Una mirada femenina previa al Mayo Francés

artículo por Claudia Bravo Martínez

 

Es cierto que la historia de la humanidad es hermosa.
Lástima que la de los hombres sea tan triste.
(Simone de Beauvoir)

 

E

n mayo de 1968 un remolino de viento pareció recorrer la capital de Francia. París, la ciudad luz, fue el punto clave en un periodo de la historia marcado por cambios sistemáticos en los estilos de vida y pensamiento.

Fue un movimiento social cuyo inicio se da en el suburbio parisino de Nanterre, el cual fue protagonizado primeramente por estudiantes universitarios. En su libro Sociedad Carnívora, el filósofo Herbert Marcuse (2011) dijo que «los estudiantes fueron literalmente la vanguardia» (p.52). Pero no solo ellos fueron parte de este fenómeno, también lo fueron los trabajadores que se alzaron en una huelga general. Todo aquello tuvo un nombre: Mayo francés. También se le conoce como Mayo del ‘68.

Bonilla (2015) comenta:

Un gobierno orgulloso y seguro de sí mismo se vio empujado hasta el borde del abismo. Comenzó los primeros días de mayo; a mediados del mes ya se habían unido los obreros. Hacia finales de mayo los franceses creían que vivían una nueva revolución.

Sin duda este es un acontecimiento que, en sí mismo, tuvo muchas visiones y podemos detenernos en una de ellas, la femenina.

El cambio trascendental

La edad de la discreción es un cuento que forma parte del libro de la escritora y filósofa francesa Simone de Beauvoir, La mujer rota; fue publicado en 1967 y, junto a El segundo sexo, es una de sus obras más conocidas. Dicho texto nos muestra la historia de una mujer que, llegando a la tercera edad, cree tener su vida resuelta. Ha publicado un libro del cual tiene expectativas positivas, su matrimonio marcha relativamente bien y su hijo está a punto de defender su tesis. Sin embargo, hay puntos de quiebre que destrozan su vida aparentemente perfecta, su libro no es bien recibido, su hijo decide abandonar su carrera y con ello las aspiraciones de su madre con él, además de renunciar al Partido Comunista, del cual sus padres también son militantes, esto la hace sentir que envejece en medio de una ciudad convulsionada y hambrienta de cambios, por ello dice que «en otros tiempos no me inquietaba por los ancianos; los tomaba por muertos cuyas piernas aún caminan; ahora los veo: hombres, mujeres, apenas un poco más viejos que yo» (Beauvoir, 2012, p.11).

El tema sin duda tocaba de cerca a De Beauvoir, tenía 59 años cuando La mujer rota salió a la venta y es que todo autor deposita algo de sí en sus personajes. Si bien ella se hizo una activista del movimiento por la liberación de la mujer en los ‘70, este libro da cuenta de su cada vez más grande proximidad a ello. Simone de Beauvoir tiene conciencia de sí misma como escritora en oposición de las normas masculinas (Ortega, 2006).

¿Cómo alinear la temática del cuento a un movimiento tan trascendental? ¿Es posible que a través de él la escritora haya predicho lo que ocurriría y nadie lo notara? ¿Cómo es posible?

Una sociedad en pos de la renovación

Las vastas experiencias intelectuales y políticas de Simone de Beauvoir sin duda le dieron las herramientas para hacer una cosa así, pero de una manera sutil. Si analizamos el texto podemos encontrar diversas alusiones a lo que se vivía en el momento en Francia, la guerra en Argelia, la constante revolución moral que se vislumbra a través del cambio drástico de su hijo en sus aspiraciones e ideologías. A raíz de esto último la autora da a entender otro cuestionamiento: ¿Qué me impide cambiar? ¿Por qué no puedo pensar distinto? Ella no quiere que esto suceda, se niega al cambio y este la toma por sorpresa, tal como todo lo acontecido en 1968 tomó a los franceses. Nadie esperaba que en un mes las cosas se alteraran de esa manera.

Ella, junto a Jean Paul Sartre, apoyó a los estudiantes por sus convicciones y por el deseo de mostrar a la luz pública las deplorables condiciones de los trabajadores que más tarde se unirían a la movilización.

Cabe recordar que todo esto se da en el contexto de lo que Eric Hobsbawm (1995) identifica como La edad de oro del capitalismo, la cual se establece entre 1947 y 1973. Hablamos de un proceso de posguerra que según el historiador fue destacada, con bastante trascendencia en la centuria al desarrollarse cambios profundos e irreversibles para la vida del planeta (p.18).

Nos referimos a una sociedad que agoniza en pos de una renovación que clama a gritos, algo patente entre los jóvenes que protestan en Estados Unidos y el mundo contra la Guerra de Vietnam, ellos salen a la calle con fuerza y voz, esto es lo que se relata al respecto en La edad de la discreción: «La perpetua juventud del mundo me corta el aliento. Cosas que amaba han desaparecido. Muchas cosas me han sido dadas» (Beauvoir, 2012, p.15).

