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por
Darío Rodríguez Escribano

Llega el domingo y cada domingo igual,
repaso lo que no hice ayer y otra vez lo dejaré para mañana.
Ahora estoy atrapado entre sábanas y recuerdos de caras bellas.
Tengo objetivos, os lo aseguro,
pero hasta ellos muchas veces no me llaman,
muchas veces no me llenan.
El camino se recorre rápido
y en él nadie te espera.
Empezaré a correr todo lo rápido que pueda,
intentaré romper cada frontera
y al cerrar la década
poder observar orgulloso el jardín mientras llueva.

La desesperación floreció en octubre

Mi cuerpo se mantiene en condición de descanso,
gota a gota el líquido llegó al borde del vaso.
Esperé estos días para iniciar la búsqueda del ocaso,
pero transcurren las horas y los días,
y es un hecho que en algunos aspectos he fracasado.

Intento no sucumbir en esos remolinos
de este río de melancolía.
Cada noche caigo cansado y frustrado
con el único alivio de otra oportunidad,
de otro nuevo día.

Donde veía paz ahora veo veneno
y donde quería ver realidad
simplemente se trataba de otra utopía.
Se aproxima otro invierno desgarrador
al que acompañan capuchas y luces de autovía.

Los engranajes de mi cuerpo me avisan,
mi salud se muestra algo débil estos días
y hace ya un par de meses hibernó mi sonrisa.
Estos días no paro de pensar en la misma chica,
dueña de mi corazón y encargada de su brujería.

El papel se tiñe de un oscuro color escarlata,
estos pensamientos negativos poco a poco devoran mi alma.
Muchas ideas que quizás demasiado valoré
ahora no valen para nada.
Escondidos en mi alcázar se encuentran esos indeseables fantasmas.

Demasiados quehaceres

Demasiados quehaceres,
demasiados deberías,
otra noche escarcha
con escasez de alegría.

La fuente de mi alma 
se marchita día a día.
Este pensamiento me abrasa,
arrebata mi vida.

Yo soy el más débil,
simple y vulgar,
experto en soñar y vaguear.
Incapaz de poder ayudar
a la única persona que me importa de verdad.

Maldita vida por simple que suene,
malditos los falsos y los malos genes.
Malditos aquellos que derraman lágrimas nobles,
gentiles.

La ciudad de la niebla

Mañana de un miércoles
donde el sol sigue dormido.
Borrosa mi retina 
e hinchados mis pómulos,
enfrento la rutina
deseando la llegada de versos que me embriaguen
inspirados por esta ciudad de niebla.

Tempestad de modelos y tendencias,
animales con máscaras y trajes.
Consumido por este sistema de silencio
aflora en mí lástima por aquellos rotos niños,
lástima por todo lo que desconoce el resto.

Pinceladas de desgracias
sobre el lienzo de mi reflejo.
Pájaros que dejaron de cantar
y perros que no dejan de ladrar
no frenarán estos objetivos impuestos.

7 de agosto

Y de nuevo me sentí obligado.
Obligado a sostener este bolígrafo punzante,
obligado a explorar de nuevo este pecho desgarrado.
La explosión destrozó los muros de contención
y en agosto mi corazón poco más aguantó.

Cinco versos son suficientes para sentirme agotado,
observo las diferentes fuentes de mi bienestar y algo ha cambiado.
Ninguna liana es suficientemente rígida
y yo nunca me siento suficientemente preparado.

Agradezco que las almas que iluminan mi día sigan a mi lado,
pero hoy vuelvo a sentirme lejos y desamparado.
Aunque me encuentre rodeado,
este camino siempre se recorre en solitario.

Maldita inspiración creativa y maligna.
malditos sueños, añoranzas y autoengaños.
Maldito el día que conocí esta pureza llamada poesía,
malditas las noches llenas de silenciosos llantos.

A veces no quiero escribir,
no quiero sentir,
menos quiero ser ayudado.
A veces no quiero vivir en esta supuesta realidad que parezco haber encarnado.
Solo quiero soltar esta angustia y sentirme aliviado.
Quisiera conocer toda esencia que tiene una persona,
pero a veces simplemente me conformaría con sentirme humano.

Llegados a la sexta estrofa este sueño queda casi finalizado.
Un pequeño brebaje de olvido y otro recuerdo al baúl del pasado.
Silencié estos rugidos, pero nadie sabe hasta cuándo.
Bien saben mis conocidos que volveré derrumbado acudiendo a otra hoja en blanco.


Querida coincidencia

¿Fue casualidad que te reconociera entre tanta gente?
Que nos mirásemos en el mismo instante.
Ambos nos fuimos solos a casa,
ambos nos fuimos imaginándonos camino a casa.
Echamos la culpa al destino cuando no nos salió saludarnos,
ahora contamos los días para vernos,
esperamos otro instante mágico.
Quizás aquella fue la noche indicada,
quizás no te vuelvo a ver.
Fuimos como el amor en sí,
apareciendo
y volviendo a desaparecer.

El invierno llora

Otra será la canción que cante al cielo,
otro será el color de mis ojos.
Ya llega el invierno
y con él los lobos.
Muchas son las peñas
que en distintas caras recojo.
Se asoma el frío 
y miles de sentimientos acojo.
Aún me siento vacío 
y la ilusión se pierde con poco.
Observo las gotas de agua en el portal
cuestionándome si estoy loco.
No es un invierno normal, 
es un invierno rojo,
donde mi amor y tu odio
se besan bajo la luz del mismo foco.


 

Darío Rodríguez Escribano. 25 años de edad y muchas vivencias que contar, muchas otras que vivir. Nacido en Madrid, España, un 24 de julio de 1999 y criado hasta los 8 años entre Coslada y San Fernando de Henares, se mudó a una pequeña localidad de Guadalajara donde cada año iría descubriendo y puliendo su pasión por la literatura y por la expresión de sentimientos a través de multitud de versos. En mayo de 2023 publicó su primer poemario La realidad de mi mente, el cual reúne preocupaciones, inquietudes, sueños, añoranzas, experiencias y muchos sentimientos recogidos entre sus 16 y 22 años. Desde su publicación, ha podido colaborar con diferentes revistas digitales ubicadas en España, Chile y Perú. Leal a su corazón y a su gente, espera que su poesía realista pueda llegar a cualquier rincón por si sirviera de ayuda e inspiración a otros.
🤳 https://www.instagram.com/dari.tq/

Cada domingo igual (portada de La realidad de mi mente)

📓La realidad de mi mente se puede adquirir en: editorialcirculorojo.com/la-realidad-de-mi-mente/

🖼️ Ilustración poemas: Fotografía por Pedro M. Martínez ©

 * N. del E: En los poemas aquí publicados se ha procurado que las líneas guarden la extensión tal y como los escribió su autor. Para la lectura de esta página en un dispositivo móvil aconsejamos que el aparato se sitúe en posición horizontal.

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