entrevista por
Oliaga & Ventosa

«Escribir es para mí un sinónimo de libertad. Es un intento de entender el misterio del universo»

 

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acido en Oruro, la capital folklórica de Bolivia, Javier Claure Covarrubias ha dedicado su vida a la literatura y la educación. Su formación académica incluye estudios en Informática en la Universidad Real de Tecnología de Estocolmo (Kungliga Tekniska Högskola) y en la Universidad de Uppsala, ambas en Suecia. Además, cursó Matemáticas en la Universidad de Estocolmo, donde también obtuvo una maestría en Pedagogía y una licenciatura en Sociología. Su trayectoria literaria incluye su participación en la redacción de las revistas Contraluz y Noche Literaria. Ha visto sus poemas publicados en diversas antologías y ha sido parte activa de festivales internacionales de poesía. Actualmente, ejerce como periodista cultural.

El poemario ¿De qué espejo está hecha la vida? se despliega como un tapiz entrelazado con hilos de amor y compasión. Ventanas que se abren a un mundo donde lo íntimo y lo social se entrelazan son cada uno de sus poemas, revelando tanto la belleza como el dolor de la existencia humana. A través de un lenguaje coloquial, metáforas e imágenes, el autor nos invita a explorar los recovecos de la vida, donde coexisten fragilidad y fortaleza. El amor en esta obra aparece en su forma más pura, comparado con un candelabro de plata que brilla en la oscuridad. Este poemario es una invitación a mirar más allá del propio ser. Se trata de un viaje poético en el que el lenguaje actúa como un puente entre el corazón del poeta y el del lector, creando así una red de complicidad y emoción. En la entrevista, nos devela algunos de los secretos de su poética.

—El título de su poemario ¿De qué espejo está hecha la vida? es una pregunta. ¿Nos la puede responder? ¿Todas las vidas son reflejo de algo o de alguien?

—El espejo es un objeto cotidiano aparentemente simple que hay en todas las casas del mundo. Y esa superfice pulcra y bien pulida, quizá puede reflejar otros aspectos que no sean los rasgos físicos de una persona. Cada ser humano lleva una mochila cargada con todo lo aprendido durante un periodo de la vida. Son, digamos, las herramientas necesarias para interactuar con otros individuos en la sociedad. En otras palabras, cada persona tiene su «propio espejo». Y metafóricamente hablando un espejo puede devolver luz, pero también oscuridad dependiendo de nuestros actos. El título de mi poemario hace alusión a esa dualidad de la vida. También se refiere a todo aquello sobre lo que no podemos influir ni tener control.

—¿Son los hijos un reflejo de sus padres?

—En cierta medida sí. Los hijos tienden a imitar y adoptar las actitudes, comportamientos, valores y creencias de sus padres. Pero también tienen su propia personalidad y, aunque los padres influyen mucho, no son los únicos factores que los definen.

—¿Cuál es su motivación para escribir poesía?

—Escribo porque mi corazón late y porque soy testigo de este mundo que nos ha tocado vivir. El mundo está lleno de contradicciones. Hay belleza y momentos de mucha alegría. La capacidad del ser humano para crear, amar y soñar es formidable. No obstante, existe también sufrimiento, odio, injusticias sociales, etc. Y la poesía es una herramienta que me permite explorar en todo esto sin miedo a las sombras, pero también sin perder de vista la luz que, aunque tenue, siempre está ahí. Escribir para mí es sinónimo de libertad. Es un intento de entender el misterio del universo, la fragilidad del ser humano y de establecer una relación entre lo tangible y lo intangible.

—¿Se ajusta a métricas poéticas o prefiere la libertad del verso libre?

—Prefiero escribir en verso libre. Sin embargo, varios de mis poemas gozan de métrica. Pero en general, mi poesía no se caracteriza por tener una métrica bien marcada.

—El prólogo-pórtico del libro está escrito por Gaby Vallejo Canedo, fallecida en 2023. ¿Qué recuerdo tiene de ella?

—Tengo bellos recuerdos de Gaby Vallejo. La conocí cuando viajé a Bolivia el 2004. Ese año presenté mi poemario, Preámbulos y Ausencias, en diferentes ciudades. Y en la ciudad de Cochabamba fue justamente ella, la maestra de ceremonias. Solíamos juntarnos para tomar un café junto a Adolfo Cáceres, otro gran escritor también ya fallecido. Tanto Adolfo como Gaby siempre me daban consejos, y hacían juicios halagadores sobre mi poesía. Cuatro años más tarde, viajé a Bolivia nuevamente y me encontré con Gaby varias veces. La visité en la Biblioteca Infantil Thuruchapitas donde trabajaba con proyectos culturales para niños y jóvenes. Luego nuestro contacto fue por correo electrónico y por medio de WhatsApp. La última vez que hablé con ella por teléfono fue a mediados de diciembre de 2023. La llamé para desearle feliz Navidad y un próspero Año Nuevo. Y en enero de 2024 me llegó la triste noticia de su muerte.

Antonio Terán, Gaby Vallejo, Freddy Ayala, Javier Claure y Adolfo Cáceres (Cochabamba, Bolivia, 2008)

De izquierda a derecha: Antonio Terán, Gaby Vallejo, Freddy Ayala, Javier Claure y Adolfo Cáceres (Cochabamba, Bolivia, 2008)

—Su poemario, tiene mucho de metáfora del emigrante. ¿Alguna vez una persona que se va de su tierra deja de considerarse emigrante?

