artículo por
Antonio García Francisco

A

l analizar un poco más profundamente que la simple contemplación el alero del monasterio de San Pedro de Villanueva*, descubrimos que encierra al menos tres líneas muy diferentes en lo que a mensajes y personajes esculpidos se refiere.

Tres líneas, tres guiones o grupos de personajes, y una información inesperada. Una línea la podríamos denominar como mitológica; otra, popular y una tercera la encasillaríamos como moralista. Y de regalo, una curiosa información sobre algunos personajes relacionados con el monasterio, la cual pasa desapercibida hoy en día y quizás lo haya pasado durante siglos.

A esta conclusión se llegó tras el estudio que se decidió realizar en abril de 2022, cuando D. Ignacio Bosch, director del Parador Nacional de Cangas de Onís, propuso al final de una charla sobre simbología románica en la que un servidor tuvo el honor de ser el ponente, la posibilidad de dar una interpretación lógica a todas las figuras esculpidas en el monasterio. Dicho y hecho. En 2023 ya pudimos hablar convincentemente, en otra conferencia llevada a cabo en el mismo lugar, acerca de las esculturas del exterior del ábside de la iglesia monacal y la ventana del mismo.

La intención de este artículo es dar a conocer el resultado de los trabajos interminables para llegar a buen puerto con esta empresa: fotografiar desde todos los ángulos posibles, analizar una y mil veces las fotografías obtenidas, nuevos viajes para volver a comprobar in situ, consultas en la Biblioteca Nacional, en la Hemeroteca, en el Archivo Histórico Nacional y, sobre todo y más fructíferas, a asturianos conocedores de su Historia y Mitología que fueron quienes de alguna manera más ayudaron en los casos más difíciles.

Antes de empezar con las tres líneas simbólicas, es imprescindible hablar de tres personajes importantísimos en la construcción del monasterio.

No, no teman, no les voy a inundar con nombres y fechas. No es mi estilo, entre otras cosas porque tengo memoria de pez para ambas cosas, soy incapaz de acumular ese tipo de datos.

A poco que nos fijemos, podremos observar la existencia de dos rasgos comunes en las figuras esculpidas: todos los personajes nos brindan unos ojos saltones, casi redondos, como si fueran huevos, y algunos de ellos, además, unos labios gruesos, como los belfos de un caballo. ¿Por qué? Los de los hocicos prominentes son hombres ocupados en actividades de trabajos manuales relacionadas con el monasterio, mientras que en los otros claramente se nota que son monjes en actitudes piadosas o personas sin relación. El magíster está estableciendo distinciones entre legos y monjes, caras vulgares y caras de rasgos más nobles. Es su estilo propio.

¿Y quién sería ese magíster? ¡Vaya usted a saber!, es lo primero que nos diría cualquiera que nos estuviera hablando del monasterio…

Pues eso es lo que acabamos de descubrir: quién fue ese magíster.

Retrato de Sancius, nombre imaginario, posiblemente el maestro de San Pedro de Villanueva

Resulta que hay un canecillo en el absidiolo del lado de la epístola en el que podemos contemplar a un hombrecito con algo extraño en las manos. Tiene crespina en la cabeza, detalle que, unido al hábito talar (que llega hasta los talones) nos revela que probablemente es un monje. Este hombre tiene abundante barba, símbolo de que es hombre experto y probablemente sabio o, como mínimo, de gran carácter. Su posición es la de sentado, señal de que ha acabado un trabajo y está descansando. Y tiene en las manos algo que, bien pensado, no es tan extraño como parecía en la primera impresión: es una filacteria.

Pero, ¿qué es eso? ¿Inventando palabras? No, por supuesto que no. Una filacteria es una banda de piedra, de obra o de madera, generalmente imitando un pergamino, con algo escrito, que suelen ser leyendas o rótulos identificativos de quién lo porta, entendiendo como leyenda un grabado que acompaña a algo, generalmente a una imagen para complementarla o explicarla, según la RAE.

Nuestro modesto y cansado personaje con crespina, ojos saltones y hábito talar, nos muestra su filacteria con un humilde mensaje que le va a identificar: su marca de cantero.

No necesita más, con eso será reconocido en su tiempo y se sabrá en tiempos venideros que Sancius, o Sanxo, o Suavi, o tal vez Saurino, quizás Sança o simplemente Sanç, fue el escultor del alero de San Pedro de Villanueva. ¡Bravo por ti, pasaste a la posteridad con tu modesto me fecit!.

