Recordando trucos de maestros olvidados
por José Luis Crespo Fajardo · Universidad de Cuenca (Ecuador)
y Luisa Pillacela Chin · U.E. Rotary Club (Ecuador)

 

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artín Antonino escribió varias obras de enseñanza a artistas para la editorial CEAC a finales de los años 80, dentro de su colección Biblioteca de Dibujo y Pintura: Dibujando con rotuladores, Pintando con acrílicos, y sobre todo el volumen que traemos a colación, 100 recursos prácticos en dibujo y pintura, cuyo original es de 1987, con nuevas ediciones en 1989, 1992 y 1995.

Repasamos este manual clásico en el cual participaron dibujantes como José Álvarez, Eugenio Vega y el Equipo Velasco. Estos nombres pertenecen a la era dorada de los libros de aprender técnicas artísticas de la editorial CEAC, y hay una serie de autores paradigmáticos que, como Martín Antonino, podemos considerar verdaderos maestros olvidados: José Antonino, J. L. Velasco, Mario Baeza, A. Calderón o Juan T. Comamala, son algunos de ellos.

Nos interesa 100 recursos prácticos en dibujo y pintura porque tiene un claro objetivo revelado en la introducción. Existen toda una serie de trucos y soluciones a diferentes problemas prácticos conocidos solamente en los estudios profesionales de diseñadores y artistas, y que por lo general no se revelan en los libros didácticos. Por eso, entre las páginas de este manual de sugerencias hallamos todo tipo de ideas, en especial aplicables al campo del diseño publicitario, muy en boga en esta época, con el auge de la computadora, cuando los jóvenes, como atestigua el autor, si antes comentaban «quiero ser dibujante o pintor», ahora dicen «quiero ser diseñador» (p. 1).

Aun así, hay que señalar que muchos de los consejos siguen surtiendo efecto, sobre todo a los dibujantes más artesanales. Por ejemplo, la idea de utilizar una hoja de afeitar para raspar el papel manchado con tinta china y luego frotar con la uña para devolverle el satinado, resulta igualmente útil para los aprendices en las academias y facultades de arte contemporáneas. Los parcheados para suprimir errores de tinta y otras estrategias para borrar fallos, como partir el borrador con una cuchilla para formar una cuña capaz de eliminar un detalle, siguen siendo útiles. Recomendaciones como utilizar lejía para borrar tinta con base de agua o hacer correcciones a manchas de acuarela, como se indica en el consejo 75, siguen vigentes. Para trazar, con un mismo estilógrafo, diversos tipos de grosores de línea, el autor sugiere que se incline en variedad de ángulos, lo cual es una idea igualmente buena hoy que hace treinta años. Una estrategia en concreto, el uso de una retícula o cuadrícula, es en realidad muy antigua, y ya mencionaba el tratadista Leon Battista Alberti en el Quattrocento. Martín Antonino la recomienda para hacer obras de grandes dimensiones sin perder el sentido de proporciones. Nos llama también la atención su recomendación de utilizar formatos grandes para minimizar los defectos en un dibujo a tinta, de modo que al reducirlo no se vean. Además, así dibujar se hace más cómodo, comenta el autor, que aduce que el estadounidense Alex Raymond, dibujante de Flash Gordon, hacia páginas originales de hasta un metro de lado (p. 78).

Otras veces Antonino da consejos sobre el mantenimiento de los estilógrafos y cómo evitar que se sequen, recomendando no dejarlos de utilizar por un tiempo largo, ni abandonarlos con la punta hacia abajo, sino hacia arriba. Es obvio que piensa en estilógrafos de gran calidad, pues en cierta parte nos habla de su desmontaje pieza por pieza. Resulta llamativo que mencione que los fabricantes han intentado solucionar con diferentes mejoras técnicas el problema de que se sequen, lo cual tal vez hoy en día, a la luz de la evidencia de la obsolescencia programada, resulta ciertamente discutible.

En ocasiones nos remite a materiales por entonces novedosos en el mercado, como las reglas de plantillas curvas, cintas adhesivas de colores, hojas de degradado o paletas de láminas de papel desechables. Quizá un estudiante o un profesional tendría conocimiento sobre los mismos, pero no el aficionado, que es el target principal a quien va dirigido el libro. A veces parece un catálogo de materiales, y Martín Antonino llega a advertir sobre diferentes precios y el prestigio de las marcas. De hecho, el consejo número 100, el último, es en esencia un listado de establecimientos en España donde es posible encontrar los mejores materiales. Por otra parte, algunos consejos son solamente la indicación de que un recurso existe en una imprenta o estudio, de manera que podría el lector acudir a preguntar, por ejemplo, por la elaboración de una «fotografía quemada».

De tal modo, se podrían categorizar algunos consejos en razón de su descripción de materiales, como por ejemplo cuando nos habla de los tipos de pinceles según su forma: cuadrados, planos, de lengua de gato y redondos. Los divide también según su tamaño y por su material: pelo de marta, pelo de buey, sintéticos… Así también categoriza los tipos de plumillas, recomendando las mejores marcas del mercado. Otros consejos están en el ámbito de la instrucción general del artista o diseñador, como las normas para identificar la sección áurea, la normativa alemana DIN (que interpreta como Dast Ist Norm, pero en realidad significa Deutsches Institut für Normung), la mezcla óptica y la interacción del color.

