Por qué un libro sobre Pasolini precisamente ahora

ensayo y presentación por
Salomé Guadalupe Ingelmo

 

M

e preocupaba que los verdugos hubiesen hecho demasiado bien su trabajo. Me preocupaba que lograsen acallar, con el presunto escándalo —de hecho, este libro sostiene que su asesinato nada tiene que ver con la vida privada de Pasolini, sino con la actividad pública que desarrolló como escritor y periodista—, su valiente denuncia contra la corrupción y las injusticias sociales. Me preocupa que, al margen de su reconocida producción artística, su trayectoria humana y especialmente su muerte hayan podido quedar en el recuerdo, al menos para el público mayoritario, como un episodio anecdótico, digno únicamente de interés morboso.

Me preocupa no solo porque lo considero profundamente injusto para su persona, sino porque además me parecería terriblemente estúpido no sacar conclusiones sobre su tragedia. Sobre todo, porque, bajo el manto o el disfraz de la democracia, las amenazas que nos arrebataron un intelectual tan prolífico como recto —esas que, como él mismo anunciaba en su última entrevista, nos ponen a todos en peligro— siguen alarmantemente vivas, y convendría que fuésemos conscientes de ello.

Pasolini, honesto hasta la médula, hasta el último sacrificio, dio su vida por el derecho del ciudadano a estar informado. Este, presuntamente, es uno de los pilares en los que se sustenta la democracia. Y, sin embargo, aún hoy en día —quizá especialmente hoy en día—, ese derecho se ve seriamente comprometido.

Nunca tanto como ahora, en la historia de la humanidad, la palabra democracia había estado más al orden del día, tan en boca de todos. Quizá, demasiado a menudo, a la ligera y en vano. Sí, probablemente el término ha sido y sigue siendo sobreexplotado. Como todo lo que se manosea torpemente, banalizado e incluso degradado: desvirtuado, vaciado casi completamente de su significado original. El propio concepto de democracia está empezando a perder concreción, sus confines se están volviendo imprecisos. Circunstancia que es aprovechada por algunos para justificar su violación por los motivos más peregrinos y estériles. Otros, por su parte, aprovechan la coyuntura para pervertir ese concepto en función de sus espurios intereses. Nunca la tan pregonada democracia ha corrido un peligro tan serio, más quizá incluso que en periodos de nefasto recuerdo de nuestro pasado reciente; pues actualmente los instrumentos coercitivos resultan mucho más insidiosos que antaño. La represión que ejerce un régimen autoritario, una dictadura, es fácilmente identificable por quienes la padecen; mientras los regímenes democráticos pueden manipular al ciudadano de forma mucho más elegante y discreta, salvando las formas y haciendo que sea el propio individuo quien se someta voluntariamente a un recorte de sus libertades: que incluso se autocensure, que se alinee gustoso con el pensamiento mayoritario o con lo que quienes lo gobiernan quieren hacer pasar por el pensamiento mayoritario.

Y en este perverso proceso, por supuesto, cobran un papel fundamental los medios de comunicación. Son ellos quienes más contribuyen a la desinformación y la ausencia de juicio crítico generalizado.

Sin embargo, solo un individuo bien informado e instruido puede ser verdaderamente libre. Y, por tanto, solo en la más absoluta transparencia, abonada además por la cultura, puede prosperar una democracia. Uno no puede tomar decisiones sobre cómo dirigir su vida si no se le muestra más que una opción, un único camino; si se le ofrece una realidad sesgada y parcial. Como tampoco puede ser realmente libre si no se lo dota de recursos intelectuales que lo hagan autosuficiente y le concedan la independencia. Todo lo demás es una pura ficción, un espejismo de libertad y democracia.

Considero un privilegio que Diskolo, una editorial que comparte ese espíritu didáctico tan pasoliniano, comprometida con la difusión de la cultura y el pensamiento, se haya interesado inmediatamente por esta obra. Desde aquí deseo agradecer a su fundador y coordinador, el periodista y escritor Antonio Cuesta, su confianza.

El propio Pasolini prevenía, ya tempranamente, contra la peligrosa deriva emprendida por los medios de comunicación de masas:

«La responsabilidad de la televisión en todo esto es enorme. No como “medio técnico”, claro está, sino como instrumento del poder y poder en sí misma. No solo es un lugar a través del cual pasan los mensajes, sino un centro que fabrica mensajes. Es el lugar donde se concreta una mentalidad que de lo contrario no se sabría dónde situarla. A través del espíritu de la televisión se pone de manifiesto, en concreto, el espíritu del nuevo poder.

