La Metanarratividad
en Santo oficio de la memoria,
de Mempo Giardinelli


por
Carolina Andrea Navarrete González


El presente trabajo tiene por objeto analizar Santo Oficio de la memoria, de Mempo Giardinelli, a la luz de la metanarratividad evidenciada en los discursos emitidos por Franca y en los capítulos dedicados a ella, ocupándome principalmente de identificar los enunciados que remitan a dicho fenómeno estableciendo una conexión entre éstos y alguna dimensión de la novela. Así se intentará vislumbrar una propuesta que acerque al sentido de la obra. Antes de comenzar con el análisis propiamente tal se tendrá en cuenta la perspectiva de diversos autores frente a lo metanarrativo, rescatando luego los postulados que sean pertinentes al presente estudio. Como punto de partida nos acercaremos al concepto de metanarración definido como «el discurso narrativo que trata de sí mismo constituyéndose en una narración reflexiva» [1]. En esta misma línea pero más específico todavía, la autora Carmén Bustillo [2] señala que lo metanarrativo «representa —en un proceso que se explicita a sí mismo— la representación de los discursos sobre la realidad, dentro de una autonomía del lenguaje como estructurador de nuestras percepciones» [3]. Ahora bien para develar el desarrollo que ha tenido el estudio sobre lo metanarrativo, tenemos que considerar el aporte que el estadounidense William Gass hizo en el año 1970, quien en su artículo Philosophy and the Form of Fiction introduce el término Metafictional reconociéndolo como una manera de reafirmar el género novelístico, con lo cual critica y rechaza el término antinovels introducido por John Barth en 1967. Así, Gass afirma «Many of the so-called antinovels are really metafictions» con lo cual se basa para caracterizar los textos metanarrativos como autorreflexivos y autocríticos. Además el autor señala que la reflexión autocrítica puede enfocarse en diversos aspectos del texto narrativo, es decir, en lo que se está escribiendo, en las relaciones intertextuales, en el propio género novelístico, etc. Cabe destacar, también, la obra de Michael Boyd: The reflexive Novel: Fiction as a Critique publicada en el año 1975, donde el autor analiza la «novela reflexiva» con relación a los textos narrativos tradicionales criticando a éstos últimos por la aceptación pasiva de lo real como dado y por la concentración en representar la realidad externa, en contraposición a las novelas reflexivas, las cuales llevan implícita cierta preocupación o duda respecto al concepto de la realidad, además, al enfocar el proceso de creación literaria, cuestionan la relación entre vida y arte, entre realidad y mundo ficcional, lo cual es coincidente con los postulados de Raymond Federman quien en 1981 publica Surfiction: Fiction Now and Tomorrow considerando a lo metanarrativo como el único modo de evitar la agonía de la novela. Otro aporte interesante al respecto constituye el estudio formulado por Linda Hutcheon, quien en 1980 publica Narcissistic Narrative. The Metafictional Paradox, en esta obra se expone el carácter narcisista de la escritura «metafictional» distinguiendo dos modos de presentación de la metanarración: «The text would actually show its building blocks- the very language whose referents serve to construct that imaginative world […]» [4]. Así, pues, distingue entre el modo diegético y el lingüístico, uno concentrado en el proceso de la creación de un mundo narrativo y el otro enfocado en el poder y los límites del lenguaje. Al respecto podemos encontrar una continuación de sus postulados en la voz de Bryce Echeñique, quien al estudiar las diferentes formas que adquiere la proyección y configuración de las múltiples máscaras del autor (en tanto generador de discursos metanarrativos) sostiene que «el autor es continuamente desplazado en el juego de figuras —escritor,  narrador,  personaje—  que envuelven y refractan su propia imagen cual Narciso una y otra vez reflejado en una intrincada red de espejos, lo cual revelaría el narcisismo de la escritura» [5]. Cabe destacar el importante aporte de la autora Patricia Waugh en la teoría de la «metadiscursividad», quien tomando el concepto de dialogismo proveniente de Mijail Bajtin, señala que la novela tiende a asimilar una gran variedad de discursos, los cuales por su parte, provocan la relativización mutua de su autoridad. De este modo en la afirmación de Waugh: «Metafictions displays and rejoices in the imposibility of such a resolution and thus clearly reveals the basic identify of the novel as genre» [6], podemos desprender que las novelas que poseen un carácter metanarrativo crearían una narración y, simultáneamente, expondrían un discurso sobre la creación de esta narración. Es importante hacer notar que este postulado atraviesa las diversas definiciones de la metanarración en lo referente a su autorreflexividad.

