Reseña del poemario de
Ignacio María Muñoz
por  Diana Segovia Pérez

 

El poemario Crónica de ausencias y de la luz y del olvido, de Ignacio María Muñoz, es un recorrido hábil y acertado por el mundo del amor y la muerte.

El autor profundiza en ese terreno desconocido e incierto que es el fin de la vida y, además, nos ofrece una lección sobre cómo los sentimientos son inmarcesibles, de cómo se pueden comprimir las emociones —sobre todo el dolor— para enfrentarnos con ellas al paso del tiempo.

El tiempo como pregunta innata en el hombre, como reflexión que nos acompaña en cada etapa de nuestro devenir. Ya Confucio reflexionaba sobre este asunto: «Si no conocemos todavía la vida, ¿cómo va a ser posible conocer la muerte?», e Ignacio María Muñoz  actualiza el debate de la vida y la muerte introduciendo en este su primer libro el ingrediente del amor:

 

No habrá otro nombre,

nada tendrá ya sus señas

porque todo estará dicho

y gastado.

Mi boca no buscará decirte

porque el nombre es un aliento

y yo me asfixio.

El silencio vencerá al espacio

y a la fracción de la vida en estaciones.

 

No habrá otoño,

todo quedará suspenso

en la línea del tiempo

que separa el abismo

del camino.

No más lluvias, no más hojas secas,

sólo tiempo sin tiempo.

Color sin luz.

Viento sin aire.

Como la intuición de un intervalo

o la certeza de un momento.

 

No habrá, después, invierno.

Nada tendrá etiqueta,

todo será nada.

Buscaré el norte

en las humedades de los bosques

y encontraré desorientado

que no hay puntos cardinales.

Yo seré mi norte y mi sur

y mi este y mi oeste,

porque no habrá camino

si no hay meta.

Me buscaré,

y hallaré que la nieve

ya no enfría,

que hay borrascas sin viento.

 

No habrá después primavera,

no habrá deshielo,

ni brotes,

ni cantos.

Todo será tiempo sin tiempo.

Buscaré en las mañanas

lo que el crepúsculo mata

cada día:

nada será cielo,

ni el sol ni el aire

serán ciertos.

Los mares serán alfombras

o desiertos.

La espuma que abrazaba

habrá muerto con estrépito.

 

Ya no habrá promesas

de tardes alargadas

como preludios del verano,

porque no habrá de nuevo estío.

El color del prado morirá

y su sombra llegará a cubrir

la huida de las aves.

El tiempo se volverá contra el tiempo

y nada será sino recuerdo.

Ya no seré más yo mismo,

en silencio y sin memoria.

 

Así las horas

y los días,

cuando se acabe el tiempo

el olvido será la sustancia nueva

de las cosas.

 

Y no habrá otro nombre,

porque en adelante

ningún olvido será llamado.

 

—Acaba de llegar a las librerías de toda España su libro Crónica de ausencias y De la luz y del olvido (Editorial Cuadernos del Laberinto), un compendio de versos cargado de menciones amorosas, referencias al paso del tiempo y al dolor. ¿Cómo ha sido el proceso creativo y cómo describiría el propio autor esta obra?

—Se trata de dos libros editados conjuntamente. Cronológicamente, el primero es Crónica, cuya gestación comenzó hace muchos años, más de treinta. De la luz es más reciente; algunos de sus poemas están escritos sólo un año antes de su publicación. En efecto, tanto en uno como en otro hay innumerables referencias  al amor, al paso del tiempo y al dolor, junto a la muerte. Es así, porque considero que son algunos de los temas inevitables de la poesía de todos los tiempos, porque son los ingredientes de la propia vida.

Burlando lo pedido en la pregunta, voy a utilizar palabras de un tercero para describir la obra: «…en el interior de esta obra habitan muchas de las razones con que la palabra poética apuntala la vida”» (Ricardo Castilla Drog. Del blog poesianoticias). Me conmovió leerlo: porque me parece muy hermoso, y porque esa es probablemente la razón de haberla escrito.

—¿De dónde surgió el título?

