relato por
Adán Echeverría

 

L

uego del estruendo, el silencio ocupó el espacio. La nube de polvo tomó su tiempo en diluirse con el tenue viento que siguió a la ráfaga. Si alguien hubiera podido medirlo hubiera contado apenas minutos. La silente amplitud creció hasta cubrir los cuerpos de la familia, empezando con la madre sobre el mantel colocado encima del césped. Un balón de americano permanecía equidistante entre el cuerpo de un hombre adulto y una pareja de niños. Los cuerpos eran rojos, ardientes, despellejados; la blancura de los dientes creció sobre la albura de los globos oculares en los cuatro cuerpos depositados en el césped. El inmóvil paisaje fue roto por el vibrar de élitros de los escarabajos provenientes de la arboleda. El monótono zumbido zigzagueante formó una mancha negra sobre el verde césped, y el luminoso día azul claro parpadeó. Los escarabajos fueron cubriendo los cuerpos: el de la madre subiendo por sus muslos, el del padre caminando su rostro, y el de los niños cubriéndolos por completo. La oscura mancha avanzó hasta introducirse por los orificios y debajo de la deshilachada piel, entre sangre seca. Hurgando las probóscides al unísono, los escarabajos, con ritmo preciso y diligente, primero sorbieron la sangre, y luego pasaron a los colgantes pellejos, la grasa y la carne de los cuerpos. La luz diurna escurrió y apretó la noche. El silencio parpadeaba con las vibraciones de los élitros, con el delicado mascar, tragar y defecar de los escarabajos. La mancha brillante, metálica, había crecido tanto, que pequeñas fracciones de los cuatro cuerpos podían observarse, albas, limpias. Un rubor de rocío cayó sobre los exoesqueletos de los bicharrajos. Aclaraba. La densa niebla que surgió del césped ante la luz solar se condensó. Plenos quedaron, entre el verde césped y la azul mañana, los esqueletos amarillos de una familia unida «hasta el final de lo tiempos». Los escarabajos emprendieron el vuelo en agitantes élitros para esconderse en los árboles del bosque, victoriosos y saciados. Hartos de alimento comenzarían las batallas de la procreación y aumentarían la prole, en espera de que el generoso dios del bosque, les ofrezca algún nuevo cadáver de la humanidad.

 


 

ADÁN ECHEVERRÍA GARCÍA. Mérida, Yucatán (1975).
Integrante del Centro Yucateco de Escritores, A.C. Realiza el Doctorado en Ciencias Marinas en el Cinvestav del Instituto Politécnico Nacional – Unidad Mérida con una beca del Conacyt. Biólogo con Maestría en Producción Animal Tropical por la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY). Ha cursado además el Diplomado en Periodismo, Protocolo y Literatura (ICY, CONACULTA-INBA y Editorial Santillana, 2005). Por su obra literaria ha sido considerado en el Diccionario Biobibliográfico de Escritores de México que realiza la Coordinación Nacional de Literatura del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA). Ha publicado los poemarios El ropero del suicida (Editorial Dante, 2002), Delirios de hombre ave (Ediciones de la UADY, 2004), Xenankó (Ediciones Zur-PACMYC, 2005), La sonrisa del insecto (Tintanueva ediciones, 2008), y Tremévolo (Ed. Praxis – Ayuntamiento de Mérida, 2009); así como el libro de cuentos Fuga de memorias (Ayuntamiento de Mérida, 2006). Compiló junto con Ivi May el libro Nuevas voces en el laberinto: Novísimos escritores yucatecos nacidos a partir de 1975 (ICY, 2007), y con Armando Pacheco la compilación electrónica en Disco Compacto Del silencio hacia la luz: Mapa poético de México. Autores nacidos en el período 1960-1989 (Ediciones Zur y Catarsis Literaria El Drenaje, 2008). Es Premio Nacional de Literatura y Artes Plásticas El Búho 2008 en poesía, Premio Nacional de Poesía Rosario Castellanos, convocado por la UADY (2007). Ganador del X Premio Nacional de Poesía Tintanueva 2008 (convocado en 2007). Premio Estatal de Poesía Joven Jorge Lara (2002). Mención de honor en el Premio Nacional de Cuento José Amaro Gamboa, convocado por la UADY (2004); Mención de honor en el Premio Estatal de Poesía José Díaz Bolio (2004) y Mención de honor en el Concurso Nacional de Cuento Carmen Báez (2005), de Morelia, Michoacán.

 

Leer otros textos de este autor (en Almiar):
Entre caballos e impalas | Mirar desde Clarice Lispector
| Recuerdo por Nicanor Parra | Pequeña historia de la danza en Yucatán

Contactar con el autor: adanizante [at] yahoo.com.mx

Ilustración relato: Fotografía por FelixMittermeier / Pixabay [public domain].

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Revista Almiar • n.º 109 • enero-febrero de 2020MARGEN CERO

 

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