Ahora bien, teniendo en cuanta estas posturas y aproximándonos a la novela Santo Oficio de la memoria sería interesante descubrir de qué manera lo que dice un personaje propone un sentido que permite iluminar una dimensión de la novela, para lo cual nos adentraremos en los discursos metanarrativos del personaje llamado Franca, quien como gran lectora se encarga de mostrarnos un universo novelesco muy rico en mediaciones entre los personajes de este universo y las connotaciones con la realidad objetiva creando y recreando así un campo de significaciones. Así los enunciados metanarrattivos que encontramos en la novela y que pertenecen fundamentalmente a Franca, serán organizados y clasificados obedeciendo a ciertas características que se constituyen en claves y alusiones a la literatura, las cuales guardan relación con los siguientes aspectos:

1) La relación entre narrador y lector.

2) La estructura de la novela.

3) La locura en el proceso de creación artística.

De esta manera sus postulados respecto a estos temas propondrán un sentido y una apertura de una dimensión en la novela, la cual se irá conociendo y desarrollando a lo largo del presente estudio.

El primer aspecto a tratar tiene que ver con la relación que se debe establecer entre el narrador y el lector de una novela, lo cual se puede apreciar a través del discurso de Hipólito Solares, presente en el capítulo dedicado a Franca, donde encontramos el siguiente enunciado metanarrativo:

«[…] yo quería un lector que en todo momento supiese que está leyendo una novela y no presenciando una vida; no quiero, decía, un tipo que está procurando “saber” qué hay detrás; no quiero un investigador de mi historia personal, carajo, quiero lectores que crean la novela que les cuento y punto, y por eso no escribo» [7].

Como podemos apreciar se plantea una búsqueda de un receptor ideal que cumpla con las exigencias que impone un emisor ávido de cierta complicidad donde narrador y lector entren en el mismo juego y se pierdan en los confines del universo novelesco evitando así instancias de búsqueda y de hurgamiento en la historia personal del escritor. Es interesante hacer notar que con esta propuesta se manifiesta un quiebre respecto a la finalidad de la literatura precedente, la cual, con un carácter instrumental, estaba ideada para cambiar la mentalidad del hombre en pos de una revolución. Ahora, en cambio, a través de esta novela, se procede a increpar al lector a que en vez de reaccionar en la búsqueda de una transformación profunda, o en develar aquello que está detrás del relato se proceda a tener en cuenta fundamentalmente la verosimilitud de lo que se cuenta.

El segundo aspecto a tratar guarda relación con la estructura de la novela, la cual se constituye en rasgo esencial al momento de descifrar lo metanarrativo puesto que la obra se estructura de manera compleja en un conjunto de veinticuatro voces que se interponen e intercalan, al respecto Giardinelli afirma lo siguiente: «Estoy haciendo un experimento, porque no hay un narrador, no hay quien cuente […]» [8]. Es así como esta ausencia de narrador evidencia esta complejidad en la estructura narrativa planteando como desafío la posibilidad de hallar, dentro de la desorganización, un nuevo orden con el fin de acceder a un sentido que permita acercarse a la comprensión de la novela. Al respecto, podemos apreciar ciertos enunciados metanarrativos alusivos a la desorganización y al rompimiento de la coherencia en el relato, así, por ejemplo, encontramos una referencia a Artaud y al surrealismo: «Según Artaud el mundo surrealista no niega los objetos, pero sí los desorganiza. […] El fin del mundo es una mirada surrealista en los ojos de Dios. Un fondo de ojo hemipléjico, hipertenso» [9]. De esta forma podríamos relacionar la desorganización como proyecto novelístico en la obra de Giardinelli con la visión de Artaud, quien apuesta por una reclasificación espontánea de las cosas por «un orden más profundo y refinado de imposible elucidación por los medios de la razón ordinaria» [10]. A esto se agrega su concepción del surrealismo como una extensión de lo invisible, es decir, como lo inconsciente al alcance de la mano, sosteniendo que del buen uso de los ensueños podría nacer una nueva forma de conducir el pensamiento con lo cual se podría establecer otra conexión con la novela de Giardinelli donde los sueños forman parte importante de la novela, ya que además de constituir la vía por la cual se manifiestan los discursos de un muerto se caracterizarían por ser una instancia esclarecedora de los hechos provenientes de un pasado tanto personal como colectivo. El siguiente enunciado metanarrativo evidencia la presencia de lo onírico en el relato y la conexión que se puede establecer con delirio propio del surrealismo:

