poema y prosas por
Xus Cubillas Cañellas

 

Visiones sibilinas

Anoche, soñé un gran Apocalipsis en el que vosotros perecíais y yo mismo perecía también. De súbito —¡la Vida, oh la Vida!— comprendí todos los mitos y relatos del mundo y busqué ninfas y faunos y otras deidades menores tan escurridizas que jamás serían encontradas por casualidad. Con la piel aún tierna, abrí mis ojos y en lugar de en llanto, estallé en amplia mueca. Así se saluda a la Verdad pues ella necesita de esa extraña devoción. Dásela o te convertirá en Faetón, en Ícaro, en un tábano.

Vi ciudades enteras sin un alma que las habitara, vacías de toda vida, llenas de silencios y astros invisibles. Espectros iracundos rondaban las calles, trayendo consigo los fatuos fuegos azules del infierno. Los perros del Hades tienen siempre la misma constitución: tres cabezas hambrientas en un mismo cuerpo.

Olí la putrefacta visión de la Injusticia, a la que no solo injurié sino que también degollé para regar los campos baldíos. Una vez más, sentí el dolor de mis ancestros, que vino a mí a modo de maldición atávica. Qué dios impuso la sentencia nunca lo supe. Quién de mis abuelos fue Adán permanecerá en el olvido. Al igual que el rostro de la madre de mi madre, de la abuela de mi abuela, de la Eva de mi sangre.

Y es que anoche, oí al cielo llamándome a través de un espantoso coro de flautas. Noté a las brujas untarme extraños ungüentos que me hicieron volar. Saboreé por un momento la libertad y la dejé escapar por el simple y absurdo hecho de verla correr.

Danza macabra

—¡Es la peste! ¡La peste! ¡Ha llegado la peste! —grita un loco por las callejuelas—. ¡Es la peste! ¡La peste! ¡Ha llegado la peste y exige el sacrificio de vuestros hijos! Os vestirá con bellos bubos que estallarán cuando el Diablo os toque. Buscad refugio en algún dios nuevo: el dios de los corderos está ya débil y marchito y las moscas se amontonan en su boca.

Os han mentido. Os dijeron que debíais obedecer o perecer en la ira del Señor y tal vez hubiera sido mejor asesinarlo. Los lobos se cosieron pedazos de lana al cuerpo y engendraron así borregos que balan ahora ante la inminente peste que llega. —Tal vez hubiera sido mejor asesinarlo y no haberle dado en ofrenda esos colmillos que os dieron los ancestros—.

¡Es la peste! ¡La peste! ¡Ha llegado la peste y todos ríen! Bailan los condenados con la negra Muerte. Han aceptado su destino, la Moira es implacable y los héroes ya no quieren renacer.

Profanaciones

He observado a las constelaciones deshacerse atrapadas por las redes lumínicas de mi mano gangrenada y a las flores marchitas de mi pecho evaporarse entre las hojas caducas del cielo. Un óbolo perdido entre las nieblas heladas.

El Uróboros me mira, flotando ante mis ojos, recitando el mensaje existencial de los robles poéticos que, inmutables, permanecen conviviendo con sus poemas melancólicos. Ha nacido la Tragedia en el ocaso difuminado de los muros de más de dos mil metros de la Tierra y yo los he saltado, buscando entre sus grietas la respuesta escurridiza a los misterios órficos.

Se burlan los océanos profundos: la hora de su conquista se acerca y morirán sueños y esperanzas sin derramar apenas sangre. ¿Qué mente es digna de perdurar cuando se han corrompido todos los espíritus? Caerán los templos rocosos y nacerán, de las cenizas del fuego gris, las ruinas agonizantes de la Existencia. Veo morir a los mártires errabundos que, malditos, abrazan las sucias calles de sus propias vísceras, mientras fuman en loto el hachís de los Jardines de Babilonia.

El moribundo

Postrado en la cama, miro los ojos huecos de la Parca y me doy cuenta de que no he aprendido nada de la muerte que no supiera ya.

—Cuando nos volvamos a ver —le digo a mi madre— yo lo recordaré todo, y te salvaré.

—Cuando nos volvamos a ver —le susurro a mi amor— yo lo recordaré todo, y te amaré mejor.

—Cuando nos volvamos a ver —le grito al mundo— yo lo recordaré todo, y te haré sufrir.

Nada de lo que veo en las cuencas de la Parca me es desconocido. He muerto mil veces y mil veces más habré de morir. Justo ahora… ¡lo recuerdo todo y aprieto los dientes mientras la dulce muerte tira de mi aliento! ¡Estoy anclado a la vida y cuando a ella vuelva empequeñecido, húmedo y ciego, lo recordaré todo y en lugar del llanto, saldrá de mi boca una terrible y grandiosa carcajada!

Profecía

Arrasaré con todo aquello que se me antoje
y me adueñaré de la muerte que allí florezca.
Pariré dolores inimaginables
y extenderé plagas donde la paz reine.
Soy el brazo del Tedio
los pies de la Gravedad
la lengua del Embustero.
Soy el tercer canto del Gallo,
el verdugo de la Bondad
los mil cabellos de la Esfinge
pues traigo enigmas sin respuesta
y la firme promesa de haceros libres.

 


 

Xus Cubillas Cañellas escribe alrededor de estos textos: «La creación de los cinco textos se ha dado a lo largo de siete años (el más antiguo es de 2014) y no responden a ninguna intención inicial de aglomeración. Lo que les permite presentarse como conjunto es su lenguaje y temática similar, además de la sensación que ha propiciado la creación de cada uno de ellos: el estado alterado de conciencia y la angustia vital de mi generación (tengo 25 años) fruto de mirar hacia un futuro oscuro y lleno de incertidumbre y de vivir un presente inestable y caótico».

📧 Contactar con el autor: jcubillas5 [at] gmail [.] com

Ilustración textos: ThomasWolter / Pixabay [dominio público]

 

Relatos y poema Profecía

Biblioteca de Margen Cero

Revista Almiar (Margen Cero™) · n.º 120 · enero-febrero de 2022

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