relato por
Adrián Néstor Escudero

 

A mi suegro, Elbio A. Helguero (1921-1999),
lector sereno e incontenible compilador de libros,
in memoriam

 

E

l primer lote de los 124 ejemplares ya se fue. De hecho, la Antología del Cuento Tradicional y Moderno, Cervantes y su Don Quijote de la Mancha, la Antología de la Poesía Universal, el Teatro Selecto de Sófocles, Shakespeare y O´Neill, la Eugenia Grandet de Honoré de Balzac, Crimen y Castigo de Dostoievski, Kafka y El Proceso, Fausto y von Goethe, La hija del Capitán y La Dama de Pique, de Pushkin y Scout con su Ivanhoe, ya han partido luego de una delicada —debemos reconocerlo— limpieza y acondicionamiento.

Pero el tipo debe haberse vuelto loco. Hace casi veinte años que moramos en los estantes de un lugar espacioso y cálido, llamado por él living comedor, en una casa de muebles de maderas olorosas y alcurnia contemplativa… No llames «ese tipo» a nuestro dueño, mi estimado Nicolai Gogol; él sabrá lo que hace… ¡Pero es que con aquellos que prepara, ya serán como treinta los libros que abandonan el lugar! Yo sé dónde los llevan. ¿Sabes adónde nos llevan? ¡Y cómo sabes tú dónde nos llevan, presuntuoso Poe! Pues, porque he sido devuelto, y yazgo en la mesa comedor que está frente a sus narices escuchando el escándalo de quejas y berrinches que provocan ustedes. ¿Y por qué has tenido la suerte de haber vuelto? Bueno, no sé si será suerte o no; de hecho, don Elbio tiene una fijación: leerlos a ustedes por primera vez; que dejen de ser objeto de exhibición y guarda para sus hijos y nietos, para pasar a ser objetos de su atenta lectura… ¿comprenden? ¡Noooo! ¡Claro que noooooo!, gritaron a coro Stendhal desde su pedestal Rojo y Negro, Víctor Hugo desde el Notre-Dame de París, y, con temor reverencial, Nathaniel Hawthorne y Herman Melville. Son Tiempos difíciles, acotó sabiamente Dickens… Opinión correcta, subrayó Poe. Y no lo podrían saber hasta no llegar y estar allí: es como una… pascua, o paso; ¿o acaso un bebé, cuando está en el vientre de su madre, pleno y gozoso, tiene la menor idea de que va a «nacer», y no precisamente para quedarse en una bolsa licuosa y protectora?… Afuera hay… habrá, «vida». O, por cierto, así le llamábamos cuando estábamos en su misma dimensión humana… Algo parecido a esta sensación de «sentirnos» que poseemos nosotros, y que incluye la prefiguración de que podamos estar conversando y comunicándonos ahora, casi como los mismos personajes que escribiéramos, y de una forma muy parecida a la que ellos lo hacían… Así que, hasta que no salgan del útero vaginal en la que están metidos desde hace dieciocho años, nueve meses y siete días, no podrán averiguarlo… A menos… ¿A menos?, demandó nervioso León Tolstoi, abrazado a su Anna Karénina. A menos que yo se los diga… Y, de hecho, no lo haré, respondió el genio del terror. ¿Y puede saberse por qué?, intervino Julio Verne, acostumbrado a viajar a la Luna…

