Una obra de la compañía de teatro Theaomai, escrita y dirigida por Sergio Santiago Romero

reseña por María Eugenia Alava

 

Ser es insistir en la vida.
Baruch Espinoza

 

T

heaomai viene del griego, θεάομαι, y significa «contemplar activamente», estar en el mundo. El racionalismo panteísta de la Ética de Baruch Espinoza ha encontrado corporeidad en esta compañía de teatro independiente anteriormente adscrita al IES Julio Verne, de Leganés. Después de La poesía miente demasiado, una dramatización de la poesía de Nietzsche, Sergio Santiago Romero lo ha vuelto a conseguir. El joven dramaturgo ha llevado el debate poesía-filosofía un paso más allá y ha colado por la pequeña puerta del Pasillo Verde de Teatro —que, por cierto, es blanco— una alegoría sobre la existencia de un sombrío tesista que vive fascinado por la correspondencia de Baruch Espinoza con su amigo Juan de Prado en el Ámsterdam de mediados del siglo XVII en torno a las posibilidades de la corporeidad y la substancia de Dios en las cosas. Dos horas y cuarto de múltiples viajes en el tiempo de lo que, como ya predijo Martin Esslin, es un teatro sin necesidad alguna de cuarta pared.  El profesor, de la Universidad de Alcalá de Henares, no tiene miedo a invitar al espectador a entrar hasta el cuarto de estar de esa amalgama de percepciones del universo que constituyó la filosofía liberal en la Europa contra reformista hacia 1650. Por el contrario, lo hace muy generosamente y nos hace salir temblando de la sala.

En la obra encontramos cuatro mundos: el de Juan, el de su hermana-madre Marga, el de Miguel, el protagonista (¿?), y el del propio Sergio Santiago, que no se resiste a imprimir una gran parte de sí en sus obras. Miguel es un joven estudiante de ingeniería que decide irse de Erasmus a Ámsterdam para profundizar en el estudio de las estructuras innovadoras. Allí conoce a Marga, una estudiante de la luz en la pintura de Rembrandt, y se enamora de ella. Miguel habla un inglés poco fluido pero siempre consigue hacerse entender. Marga es una joven de ascendencia holandesa, y de familia «bien», que vive con su hermano en completa ausencia de sus padres. Hace de madre para un Juan en quien la obsesión por recrear una biobibliografía de Baruch Espinoza cada vez crece más a medida que avanza la redacción de su tesis doctoral. Los iniciales intentos fallidos de Miguel por conquistar a la joven, terminan en una bella historia de amor que, sin embargo, no tendrá un final feliz. Marga no consigue liberarse nunca de la sombra que supone el abismo en el que se ha embarcado su hermano y la luz que desprende el vitalismo de Miguel no conseguirá salvarla ni a ella ni al propio Juan, a pesar de que Miguel se convierte para él en lo que Johan de Witt fue para Espinoza.

La crítica al mundo universitario es mordaz y ataca a todos los estratos: desde el grado, que estudia Miguel, hasta el máster, que estudia la amiga de Marga, y el doctorado que lleva por el camino de la amargura a Juan. La expresión «caute», repetida al inicio de las cartas de Espinoza, no deja de recordar a lo que un director de tesis podría decirle a su pupilo cuando se embarca en esa gran empresa académica. Pero la construcción de la trama es absolutamente magistral porque encontramos, en esos cuatro mundos, cuatro niveles de lectura posibles. El espectador que desee quedarse en el primer nivel, i.e. la crítica a los estudios de grado y el cosmopolitismo estrecho de los españoles, puede hacerlo. Para él, «caute», hará alusión a las preocupaciones de la madre de Miguel porque su hijo no sabe cómo funciona una lavadora.

Pero existen otras muchas opciones. La exposición que hace Juan de la filosofía de Espinoza es clarividente. El límite de las posibilidades de los cuerpos y el panteísmo naturalista de Dios en las cosas está explicado de manera sublime a través de la tesis de este personaje que dialoga de manera esquizoide con el autor de la Ética, en quien prácticamente se ha transmutado. El personaje de Marga actúa de puente entre el mundo real de los estudiantes fiesteros en Ámsterdam y el debate poesía-filosofía que está teniendo lugar entre las cuatro paredes de la habitación de su hermano. El mundo de Sergio Santiago es el halo protector de esos vasos comunicantes y consigue que todos los personajes se entiendan entre sí —aunque solo en momentos puntuales—, ofreciendo una solución muy convincente al debate filosófico en una aplicación práctica y sin fisuras del vitalismo del autor de origen sefardí: hay que vivir para poder comprender los límites de la existencia. El final de la obra constituirá una expiación necesaria para llegar a esa conclusión.

