia.

Algo similar es lo que defiende Warncke, a saber, que la obra de Picasso queda fuera del mundo del arte y solo tiene justificación como medio de facturación. Tampoco debe ser pequeña la caja que Warncke ha logrado a costa de este mal artista y no se entiende tanta producción sobre alguien que tanto desmerece. Tampoco se entendería el interés y el respeto que el genio ha despertado en los hombres de todo el mundo desde su aparición hasta el día de hoy si no hubiera motivos para ello y si su obra fuera tal y como la define este autor. Está bien claro que la intuición de los ignorantes ha permitido conocer mucho más sobre la obra de Picasso que la racionalidad que poseen, y de la que presumen, los sabios que solo les ha conducido al error.

Ambos sabios racionales, o racionalizados, han pensado que nada que no puedan entender ellos pueda tener valor. Tan encumbrados se hayan que están convencidos de que ellos lo entienden todo y que no existe nada que ellos no puedan entender. ¿No será que la obra de Picasso queda fuera del linde de su inteligencia? No veo nada, dice Warncke, pero el pobre Warncke no sabe que es ciego.

Un conocimiento tan pequeño, por grande que sea el prestigio social y la cuenta corriente del autor (pues existen dos formas racionalizadas de convivencia la del mundo social y la del mundo económico aunque tan unidos que se tienen confundidos), no puede concebir a un genio real que vive en el mundo de las ideas y no, como los sabios, en el de los conceptos. Si decidiéramos devolverle la vista, él mismo se arrancaría los ojos incapaz de aceptar lo que le muestran los sentidos, por eso, los sabios se refugian en la razón.

9

Cuando Picasso dijo «hay que matar el arte moderno» [8] se buscó muchos enemigos entre los defensores del arte moderno, aquellos para quienes el arte moderno se ha convertido en una creencia y combatirán su obra para mantener su fe. Pero, no cabe duda de que la labor de este artista no fue nunca algo intrascendente, como se ha querido ver en las obras de sus últimos años. En ellas ha aportado una visión acorde con su edad y su pasado, pero en modo alguno fueron obras creadas sin un fin artístico o con un afán mercantilista:

 

«Todo lo que he hecho no es más que el primer paso de un largo camino. Se trata únicamente de un proceso preliminar que deberá desarrollarse mucho más adelante [9]».

 

Lo que le falta a Wranckle para reconocer el valor de la obra de Picasso es una cierta honestidad intelectual pues lo que Wranckle plantea a Picasso es lo mismo que le plantearon en Moscú a Kandinsky al analizar su obra: ¿Qué tiene esto que ver con el comunismo?



(Leer 1.ª parte de este artículo)

 

 

Notas:

[1] Carsten-Peter  Warncke, Picasso, Taschen, Colonia, 2007

[2] Ibíd., p. 673

[3] Ibíd., p. 673

[4] Ibíd., p. 674

[5] Ibíd., p. 674

[6] Ibíd., p. 676

[7] Ibíd., p. 680

[8] Ingo F. Walter, Picasso, Taschen, 1999, p. 68

[9] Maximiliano de Serio, Picasso, Unidad Editorial, 2005, p. 170.

 

Imágenes:

(Cabecera) Paul Klee, Insula dulcamara, Paul Klee [Public domain or Public domain], via Wikimedia Commons | (En el cuerpo del artículo, orden descendente) Wolf Kibel Portrait of the Artist, By Wolf Kibel (1903-1938) [Public domain], via Wikimedia Commons | Wanyuki – Alone in Blue, Todd Schaffer [CC-BY-SA-3.0 (http://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0)], via Wikimedia Commons

 

imagen separadora La trasvaloración de Picasso

 

Contactar con el autor: direccionroja [at] gmail.com

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