—Los títulos están tomados de un poema de cada obra respectiva: “Crónica de ausencias/ redactada con detalle/ en cada rincón del cuarto” intenta relatar, como si de una crónica se tratara, los detalles cotidianos que revelan una ausencia en una escena cotidiana y cómo se intuye el dolor que aquella produce.

Por su parte, el poema “Última voz” acaba: Entretanto,/ mientras mido/ la profundidad/ del dolor/ y la intensidad/ del silencio,/ llevaré cuenta/ de la luz/ y del olvido. La luz desvanecida por la marcha —la ausencia, otra vez— trata de imponerse sobre el olvido que fatalmente produce.

—¿Qué poema le costó más escribir y por qué?

—Repasando los dos libros, no creo —sinceramente— que ninguno me haya costado más. Mi manera de escribir deja que los poemas reposen, o decanten, por así decir, durante un tiempo antes de aceptarlos y, por tanto, hace que estén sujetos a cambios o nuevos giros. En ese sentido, sí es cierto que algunos poemas han estado más tiempo sin cristalizar, o han sufrido más reinterpretaciones que otros. Lo que no es incompatible, por cierto, con que otros poemas hayan sido escritos prácticamente «del tirón».

—Llama la atención el aspecto físico del libro. Da gusto encontrar libros de poesía tan cuidados.

—Es cierto que este libro, como objeto, es una pieza muy bonita. Y eso hay que agradecérselo a Alicia Arés, la editora, y a Lisa Cuomo, la fotógrafa autora de la imagen de la cubierta. La editorial cuida mucho la producción: la calidad del papel, la tipografía… Todos los detalles contribuyen a que el libro sea apetecible. La fotografía es bellísima y muy poética, de una gran sutileza. Es sorprendente lo bien que acompaña  los sentimientos de fondo de los poemarios, cómo habla de las mismas cosas: la marcha, la luz…

—Es usted un autor tanto de narrativa como de poesía. ¿Qué destina a un género y a otro y qué le da la poesía que no le brinda la narrativa?

—No hay duda de que el lenguaje narrativo y el poético son diferentes, pero creo que lo que mueve a los escritores a escribir, sea en un género o en otro, es idéntico: es una suerte de búsqueda de uno mismo. Mediante las historias y los personajes;  o con las imágenes y los guiños. Trato de abordar los temas que más me preocupan, o que más me mueven, en contextos distintos, pero con idénticos propósitos: conocer mejor la realidad y conocerse mejor uno mismo. Y como creo que también leemos por idénticas razones, me gustaría pensar que escribir, a la vez, puede ser algo de luz que ayude a quien lo lea.

—Si sólo pudiese usar cinco palabras para definir Crónica de ausencias y De la luz y del olvido, ¿cuáles serían?

—Amor / desamor; vida / muerte; miedo / esperanza, ausencia / presencia; memoria / olvido.

—¿Y qué otras cinco usaría para definir a Ignacio M.ª Muñoz?

—Inquieto, curioso; empático, maniático; enamorado.

 

párrafo entrevista Ignacio M.ª Muñoz

Ignacio M.ª MuñozIgnacio M.ª Muñoz. Bilbao (1959). Vive en Madrid desde hace treinta años. Comenzó su carrera profesional ejerciendo la abogacía y tras muchos años como directivo de entidades financieras españolas y extranjeras, en la actualidad es socio de una consultora especializada en marketing de marca. Ha publicado numerosos artículos sobre asuntos relacionados con su profesión y escribe regularmente sobre arte contemporáneo. Además de los dos poemarios que constituyen el libro reseñado aquí, es autor de las novelas Partido de vuelta y Mañana ya no es fiesta.

 

 Crónica de ausencias y de la luz y del olvido
(Cuadernos del Laberinto, 2017) – ISBN 978-84-947595-9-8 114 páginas
Más información: www.cuadernosdelaberinto.com/Poesia/ CRONICA_DE_AUSENCIAS.html
Ilustraciones artículo: Tapa del poemario y fotografía del autor
remitidas por la Editorial, © de sus autores.

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Reseñas en Margen Cero

 Revista Almiarn.º 96 / enero-febrero de 2018MARGEN CERO™Aviso legal

 

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