»No cabe duda (a los resultados me remito) de que la televisión es más autoritaria y represiva que ningún otro medio de información del mundo. A su lado, el periódico fascista y los letreros mussolinianos pintados en las alquerías mueven a risa, como (con dolor) el arado frente al tractor. El fascismo, lo digo una vez más, fue incapaz de arañar siquiera el alma del pueblo italiano; el nuevo fascismo, a través de los nuevos medios de comunicación e información (sobre todo, justamente, la televisión), no solo la ha arañado, sino que la ha lacerado, la ha violado, la ha afeado para siempre…[1]».

El periodismo tiene una enorme responsabilidad respecto a la ciudadanía. Por tanto, hemos de exigirle el cumplimiento de un código deontológico. La de periodista —como la de escritor o docente, por ejemplo— es una labor que solo deben desarrollar quienes disponen de escrúpulos y principios.

Pasolini disponía de ellos. Y por eso, por defenderlos, por reclamar los legítimos derechos de todo ser humano para sí y también para los demás, perdió la vida. Esa es la principal razón por la cual he decidido dar a conocer este ensayo precisamente ahora. Porque es de bien nacidos ser agradecidos y porque no hemos de olvidar su valiente ejemplo.

 

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[1] Publicado, con el título “Sfida ai dirigente della televisione”, en Il Corriere della Sera el 9 de diciembre de 1973.

 

Pasolini Pasión y muerte

Autor: Salomé Guadalupe Ingelmo
Título: Pasolini: Pasión y muerte
Editorial: Dyskolo ▪
Colección: Crónicas
Género: Ensayo ▪ Edición 1.0. febrero 2020
(epub: 707 Kb. ▪ mobi: 682 Kb. ▪ pdf: 127 pág.)
Disponible, en Dyskolo y Lektu

 

A

un a 45 años de su desaparición, Pier Paolo Pasolini, uno de los intelectuales más prolíficos y polifacéticos del siglo XX, continúa alimentando la controversia. Digno de la más enrevesada película de espionaje, su atroz asesinato permanece, hoy en día, rodeado de inquietantes incógnitas.

Exponente realmente destacado de la literatura entendida como revulsivo social, todo parece indicar que el polémico escritor, y cineasta fue víctima de una rectitud que siempre lo empujó a denunciar la corrupción política y las injusticias sociales. Aunque la marginalidad suministrarse una mano ejecutora, en la autoría intelectual del crimen seguramente se vieron involucradas las más altas esferas del poder político, principal interesado en acallar para siempre al lucido juglar, al lenguaraz ruiseñor.

Ejemplo de integridad intelectual, Pasolini es hoy en día, quizá más que nunca, una figura merecedora de atención.

 


 

Sobre la autora:

Salomé Guadalupe Ingelmo (Madrid, 1973). Formada entre España e Italia, después de cursar estudios en la Universidad Complutense de Madrid, la Universidad Autónoma de Madrid, la Università degli Studi de Pisa, la Universita della Sapienza de Roma y el Pontificio Istituto Biblico de Roma, se doctoró con una tesis sobre las divinidades ofídicas mesopotámicas en 2005, en la Universidad Autónoma de Madrid, donde desde entonces imparte clases de lengua y cultura mesopotámica como profesora honoraria y miembro del Instituto para el Estudio del Oriente Próximo de dicha universidad.

Durante los diez años que residió en Italia, desarrolló labores como traductora, correctora y docente de español.

Además de sus artículos científicos en el ámbito de la orientalística, publica asiduamente ensayos literarios, tanto académicos como de divulgación, en diversas revistas culturales y medios digitales nacionales e internacionales. Sus reseñas de cine también suelen aparecer en dichos espacios.

Ha recibido premios literarios nacionales e internacionales de narrativa, microficción y dramaturgia, así como alguna mención de poesía. Sus obras han sido publicadas en numerosas antologías colectivas.

Por otro lado, en la última década ha sido jurado en varios certámenes de literatura europeos y latinoamericanos, y se ha encargado de la coordinación y promoción de alguno de ellos.

Un resumen de su trayectoria literaria se puede consultar en su web http://sites.google.com/site/salomeguadalupeingelmo/

Su Facebook es @saloguadalupeingelmo

 

Leer más textos de esta autora (en Almiar): Solución final (monólogo teatral) ▪ Cervantes sí tiene rostro ▪  «Cien años de soledad»: Signos, señales y claves

 Ilustraciones: Portada del libro y fotografía interior.

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Revista Almiarn.º 108 • enero-febrero de 2020MARGEN CERO™

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