Entre nos: porque estoy celoso. Es cierto que de mí ya sabe un montón, pues me ha leído y releído tantas veces como ha querido; pero a ustedes, los de la antigua y desactualizada Biblioteca Básica Universal, publicada por el Centro Editor de América Latina en Buenos Aires (Argentina), allá por el año de 1979…, no. ¿No? (dijo un quejoso y agresivo Alejandro Dumas, vestido como uno de Los Tres Mosqueteros). No. Digo que no, insistió Poe con el genio medio alterado ya (algo no muy común para su apacible temperamento truculento). Y bramó al mejor estilo de su colega Dumas: ¡Excepto raros ejemplares explorados por él, como es el caso del N.º 1; esa antología cuentística de autores varios y soberanamente extraviado o escondido por alguno de los hijos, y los N.os 2, 3, 4 y 5, del brillante Miguel de Cervantes Saavedra y sus tomos de Don Quijote de la Mancha, así como los N.os 66 y 67 del querido Mark Twain en Las aventuras de Huckleberry Finn. !Bah, mentiras, protestó Verne y el sulfuroso Dumas: sabemos que nos ha releído también a nosotros y por otros sellos editoriales… Mi hipótesis es que él amaba tanto esta Colección que no quería que nadie la tocara, y menos después que el N.º 1 hubo desaparecido con rumbo desconocido… Recuerdo su cólera el día en que lo descubrió, apuntó perspicaz Nicolás Maquiavelo, apoyado por la sensatez de don Miguel de Unamuno. Es una Utopía alcanzar una explicación anticipada sobre nuestro destino, sentenció Tomás Moro, sosteniendo a duras penas su cabeza degollada… Quizá, si hubiera integrado esta Colección Arthur Conan Doyle, podríamos haberlo sabido, agregó George Bernard Saw. Insisto, dijo Poe, extrañamente ruborizado por esta última observación y por la tensa atmósfera que había creado entre sus colegas de oficio; y agregó: «No se apuren por saber que el tiempo se los dirá, que no hay cosa más bonita que saber sin preguntar»… Y soltó al punto, tras el adagio popular, una nerviosa y siniestra carcajada… 

Oye, tú, mi escabroso y apoltronado Edgard Allan: Si no vas a confesar qué se trae entre manos ese viejo loco de don Elbio Armando Helguero —si lo quieres más ceremonial o protocolar, insistió con más fuerza Nicolai Mogol—, debo decirte que lo que hace y nos hace es… ¡vergonzoso y vergonzante! ¿No te parece? Más allá de tu obligada actitud de espectador, deberías fijar una posición al respecto… ¿Y qué podemos…?, susurró inaudible el espectro de Francois Rabelais, impedido de demostrar cómo, a través de Gargantúa y Pantagruel, había podido corroer la retórica escolástica. Es cierto: ¡Nosotros formamos parte de su Colección de Literatura Universal; ergo, podría haberse llevado a los del estante de abajo que son… ¡nacionales! ¡A qué comparar, si no hay parámetro!, arguyó Poe. Claro que —dijo no obstante Madame Bovary, incontenible en su lengua de mujer inteligente, tras ocultar a Gustave Flaubert bajo una falda amplia y perfumada—, no podemos negar con qué dulzura nos trata en el traslado hacia el Misterio. Sí, pero. ¡puaj!, encima nos besa sin haberse afeitado, y todo porque hoy es sábado y no trabaja por la mañana…, señaló Lewis Carroll protegiendo a Alicia en el País de las Maravillas. Voy a serles franco, sentenció de pronto William M. Thackeray: toda esta cháchara no es más que una Feria de Vanidades… Tranquilos, intervino por última vez Poe. Saben que Dios no permite males sino para mayores bienes, y que solo Él escribe derecho con líneas torcidas. Ahora, shhhhhhh, ahí viene otra vez en busca del siguiente en la fila, como diría un ausente Ray D. Bradbury, de paseo con El Hombre Ilustrado…

II

… Ahora estoy verdaderamente en ella. Dominando a pleno su Misterio. Desnudo como un difuminado fantasma de otoño. Los aromas perfumados del lugar y su brillo higiénico, hacen que el sitio sea tan especial para mí, y me lleve a advertir que, a pesar del puesto gerencial que desempeño en una fábrica de condones multicolores, no bebo, no fumo, no me involucro en flagrantes infidelidades, ni me escapo los jueves con una banda de seres marginales. Trato de ser un hombre sensato, en un territorio encarnado por una postmoderna frivolidad globalizada. De hecho, siento que vivo, pero no en este mundo. Soy, lo que se dice un… puritano, bah… que sólo lee libros… «Es mi único vicio», digo, esperando comprensión —aunque solo fuera hoy— a mi especial estado de ánimo. Sin embargo, nadie me escucha. En el fondo, tampoco espero nada. De nadie. Ni siquiera de ella: tan pragmática e inconmovible en su envidiable autoestima y ejecutividad ovulada. De todos modos, mi cansancio obedece a otros motivos: estrés, mal de época. Y siento que me abate de a trozos, derrumbándome por la sórdida pendiente de una falsa paciencia que me conduce, inexorable, a un valle de caries depresivas y cóncavas, imprevistamente anegado en lágrimas o arrebatado por Las Furias…