«No hay lógica alguna, no hay más que la secuencia idiota de la lectura inconsciente de la repetición imbécil de los tontos […] y con la desesperación con que se vive ese terreno intermedio, ese ningún lugar que marca el límite exacto entre sueño y vigilia, entre horror y alivio, empiezo a despertarme» [11].

Cabe destacar, además del papel del delirio y los sueños como forjadores de una nueva estructura del relato basado en la desorganización, el rol que ocupa la libertad dentro de la novela, lo cual podemos apreciar en la perspectiva ideológica asumida por la Nona presente en sus discursos y que encuentran acogida en los segmentos dedicados a Franca, donde se evidencia una postura contraria a la restricción de la libertad y al ejercicio de control sobre la parte instintiva del hombre, señalando al respecto: «Y por eso lo que hay que hacer con la libertad es, simple y sencillamente, dejarla en libertad para que aprenda a ser pájaro, salvaje y no un canario encadenado» [12]. En esta misma línea se puede apreciar el concepto que entrega sobre el amor concibiéndolo como el sometimiento de la libertad del otro además de mostrarse contraria frente a aquellos que pretenden definir al amor separándolo del sexo y condenándolo. En este sentido Franca reivindica al amor y a la libertad cuando recurre a su memoria y a los recuerdos de Hipólito recreando una realidad colmada de locura y erotismo a través de imágenes que responden a la nostalgia de una satisfacción plena entregada por la experiencia del amor.

Podríamos decir que la concepción de libertad vislumbrada en el texto halla su eco en la incesante búsqueda liberadora de Artaud, aunque se vuelve necesario precisar que su visión de libertad se muestra trastocada por sus afecciones físicas, tal como lo revela el final de uno de sus poemas: «[…] Así que atadme si queréis pero nada hay tan inútil como un órgano. Cuando hayáis hecho un cuerpo sin órganos, entonces le habréis liberado de todos sus automatismos y restituido a su verdadera libertad» [13]. Como podemos apreciar para Artaud la libertad está más allá de lo comprensible por la razón, evidenciando una relación cercana entre la libertad y la propia locura, ya que concibe a los órganos del cuerpo como controladores de su libertad, proponiendo así una transformación profunda e irracional basada en la reconstrucción de un cuerpo donde los órganos desaparecen para acceder a la recuperación total de sí mismo. Tomando en cuenta estas cavilaciones de Artaud cercanas a la irracionalidad nos acercaremos al tema de la locura en la novela de Giardinelli, la cual desempeña un papel importantísimo en cuanto explicita el proceso mismo de la representación de los discursos y de la creación artística.

Resulta interesante hacer notar, en primera instancia, la perspectiva ideológica asumida por Franca respecto a la vinculación del arte con la locura. Franca entiende a esta última como un recurso importante para despertar la conciencia de los demás: «Cultivar el arte es adorar la locura, quitar los frenos, desanudar la represión, sacarse las máscaras y escupirle en la cara a la gente pero no para agredirla sino para amarla, conmoverla y ayudarla a que sienta» [14]. Como podemos apreciar, Franca manifiesta una postura aprobatoria hacia la locura como generadora de arte, expresando una actitud positiva frente a la emoción y al fuego que anida en la creación artística. Además al rescatar un enunciado metanarrativo de Franca podemos apreciar la relación que se establece entre la locura y los escritores.

«Ahora entiendo a la abuela cuando defendía la locura: Cervantes estaba loco decía y, Rabelais también. El mismo Dante tuvo que ser muy tarado para meterse en semejante irracionalidad. Desde antes de Erasmo de Roterdam el mundo se interroga sobre la locura[…]. Magnífica lucidez esa de la sin razón de la razón. Cada tipo que se pregunta lo que no comprende, lo que duda, cada tipo que cuestiona su propio infierno nos cuestiona a todos[…]» [15].

