artículo por Jesús Greus

 

L

a percepción del tiempo es subjetiva. Todos sabemos que, cuando uno está entretenido, una tarde se pasa volando. Y, en cambio, cuando nos aburrimos o nos hallamos en una contingencia poco grata, una mañana puede resultar eterna. El secreto yace en nuestra capacidad de concentración. Cuando la mente está ocupada en algo, ya sea trabajo u ocio, no presta atención al paso del tiempo.

En la antigüedad y en la Edad Media, las horas no tenían la misma duración, pues dependían de la estación del año y del progreso de la luz solar. Fue el astrónomo y viajero marroquí Abul Hasan quien, a principios del siglo XIII, propuso que todas las horas, diurnas y nocturnas, tuviesen la misma duración. Una idea demasiado innovadora en su día, que no terminó de calar. Dicho sistema no se popularizó hasta un siglo después, cuando se inventó en Europa el reloj mecánico.

Una de las cosas que más me chocó la primera vez que viajé a Marruecos, allá por 1985, fue el sentido del tiempo de los lugareños. Me sentaba por las tardes en un café del Zoco Chico de Tánger, y me aburría soberanamente porque las horas pasaban y no tenía nada que hacer. Sencillamente, no tenía costumbre de sentarme a ver pasar la tarde. En torno a mí, sin embargo, los parroquianos, todos hombres, no mostraban ningún signo de impaciencia. Al contrario, disfrutaban de no tener nada que hacer. Ahí entendí, por primera vez, que otras culturas no viven obsesionadas por ese concepto tan nuestro de producir y mantenerse incesantemente ocupado en algo útil.

En los países árabes y en Turquía, mucha gente se sienta a perder el tiempo toda una tarde en un café, dedicados a charlar con los amigos, a hacer crucigramas, a rellenar apuestas hípicas, a observar a los viandantes, a dejar vagar el pensamiento. ¡Entregados a perder el tiempo en definitiva! ¡Esa infamia! Esa conducta inadmisible en nuestra cultura judeocristiana. Todo hay que decirlo: a veces, sin embargo, no pierden el tiempo tanto como pudiera suponerse, pues en el café surgen oportunidades de negocios de manera casual. No solo es lugar de tertulia o esparcimiento, sino también centro de transacciones, posibilidad de captar a un cliente a quien vender una casa o un vehículo, procurar el alquiler de un local, hacerle una obra o facilitarle cualquier servicio técnico o personal.

Tan poco les importa el tiempo en Marruecos, que ni siquiera llevan cuenta de su propia edad. Esto siempre me ha producido envidia sana. Aunque cueste creerlo, cuando se les pregunta por su edad, se ponen a echar cálculos hasta dar una cifra siempre aproximada. Por eso no es de extrañar que me dijera un amigo, cierta vez, que su abuelo murió a los 120 años. Me quedé atónito. En realidad, eso significa que el señor fue longevo, pero digamos que murió a los ochenta y pico años. ¡Nadie conocía su edad!

Sin llegar a ese extremo, es bien notorio que, en los países latinos, la obsesión por aprovechar el tiempo es mucho más flexible que en el Norte de Europa, en Japón o en Norteamérica. Para empezar, y como no puede ser menos en países cálidos, aún es bastante común entre nosotros la sana práctica de la siesta, costumbre aborrecida por los anglosajones. A más de la terapéutica afición al bar: templo de encuentros esporádicos y de improvisada tertulia.

En La Habana sucede otro tanto. Como apenas existe allí la institución del café o del bar, ni tampoco hay dinero para gastar en establecimientos, mucha gente se sienta en el malecón al caer de la tarde para charlar, festejar, mirar el mar y soñar con otros mundos allende el océano, sin prisa, sin agobios. Es una distracción modesta que no cuesta un peso.

En la India, el concepto del tiempo entra en otra dimensión. Nunca hay prisa para nada, salvo acaso para conducir un rickshaw, de manera vertiginosa, sorteando el endiablado tráfico de cualquier ciudad. La noción del tiempo es también bastante peculiar en México, donde es clásico eso de «ahorita mismo», y luego tardan una hora en traer el almuerzo. Tampoco los portugueses andan mal en eso de no apurarse.

En muchos países del llamado Tercer Mundo, salir de compras requiere horas para perderlas sin apresuramiento, para regatear, discutir, pasear, mirar y comparar. Se puede dilapidar una tarde entera en ese menester porque, sin apremio, todo ello se convierte en un juego placentero. Nosotros, siempre acuciados por la premura, queremos que nos den un precio fijo, compramos sin discutir y adiós, corriendo a otra cosa.

En nuestro orbe occidental, acelerado y afanoso, deberíamos prescindir de ese acuciante concepto judeocristiano del aprovechamiento obsesivo de las horas y hasta de los minutos. Prefiero perder a ratos el tiempo dedicándolo a la lectura, a la música, a la meditación en silencio. Se gana salud mental y paz interior.

 


 

Jesús Greus

Jesús Greus. Nacido en Madrid, es escritor, licenciado en lengua inglesa por el Institute of Linguists de Londres. Ha sido colaborador de los diarios ABC, El Día del Mundo, Diario 16 de Baleares, Libération du Maroc, de la revista digital española Narrativas y, actualmente, de la inglesa LSD Magazine. Ha trabajado como traductor para diversas editoriales españolas. Como conferenciante, ha sido invitado por el Institut du Monde Arabe en París; la Universidad de la Sorbona; la fundación Le Monde autour du Livre, en Burdeos; el Centro de Estudios Luso-Árabes de Silves, Portugal; la Fundación Arte y Cultura de Madrid; la Universidad de Marrakech, etc.
Ha sido gestor cultural del Instituto Cervantes de Marrakech, ciudad donde reside actualmente. Es, asimismo, autor de los guiones cinematográficos Snapshots from Marrakech y The City of Flowers, ambos en proceso de preproducción. Es autor de:
Ziryab (Editorial Swan 1988). Novela ambientada en Córdoba en el s. IX. Éditions Phébus, Francia 1993. Editorial Entrelibros, 2006.
Junto al mar amargo, Hakeldama Editor, 1992. Novela.
Así vivían en Al-Andalus, Ediciones Anaya, 1988. 13 reimpresiones. Nueva edición revisada bajo el título Así vivieron en Al-Andalus, Anaya 2009.
Claro de luna. Obra poética.
De soledades y desiertos, Ediciones La Avispa, 2001. Teatro.
Laberinto de aljarafes. Editorial Sirpus, 2008. Relatos.
Rebuscar entre las nubes. Anécdotas, tormentos y manías de los grandes escritores. Ensayo. Huerga & Fierro, mayo 2015.
Aquella noche en el mar de las Indias. Novela. Editorial Stella Maris. Mayo 2015.


Web del autor: Espejismos (https://librocircular.wordpress.com/)

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Ilustración artículo: Fotografía por Pedro M. Martínez ©

 

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Revista Almiar (Margen Cero™) · n.º 112 · septiembre-octubre de 2020

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