artículo por
Gustavo Catalán

 

M

e refiero a las actitudes varias que uno puede adoptar cuando se enfrenta a la palabra impresa. En lo que a mí se refiere, suelen embargarme sensaciones encontradas y la seducción no es en muchas ocasiones la que prima, o bien se mezcla con otras que aportan algo distinto a lo que esperaba. No me refiero en exclusiva a obras de ficción, en las que seguir hasta el final o darlas a la mitad por terminadas puede ser una frecuente disyuntiva, sino también a artículos de opinión, recensiones de variado pelaje, informaciones con pretensión de objetividad…

Ya apunté hace unos años a este mismo tema que, por irresuelto, vuelve hoy a motivarme. A veces, el interés por las conclusiones prima por sobre una argumentación a la que sólo atenderé si estoy en desacuerdo con el final, de modo que la lectura se convierte en un salto desde el título a los últimos párrafos. Sin embargo, otras veces puede suceder que los traspiés empiecen a medio camino y continuar sea, de seguir en el empeño, todo un reto. Es sabido que quien escribe, aun siendo solo un aficionado, se ve constantemente tentado a compararse con el autor que tiene delante, y es el motivo de que la lectura sea más bien análisis: excesivas reiteraciones, la terminología es impropia y quizá me pase un rato con posibles alternativas léxicas… De ser metáforas, puedo verme obligado a pensarlas dos veces y: ¿mejor adyacente que colindante? ¿La radio «pone» música o «emite»? Demasiados «de» en una misma línea, creo que sobra esta coma… Así hasta decir basta y ni les digo si, por el contrario, resulta que el escritor de marras se expresa como los ángeles, coexistiendo entonces el interés con una creciente frustración.

Comprenderán que el perseguido placer pase a ser, con excesiva frecuencia, un agotador ejercicio en el que pueda vencer el hastío o tal vez la envidia. Como apuntaba antes, resultará que puedo ir en pos de la tesis —como haría de estar frente a una revista científica— cuando se trata de una novela o, si entre manos cualquier lucubración, me pierda en forma y estilo sin importarme en absoluto el razonamiento. Según el ánimo del momento, quizá lea poesía al modo que lo haría con un estudio sobre mutaciones genéticas, y todo ello por la frecuente tendencia a priorizar mis —demasiadas veces erróneas— expectativas. Con tales mimbres, llevo tiempo pensando que a más de uno, entre los que me incluyo, no nos vendría mal un nuevo entrenamiento que nos permitiese leer dejando a un lado el lastre que suponen apriorismos, o el excesivo amor por lo propio, como tamiz para las redacciones del ajeno.

 


 

J. Gustavo Catalán Fernández. Es Licenciado en Medicina por la Universidad de Barcelona, y Doctor en Medicina (1990) con la calificación de Apto Cum Laude. Médico Residente y después Adjunto en el Servicio de Oncología del Hospital de San Pablo de Barcelona. Es también especialista en Medicina Interna y Endocrinología (Univ. de Barcelona), diplomado en Metodología Estadística por la Universidad de París y en Sanidad (Escuela Nacional de Sanidad, 1982).

💻 Web del autor: Contar es vivir (te)
(https://gustavocatalanblog.com/)

📄 Leer otros artículos de este autor (en Almiar): ¿Hay una respuesta definitiva?También la verdad se inventa

 Este relato fue publicado originalmente el 04.07.2022
en el blog Contar es vivir (te).
🖼️ Ilustración por Moshehar / Pixabay [dominio público]

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Revista Almiar n.º 123 ▫ julio-agosto de 2022MARGEN CERO™

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