No obstante, el milagro se produce y encuentro, en esa otra ella, a un inaudito refugio; y lo hago mío para siempre: íntimo, seguro, acogedor. Allí mis penas se mitigan y mi aliento recupera su natural vitalidad: ¡Ahhh… «La Biblioteca» o «El Misterio de la Puerta Cerrada»…!, como osara llamar yo a aquel lugar en el que, al equilibrio físico gratamente alcanzado, mi alma devota por las letras exultara aquel gozo interior tan profundo como placentero… Gozo hecho de ojos tendidos sobre palabras avivadas por virtualidades literarias (ficciones deliciosas), que servían a mi ego demiurgo como alimento de dioses: pues eso era yo en aquel sueño irredento, mientras leía; un dios eterno y viajero, henchido por los vientos del espíritu que me arrebataban hacia insospechados universos… Colono y capitán de un barco sin límites ni fronteras, donde la búsqueda y dominio de la aventura del pensamiento, se materializaría —indubitable— en tesoros sensibles de conocimiento y humanidad…

Así que, a esa hora de la tarde en que el sol entibia todavía en invierno los rincones más indiferentes de la casa, y todo se reinicia como una suerte de amanecer vespertino, cerré con llave y dejé afuera el bullicio estridente de la casa y de los chicos.

Era el momento de volverse personaje.

III

Urgido, selecciono un texto: La abuela salvaje, de Maupassant.

Después, con entrenado ademán y furtivo oficio, lo devoro.

Al cabo, satisfecho y excitado, concluida su lectura, deposito el libro sobre el lavabo para higienizarme, doy un vistazo ritual a la secreta colección de volúmenes ordenadamente oculta en el fondo de la bacha, y oprimo el dispositivo que, tras absurda descarga borrará, primero, el desprecio primitivo, y luego, con abominable estertor, los sueños de niño que, por un instante, alquilara al Señor de los Mitos: Orfeo desembarca…

Soy, el Señor de los Libros.

Pero, al cabo, me precipito de nuevo, con vocación de adulto, en el agitado mundo de los hechos cotidianos. Y a instancia del Gran Hermano o del Gran Mercado, o de la «vida misma» que le dicen, y que todo lo dispone y administra; sobre todo en mí, que, por un vagido contra natura, me he vuelto contador y medio economista… Sí. «¡Ya está! ¡Ya voy! ¡Ya voy!», protesto resignado. Y ella (la de envidiable autoestima y ejecutividad ovulada), tan impositiva como intolerable, espeta al horizonte: «¡Sebastián!, ¡apurate! ¡Entrá al baño de una vez, por favor! Mirá que, por fin salió papá… ¡Apurate, ¿queres?; o vamos a perder el turno con el dentista. Dios santo… ¿Y vos, Elbio, cuándo vas a madurar, querido, y a poner cada cosa en su lugar?»…

«¡Prontooooo!”…, responde El Señor de los Libros: o, como en la “vida misma” (feminismo de por medio), que le dicen)». [1]

 

 

[1] ADRIÁN N. ESCUDERO – Santa Fe (Argentina). Texto base: La Biblioteca: 03-07-1993. Texto ampliado al 11-10-2007: El Misterio de la Puerta Cerrada (O la vida misma). Texto actualizado al 21-03-2009 como El Señor de los Libros.

Integra el Libro El emperador ha muerto y otros cuentos. Editorial Dunken SRL (CABA – Argentina). Junio 2018, págs. 68/72 (título La Biblioteca t.a. 2016); y el libro Mixturas cotidianas y otros cuentos (Colección de Realismo Mágico). Inédito. La Botica del Autor. Santa Fe (Argentina), 2010.

N. del A.: Texto con motivo de la celebración el 23 de abril del DÍA MUNDIAL DEL LIBRO o DÍA INTERNACIONAL DEL LIBRO Y DEL DERECHO DE AUTOR (Sede Capital: Madrid, España – Año 2001), y conmemorando el fallecimiento de Miguel de Cervantes Saavedra, William Shakespeare y el Inca Garcilaso de la Vega, a todos los colegas escritores, lectores, industriales del libro e integrantes de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), UIE (Unión Internacional de Libreros), FIL (Federación Internacional de Libreros), Federación Internacional de Asociaciones de Bibiliotecarios (IFLA) y demás asociaciones culturales planetarias que promueven el oficio de escribir y el hábito de la lectura, desde la comunicacional y fraterna impronta del Maná de la Palabra…

 


 

