Para la construcción de un posible Canon Literario
artículo por
Adán Echeverría

 

para Larissa Calderón

 

T

rinidad Barrera, en el año 2003, enlista un número amplio de mujeres latinoamericanas exponentes del género narrativo, (pongo entre paréntesis mis comentarios sobre algunas de las autoras que se enlistan): Silvina Ocampo (quien hiciera una compilación de cuento fantástico con Borges; y cuyo cuento Cielo de claraboyas muestra la capacidad de la autora para el enfoque del narrador al contar una historia, en el que el personaje no sólo es una niña, sino que además mira todo a través del techo de vidrio, observando solo zapatos, sombras, siluetas, manchas; verdaderamente hermoso), María Luisa Bombal (y el cuento El árbol que uno siempre seguirá leyendo), Teresa de la Parra, Nidia Díaz, Claribel Alegría, Gioconda Belli (una gran poeta de Nicaragua, de tono fuerte, que evidencia en su libertad una claridad para el lenguaje que se disfruta, contestataria, rebelde, de espíritu aguerrido, como queda claro en cada uno de sus poemas); Isabel Allende (que empezara muy fuerte en su narrativa, volviéndose internacional, y que poco a poco fue cayendo en descuidos, impulsada por la venta y la fama); Luisa Valenzuela, Diamela Eltit, Rosario Ferré (excelente poeta), Cristina Peri Rossi (no solo excelente poeta, sino quien además ha traducido al español parte de la obra de otra mujer brillante: Clarice Lispector). La mexicana Rosario Castellanos (mucho más poeta que narradora, aunque se reconocen sus novelas y sus ensayos; sobre ella Beatriz Espejo señala: «sus logros más esmerados quedaron en la poesía, pues en el cuento sacrificaba la estética en aras de la utilidad»). Barrera también menciona a Elena Poniatowska (con mucho la de menor calidad literaria de todas las escritoras acá señaladas, pero de quien la mercadotecnia ha sabido nutrirse para saturar las librerías); Laura Esquivel (su novela Como agua para chocolate es uno de los libros más leídos en México), Ángeles Mastretta (al igual que Esquivel, es un hit de ventas, pero con mucho más literatura que la anterior), Nellie Campobello (poco leída, pero una gran escritora, que ha sido parteaguas de las letras mexicanas), Elena Garro (la más grande escritora mexicana de la época contemporánea; en cuento, novela, dramaturgia, supo desenvolverse y dejar grandes obras que han influido en el trabajo de muchos escritores; baste leer y comparar La culpa es de los tlaxcaltecas, y el texto que Julio Cortázar titula La noche boca arriba, para medir el influjo de la autora mexicana, quien huyera de México en 1972 asediada por «escritores mexicanos», en una de las historias más perniciosas que sobre una mujer ha construido este país. Emmanuel Carballo señala: «Hay que hablar en voz baja de Garro para que nadie lo sepa»). Trinidad Barrera también menciona a Margo Glantz y Marcela Serrano.

Ya lo ha señalado Beatriz Espejo, pero vale la pena recordarlo: «En México solo a finales de los cuarenta, principio de los cincuenta, surgieron las mujeres de letras como las entendemos actualmente, con un aura que les permite ganarse el pan y la autonomía. La misma Beatriz Espejo, hace otro recuento de escritoras mexicanas, y a las ya señaladas por Barrera agrega algunas poetas como: María Enriqueta Camarillo de Pereyra, Laura Méndez de Cuenca, y a cuentistas como Amparo Dávila (de las que no podemos evitar mencionar dos textos con un tema casi idéntico El huésped y Alta cocina, en los que la autora evidencia la técnica para saber ocultarle pistas al lector, sin dejar de mantener la tensión), Guadalupe Dueñas, Julieta Campos, Esther Seligson e Inés Arredondo.