Pero no es el único personaje retratado en San Pedro de Villa nueva. A la vuelta de la esquina como quien dice, en sendos canecillos, uno en el ábside central y otro un poco más escondido, en el absidiolo del lado del evangelio, tenemos dos caras muy significativas.

¿Por qué sabemos que son retratos? Porque solo existen estas dos caras y sus rasgos son muy aclaratorios.

El primero nos presenta a un hombre barbado, señal como dijimos de sabiduría, experiencia y edad, pero acompañado de otros atributos muy identificativos: al fondo, el respaldo de un estalo (un estalo es el asiento de los monjes en el coro); en la cabeza, una crespina, el tocado de lana que usaban los monjes en el monasterio para preservar la cabeza del frío; los ojos ahuevados, característica de nuestro pequeño magíster de San Pedro de Villanueva, cerrados, indicio inequívoco de que está en oración o que es hombre de oración.

Al fondo el estalo, símbolo del coro del monasterio. Crespina en la cabeza, símbolo de ser monje; ojos cerrados, símbolo de ser hombre de oración, y barba de hombre sabio.

¿Quién es? Todavía no lo sabemos, pero vamos a ponerle en contraposición con el otro retrato. Este segundo canecillo, más escondido, como dejando el espacio principal al anterior personaje, nos presenta también a un hombre, pero éste tiene, por el contrario, los ahuevados ojos muy bien abiertos, señal de que está en el mundo, lo cual nos confirma la palmeta que tiene detrás, o sea, está o vive en el exterior del monasterio, ya no lleva crespina, sino que muestra un peinado cabello y la consabida barba de hombre de ciertos conocimientos. Está situado en el absidiolo del lado del evangelio, tímidamente semiescondido.

Palmeta al fondo que indica que está en el mundo.
Ojos saltones muy abiertos. Cabello sin crespina
y barba de hombre experto.

Sumemos: dos y dos son cuatro, tanto si sumamos de arriba hacia abajo o como si lo hacemos de abajo hacia arriba: estamos contemplando la cara de los dos hombres que dieron trabajo a nuestro magíster de la letra S; nuestro buen Sancius (este nombre me gusta porque era muy común en aquella época y bien pudiera haber sido el suyo), el cual, en agradecimiento, les retrató para los siglos venideros: el abad que encargó las obras y el maestro constructor que las ejecutó. De ambos dependía el sustento de Sancius y de su familia; Sancius era un hombre agradecido porque de bien nacidos es ser agradecidos y el agradecimiento se expresa con obras y no con palabras, porque obras son amores y no buenas razones.

Hemos descifrado quiénes son los tres protagonistas responsables de las figuras que hoy contemplamos en San Pedro de Villanueva: el buen abad (don Rodrigo le nombran en el Manuscrito de Villanueva de Fray Juan del Saz) que encargó y pagó las obras; el experto maestro constructor de nombre desconocido, que las proyectó, dirigió y en definitiva llevó a cabo, y el hábil tallista Sancius que ejerció a la vez de notario y de fotógrafo para conocimiento de las generaciones venideras. Ha llegado el momento de empezar a describir la línea mitológica de las esculturas del alero.

Pero este cuento ya está resultando muy largo. Mejor será dejarlo para el próximo artículo, que dicen que lo bueno gusta pero lo mucho cansa.

Nos citamos en este mismo sitio en una nueva publicación, con permiso de la autoridad competente y si el tiempo no lo impide.

 

Antonio García Francisco
Madrid, mayo de 2024

 

* El monasterio se encuentra situado en la parroquia de Villanueva, concejo de Cangas de Onís, Asturias.

 


 

✳️ Este artículo se publicó originalmente en la web Radio Cangas Reconquista (https://radiocangas.blogspot.com/), el 6 de mayo de 2024.

Antonio García Francisco fue el responsable de la sección de Humor de la Revista Almiar; las publicaciones de aquella época puedes verlas pulsando en este enlace.

👀 Leer otros artículos de este autor (en Almiar): Caradrios en AsturiasTres canteros medievales

Ilustraciones: (Portada) Monasterio de San Pedro de Villanueva – Iglesia02, Ecelan, CC BY-SA 4.0, undefined, via Wikimedia Commons. ▪ (En el texto) Fotografías por Antonio García Francisco ©.

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