relato por
José Luis Cubillo

 

L

o primero que he hecho por la mañana ha sido comprar el periódico. Lo he abierto por las páginas de sucesos, he buscado… No venía. He buscado en las páginas de local. Tampoco venía. He revisado ambas secciones otra vez enteras por si se me había pasado en algún recuadro en cualquier esquina de cualquier página. No he encontrado ninguna mención. He leído el periódico entero minuciosamente con idéntico resultado. He comprado otros periódicos pero tampoco lo recogían. He estado atento a todos los informativos de todas las cadenas de radio y televisión pero por ninguna parte nadie lo ha insinuado siquiera.

Le vi por primera vez anteayer al atardecer. A veces me asomo al ventanal del salón de mi casa a ver pasar la gente y los coches por el paso elevado que está enfrente, a escasos metros. En ocasiones la gente se para allí arriba. Hay una bonita vista de las vías del tren pasando por debajo para irse a perder a lo lejos entre los edificios de la ciudad. También se puede ver un jardín en el que los chiquillos juegan con su alegre guirigay. Él estaba parado allí arriba, cerca de la barandilla. Era delgado y vestía informal. De su hombro colgaba un pequeño macuto. Por lo demás no tenía ningún rasgo que le hiciera destacar. Pero me llamó la atención, no sé porqué, tal vez por su forma de estar allí, o por su manera de mirar bien distinta a las de otras personas.

Ayer por la mañana me levanté temprano, casi al amanecer. Subí la persiana del ventanal y medio cegado por el sol que me daba de frente pensé que era un muñeco. Estaba con la cabeza ladeada, como si se hubiera quebrado el cuello, y  giraba a cámara lenta sobre sí mismo a izquierda y derecha mecido por una sutil brisa. Tardé en darme cuenta de que se trataba del mismo hombre que me había llamado la atención la tarde anterior. El macuto estaba en la barandilla del paso elevado.

Pensé en llamar a la policía pero antes de que me moviera ya venía un coche. Casi a continuación fueron llegando una ambulancia del Samur, los bomberos, y otro coche de la policía. Los bomberos instalaron unas cuerdas que colgaban por la barandilla hasta él. Luego esperaron un buen rato. De vez en cuando le miraban.

Pasada una media hora —el Sol se había desplazado en el cielo y me dejaba ver con mayor nitidez—, llegó una furgoneta oscura con una luz azul en el techo. De ella bajaron unas tres o cuatro personas, entre ellas una mujer. Se asomaron por encima de la barandilla para ver al hombre y la mujer dijo algo a sus acompañantes. Estos, a su vez, hablaron con los demás. A continuación un par de bomberos descendieron por las cuerdas hasta el hombre, le pusieron un arnés, y otros bomberos y los policías tiraron de él hacia arriba.

Con el hombre ya depositado en el suelo del paso elevado una de las personas que había llegado en la furgoneta se puso unos guantes y estuvo durante un buen rato inspeccionando sus ropas. Luego observó todo su cuerpo, el cuello, los brazos, las piernas, el abdomen, la espalda. Cuando acabó lo taparon con una manta y tal como habían llegado pero en orden inverso se fueron marchando todos: La furgoneta azul, la ambulancia, los bomberos y uno de los coches de policía. Solo se quedó el otro coche de policía.

Como otra media hora más tarde llegó una furgoneta de los servicios funerarios. Al hombre le metieron en una bolsa y luego lo introdujeron en la furgoneta. Se marcharon. El coche de la policía también se marchó. No tardaron en aparecer los primeros paseantes de la mañana con periódicos y barras de pan bajo el brazo.

Esta tarde, después de comprobar que ni en los periódicos ni en los informativos se mencionaba nada del suceso, he preguntado a los vecinos y a la gente del barrio. Nadie ha visto nada, nadie ha escuchado nada, nadie sabe nada. Tengo la curiosidad de saber quién era esa persona, por qué lo hizo, qué pensaría su familia, cómo ésta se enteraría. Estos interrogantes quedarán sin respuesta.

Comienza a anochecer. Las madres recogen a sus hijos del jardín y se los llevan a casa. Voy a prepararme la cena. Mañana tengo que madrugar y he de acostarme pronto.

 


 

José Luis Cubillo

José Luis Cubillo. (Madrid, España, 1959). Diplomado en Cinematografía, especialidad de guión y dirección. Productor de cine y guionista. Entre sus numerosos trabajos citaremos el medio metraje Vuelta de página (2019) —seleccionado a competición en el Aasha International Film Festival de la India— y el largometraje Película al estilo Jafar Panahi (2013), seleccionado a competición en el VII Picknic Fil Festival 2015 (España). Su relato Caza ha sido publicado por El coloquio de los perros y Espacio Ulises.

Sitios del autor: https://www.imdb.com/name/nm0190924 · https://www.facebook.com/pages/Pel%C3%ADcula-al-estilo-Jafar-Panahi/435471639892055 · email: edelweissproducciones [at] telefonica.net

Ilustración: Fotografía por tomekwalecki / Pixabay [public domain]

 

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Relatos en Margen Cero

Revista Almiar (Margen Cero™) · n.º 106 · septiembre-octubre de 2019

 

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