Es el cambio, la crisis en un pensamiento que ocupa las mentes humanas, lo ocurrido en París estimuló a otros grupos en diversos países del mundo a reaccionar contra el poder establecido, he ahí su importancia.

¿Por qué no cambiar?

Ante esto, ¿cómo se percibe la protagonista en este trance de envejecer? ¿Se le permite a la mujer hacerlo? La escritora deja de manifiesto que es la sociedad la que le impide aceptarse como una adulta mayor, se siente casi inútil a diferencia de su marido, que parece llevar el envejecimiento con cierta soltura y hasta resignación. Recordemos además que los años ’60 significaron un cambio profundo en el concepto del ser mujer a través de cosas sencillas como el uso de la minifalda o trascendentales como la píldora anticonceptiva. La protagonista de este cuento ya se siente alejada de todas estas transformaciones, para ella la edad y la desestructuración de la vida como ya la conoce son temas importantes.

Todo lo que sucedió en París se explica por el creciente acceso de a la educación superior en Francia en 1968, la cual era muy exigente. Uno de los rostros visibles de aquella movilización fue el estudiante Cohn-Bendit, líder del Movimiento 22 de marzo, el cual rechazaba a la autoridad.

«Siguiendo un código antiautoritario que rechazaba el liderazgo y bajo la sombra ejemplarizante de los movimientos estudiantiles radicales de Berlín, Roma y Berkeley, los estudiantes de Nanterre protestaron tanto contra el imperialismo norteamericano como contra la brutalidad del estalinismo» (Bonilla, 2015).

Todo lo que sucede en el cuento La edad de la discreción es consecuencia de algo que estaba ocurriendo desde mucho antes, algo que la protagonista no percibió, algo distinto de lo que sucedía con su marido e hijo. Si bien ya hablamos de cambios en el ámbito femenino como el uso de la minifalda o la aparición de la píldora anticonceptiva, podemos decir que Francia no había cambiado totalmente tras la guerra, era más bien conformista y católica, al mando de Charles De Gaulle, que debía sobreponerse al hecho de que la guerra de Argelia había puesto en entredicho el liderazgo moral del país en todo el mundo, este enfrentamiento había despertado las conciencias de los jóvenes franceses: «Ellos eran conscientes de lo mucho que el colonialismo francés en Argelia se parecía al fascismo» (Bonilla, 2015).

Como ya lo mencionamos antes: ¿Por qué no cambiar? ¿Qué me impide hacerlo? El hijo de la mujer que protagoniza el cuento perteneciente al libro La mujer rota lo hace, si bien no sigue militando en el Partido Comunista como sus padres, él es el signo de que ya nada en Francia es igual.

Es imposible. Él compartía nuestras ideas. Había corrido grandes riesgos durante la guerra de Argelia —esa guerra que nos había asolado y que ahora parece no haber ocurrido nunca—; se había hecho apalear en manifestaciones antidegaullistas; había votado igual que nosotros en las últimas elecciones… (Beauvoir, 2012, p. 28).

El entusiasmo de los estudiantes

Si bien Francia fue un referente cultural en su momento, era ahora otro el lugar en donde se llevaba a cabo un verdadero movimiento contracultural: Estados Unidos, con su revolución de las flores y su inquietud por Vietnam. En ese momento París debió ceñirse a la vanguardia proveniente de otro lugar del planeta, he ahí el porqué del Mayo francés o Mayo del ‘68. Fue sólo una consecuencia de una serie de movimientos culturales y políticos alrededor del mundo, la última parte de la década del ‘60 fue decisiva para el orden global. Desde occidente al bloque socialista la juventud hizo eco de sus demandas. Hizo eco del aburrimiento y necesidad de cambio en todo sentido.

En aquellos días, los inicios del Mayo francés estuvieron presentes en múltiples intelectuales y artistas que vieron de cerca los enfrentamientos y que fueron testigos de la efervescencia del momento.

Marcuse (2011) explica que se trató de un hecho que respondió a la espontaneidad, específicamente entre trabajadores y estudiantes: «Ambos accionaron juntos nuevamente de un modo más bien espontáneo y de ninguna manera coordinado. Es así, de tal modo, que el movimiento estudiantil se convirtió realmente en un movimiento social mayor, en un vasto conocimiento político» (p,54).

Simone de Beauvoir observa aquellos días con entusiasmo, pues todo parecía posible de la mano de los estudiantes y trabajadores:

Jamás, ni en mi estudiosa juventud, ni siquiera a comienzos de ese año ‘68 hubiera podido imaginar tal fiesta (…) en los muros florecían los maravillosos eslóganes inventados unas semanas antes en Nanterre (…) en las escaleras o en medio del patio, había grupos que discutían acaloradamente (…) jóvenes y menos jóvenes abarrotaban los bancos de los anfiteatros: quien lo deseaba tomaba la palabra, exponía su caso, sus ideas, sugería tareas y consignas (Puleo, 2008).

