La muerte de Caín
(Selección de poemas del libro de mismo título)

La muerte de Caín

ADÁN HERMAFRODITA

 

Este paraíso, no fue un paraíso.
Mejor diría yo, un cielo turbio y un árbol engañoso.
Y negación del tacto que la ternura inventó
para lucir la piel.
Este paraíso, quizás fue una flor enterrada
bajo un aguacero de días.
Pero jamás un paraíso.
Quien nos mostró la caída,
no fue quien nos mostró cómo abrazarnos.

 

Herreros y alquimistas

el mar existe. Y el cielo puro que cruje entre el cemento. Así la lluvia existe, y la débil danza de su aguja que va deshilachando cada sombra, que por eso dura. Y dios existe; pero igual que un gran artista de maravillosas dotes, nada tiene que ver él con su obra. Pero yo, que sólo me contemplo en el cuerpo que se apaga. Entre la multitud que asienta y que acongoja; que beso las criaturas que después no son, también existo. Yo, que he visto a las garzas nevando sobre los manglares, bebiendo la carroña del estero, iluminando las aguas detrás de nuestras casas, donde nuestro grupo humano estudia, palmo a palmo, esa moral y ese excremento que nos hace. Yo, que aún sueño poseer los mil discursos que habrán de derrotarme. Y me digo, por un día siquiera, sería bueno ver las cosas en su origen. Sería bueno que los caminos opuestos fracasaran una vez en calma. Por un día siquiera, sería bueno que el anverso y el reverso no estorbaran. Ver las cosas como hubieran sido. Porque sé que he terminado como todos, siendo el hombre que jamás deseé.

 

___________
ECCE HOMO

No sé quién de los dos está más solo
Desde que soy tu criatura.

 

(13)

 

Sé de un sitio donde podemos comenzar sobre caminos viejos.

 

Donde el viento aún se desprende hacia otros vientos.

Y restos de cenizas nos son dados

como un rastro que sólo puede conducir a la humildad.

 

Donde la risa ha inventado los harapos.

Y ágil el dolor gana memoria.

 

Donde hacemos nuestro abrazo como luz: tibiando la humedad,

formando sombras.

Y donde nadie se desnuda sin esperanzas.

 

Sé de un sitio en el que alrededor de la fe,

la desesperación abre sus tiendas.

Donde aún todo reposa con temor a perderse.

 

Y donde nadie olvida

que el tiempo es una caravana de gitanos

que mueven sus panderetas

aunque el sol, allí arriba, arda como una brújula en la mano.

 

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ARMISTICIO DE CASSANDRA


bajo los almendros erguidos por el torcido abrazo de las lluvias, en este día de marzo en que mi palabra calla lo que dice, dios es una mujer batiendo su borracho muslo sobre los ojos de los hombres más pacientes. Un árbol de piedra que amanece rojo entre la nieve, como un miserable. ¿Pero quién encenderá una vela por nosotros, los vagabundos, monsieur Proust? ¿Una sonrisa de cascabeles alrededor de ese río que hospeda toda ruina?

dos soles consuelan el endurecimiento de ese único polvo del camino.

rupturas que piensan que la muerte es más que eso.

 

Poema Billy the Kid


BILLY THE KID SE HA
EMPECINADO EN ENVEJECER


………………….
WANTED
………………….

 

Silver city: el cielo de Nuevo Méjico es una ballena sangrando sobre una playa de cactus mientras avanzo fardo tras colina árbol sobre frontera entre prados enteros con árboles y prados dentro • en chozas donde no vuelve ni la derrota ni el café hirviendo ni el hijo arrebatado llorando por su madre enferma • en ríos y pedregales y huertos blancos de peras brincando sobre la cresta de una iglesia donde vi una vez un gallo de madera una escalera deforme y a la muerte fumar largo en su caballo

Lunas ha
mi ropa se guindaba suavemente como una joya arrancada a esa nuca peligrosa de los cielos • Yo era un sueño muy joven como para verme acabar de rodillas estrangulado bajo un marco de madera… custodiado de aves peligrosas de bandidos empecinados en reír a tripa suelta de astros construidos por colillas • de botellas que aplaudían vacías alzadas en estantes