Por supuesto, encontramos trucos muy originales, como el de insertar el tintero en una base de papel amplia para que no se caiga si lo rozamos por accidente al trabajar, o aquellas indicaciones sobre cómo «afilar» con una piedra lisa y dura una pluma a fin de reconstruir su punta desgastada. Quizá uno de los más sorprendentes sea cómo abrir un tubo de pintura si su tapón se ha secado, pues no hace falta decir que muchos hemos tenido este problema. Lo que recomienda Antonino es aplicar calor a los tapones con una cerilla, si son metálicos, o con agua caliente si son de plástico. Por otro lado, es también una buena alternativa la idea de fijar un dibujo al carboncillo con laca para cabello, sobre lo cual comenta: «Nadie le va a reprochar los efluvios que desprendan sus dibujos. En este oficio, casi siempre, importa sobre todo cumplir con las fechas de entrega» (p. 90). En efecto, en el libro encontramos que varios trucos tienen su fundamento en el hecho de que hay que hacer el trabajo lo más rápido posible para llegar a las entregas.

Igualmente, el autor anima a fabricar por uno mismo (si eres habilidoso) algunos artefactos, como la mesa de luz, o un aparato para rociar spray adhesivo hecho con una caja y una retícula de hilos de nylon. Asimismo, da indicaciones de cómo fabricar, con pigmentos y otras sustancias, nuestros propios óleos, temple, acrílicos y acuarelas.

Por otra parte, el libro explica técnicas gráficas alternativas, por ejemplo, cómo hacer transferencias (transfers) de fotografías de periódicos, impregnándolas con disolvente y frotando sobre una hoja en blanco con un bruñidor, o la técnica del falso grabado con gouache y tinta, la cual, de acuerdo a sus palabras, da un resultado semejante al linóleo. Para borrar sin dejar rastros de migas aconseja un borrador moldeable, llamado también borrador limpiatipos, según explica, porque en su origen tenía como fin la limpieza de los tipos de las máquinas de escribir. Un borrador como este puede servir también para rebajar el tono de aquellas zonas sobrecargadas en un dibujo a lápiz, o bien, como indica en el consejo 79, rebajar la intensidad de un color a la acuarela, una vez esté seco. El secreto de un buen lápiz es, para Antonino, su grado de dureza y su afilado, aunque aquí hay que decir que se refiere a dibujos muy lineales que luego van a ser coloreados o entintados. Un estilo, en realidad, acorde a los intereses de los dibujantes de historietas, que parecen ser un target paralelo de esta obra, y que nos revela que el género del cómic estaba muy en auge en España. En este sentido, hay que reconocer que muchas vocaciones infantiles hacia el arte se despertaban en estos años por el ascendiente del campo de la historieta.

En cualquier caso, la mayoría de consejos están relacionados con el mundo del diseño gráfico, tal es el caso del uso del aerógrafo aplicado a fotografías o la idea de adherir letras trasferibles, sugerencias que hoy, cuando el diseño se fundamente en las posibilidades de la computadora, solamente parecen interesantes para trabajos de manualidades o para reconocer técnicas históricas. De tal forma, es evidente que muchos recursos aluden a la imprenta en la era predigital. Releer libros como este, donde se describen elaborados procedimientos de fotomecánica, nos asombra vivamente al considerar lo fácil que hoy se resolvería todo con un programa básico de diseño gráfico y una impresora. En poco más de treinta años, aquellos consejos que, con la primera edición de este libro sonaban muy modernos, han pasado hoy a percibirse como algo notablemente arcaico. Resulta irónico, pero la cuadrícula de Alberti resulta ser un instrumento más vigente en la actualidad que las máquinas repromaster y xerocopiadoras, cuya alusión nos retrotrae a los tiempos de la imprenta analógica en offset.

De cualquier modo, nada de esto desvirtúa la buena apreciación que, con la perspectiva de los años, merece este manual clásico para artistas y diseñadores. Cuando se publicó, 100 recursos prácticos en dibujo y pintura quería ser un libro lleno de valiosos «recursos del oficio», pensados para que puedan ser de ayuda a los aficionados y a los profesionales que no habían caído aún en cuenta de la eficacia de estas alternativas, aparentemente triviales o elementales. Y tal como lo era entonces, en gran medida continúa siéndolo ahora, aportando a través de su pátina histórica la evidencia de con qué velocidad se han transformado las tecnologías del diseño.

 


 

José Luis Crespo Fajardo

José Luis Crespo Fajardo. Doctor en Bellas Artes por la Universidad de Sevilla. Ha participado en diversas muestras colectivas, y ha ejecutado exposiciones individuales en España, Portugal e Inglaterra. Ha sido docente en la Facultad de Bellas Artes de Sevilla, y ha realizado estancias posdoctorales en la Universidad de Lisboa y en la Universidad de Oxford.

 

 

Luisa Pillacela Chin

Luisa Pillacela Chin. Máster en Fotografía por la Universidad de Valencia (España). Es autora de numerosas publicaciones, especialmente dedicadas a la Educación Artística. Desde 2013 es Directora la revista de Investigación Académica Estudios sobre Arte Actual (ISSN: 2340-6062).

 

 

 

 Leer otra reseña de estos autores (en Almiar):
Una nota sobre La Abadía de Northanger

 

100 recursos prácticos en dibujo y pintura
Colección “Biblioteca de dibujo y pintura”, Martín Antonino, páginas 144, idioma castellano, CEAC, 1987.

Ilustración: Fotografía alojada en Pxhere [public domain]

 

reseña Martín Antonino dibujo

Reseñas en Margen Cero

Revista Almiar  n.º 103 marzo-abril de 2019 • MARGEN CERO

 

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