Es interesante cómo este enunciado muestra a la locura como una instancia necesaria para el proceso de creación artística constituyéndose en una especie de lucidez capaz de develar lo incomprensible del ser humano sometiéndolo en su propio cuestionamiento a la reflexión universal. En este punto podríamos mencionar el discurso de la locura sostenido por Artaud quien reconoce a ésta como el pretexto que tiene la sociedad para no aceptar su incapacidad de búsqueda de la verdad del Ser: «El torturado fue tomado por loco en todo el mundo, como loco apareció ante todo el mundo y la imagen de la locura se ha encarnado en el torturado» (VII, 170). Así, Artaud identificándose con la figura del torturado califica en lo que los demás conciben por locura constituyéndose en la proyección de una locura general de la sociedad. Al respecto agrega que para un mundo que se ha alejado al máximo de la búsqueda de la verdad, es inaceptable el pensamiento auténtico de esta verdad y ha de ser rechazada necesariamente con el pretexto de la locura. De esta manera podríamos decir que el concepto de locura que ha sido frecuentemente deslegitimado por la sociedad es rescatado en la novela de Giardinelli constituyéndose en polo de atracción para lectores que, afanosos por encontrar un orden en esta desorganizada estructura narrativa, sienten que lo inconsciente e irracional del mundo interno de cada persona se legitima y encuentra su reflejo en el relato, además de comprender que ese lado «oscuro» del ser humano es capaz de iluminarse cuando se produce una instancia autorreflexiva.

De esta manera, a lo largo del trabajo, se ha dado cuenta de una serie de enunciados metanarrativos que se presentan, siguiendo a Linda Hutcheon, de un modo diegético, es decir, concentrado en el proceso de la creación de un mundo narrativo, convirtiéndose así y citándo a Michael Boyd en una «novela reflexiva» llevando implícita cierta preocupación o duda respecto a diversos conceptos tales como la libertad, el amor, la locura y la relación entre el mundo artístico-literario y el presumible orden y distribución a que debe atender un texto narrativo. En este sentido estamos ante una novela tremendamente novedosa capaz de desafiar a un lector avezado al enfrentamiento con un proyecto narrativo cifrado en la desorganización y provisto de una autonomía particular donde en el des-orden se propone un orden, obligando al lector a establecer las redes para conectar el sentido de las cosas. Al respecto, cabe señalar que el presente trabajo ha intentado eso mismo, es decir, el trazado de una cadena cuyos ordenadores, conectados entre sí, están constituidos por los enunciados metanarrativos capaces de iluminar la dimensión de la incoherencia, la locura y la desorganización de la estructura narrativa de la novela ofreciendo un sentido a todo este desorden, es decir, un modo particular de entender este relato y este modo esta relacionado con la ruptura total de la necesidad intrínseca de organización que tiene el hombre la cual es elemental para mantener la estabilidad, la permanencia y el equilibrio en el mundo. Pues, bien, esto se ve amenazado en la obra de Giardinelli, obligando a quien se propone la lectura del libro, a olvidarse del estado organizado de las cosas desde un punto de vista tradicional y razonable para sumergirse en una esfera que necesita de la acción de los lectores con el fin de hallar la verosimilitud del relato y descubrir, a fin de cuentas, que su proyecto narrativo cuenta con una organización, basado precisamente en la desorganización, en la polifonía de voces, en el entrecruzamiento de perspectivas que se iluminan unas a otras y cuyo eco ilumina nuestra propia manera de pensar, obligándonos a cuestionarnos el mundo novelesco y a pensar que las estructuras pueden ser tan amplias y ricas como visiones de la realidad hay en el mundo, porque, además, esta novela nos abre la posibilidad de adentrarnos en ese otro mundo tan rico y complejo como son los sueños, sí, el delirio como puente entre el entendimiento y la locura, pareciera que Giardinelli nos lleva a encontrarnos con nuestro difícil mundo interno donde pasamos gran parte de nuestras vidas desatendiendo las claves que proporcionan los sueños. Al respecto podríamos señalar el siguiente enunciado metanarrativo donde Franca se refiere a la abuela como a una cineasta:

«[…] se ha permitido juegos íntimos que corresponden a su visión onírica de la realidad”, o bien que su “impactante neorrealismo es capaz de sorprender al espectador con flashbacks que se salen de los cánones consagrados por la academia y colocan al filme en una dimensión posmoderna de absoluta originalidad» [16].

