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poemas por
Francisco Álvarez

Dolor por Palestina

Ahora viene abril y luego mayo.
Las horas se desdoblan
y el tiempo es más largo.
Se bifurcan los colores
y en el campo,
se abre el amor entre los árboles.
Camino por caminos que pisé antes.
La sinfonía de pájaros alegres,
que ahora cantan, cubren un misterio de música sacra.
Un largo rumor despierta al viento
y cierta tristeza canta.
Algunas tardes, ese viento, golpea mi cara.
Como si quisiera golpearme.
Un hondo dolor hiere mi carne
y el horror empieza a censurarme.
De lejos llegan noticias,
que hablan de muerte y hambre.
Pobre Palestina...
Un dolor me sube al corazón y al cerebro,
hoy bañado en vinagre.
Una lágrima rueda en mis mejillas
Y sufro esta tarde...

El dolor de esta mañana
Visita del poeta a la tumba de Miguel Hernández, en Alicante, y encuentro con la Falange en un homenaje a la tumba de José Antonio, ya vacía. Diciembre de 2024.

Yo sangro esta mañana,
mientras cien camisas azules
mancillan tu presencia y tu palabra.
Llevan en su estandarte el virus de sus hazañas.
Muerte a la inteligencia, a la poesía y al sueño del alba.
En el cementerio de los Remedios tú estabas
el hombre y poeta,
con tus palabras como el agua clara.
Cuando llegué a tu tumba,
mi alma se arrodillaba,
y puse en ella un beso,
que por el mármol rodaba.
Por la puerta entraban cantando,
camisas azules con yugos bordados.

Su presencia hiere la mañana y el recuerdo de tu lápida.
Herederos de los que ayer vivieron matando,
y hoy defienden bulos como losas.
Lo hacen cantando.
Miguel Hernández en su tumba,
con versos de mortaja.
Josefina Manresa y su hijo,
en la misma morada.
Desde lo alto, la tumba de José Antonio.
Tenía la pistola cargada,
sobre un cementerio de rojos,
que estaban en la vaguada.
Sus ángeles falangistas,
sus cuatro esquinas guardaban,
escapularios y dioses
con las manos levantadas.
Desde su tumba rojinegra,
a la fosa vigilaba.
En la fosa todos los huesos,
buscaban la voz canalla,
mientras una canción de duelo,
canta cada madrugada.
Los camisas azules estarán en el infierno,
por tanta vida truncada.
Les acompañará la iglesia,
cuervos de fina calaña.

Sobre tu tumba, poeta,
claveles rojos descansan.
Lloran las nanas de la cebolla,
en versos que amamantan.
Palabras de amor de un poeta,
que ganará la batalla.
Las muertes que mata el fascismo,
tiene una salud que canta.
Tiene una canción de vida
y semillas de esperanza.
José Antonio desde su tumba,
rojinegra casi italiana,
vigila una fosa común,
donde los huesos reclaman,
justicia contra los asesinos,
fascistas de mala patria.
Miguel Hernández, tus claveles,
están en la puerta franca,
combatiendo a los fascistas
que a la muerte le cantan.

El golpe

A los asesinos.
Un martillo. Uno, dos,

golpea al corazón humano.
No existe en el odio Dios.
Solo la ambición de Caín y su hermano.

Pregúntenle a Unamuno,
que creyó que era una cosa
y más temprano que tarde,
casi cava su fosa.

El Valle de los Caídos,
paraíso de los horrores.
Fusilados, bienvenidos.
Viva la Virgen de los Dolores.

Los topos de toda España,
escondidos bajo tierra. 
Buscando la libertad,
cuando se vaya la Guadaña.

Fosa Común es toda España.
Gritos en todas las cunetas.
Cada día la injusticia acompaña,
a ese dolor del Cristo de las saetas.

¿De qué lado está la muerte y el olvido?
¿De qué historia nace la sinrazón?
Una nube de dolor está en lo vivido.
Tanto odio paraliza el corazón.


El grito de Carcavilla

In memoriam
Catalina Muñoz Arranz
Asesinada por los fascistas en septiembre del 36.

Sonajeros que cantan a la muerte,
en el parque de Carcavilla.
Catalina no tuvo suerte,
en las manos de una negra cuadrilla.

Iba sola por la calle,
el niño quería su cuna.
El viento bailaba en su talle,
su trinchera moruna.

El cielo estaba gris oscuro,
cantaba la campana.
El cacique cabalgaba en su puro
y la muerte buscaba la ventana.

Sangre buscaban los asesinos,
España era un golpe de Estado.
Ellos brindaban con todos los vinos.
El país se quedó helado.

Catalina huye por la calle,
con su juventud madura.
En el trasiego de su talle
y su vida tan dura.

Nueve meses tiene su hijo,
que amamanta su corazón,
un falangista con sarna dijo
¡Mátenla! ¡Al paredón!

Un sabor agrio dejó la muerte,
y en silencio se fue la Pitilina.
Suenan voces de angustia inerte,
sobre una orden asesina.

Cada día un sonajero clama
en un parque donde los niños cantan
bajo un árbol de una sola rama.
Y un sueño que los niños levantan.


separador poemas Miguel Zaldívar

FRANCISCO ÁLVAREZ «KOKI». A Guarda, Pontevedra (1957). Escritor gallego y animador cultural. Autor bilingüe. Residente en Nueva York, donde fundó el Colectivo Celso Emilio Ferreiro, para difundir la cultura gallega.

Nace para la poesía, con su primer libro, Lorenzás (1980). Después vendrían otros muchos libros tanto de poesía como de narrativa e infantiles ilustrados. En una incursión al teatro con la obra Quemar las naves consigue el primer premio de teatro latino. En la poesía de este autor hay dos líneas definidas. La social y la erótica. En estas dos líneas literarias, Francisco Álvarez nos da su testimonio más íntimo de la vida y de sus sueños.

Ha publicado, entre otros, en gallego: Mais alá de Fisterra (2022), Aldea Buxán (2021) y A memoria das palabras (2018), y en castellano: Sombra de luna (2024), Ratas en Manhattan (2024) y Hijos de la luz y de la ira (2023). Igualmente ha coordinado numerosos libros. En 2026, publica su libro de poesía social Acrobacia del abandono, en el que se incluyen los cuatro poemas aquí publicados.

Detalle de la portada del poemario Acrobacia del abandono

Acrobacia del abandono, La Fea Burguesía Ediciones (2026) ISBN 979-13-991612-1-2. Adquirir este poemario: https://edicioneslafeaburguesia.es/libro/acrobacia-del-abandono_178944/

Contactar con el autor: lolakoki1[at]gmail.com

🖼️ Ilustración poemas: Fotografía por Pedro M. Martínez, perteneciente a la exposición Belchite (©).

N. del E: Se ha procurado que la edición de los poemas aquí publicados guarde la anchura y longitud de las líneas tal y como las escribió su autor. Para leerlos en los dispositivos móviles aconsejamos que el aparato se sitúe en posición horizontal.

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