Adrián Néstor Escudero

Adrián Néstor Escudero. Nacido en Santa Fe, Argentina, el 12 de enero de 1951. Casado, cuatro hijos y seis nietos a la fecha (y a Dios gracias). Como Dr. Contador Público Nacional (1975) y Magíster en Dirección de Empresas (CT – 1998), se desempeñó en la gestión privada y pública. Ejerció la docencia y cargos académicos universitarios en el Área de Administración de Organizaciones y Área de Gestión Educativa (FCE-UNL, 1972-1980 y FCE-UCSF, 1980-2000). Miembro del Consejo Profesional en Ciencias Económicas de la Provincia de Santa Fe, Argentina (1975-1980). Miembro del Colegio de Graduados en Ciencias Económicas de la Provincia de Santa Fe (Argentina) (1975 a la fecha). Como escritor cultiva la narrativa, el ensayo y la crónica articulista y es prologuista de libros, conferencista, jurado y crítico literario. Autor de tres libros de cuentos editados: Los Últimos Días (Ed. Colmegna SRL, Santa Fe, 1977), Breve Sinfonía (Ed. Colmegna SA, 1990) y Doctor de Mundos I; El Sillón de los Sueños (Ed. Vinciguierra, SRL, Bs. As., 2000); nueve libros inéditos: Piedras (una Fábula Mitológica) (2016); Doctor de Mundos II (Visiones Extrañas) (2016); Doctor de Mundos III (Mystagogia Narrativa o El Legado de Juan) (2016); Apocalipsis Bang (2015); Mundos Paralelos (2014), El Emperador ha muerto (2011); Desde el Umbral… (2011); El Reino de los Sueños I (2011); Nostalgias del Futuro (Antología, 2009); y siete libros de cuentos en desarrollo: Los Espaciales; Perdido en el Templo (En los umbrales de mi Getsemaní); Punciones Mentales; Mixturas Cotidianas; Atila y Otros Cuentos de ABC y El Reino de los Sueños II, y cinco breviarios literarios editados: Septeto (Colección Mesa de Cuentistas ASDE, 1996); Apocalipsis bangLas siete Parábolas de la In-Creación (Ed. Vinciguerrra SRL, Bs. As., 1999); Los Últimos días – Tetralogía (Ed. Mundo Cultural Hispano, España, 2005); El Emperador ha muerto – Tríptico (Colección La Abadía, Vol. 10. Ed. Ciudad Gótica – Rosario, 2006); y Teofanías y otros relatos (Colección 30.º Aniversario SADE-Filial Santa Fe, 2006). Premiado en sesenta certámenes literarios (locales, regionales, nacionales e internacionales. Su obra forma parte de treinta y nueve antologías (Argentina, Bosnia, España, Colombia, Marruecos, México, Guatemala, USA, etc.), y suplementos culturales, diarios y revistas literarias, de orden local, nacional e internacional. Ha publicado en cuarenta magazines virtuales (Las Américas, Europa, África y Asia). Su perfil biográfico se destaca en: Nueva Enciclopedia de la Provincia de Santa Fe – Edic. Sudamérica – Sta. Fe (Argentina, 1992); Breve Diccionario de Autores Argentinos. Edic. Atril – Bs. As. (Argentina, 1999); Selecciones Biográficas Narradores Santafesinos. Edic. Tauro – Sta. Fe (Argentina), 1994); Un siglo de Literatura Santafesina. Edic. Culturales Santafesinas – Rosario (Argentina, 1999); y Los que hicieron Santa Fe. Cap. 34 – La Creación Literaria – Edic. Diario El Litoral – Sta. Fe (Argentina, 2005). Condujo durante 1979-1987, junto al escritor Edgardo A. Pesante, (1932-1988) el Programa Acontecer Literario (LRA 14-RN-Sta. Fe). Entidades y foros culturales: (entre otras) A.S.D.E.; SADE-Sta. Fe; ICH-Sta. Fe.; El Puente; ASL; SEPA; ESCRITORES.ORG; Parnassus (Buenos Aires); Mapuche (Buenos Aires); Letras en el andén (La Pampa); Café de escritores (USA); Club literario Cerca de ti (España); REMES (España); UEH (Colombia); UDME (Perú); UNILETRAS (Colombia: Vicepresidente Adjunto); OMT (México-USA: Vicepresidente Argentina), etc.

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Revista Almiar (Margen Cero™) · n.º 107 · noviembre-diciembre de 2019

 

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