Espejo cuyo oficio de escritora se enfoca en la narrativa, apunta sobre el género del cuento que: «Requiere: equilibrio, eficacia, gran dosis de malicia, economía, tensión, oficio implacable, sensibilidad para elegir un instante donde converjan los acontecimientos». Sabe bien de lo que habla. Y remata señalando que: «Las cuentistas mexicanas tratan problemas de índole femenina, frigidez, divorcio, lesbianismo, aborto, adulterio, relaciones sadomasoquistas, conflictos que trae consigo la autosuficiencia, la soledad de la creación y la soledad ontológica. Las más jóvenes ponen esto a un lado para fascinarse por la cibernética. Las mujeres encontraron en otras mujeres su público entusiasta, sus estudiosas y promotoras». Esto, claro, para antes de entrar al siglo XXI.

A el listado anterior que se va conformando sumemos las autoras que Vicente Francisco Torres enlista: Cristina Pacheco, Emma Dulojanoff (Seymour Menton escribe su apellido como Dolujanoff), María Luisa Puga, Gabriela Rábago Palafox, Malú Huacuja, Angelina Muñiz, Brianda Domecq, Ana María Maqueo, Aline Pettersson y Silvia Molina, y tendremos un pequeño listado de autoras latinoamericanas y sobre todo nacidas o radicadas en México que esperan para ser revisitadas, leídas, analizadas, no solo desde la temática del género, sino basados en la calidad de sus obras, en el aporte que han hecho a la tradición literaria mexicana; en todo lo que ofrecen sus estructuras narrativas, para que, con ese análisis, las generaciones futuras de escritores (sin importar género), obtengan los modelos necesarios a repetir, vincular, mejorar, asimilar, dentro de sus propias creaciones. Recordamos que el que quiere dedicarse al oficio de escribir ya no leerá solo para entretenerse sino en busca de conocer las estructuras del cómo le hace tal escritor para atrapar nuestro interés lector, para desarrollar cada una de sus obras.

El listado de las autoras que acá se menciona apenas es punta de lanza; falta el gran número de autoras que han sabido construir su obra a partir del año 2000, con publicaciones en revistas, antologías y libros de cuentos, novelas, para poder conjuntar el verdadero Canon Literario de Escritoras necesario de revisar.

El crítico literario Seymour Menton, para el 2010, hace un añadido a este listado de autoras del que hemos compartido algunos nombres, al realizar un pequeño análisis de las cuentistas que escriben y publican cuentos a partir de 1970, atreviéndose a señalar con un mucho de ironía: «O sea, según éstas, (refiriéndose a las mujeres que hacen crítica literaria), que para apreciar la literatura femenina, hay que elaborar nuevos criterios estéticos». Yo jamás podré estar de acuerdo con esta forma del crítico estadounidense de tratar de ningunear las opiniones de las mujeres que hacen crítica literaria, y prefiero volver a las palabras de Beatriz Espejo: «ya no hay pretextos de ningún tipo ni obstáculos de ninguna clase. Hay una apabullante disyuntiva: se tiene o no se tiene talento. Y a partir de ahí debemos juzgar».

Lo expresado en la nota crítica que Menton comenta y lo que señala Beatriz Espejo terminan siendo similares: el lector juzga la literatura por su contenido, por cómo golpea la conciencia y la emoción de aquellos lectores, por cómo es recibida o rechazada, y todo ello sin necesidad de recurrir a cuestiones de género, a que tenga que gustarme por ser un texto escrito por una mujer. A que como mujer solo tenga que leer textos escritos por mujeres. Pero hay una forma diferente en que Menton lo señala, hasta con sorna, y como lo señala Espejo. Incluso Menton intenta suavizar lo dicho apuntando lo que expresa Sara Sefchovich: «en el placer de la lectura, no hay masculino ni femenino»,

Aun con aquel dislate egocéntrico del crítico norteamericano, Menton indica los nombres de las siguientes cuentistas (pongo las que no han sido nombradas con antelación en este recuento, el autor señala otras, pero los anteriores críticos también las han enlistado, y mi propósito, querido lector, es conjuntar el nombre de las narradoras): Carmen Báez, Carmen Rosenzweig, Elsa Cross, Margarita Dalton, María Esther Perezcano de Salcido, María Luisa Mendoza. Menton enlista a la misma Beatriz Espejo y a Ethel Krauze.

