artículo por
Isabel García Díaz

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ace muchos años —casi tantos como los que esperó Florentino Ariza a Fermina Daza en El amor en los tiempos del cólera— vi una película titulada Denise calls up (Denise te llama) del director norteamericano Hal Salwen. Trataba de un grupo de amigos que solo se relacionaban a través del teléfono. Todos estaban muy ocupados con sus respectivos trabajos. La escena inicial es sorprendente. Una de las amigas ha preparado una fiesta en su casa a la que nadie asiste. Todos la llaman por teléfono para excusarse por motivos laborales. Ya han llegado a una situación que prefieren el contacto telefónico al humano. Quién me iba a decir que aquella sorprendente película, que me pareció de ciencia ficción, iba a convertirse en realidad. Sin duda, Hal Salwen pretendía poner en tela de juicio la relación virtual que se había establecido entre aquel grupo de amigos, obsesionados por el trabajo. Aquella película era una metáfora sobre la soledad en las grandes ciudades. Era un aviso para navegantes sobre los tiempos futuros que se avecinaban. Acertó de pleno.

Hoy en día casi nadie puede vivir sin un móvil. Uno va en el metro y ve a la mayoría de los pasajeros hipnotizados frente al aparatito, aunque, por suerte, siempre queda alguno que lleva un libro o un periódico. La gente anda absorta en sus teléfonos, no se fijan en si han de ceder el asiento o el paso, no miran a su alrededor. Pero lo que más me llama la atención es ver a las siete y media de la mañana a un niño en su carrito mirando dibujos animados en el móvil que le han prestado sus padres. Eso me parece casi un delito. Me pregunto si no sería más sano que el niño diera una cabezadita o que los padres le hicieran carantoñas o que le contaran un cuento. En otros espacios ocurre lo mismo, vemos un grupo de padres en la terraza de un bar, el niño se aburre, solución, el móvil para que se entretenga mientras ellos disfrutan de una animada charla. En los patios de los institutos también sucede algo similar, el recreo se convierte en muchos casos en grupos de alumnos que están juntos, pero cada cual con su ansiado teléfono. No hablan, incluso se envían mensajes entre ellos. Las nuevas tecnologías están afectando a la educación de los niños y jóvenes. Los científicos advierten del peligro, pero la situación no cambia por ahora. Los padres quieren tener controlados a sus hijos, la vida laboral no se concilia con la familiar y este aparatito se ha convertido en el gran salvador. Cada uno con su móvil y su soledad, sin darse cuenta de que la compañía de los que queremos es la que nos alimenta el alma.

Los mayores se afanan por aprender el manejo de las nuevas tecnologías, ellos, que vienen de los tiempos de la radio. Se esfuerzan para no sentirse tan solos, así pueden comunicarse con sus hijos o sus nietos porque no hay demasiado tiempo para las relaciones familiares y más si uno cae enfermo. Entonces la solución está en las residencias, esos lugares en los que los ancianos acaban muriéndose de pena y soledad. Decía María Zambrano que la mejor forma de envejecer es en compañía de buenos amigos, cuidándose los unos de los otros. Sin embargo, en muchos casos  los amigos van muriendo y uno se queda solo. Eso es lo más dramático. Recuerdo el caso de un hombre que había decidido ir a una clínica suiza para que le practicaran la eutanasia porque no tenía ganas de vivir desde que su esposa y sus amigos habían fallecido. Aunque no tenía ninguna enfermedad que le incapacitara, echaba de menos un paseo, una buena conversación, la compañía de los que ya no estaban. Así que tomó esa decisión, se la comunicó a sus hijos y le acompañaron a la clínica. Todos deberíamos tener la posibilidad de elegir cómo queremos que sea nuestro final para evitar la condena a la soledad.

No cabe duda de que la sociedad ha cambiado. En mi infancia nadie se quedaba solo, en una casa convivían tres generaciones. Naturalmente, las mujeres trabajaban como amas de casa y eso era el pilar de una familia porque ellas organizaban el día a día sin necesidad de tecnología punta ni de un salario. Evidentemente, la solución no está en que las mujeres vuelvan a ser amas de casa. No, desde luego, bastante nos ha costado llegar donde estamos y todavía nos queda camino por recorrer. Me pregunto cuál sería la solución, quizá educar y concienciar a los más jóvenes en el respeto por los mayores. De un tiempo a esta parte, parece como si ser viejo fuera sinónimo de objeto obsoleto. Y nada es más cierto que todos deberán descifrar el enigma que con tanta astucia resolvió Edipo para entrar en Tebas.

El sistema capitalista y su individualismo son el marco perfecto de esta pandemia de soledades. Los medios de comunicación nos dan una visión de la vida un tanto distorsionada, de una forma implícita nos dicen lo que está bien y lo que está mal. La vida para que resulte emocionante ha de ser impetuosa, jornadas de trabajo eternas, viajes vertiginosos para no abandonar el ritmo frenético durante las vacaciones, comprar lo innecesario para ser felices durante unos instantes efímeros, andar siempre acelerado, «no me da la vida», dicen. Los niños, que por naturaleza son como los ancianos en cuanto a la concepción del tiempo, también se acaban estresando porque la vorágine social se contagia.

Hay personas que han decidido vivir alejadas del ruido y la furia de las grandes ciudades. Las admiro, son valientes porque no es tan fácil cambiar de vida, cuando uno se despierta cada día acompañado de su soledad y de su teléfono móvil.

 


 

Isabel García Díaz

Isabel García Díaz (Barcelona, 1958). Licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de Barcelona. Se dedica a la docencia y a la escritura. Ha escrito microrrelatos y cuentos (Revista Nagari, Poémame, 142 Revista Cultural, entre otras) y la novela Cuadernos de soledades (Huerga y Fierro Editores). También ha realizado varios trabajos monográficos (UB/AEN) y ha impartido conferencias sobre literatura y cine. La última de ellas titulada «La lengua de las mariposas: del libro al cine» (ICAIC y Embajada de España en Cuba).

📩 Contactar con la autora: igarcigd[en]gmail[.]com

Ilustración relato: Foto por Luca Morvillo ▪ Fotografía de la autora, por Joan Vives Seguí ©

📻 Varios relatos de esta autora se leyeron en Radio Ariete FM («Cuentalia»), en diciembre de 2023. Para escuchar el podcast del programa PULSA AQUÍ.
📓 Isabel García ha publicado recientemente Cuadernos de soledades, lee la reseña de esta novela.

 

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Revista Almiar (Margen Cero™) · n.º 135 · 👨‍💻 PmmC · julio-agosto de 2024

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