Cabe destacar que podríamos establecer una suerte de paralelismo entre esta novela y una película donde los flashbacks serían las vueltas al pasado que hacen los personajes para recuperar una memoria, pero lo interesante no es el hecho mismo de volver atrás sino que es el modo como se estructuran estas voces clamando por una historia compartida lo que le da la originalidad a un proyecto narrativo sumamente complejo donde la dimensión posmoderna citada al final de este enunciado dialoga con lo que Michael Horton entiende por Posmodernismo, el cual, señala, rechazaría la coherencia misma. Entonces se abriría la puerta para una nueva reflexión ¿Acaso Santo Oficio de la memoria constituye una manifestación de un nuevo orden colmado, al igual que la posmodernidad por dimensiones en conflicto? La respuesta a esta pregunta queda como tarea pendiente para un nuevo análisis donde lo posmoderno sea claramente definido y demarcado. Por ahora hemos intentado trazar el análisis de la novela de Giardinelli a la luz de los enunciados que responden a una metanarratividad, lo cual nos sirve para alcanzar una comprensión de las significaciones presentes en la novela y para comprender la propia naturaleza del hombre cuya desorganización primaria sirve de base para el establecimiento, al igual que en la novela, de un nuevo orden.



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Carolina A. Navarrete González es Licenciada en Letras mención Literatura y Lingüística Hispánica, Profesora de Castellano y actualmente cursa un Magíster en Literatura Hispanoamericana en la Pontificia Universidad Católica de Chile.
Contacto con la autora canavarr[at]puc.cl


Notas

(1) Segura Roselló, José Miguel, Glosario de narratología, 2001.
(2) Esta autora emplea el término metaficcional para referirse a lo metanarrativo apropiándose del término a través de un calco lingüístico proveniente del inglés de la palabra metafictional, la cual no tiene el mismo significado al calcarla al español. Es pertinente aclarar que en el presente trabajo se citará el término metafictional, cuando se estime necesario, aludiendo al término metanarrativo preservando así, la autenticidad y el significado fidedigno del término.
(3) Bustillo, Carmen, La aventura metaficcional. Caracas: Equinoccio, ediciones de la Universidad Simón Bolívar, 1998.
(4) Hutcheon, Linda, Narcissistic Narrative. The Metafictional Paradox, 1991, cap.1, p. 17-35.
(5) Al respecto ver referencia al autor en Bustillo, 1998, p. 2.
(6) Waugh, Patricia, 1984, p. 3.
(7) Giardinelli, 1991, p. 63.
(8) La palabra, la imaginación, la vida. Entrevista realizada por Kar Kohut en Eichstät, noviembre de 1986.
(9) Giardinelli, 1991, p. 608.
(10) La actividad de la Oficina de Investigaciones Surrealistas, I, 344.
(11) Giardinelli, 1991, p. 617.
(12) Véase p. 467.
(13) «Pour en finir avec le judgement de Dieu».
(14) Giardinelli, 1991, p. 251.
(15) Véase, p. 567.
(16) Giardinelli, 1991, p. 630.

Bibliografía

- Bustillo, Carmen: La aventura metaficcional, Caracas: Equinoccio. Ediciones de la Universidad Simón Bolívar, 1998.
- Durozoi, Gerard: Artaud, la enajenación y la locura, Madrid: Guadarrama, 1975.
- Gatzemeier, Claudia: El genio de la botella de Rafael Ángel Herra bajo el signo de la metadiscursividad. Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid, 2000.
- Giardinelli, Mempo: Santo Oficio de la memoria. Bogotá: Norma, 1991.
- Kohut, Karl: Un universo cargado de violencia, presentación, aproximación y documentación de la obra de Mempo Giardinelli.
Frankfurt: Vervuert Verlag, 1990.
- Moncalvillo, Mona: Santo Oficio de la memoria. Fuente: Humor, 1991.
Segura Roselló, José Miguel, Glosario de narratología, 2001.

* Ilustración: Giardinelli 2011, By Marcelo Del Castillo [CC BY 2.5 co (http://creativecommons.org/licenses/by/2.5/co/deed.en)], via Wikimedia Commons.

 



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