El final

Sin embargo, lo que comenzó siendo una oleada de apoyo casi incondicional hacia los involucrados en este acontecimiento se fue transformando en descontento, específicamente hacia finales de mayo el país estaba paralizado y sin servicios públicos, además de la falta de productos de primera necesidad, lo que había comenzado en una senda relativamente recta comenzaba a torcerse y aparecieron las primeras protestas contra la protesta, la alianza entre estudiantes y obreros se volvió frágil. Sus intereses no eran los mismos.

Podemos comparar esta fragilidad en la relación marital entre la protagonista del cuento: La edad de la discreción y su marido, André. Si bien en un principio, cuando su hijo Philippe se retiró de las filas comunistas, este le mostró su apoyo, la ofuscación de verse postergada por la decisión le fue distanciando de su pareja. Su ofuscación la llevó a estar en contra de todo, de todos. Su matrimonio se ve en peligro, su vida como la ha conocido se ve en peligro. Su reticencia al cambio la hace reflexionar al respecto, palabras de su suegra respecto a la realidad de aquellos días la hacen casi entrar en razón:

Mamá acaba de decir que no creemos en nada. Pero prácticamente ninguna causa es por completo nuestra: no estamos con la U.R.S.S y sus compromisos, tampoco con China; en Francia ni por el régimen ni por ninguno de los partidos de oposición (Beauvoir, 2012, p.64).

Aquellas palabras hicieron efecto en ella, comprendiendo que como mujer la edad no podía afectar su necesidad de cambio: «Siempre habíamos mirado lejos ¿Sería necesario aprender a vivir al día?» (Beauvoir, 2012, p.68).

El movimiento de 1968 en París fue trascendental en materia histórica, cuestionó abiertamente la autoridad.

Las observaciones finales de Simone de Beauvoir respecto a esta movilización aluden a la profundidad de este, ella agregó que más que un fenómeno y explosión juvenil y romántico, en realidad se trataba de una crisis social, no generacional (Puleo, 2008).

A través de su cuento, la escritora y filósofa francesa manifestó el estado social y mental que llevó a generar tal movilización en Mayo del ‘68.

Las comparaciones entre la visión de la protagonista y la realidad que se vivió en esos años van de la mano y son el síntoma de una estructura que se armó progresivamente en el accionar público, compuesto por gente en parte descontenta que por poco más de un mes sintió que podía cambiar las cosas a través de la revolución.

Finalmente, la protagonista de La edad de la discreción aceptó el cambio que se estaba gestando en su vida, detalle importante para comprender lo que posteriormente sucedió en todas las personas que inicialmente no entendían el proceso. En aquellos días eran testigos de cómo agonizaba la sociedad que habían conocido, cómo se abría hacia nuevos horizontes, aunque tras la huelga general que hubo después se despertara cierto descontento en donde antes hubo apoyo.

 

 

Bibliografía

  • De Beauvoir, Simone (2012), La mujer rota, Buenos Aires: Random House Mondadori S.A.
  • Marcuse, Herbert (2011), La sociedad carnívora, Buenos Aires: Ediciones Godot.
  • Hobsbawm, Eric (1995), Historia del siglo XX (1914-1991), Barcelona, Grijalbo Mondadori.
  • Bonilla, Marco. (2015, mayo 11). Mayo del ’68 La revolución que jamás tuvo lugar. Revista Semana. Recuperado de http://www.revistaarcadia.com/historia/articulo/mayo-del-68-revolucion-paris/42507.
  • Ortega, Joana (2006). Simone de Beauvoir: Su aportación a la discusión sobre el género. (Tesis doctoral) Universitat de Barcelona, España. Recuperado de http://www.academia.edu/6949059/Simone_de_Beauvoir_su_aportacion_a_la_discusion_sobre_el_genero_Joana_Ortega_Raya.
  • Puleo, Alicia (2008, julio). Mayo visto por Simone de Beauvoir. Recuperado de https://aliciapuleo.blogspot.com/2008/07/mayo-del-68-visto-por-simone-de.html.

 


 

Claudia Bravo Martínez: «Soy periodista oriunda de la ciudad de Talca, al sur de Chile, nací el 12 de julio de 1981. En junio de 2014 saqué el tercer lugar en el concurso «Mujer talquina», organizado por el municipio de mi ciudad. Anterior a esto envié dos poemas a vuestra revista en el año 2010, los cuales fueron publicados en el n.° 16 de Mar de Poesías. Además, mis cuentos La obra de arte y Sabor a dolor, fueron publicados el 24 de febrero de 2015 y el 10 de septiembre de 2021 respectivamente en Almiar. He colaborado con diversos medios electrónicos de mi ciudad desde primer año de la universidad, trabajé en canales de TV locales y en el diario El Centro de Talca. Sigo escribiendo, como ya dije, mayoritariamente poesía y algunos relatos cortos como un complemento a mi labor periodística que diariamente me nutre de ideas para ello y soy Magíster (c) en Educación: Literatura y Artes de la Universidad de Talca». cbravom81@gmail[.]com

🖼️ Ilustración: Simone de Beauvoir & Jean-Paul Sartre in Beijing 1955. 刘东鳌(Liu Dong’ao), Public domain, via Wikimedia Commons.

 

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