Para seguir con las autoras de narrativa pertenecientes a  la segunda mitad del siglo XX en México, Paula Kitzia Bravo Alatriste nos habla de las cuentistas del género fantástico, y enlista otras tres autoras que aún no hemos señalado (entre las ocho de las que analiza su obra) como: María Elvira Bermúdez, Raquel Banda Farfán, Maruxa Vilalta.

En total la literatura consultada permite reconocer al menos a 48 escritoras que se desarrollan, o han desarrollado, en el cuento, y algunas de ellas incluso en la novela. De las cuales 11 latinoamericanas, 1 escritora brasileña (Lispector), y 36 autoras que han nacido o que radican y han desarrollado su trabajo literario en México. Usted lector puede consultar sus obras, volver a leerlas si las ha leído antes, o acceder a nuevas lecturas, para ir construyendo el Canon Literario de las Mujeres Narradoras de la América cuya lengua es el español.

 

Referencias

  • Barrera, Trinidad. 2003. La narrativa femenina: balance de un siglo. Anales de la Literatura Española, n.º 16. Universidad de Alicante. 20 pp.
  • Bravo Alatriste, Paula Kitzia. Amparo Dávila y las cuentistas del género fantástico en el medio siglo. En Tema y variaciones en literatura, n.º 30. p. 133-155.
  • Cabrera Hernández, Gaspar Rafael. 2011. Elena Garro y el 68. La historia secreta. Tesis de Licenciatura. FES-Aragón, UNAM. 239 pp.
  • Espejo, Beatriz. Las cuentistas mexicanas: 1898-1998. Centro Virtual Cervantes. 7 pp.
  • Torres, Vicente Francisco. Cuentos mexicanos de hoy. 8 pp.
  • Menton, Seymour. 2010. Las cuentistas mexicanas en la época feminista, 1970-1988. Biblioteca Virtual Universal. 9 pp.

 


 

ADÁN ECHEVERRÍA. Mérida, Yucatán (1975).
Integrante del Centro Yucateco de Escritores, A.C. Realiza el Doctorado en Ciencias Marinas en el Cinvestav del Instituto Politécnico Nacional – Unidad Mérida con una beca del Conacyt. Biólogo con Maestría en Producción Animal Tropical por la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY). Ha cursado además el Diplomado en Periodismo, Protocolo y Literatura (ICY, CONACULTA-INBA y Editorial Santillana, 2005). Por su obra literaria ha sido considerado en el Diccionario Biobibliográfico de Escritores de México que realiza la Coordinación Nacional de Literatura del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA). Ha publicado los poemarios El ropero del suicida (Editorial Dante, 2002), Delirios de hombre ave (Ediciones de la UADY, 2004), Xenankó (Ediciones Zur-PACMYC, 2005), La sonrisa del insecto (Tintanueva ediciones, 2008), y Tremévolo (Ed. Praxis – Ayuntamiento de Mérida, 2009); así como el libro de cuentos Fuga de memorias (Ayuntamiento de Mérida, 2006). Compiló junto con Ivi May el libro Nuevas voces en el laberinto: Novísimos escritores yucatecos nacidos a partir de 1975 (ICY, 2007), y con Armando Pacheco la compilación electrónica en Disco Compacto Del silencio hacia la luz: Mapa poético de México. Autores nacidos en el período 1960-1989 (Ediciones Zur y Catarsis Literaria El Drenaje, 2008). Es Premio Nacional de Literatura y Artes Plásticas El Búho 2008 en poesía, Premio Nacional de Poesía Rosario Castellanos, convocado por la UADY (2007). Ganador del X Premio Nacional de Poesía Tintanueva 2008 (convocado en 2007). Premio Estatal de Poesía Joven Jorge Lara (2002). Mención de honor en el Premio Nacional de Cuento José Amaro Gamboa, convocado por la UADY (2004); Mención de honor en el Premio Estatal de Poesía José Díaz Bolio (2004) y Mención de honor en el Concurso Nacional de Cuento Carmen Báez (2005), de Morelia, Michoacán.

 

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Contactar con el autor: adanizante [at] yahoo.com.mx

Ilustración artículo: Fotografía por StockSnap / Pixabay [public domain]

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Revista Almiar – n.º 98 / mayo-junio de 2018MARGEN CERO™

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