por
Rubén García García

 

Ximena

 

Ximena, la hija del cavador de tumbas, fue al cementerio a dejarle comida a su padre en el momento que él terminaba de abrir una fosa para exhumar a un cadáver.

En los siguientes días su padre la notó alejada, desatenta.

—¿No has dormido bien?

—No.

—¿Pesadillas?

—No sé.

—¿Qué sientes?

—Cuando estoy por dormir, en el letargo, siento un tronco pesado sobre mí. Un rato después me sofoco y respiro asustada, sudorosa y una languidez que me dura toda la mañana. Algo baila sobre mí.

La llevaron con la sanadora y les dijo, seria:

—A la muchacha se le subió el muerto. Ya nada se puede hacer, como vino se irá.

Meses después tuvo un crío que parecía no tener vida. Creció con la mirada lejana y caminaba engarrotado y dando traspiés. Un día se fue a buscar a su padre. Y ya no regresó.

Ximena recuerda al muerto entre sueños y acude al cementerio en la tarde húmeda y gris a sembrar margaritas de monte.

 

Premonición

 

Despertó en la madrugada con la boca seca. Fue a la cocina, abrió la nevera y asió la jarra, que en vez de agua tenía una cara con la boca abierta por donde salía una lengua polvosa y aplanada. «Tengo sed», dijo con voz aniñada. Violentamente se incorporó de la cama con lumbre en la garganta y su corazón galopando. Se quedó inmóvil y masacrado, esperando la mañana.

 

La salida

 

Caímos en el aburrimiento, pasamos del paroxismo al tedio. Las coincidencias del ayer ahora son contradicciones. El sexo es la puerta donde nos encontramos, pero ¿hasta cuándo? Las pláticas en el café, el lenguaje de las manos en el parque, quedaron lejos. Ahora tenemos el reproche, la pregunta, la ironía. Esperamos la noche, sin hablar, y vivimos para el placer. Yo sueño con otra mujer, tú con otro hombre. Tendremos un espacio para reconsiderar, ya que hoy por la noche, para fortuna de ambos, llega tu marido.

 

El patito feo

 

Cuando al patito feo le daban cargada sus «hermanos» se iba con los gansos y era un ir y venir de un extremo a otro de la laguna. En la competencia de los mil metros de nado libre, él se llevó el trofeo y diez kilos de mosquitos deshidratados. Al ser fotografiado con el trofeo, atrás de él se encontraban mamá pato y mamá ganso.

 


 

Rubén García

Rubén García García. Nace en Álamo Ver. Méx. 1946. Médico, jubilado de la Universidad Veracruzana. Ficciones publicadas en antologías Libros escolares Sm, Cien fictiminimos, Cuentos pequeños, Libro de los seres no imaginarios, Alebrije de palabras, Taller de locos, Eros y afrodita. En libros virtuales O dispara usted o disparo yo y Pequeficciones. Director de dos cortometrajes: Debes de estar loco y La niña de las guayabas basados en dos cuentos de su autoría. Ficticiano de corazón.


🔗 Web del autor: Sendero blog (https://sendero.blog/)

🖼 Ilustración relato: Diseño por Marythestrange / Pixabay [public domain]

biblioteca relato Los tres hermanos

Relatos en Margen Cero

Revista Almiar (Margen Cero™) · 🛠 PmmC · n.º 113 · noviembre-diciembre de 2020

Lecturas de esta página: 101

Siguiente publicación
Veo el brazo de esa mano tensando las riendas de…