artículo por
Beatriz Celina Gutiérrez

H

ay quien afirma que la primera mujer que tuvo licencia para conducir un coche en la isla de Cuba fue la escritora Renée Méndez-Capote y Chaple, pero la mayoría conviene que la primera fue La Macorina. El verdadero nombre de la protagonista de este artículo era María Calvo Nodarse. Nació en Guanajay en 1892 y falleció un 15 de junio de 1977 en la misma Habana que la veía pasear cada tarde en su cuña descapotable europea de color rojo, idónea para carreras de autos. La Macorina causó furor cuando recorría las calles de Malecón a Galiano, llegando a Dragones y doblando por Prado en busca de la calle Zanja para después dirigirse a la Calzada de Infanta y repitiendo el itinerario en disímiles ocasiones según refieren los cronistas de la época. Se hacía acompañar de su pequeña perrita por la cual sentía gran apego.

Airosa cubana inmortalizada en dos composiciones musicales, una de Abelardo Barroso, acompañado por la Orquesta Sensación, y otra, musicalizada por la cantante mexicana Chavela Vargas a partir de un poema del asturiano Alfonso Camín.

La vida de esta extravagante mujer está marcada por la intriga. Según algunos historiadores nació en Guanajay, un pueblo al suroeste de La Habana y a la edad de quince años fue raptada por su novio y primer amor, algo que cuesta creer debido a su fuerte carácter. Es otra de las referencias que se difunden sobre su vida y no han quedado esclarecidas.

Al llegar a la capital, a escondidas de su familia y obligada por su novio comenzarían las penurias para la joven pareja de enamorados. Muy pronto ella se dio cuenta de que no soportaría las carestías y consciente de su belleza decidió explotar su condición de mujer. A partir de ese momento resolvió que tendría que escalar la sociedad y para ello se trazó una estrategia: Frecuentar los salones de la alta aristocracia habanera.

La Macorina

Su intrepidez y belleza le permitió infiltrarse en los círculos más floridos de la sociedad cubana de la época. Su personalidad seductora y sus bellísimos ojos la convirtieron en una de las más elegantes y famosas prostitutas de la época: «No trabajé en un burdel, era muy selectiva  y así comencé mi rápida carrera hacia la opulencia», según expresó en una entrevista que le hizo Guillermo Villarronda para la revista Bohemia el 26 de octubre de 1958  y añadía:  «Más de una docena de hombres permanecían rendidos a mis pies, anegados de dinero, suplicantes de amor». Se hizo amiga de ricos habaneros dedicados a la política y los negocios. José Miguel Gómez, fue uno de ellos, conocido popularmente como Tiburón, a quien ayudó durante los sucesos de La Chambelona. Sobre ella leemos en Wikipedia:

¿Y de dónde viene el apodo de La Macorina? Se dice que mientras María andaba por la acera del Louvre, un joven que había bebido más de la cuenta dijo al pasar la bella mujer: «¡Ahí va la Macorina!», cuando en realidad, él quiso decir La Fornarina, una  obra del pintor renacentista italiano Rafael Sanzio, para la cual posó una modelo romana y amante del artista llamada Margherita Luti, hija del panadero italiano  Francesco Luti di Siena, quien también aparece en otras obras del autor.

Hay otra versión expuesta por los cronistas: aquel joven, al decir La Fornarina, se refería al nombre por el que se conocía a Consuelo Vello Cano, cantante de copla española, muy popular por aquellos años. Apuesto por esta última hipótesis [*].

La Macorina atesoró  riquezas y formó parte de los más selectivos círculos sociales de La Habana. Al cumplir los cuarenta y dos años la situación económica nacional ya no era tan próspera y los amigos influyentes del pasado le ofrecían excusas cada vez que La Macorina les pedía ayuda,. Por tal razón se vio en la necesidad de vender todas sus pertenencias, desde las joyas, hasta las casas y los coches, acabando en la más absoluta pobreza y yéndose a vivir a un cuarto alquilado en una casa familiar habanera. Vendió sus nueve autos, sus cuatro mansiones, sus vestidos, joyas y pieles. Murió en la miseria. Conceptuada por algunos como la Mata Hari cubana, se supone que utilizaba sus encantos para seducir y obtener información de hombres influyentes en la política y los negocios. La Macorina era muy bien pagada y tuvo una vida de derroche y desenfrenos que la llevarían a la decadencia.

No solo tiene en su honor dos composiciones musicales y una pintura de Cundo Bermúdez, a más de ello, fue perpetuada en las famosas charangas de Bejucal, que se celebran cada diciembre y en sus desfiles de personajes pintorescos afloraba una muñecona con careta debajo de la cual estaba su creador, un albañil llamado Lorenzo Romero Miñoso. Sobre ella escribió el asturiano Alfonso Camín su célebre poema Macorina, que formó parte de su libro Carey, de donde la cantante costarricense naturalizada en México Chavela Vargas convirtió en una de las canciones más conocidas de su repertorio.

En una ocasión leí lo siguiente escrito por un cronista: «Si algo aprendió bien La Macorina, además de conducir un auto, fue a manejar su vida y sacarle provecho a lo que Dios le dio. Muy pronto comprendió que la belleza, eso sí, vendida al mejor postor, podría aportarle grandes beneficios» [1].

Como dama de compañía de lujo fue muy selectiva con sus clientes, «entre ellos el mayor general José Miguel Gómez, quien solicitó sus servicios antes y después de ocupar la presidencia de la República de Cuba. Gracias a él y otros omnipotentes amigos, obtuvo, a su nombre, cuatro residencias majestuosas ubicadas en los mejores barrios habaneros. Dos en el Vedado, en Calzada y B, otra, en Línea y B. En la Habana Vieja, en las calles Habana y Compostela. En Centro Habana, en las calles San Miguel entre Gervasio y Escobar, María Calvo Nodarse […] La Macorina, falleció sola y en la más absoluta miseria, luego de vender las posesiones que había adquirido en sus buenos años de esplendor» [2].

Y cuentan, que al caer la tarde, cuando el cielo se torna de un azul rojizo avistan un descapotable rojo conducido por una hermosa mujer paseándose con su perrita, en silencio, por las calles habaneras.

 

NOTAS

[*] N. de la A.
[1] La macorina: un auto, dinero e intrigas, por Marcos Pérez (Periódico Cubano – 22.10.2019 – https://www.periodicocubano.com/la-macorina-un-auto-dinero-e-intrigas/)
[2] Ibid.

 


 

Beatriz Celina Gutiérrez Gómez. Escritora y compositora. Tiene diferentes libros publicados en España y otros países. Actualmente vive en La Torre de Esteban Hambrán, Toledo, Castilla la Mancha.

🖥️ Web de la autora: http://www.vozquejo.es

👉 Leer otro artículo de esta autora (en Almiar): Breve historia del Diario de la Marina

🖼️ Ilustraciones del artículo: (Portada) Dibujo por ArtTower (dominio público, en Pixabay) | (En el artículo) Retrato de María Calvo. Foto de la época tomada de la revista Bohemia en la biblioteca Rubén Martínez Villena, en La Habana, Cuba, por Pablo Bertrán.

 

Índice reseña Eduardo Herrera Baullosa

Reseñas en Margen Cero

Revista Almiar (Margen Cero™ · 👨‍💻 PmmC) · n.º 126 · enero-febrero de 2023

Lecturas de esta página: 89

Siguiente publicación
Veo tu luminosidad asalmonada tras los cristales, tu cuerpo entre…