poema por
Caleb D. Saldaña Medina

 

Cierta vez, en el marco de una media noche,

mientras solo y asustado, huyendo de mi cruel sino,

sintiendo el aire en mis nunca antes desplegadas alas,

me encontré frente a una puerta

que de cruzar, pensé, no me sentiría perseguido.

Como si la salvación hubiera alcanzado

de pie frente al madero, suavemente toqué,

toqué suavemente a la puerta de aquel cuarto.

«Debo —me dije quedo— tranquilizar mi mente,

no sea que, alterado, asuste a mi bienhechor».

 

¡Ah! Aún recuerdo todo

en un fresco diciembre;

podía ver las nubes

y las sombras en el suelo;

deseo de libertad en un nuevo día;

huía de aquel ruin Extranjero

que en mí ocasionó dolor.

Dolor por infringir mi libertad,

encerrado en una jaula,

privado de cualquier deseo, para siempre.

 

El recuerdo, alterábame más el ánimo, cuando

aquel Extranjero, a la súplica de vuelo y libertad

respondía con un nevermore; sólo esto,

siempre esto y nada más. Y ahora, aquí,

frente a esta puerta, de pie,

tranquilizando el latido de mi corazón,

repito nuevamente:

«Debo serenarme,

algo estrepitoso, a deshoras,

ahuyentará a mi bienhechor».

 

Escuché en la habitación, alguien se acercaba,

presentando las disculpas por tan larga espera

y sin titubeos abrió la puerta;

largo tiempo duró escrutando la lejanía

pero desde abajo yo a él me dirigía:

«Me pregunto señor —susurré—,

si a su cuarto entrar me dejaría».

Pero mi pico sólo balbuceó,

una palabra que conocía: Nevermore,

Y aquel hombre como respuesta preguntó: «¿Leonor?».

 

Vuelto a su cuarto, la puerta cerrada,

dentro de mí la aprensión del fugitivo;

no tardé en tocar con mayor fuerza.

«Ciertamente —me dije—,  ciertamente

algo atormenta a este hombre,

tendré, pues, que recurrir a la impertinencia

y colarme por su puerta,

ya adentro y a salvo,

perdonará mi afrenta,

como quien perdona al desdichado».

 

De golpe abrió el cerrojo,

y con un dócil batir de alas, entré

sin ir más lejos, en el dintel de su puerta,

sobre un busto de Atenea me posé.

Entonces, aquel hombre afligido,

cambió sus tristes facciones en una sonrisa.

Con sumo regocijo y elocuencia habló;

qué grande mi alegría fue, ya que mi nombre preguntó;

pero, escurridiza mi suerte, cuando mi pico se abrió,

fuerte y claro se escuchó: «Nevermore».

 

Cuál fue su cara de sorpresa,

nada más dije entonces;

no moví ni una pluma.

Y entonces aquel hombre murmurando,

hablando para sí, palabras incoherentes,

me hizo pensar, necesitaba una explicación:

«Mañana me iré, volaré en libertad.

Sólo una noche, solicito su caridad».

Pero escuché, como reminiscencia de mi perseguidor,

un graznido que decía: «Nevermore».

 

Curioso el hombre en su mirar,

un pequeño asiento frente a la puerta ubicó

sentado, mirando desde abajo,

largo tiempo me analizó,

en esto ocupó parte de la noche mi bienhechor,

pero su semblante repentinamente cambió,

gritando y acusándome, con ojos desorbitados,

me gritó «¡Leonor!», pues ésta, representaba su dolor.

Y yo en mi defensa intenté crascitar,

pero sólo articulaba «Nevermore».

 

Aquel, en un ataque de rabia o de locura,

de pie frente a la puerta,

gritaba, injurias indescifrables,

acercándose amenazante al busto de Atenea.

«¡Maniaco! —exclamé—, ¡carente de cordura!

¡Maniaco, sí, seas hombre o el despojo de éste,

bienhechor o malhechor, hoy mismo volaré de aquí!».

Tal exclamación el viento la mutó,

como nefasta profecía, para mí dirigida,

mi garganta profería: «Nevermore».

 

Con la razón quebrada, como fiera ofendida,

sin mi aprobación aquel hombre,

ofrecióme a Palas de por vida,

asido al pálido busto,

en el dintel de la puerta de su cuarto.

Entendiendo, que nadie escapa a su destino.

De mi cruel fisiología,

de mi único y curioso crascitar,

de la locura del hombre

no podré ser libre. ¡Nevermore!

 

 Basado en el poema El cuervo, de Edgar Allan Poe, según traducción de Julio Cortázar

 

imagen poema El hombre

 


Caleb David Saldaña MedinaCaleb David Saldaña Medina
 es un psicólogo nacido en Villeta, un pequeño pueblo de Colombia, en el año de 1991; ha escrito varios textos donde prevalece el relato psicológico, muestra de esto es su relato Agua publicado como ganador en la revista literaria Scriptoris del taller Lobo Estepario, revista universitaria de la Facultad de Educación. Dentro de sus influencias se encuentran nombres como Edgar Allan Poe, Lovecraft, Herman Hesse, Osamu Dazai o Stendhal. Además de la ficción ha trabajado en los campos de la investigación del área de la psicología con ponencias, artículos, semilleros y enseñanza en entidades como la Policía Nacional y la Universidad Minuto de Dios.

Contactar con el autor: calebsal777[at]gmail.com

 

 Ilustración poema: James Carling – Illustration for The Raven,
By Urbancanvas [Public domain], via Wikimedia Commons.

 

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