relato por
Paula Aldana Vite

A

veces tengo miedo de morir, no me malinterprete, sé que todos lo haremos y no es en sí la muerte lo que temo, sino el cómo se presentará.

Esta noche es especial para mí, no particularmente feliz pero sí profundamente sensible, ha pasado exactamente un año desde la muerte de mi madre y he decidido venir aquí, a su hermosa terraza para recordarla, ya que era nuestro sitio favorito. Aquí puedo verla, sentirla sentada junto a mí, radiante,  fresca, amorosa.

Cada viernes, desde que tengo memoria, vinimos a cenar a este lugar. A mí me gustaban sobre todo los postres que me dejaban cada uno de los hombres con los que mi madre se apartaba a un lugar oscuro en el jardín de enfrente. «Solo voy a charlar un momento y regreso», me decía guiñando un ojo.

No aceptaba ninguna charla a menos de que yo recibiera una deliciosa compensación por dejarme sola.

En las noches más afortunadas llegué a probar más de siete pastelillos. Yo los comía con verdadera avidez, moviendo al ritmo de la música mis pies inquietos que colgaban de la silla.

Le confieso que solo aquí me siento como en casa. Cómo si aún estuviera viva.

Podía pasar horas  sentada aquí, escuchando su dulce voz, apreciando su belleza, su gentileza, escuchando su risa, contando sus idas y venidas, contemplando los lujosos vestidos de otras comensales. Siempre regresó a mi lado y me cuidó con amor.

Yo crecí, y por lo mismo los regalos fueron cambiando. Por ejemplo, acompañado de un pastelillo a veces venían una discreta pulsera, unos pendientes, monedas de plata, o cualquier cosa pequeña que mi madre agradecía sonriente antes de desaparecer colgada del brazo del hombre en turno en la oscuridad de ese jardín, que de día está lleno de niños.

También al volverme mayor me hice consciente de las miradas duras y de desaprobación que atraía mi madre. Especialmente las de otras mujeres, que parecían estar muy enojadas con su sola presencia. Nunca comprendí porqué, si ella no se metía con nadie.

Fue entonces cuando llegó su nueva esposa, Lucila, apenas un par de meses después de la muerte de la señora Nina… una tragedia para todos aquellos que la conocían, la verdadera fundadora de esta terraza, la madre de sus pequeños.

La señora Lucila no fue discreta, se quejaba amargamente de nuestra presencia, sin importar quién la escuchara.

Recuerdo la noche en que nos negaron el servicio, la señora Lucía bufaba como una verdadera bestia, nos quitaron las sillas de  nuestra mesa favorita cuando ya estábamos acomodadas… nos corrieron como si fuéramos unas cualquieras, unas ladronas o una clase de peste.

Mi madre lloró toda la noche. A partir de ese momento no me dejó acompañarla nunca más en sus encuentros con los hombres que la buscaban cada viernes.

No he podido olvidar la humillación que vivió.

Siempre supe que lo que hacía era para que yo tuviera una buena vida, para que nada me faltara, y el fantasma de mi padre no se apareciera nunca.

Como sea, hace exactamente un año encontré a mi madre en la puerta de nuestro hogar, después de que unos apremiantes golpes me despertaron en la madrugada.

Alguien la había abandonado ahí, incluso escuché pasos alejándose aprisa entre las sombras de la calle.

La pobrecilla había sido golpeada brutalmente, maltratada, arrastrada, y su hermoso vestido desgarrado. Sentí que me moría, con los ojos arrasados por las lágrimas trataba de entender la situación.

!Madre, madre!, gemía a su lado, ¡por favor madre reacciona!, ¡madre no me dejes sola! Pedí ayuda pero nadie respondió. Por un breve momento recobró la conciencia.

Me miró con sus amorosos ojos, «no tengas miedo», me dijo, «nunca te dejaré», pero agonizaba en mis brazos. «Búscame en el cielo, la nueva estrella de esta noche será mi alma, desde ahí, yo te cuidaré».

No hubo servicios funerarios, el cuerpo había sido tan lastimado que debió ser inhumado lo antes posible.

No tardé mucho en retomar sus, como decirlo, «negocios», incluso perfeccionando técnicas, por lo que pronto comencé a recibir visitas en casa, no me importaba que me vieran y me señalaran, el peligro real estaba en la calle.

Incluso durante mi duelo, intenté regresar a esta terraza,  pero no me fue permitido, su mujer me reconoció enseguida y se alegró por la muerte de mi madre.

Sé que su esposa se encuentra indispuesta esta noche, y que por eso he podido sentarme aquí, en esta mesa tan amada.

Por favor, no se distraiga con lo que ocurre en las otras mesas, estoy segura de que los evidentes malestares en sus comensales no  los ha ocasionado su extraordinaria cocinera.

He venido a enseñarle mi mapa celeste. Llevo un año entero buscando estrellas nuevas para saber en dónde está mi madre. He logrado ver el nacimiento de unas doce, pero ninguna ha sido cerca de aquí. Necesito saber dónde están las que se crean por aquí.

Sabe, antes de que abrieran la terraza me di el gusto de visitar su cocina, necesitaba oler aquellas vainillas de mi infancia. Por eso sé que no ha sido su cocinera la que ha fallado esta noche, me tomé el tiempo de mejorar algunos de sus ingredientes, me disculpo por el deplorable espectáculo que comenzará en cualquier momento a nuestro alrededor.

Nunca es fácil ver a la gente retorcerse, vomitar, gritar mientras se apretujan los abultados vientres y simplemente… mueren.

Mi madre fue una gran alquimista. Preparaba pociones de amor y venenos de todo tipo, que por cierto, aprendí a elaborar a su lado, su esposa lo sabe bien. Ella quiso  contratarla, mi madre se negó, nunca negociaba con mujeres, la visceralidad natural femenina es mala para el negocio, razón por la cual la despreciaba, supongo que un cliente indiscreto le comentó sobre sus verdaderas artes.

¡Mire el cielo, nacen nuevas estrellas!, esas no estaban, esté atento, no deje de mirar, ignore lo que ocurre a su alrededor. Pensar que podré crear nuevos diseños en el cielo.

Lo único que lamento, casi honestamente, es que hoy se estuviera festejando el cumpleaños de su pequeño hijo.

Al menos usted sabrá  cuál es su estrella…

 


 

Paula Aldana Vite

Paula Aldana Vite. México. Escritora de relatos fantásticos de terror cotidiano. buscadora de rarezas y y miedos. Cuenta con publicaciones en revistas digitales como: Revista Almiar (Margen Cero), Revista Innombrable, Irradiación y El Buen Cruel. Mención honorífica en «El Muro del Escritor». Primer lugar del «Segundo  Concurso Nacional Literario de Cuento 2021», convocado por Educal y el Centro Cultural Elena Garro. Participaciones en diversas antologías con: ANAPÓYESIS, Libros BUAP, Calvaria Ediciones y el Muro del Escritor. Participante del «Desmadre Literario», organizado por COMUARTE. Ganadora de la Primera Convocatoria de La Fábrica de Letras, del cual se desprende su primer libro con la antología Colección de Cuentos. Mención Honorífica en la III Convocatoria Internacional de horror y terror «Horroris Causa», De desliz ediciones.

👩‍🎨​ Web (FB): https://www.facebook.com/paula.aldanavite/

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Ilustración relato: Imagen realizada mediante técnicas IA (Redacción).

 

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