relato por
Kim Bertran Canut

 

H

ace años que vivo en una austera habitación de una pensión humilde. El techo cruzado por durmientes de tronco y un suelo de piedra de pizarra, junto a las paredes de yeso en declive, constituyen mi buhardilla. El buró de caoba instalado junto a la única ventana del minúsculo aposento, deja ingresar la suficiente luz natural, para permitirme garrapatear mis notas de estudio y razonamiento. Suelo mirar tras los cristales, buscando perspectivas, inspiración y letras que copiar en el cuaderno de bitácora y observo las carretas transitar sobre adoquines mojados, rechinando los ejes de las enormes ruedas, tiradas por jamelgos de otras épocas ¿Por qué recuerdo cuando no existía mi personaje, qué esconde el tiempo tan apartado de mi ciclo? Fumo tabaco en mi pipa de agua (comprada en un viaje a Túnez) encendida con unas gotas de absenta,  para quizá así retener en la memoria a mi estimado Poe… tal vez él me lleve a otrora estación de trenes de carbón, hacia la calle Morgue y sus monstruosos crímenes.

La calleja está concurrida por plebeyos exaltados por una anunciada celebración, van a ajusticiar al librero Fausto por refugiarse entre el fuego y la luz, el agua y la razón… no ha sido fiel al dictado del reinado, no ha pagado su excesivo tributo a las huestes acechantes de caza y ha exhibido un folleto de disconformidad llamado el manifiesto.

Los gobernantes han escupido su dictamen y juicio de condena, hostigados por el diablo y sus amantes. Han esgrimido rápidas y silentes lenguas temerosas de amotinamiento.

—Uno no puede ser uno mismo. Debe pagar un costo por cada palabra  disidente. Mañana al alba será ahorcado en la plaza de la alegría, colgará del palo mayor para escarnio de posibles imitadores rebeldes.

A la madrugada, la multitud ya agitaba sus galas para la fiesta. Las familias se congregaban para encontrar un lugar cercano del palco edificado, para no perderse detalle, traían la pitanza en sus cestillas de refrigerio sangriento. Disfrutarían de un agradable acontecimiento en sus aburridas y cautivas existencias, que explicarían a las nuevas estirpes como especial anécdota festiva…

De repente vuelven mis pensamientos al siglo XXI.

¡No reconozco este desdoblamiento cerebral!

Miro de nuevo por el cristal de mi ventana, doy una ojeada y veo con asombro cómo la gente desfila acelerada, reclutada, para un acto tan salvaje y sangriento como el que iban a realizar con Fausto, el librero de la otra época. Esta tarde, en la plaza monumental de la ciudad condal de Barcelona, hay corrida (tortura) de toros…

 


 

Kim Bertran Canut

🖥️ https://kimbertrancanut.blogspot.com/

Ilustración relato: Imagen realizada mediante IA

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Revista Almiar (Margen Cero™) · n.º 130 · 👨‍💻 PmmC · septiembre-octubre de 2023

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