Por eso dudamos siempre sobre quién es el protagonista. Parece que, para cada quien, será un personaje diferente en función de la lectura que decida hacer. También estamos convencidos de que esta obra coral no se agota en el primer visionado…

Las actuaciones, por su parte, son absolutamente sublimes y sitúan en el centro de la escena madrileña a unos jóvenes actores que tienen sin duda una gran carrera por delante. Paula Solís es una Marga convencida que, aunque se enamora, es incapaz de hacer dejación de sus funciones como madre para su hermano. Representa un feminismo sin ambages, contemporáneo, donde cabe ser directora de tesis, interlocutora académica y amante pasional a un tiempo. Luz Carrillo es absolutamente camaleónica y está magnética en todos sus papeles: taquillera de teatro holandesa, madre de Miguel, guía de Museo Histórico Judío en Ámsterdam, y kohen de la sinagoga en la que Juan especula que excomulgaron a Espinoza por hereje, entre otros. Sara Moreno es la perfecta estudiante de Erasmus que trasciende su propia experiencia y que consigue dinamizar su grupo de amigos y convertirse en pilar inexcusable para Marga en sus momentos más difíciles. Víctor Plaza conforma con Solís ese coprotagonismo necesario de quien además resulta ser el autor de la representación que estamos viendo, en un último salto metaléptico que coquetea con la metaficción. Diego Valverde y Alejandro Sánchez conforman un dúo dinámico de posibilidades escénicas para hacer destacar a Fernando Salamanca en su papel de atormentado Juan.

Maldito Espinoza es una obra de madurez de Sergio Santiago que ha conseguido no quedarse en un intento y supera todas las expectativas de su público. Está llevada a las tablas por un equipo que funciona como un reloj suizo y donde la compenetración y la implicación son patentes desde que te sientas en la butaca. Es un texto construido a la perfección y la puesta en escena está medida al milímetro. Estudioso de la filosofía de Nietzsche desde la literatura y desde la propia disciplina filosófica, el profesor —que cuenta ya con una prolífica trayectoria en la Academia— ha planteado un sistema «del umbral», del límite, y se ha atrevido a interpelar a su público acerca de una cuestión muy actual, esta vez, a través de la trasposición de los planteamientos espinozianos: ¿estamos preparados para soportar las contradicciones que supone estar-en-el-mundo? Esperemos que Maldito Espinoza sea solo la segunda entrega de una filosofía en construcción que este versátil profesor se ha lanzado a plantearnos.

 

🎭 Sábados y domingos de octubre 2022 en la sala: Pasillo Verde Teatro (Paseo de la Esperanza, 23. Madrid). 🎫 Entradas en: https://www.atrapalo.com/entradas/el-pasillo-verde-teatro_l34167/

Ficha técnica de la obra:

Texto y dirección: Sergio Santiago

Con: Luz Carrillo, Diego Herrera, Sara Moreno, Víctor Plaza, Alejandro Sánchez, Paula Solís y Diego Valverde

Ayudante de dirección: Paula Montero

Dirección de arte: Cristina Sanz

Dirección musical: Rosa Fernández

Dirección técnica: Marta Santiago

Escenografía: Alberto Villegas

Regiduría y diseño de luces: Luz Carrillo y Fernando Salamanca

Asesor teatral: Alfredo Miralles

Con la colaboración de: I.E.S. Julio Verne, de Leganés; Universidad Carlos III de Madrid; Universidad Complutense de Madrid; Universidad de Alcalá; Ayuntamiento de Leganés y la Asociación Cultural Gestus.

 


 

María Eugenia Alava Carrascal

María Eugenia Alava Carrascal. Doctora en Literatura comparada y estudios literarios por la Universidad del País Vasco – EHU. Grado en Lenguas Modernas Universidad de Deusto; Máster en Formación del Profesorado de Secundaria con Especialidad en Lengua y Literatura Castellana y en Literatura comparada y estudios literarios Universidad del País Vasco (UPV/EHU).

📩 maru.alava39 [at] gmail [.] com

👁️‍🗨️ Leer otros artículos de esta autora, en Almiar: La lucidez del número (reseña del poemario de Miguel Sánchez Gatell) ▪ Luciérnagas al mediodía (reseña del poemario de Saturnino Valladares)

🖼️ Ilustración artículo: Hirszenberg, Spinoza wyklêty (Excommunicated Spinoza), Samuel Hirszenberg, Public domain, via Wikimedia Commons.

 

reseña poemario Luciérnagas al mediodía

Reseñas en Margen Cero

Revista Almiar · n.º 124 / septiembre-octubre de 2022 · 👨‍💻 PmmC · MARGEN CERO™

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