relato por
Gloria Nieva

M

irar por la ventana es ver una ciudad de cajones cerrados.

Nadie grita. Nadie habla. Nadie transita.

Estamos en cuarentena.

Dentro de mi cajón están la radio y el televisor con sus voces metálicas, de otras galaxias. También está mi celular, ahí aparecen letras e imágenes que venden felicidades. Las redes sociales, una maraña de alegrías, ofrecen años de salud inalterable, juventud eterna. Un exclusivo futuro virtual.

Cuando una voz sale del celular es para contarte lo que no esperas, no sueñas ni deseas. Un día sucederá, lo sabemos, lo sé, pero no lo quieres ahora. No quiero que ocurra.

El celular suena, la cuarentena no lo prohíbe, la pandemia tampoco. Lo atiendes, lo atiendo; los códigos de amabilidad persisten, aún en el encierro.

Llevamos 240 días sin salir de nuestras casas. Los límites provinciales se transformaron en fronteras inhabilitadas para cruzarlas. No hay pasaporte ni documento que permita el cruce de pueblo a pueblo ni de provincia a provincia.

 

La voz del otro lado aparece grave, titubeante. Intento adivinar en un segundo, las causales de ese tono. Me preparo para escuchar qué dice la voz del otro lado. Habla y dice a medias y no le entiendo y lo repite y sigo sin entender.

La cuarentena ensordece, nos vuelve, me vuelve temerosa por una bacteria que pretende enfrentarnos, sin distinción de razas ni credos ni ideologías. Sin distinción.

La voz del otro lado repite el nombre. Y siento el golpe de la estantería, mi estantería, que se desploma, sin anuncios.

La cuarentena no me deja salir y correr hasta la otra ciudad, hasta la otra orilla, allí donde mis orígenes van desapareciendo y los recuerdos quedan huérfanos. Pronto, no habrá quien los cuente.

Y duele, mil horrores que duele. Estar a distancia con un chaleco invisible de fuerzas que aprietan. La impotencia duele.

 

Ahora tengo fiebre. Me ahogo.

Entonces pienso, o creo pensar, en realidad lloro. No hay quien me detenga. No está prohibido durante esta cuarentena expresar las emociones en la soledad del cajón cerrado.

No poder estar ahí con nuestros mayores, mis mayores, y abrazarlos. Aferrarme a ese pequeño y gigante trozo de origen, mi origen.

Escucho qué dicen por la radio, que un minúsculo grupo de individuos manipula el planeta, y fueron ellos quienes generaron este bicho maligno. Es la navaja filosa que penetra y revuelve.

Y te preguntas, me pregunto, qué es lo que queda de esa historia que amé, amamos y también odiamos, odié.

Está del otro lado del ventanal, nos mira, me mira. Acecha. Te voy a vencer, grito con furia. Una furia ingenua. La bacteria se burla y hace estocada.

 

Dice, la voz del otro lado del celular, que el campanario ha sonado y una mamá ha partido. Una más de tantas que ya partieron.

Me acurruco en el sofá. Imagino que la abrazo y le pido que no se vaya, que aún hay largo por conversar. Imagino que mi aliento servirá para que ella siga entre nosotros. Imagino que esa voz en el celular no existió.

Que la cuarentena es mentira.

Que mi muerte no llegó.

 


 

Gloria Nieva. Autora argentina. Formada en ciencias exactas. Escribe cuentos y novelas. Coordina taller de escritura para adultos. Cuentos premiados y publicados en antologías: Un paso más (Premio Edenor – Fundación El Libro 1995); La duda (premiado por Banco Supervielle – 2016); El informe de las 15 (premiado por Yo te cuento, Buenos Aires – 2017). En 2015 publica su primera novela Sin tiempo a morir (Editorial Fundación la Hendija).

📩 Contactar con la autora: pirmagic [at] hotmail.com

🖼️ Ilustración relato: Fotografía por DariuszSankowski / Pixabay [dominio público]

 

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Relatos en Margen Cero

Revista Almiar (Margen Cero™) · n.º 121 · marzo-abril de 2022

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