relato por
Sara Coca

 

S

in darme cuenta pisé una sombra que no era la mía. Irremediablemente, caí en el agujero negro de otra persona, una mujer que caminaba unos pocos pasos delante de mí. Fue un viaje súbito a lo desconocido. Me asomé a sus abismos sin encontrar el difuso filo que separa la sombra de la luz.

Al principio me ahogué. Tanta oscuridad me cegaba. Pero encontré lo que su propietaria pretendía ocultar a todos y a sí misma: sus demonios me tendieron la mano. Fueron ellos los que me mostraron todo aquello que ella deseaba dejar atrás.

Desconozco cuánto tiempo pasó hasta que giró la calle y su sombra me expulsó. Tampoco importa. Soy capaz de recrear una y otra vez aquella sensación abismal siempre que lo deseo. Penetrar en la oscuridad del otro es algo que no se olvida jamás. Se trata de experimentar universos emocionales distintos como quien prueba nuevos condimentos para sazonar la existencia.

Desde ese día no hago más que buscar sombras a las que asomarme. Resulta excitante indagar en la oscuridad de las personas. Las sombras siguen ahí, aunque pretendamos ignorarlas. En ellas está todo lo que no queremos ser. Todo lo que escondemos.

Poco a poco, voy obteniendo mis conjeturas. Mis claves para entender los andamios de los seres humanos. De hecho, he observado que los niños disponen de sombras breves y fluctuantes. Saben a algodón, a dulce de leche. Apenas presentan grietas por donde asome el rencor. Algo similar ocurre con los ancianos: cuanto más arqueados, sus sombras se vuelven más dúctiles. Se asemejan a las infantiles, donde apenas perviven resquicios de miedos ancestrales, pese al terreno reseco que las caracteriza.

Con todo, siempre regreso a la primigenia. Anhelo encontrar a aquella mujer que una vez caminó a unos escasos metros de mí sobre sus tacones. La primera, la mejor de todas. Fue ella quien me descubrió la esencia del mundo que deseo recorrer. Y en cada sombra añoro la de aquella mujer colmada de texturas sinuosas.

¿Pero cómo dar con ella? Desconozco los rasgos de su rostro ni cualquier dato que pudiera arrojar alguna luz sobre su identidad. Sólo conocí su tenebrismo, aunque lo daría todo por volver a verla. Por volver a alcanzar ese espacio único y personal que nadie le conoce. Asombrarme de nuevo gracias a su extenuada sombra repleta de montañas y valles emocionales. Aprehenderla y que mi propia sombra se funda con la suya. No busco comprensión, no se apuren. Sólo deseo lo que nadie ha sabido descubrir en el cuerpo de los otros. ¿Me siguen?

 

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Sara Coca. Autora de Sevilla. Es licenciada en Ciencias de la Información y lleva escribiendo relatos breves y microrrelatos desde hace ya más de diez años. En la actualidad dispone de tres libros de relatos cortos.

Contactar con la autora: saracoca [at] gmail.com

 

 Ilustración relato: Polaroid sx 70, By Augusto De Luca [CC BY-SA 2.0 (http://creativecommons.org/licenses/by-sa/2.0)], via Wikimedia Commons.

 

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Revista Almiarn.º 84 / enero-febrero de 2016MARGEN CERO™Aviso legal

 

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