Y a veces —por la tarde— tocar la pena en vitrinas llenas de humo ver los vagones de las casas que jamás partieron • buscar la infancia en mujeres de mandíbulas flexibles que aligeraban el ácido de mis copulaciones • cuidaban bien los burdeles adormeciendo caballos desmelenados y exhaustos sobre canchas de polvo • mesas ocres de teca donde jinetes vidriosos raspaban el whisky amargo atentos por la usura • estos son mis hermanos —me decía— animales agachados en montes de piedra • halcones encendidos en la hoguera de sus pillerías • homicidas hermosos que —acaso sin la ayuda de sus cuerpos— mantenían latiendo al niño en el adulto

Entonces acabarse era importante • saber que Uno era Uno y no los otros saboreándose la pulpa en los excesos • errando desde cero como un animal destrozado que no logra justificar cómo ha vivido pero que ha vivido. (Billy reapareciendo en el ojo enemigo • William H. Bonney limpiando su puñal sobre la
curvatura crespa de su lengua)

Y desde Lincoln City / desde Tascosa, Texas/ desde Clifton, Arizona donde acampé montado al siseo de la serpiente hasta que oí una noche el siseo de la serpiente: afuera está el trabajo la casa por hacerse las deudas pendientes • y el Futuro triturándolo todo —que se paseaba también con un cuchillo en la mano— subió rápidamente desde las ramas en sombra que dejaban los coyotes sobre las colinas.

Subió como visiones donde lograba por fin dormir comer hablar apropiadamente sin sentir como la carne se hinchaba en la raíz de su furia • masticar el tabaco • afeitarme rumiando el tiempo de los hombres sobre canteras fulminadas y campos de trigo

Esperando el cuerpo que acabe con este cuerpo o el nombre que suplante mis nombres pendientes • que oculte al niño indigente —nacido en Nueva York— que aún me toma de las manos huyendo de las cloacas donde estrellas sepultaron sus huevecillos • donde las cucarachas lamieron el planeta cansadas de migajas y peldaños

Pero tornarse la criatura era difícil: cargar las manos crispadas —de aquí para allá— abrazando las sombras del mundo las sogas del mundo • celebrando en alto la muerte en el cráneo del pescado y la púa del agua • colgado de este lenguaje que espolea en cualquier camino disfrazado de hombre • mientras mis muertos siguen centrados en sus rodeos esperando únicamente mi agotamiento • o que diga otra tarde —Adiós a todo esto— apoyado sobre un hombro que no siente • o vuelva otra vez el polvo a mi sombrero: las aguas arremetiendo contra los potros y los potros arremetiendo contra el horizonte • la manzana disputándole al sol su brillo las enaguas de las hembras y el idioma de mi revólver que sólo ha hablado en presente…

Y aún así me preguntan si aboliré la tristeza
Si buscaré entre dibujos la caída del árbol
La emigración de las nubes
perezosas en su terso
contrabando
El apetito del sueño
que hormigueaba en la noche
claveteado a la espina
Yo he de decir aquí aparece el cielo
Yo he de decir aquí araré el principio
Yo he de fundar mi casa
y no volver a partir
sobre terreno extraño.

 

 

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Ernesto Carrión, Ecuador, (Guayaquil, 1977). Ha colaborado con la prensa escrita, realizado trabajos de crítica literaria, ejercido la docencia y participado en encuentros literarios fuera y dentro de su país.  Textos suyos han aparecido en revistas y antologías latinoamericanas. Ha trabajado en poesía el libro La muerte de Caín, cuarteto formado por los poemarios: El Libro de la Desobediencia (2002); Carni vale, Premio Nacional de Literatura «César Dávila Andrade» (2002); Labor del Extraviado (2005) y La Bestia Vencida. También participó en el libro colectivo Porque nuestro es el exilio, Eskeletra editores, Quito (2006).

Contactar con el autor: carrionernesto [at] hotmail.com

letra informativa Ilustraciones poemas: (Inicio) Peter Paul Rubens – Cain slaying Abel, Peter Paul Rubens [Public domain], via Wikimedia Commons | (En el texto) DickBrewer BillytheKid Regulators, By john hacker, andy thomas [CC0], via Wikimedia Commons.

 

 

Sumario del n.º 2 de Mar de Poesías

 Poemas publicados en el n.º 33 (abril/mayo 2007) de la
Revista Almiar (Margen Cero™)

Mar de poesías Ernesto Carrión

Biblioteca de poemas en Margen Cero

 

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