—Depende. Si una persona llega al país acogedor a muy temprana edad, quizá pueda dejar de ser un emigrante. Para los griegos el destierro era el peor de los castigos, incluso por encima de la pena de muerte porque se podía alargar por toda una vida. Uno vive en un país del que no forma parte, y esto hace que la persona, tal vez, se aferre a su identidad. El emigrante está expuesto al racismo, a la falta de contactos y a la soledad. En resumidas cuentas, creo que una persona que abandona su país a una edad adulta, difícilmente podrá dejar de considerarse un emigrante.

—¿Se vive pensando en el regreso o se intenta acomodar a una vida prestada?

—Algunos emigrantes quizá viven con un pie en el país extranjero y con el otro en su país de origen. Pero creo que la mayoría se acomoda a una vida prestada como dices. Por ejemplo, he conocido a muchas personas que han llegado a Suecia y que se consideraban la «revolución andando». Hablaban de Marx, de Lenin, de Trotski, etc. Y con el tiempo han caído en la sociedad de consumo capitalista, olvidándose totalmente de sus principios revolucionarios. Creo que el mejor invento del capitalismo es el exilio.

—¿Todos somos emigrantes en nuestro propio país?

—No tendría por qué ser así. Pero si un grupo de personas están sometidas a grandes injusticias sociales, probablemente podrían sentirse emigrantes en su propio país. Es precisamente este sentimiento que arropaba al pueblo boliviano antes de la guerra del Chaco.

—En uno de sus versos dice que: «la suerte nunca estuvo de mi favor». ¿Por qué lo escribe?

—Este verso pertenece al poema «Doña Efigo Omamoke». Gaby Vallejo, cuando se refiere a este poema en el prólogo, dice: «es un poema logrado con expresiones fuertes, novedosas, crudas y hermosas. Un poema intenso, bello y triste como la vida». Este poema está inspirado en una mujer con la que me topé en una de las calles de Dakar, la capital de Senegal. Conversé con ella. El poema describe la exploración de la existencia humana a través de la figura de una anciana en donde sobresale lo esencial de la condición humana: el amor, la maternidad, la pérdida, la lucha, la fe, la resignación, el deterioro físico y finalmente la muerte. Es un recordatorio de que la vida es un flujo constante de alegrías y de tristezas. En síntesis, el poema refleja la experiencia universal del ser humano.

—Muchos de sus versos son antimilitaristas, así como anticlericales. ¿Tanto unos como otros, están desfasados y desactualizados?

—Tienes toda la razón del mundo, algunos de mis versos son antimilitaristas y anticlericales. Si volcamos la mirada hacia atrás, los militares de muchos países, bajo la batuta de Estados Unidos, estuvieron involucrados en política y en golpes de Estado. En mi opinión, los militares no están desfasados al cien por ciento. Están en la retaguardia esperando la oportunidad para ejercer la fuerza. En noviembre de 2019 se llevó a cabo, en Bolivia, un golpe cívico-militar perpetrado por la señora Jeanine Áñez (actualmente en la cárcel) y su gobierno. Este golpe fue planificado por algunos expresidentes, la iglesia católica y civiles. El poema que se titula «He visto patear a mujeres de pollera» está inspirado en los atropellos que se cometieron, contra las mujeres quechuas y aymaras, durante la dictadura de Áñez. Como verás, los militares y los miembros de la iglesia, en algunos casos, obstaculizan el proceso democrático de un país.

—También dedica alguno de sus versos a la guerra del Chaco. ¿Qué opinión tiene de esa guerra de la que ya ha pasado casi un siglo?

—En primer lugar, mi abuelo materno, Miguel Covarrubias Flores del Campo, era sobreviviente de la guerra del Chaco. Y, cada primero de mayo, solía desfilar bien elegante y con sus medallas colgadas en la parte izquierda del pecho. En mi adolescencia fue él quien me contaba acerca de las hazañas heroicas de los soldados bolivianos. Antes de la guerra del Chaco, Bolivia era gobernada por una oligarquía criolla que se basaba en un sistema feudal. El pongueaje era el pan de cada día. Estaban también los llamados «barones del estaño». Este sector de la sociedad se consideraba heredero de las riquezas de Bolivia tras su independencia el 6 de agosto de 1825. Es decir, era un país totalmente fragmentado, donde los indígenas, campesinos y las masas populares estaban marginados del poder político y económico. En otras palabras, no había conexión entre los gobernantes y el pueblo. Cuando estalló la guerra del Chaco entre Bolivia y Paraguay, el gobierno de aquel entonces, Daniel Salamanca, empezó a reclutar gente del campo. Y en las trincheras, por primera vez en la historia de Bolivia, buscaban protección campesinos, indígenas, pongos, mestizos, obreros, artesanos y gente de clase media. La mayoría de ese conjunto de personas eran los escupidos por la historia, los agachados que obedecían a los señores feudales y los que comían de cuclillas frente a una pared. Fue justamente en el campo de batalla que se enfrentaron las dos Bolivias. La de los poderosos dueños de todo el país; y la de los despojados de todos sus derechos. Pero el sufrimiento compartido eliminó, temporalmente, las diferencias de clases sociales. Y, en consecuencia, se dio una cohesión social impuesta por la guerra. Este hecho fue el germen para construir la identidad y el nacionalismo boliviano. Bolivia perdió la guerra y cedió al Paraguay gran parte del Chaco. Paradójicamente esta guerra unificó a una nación fragmentada, y sentó las bases para las transformaciones políticas y sociales que marcarían el siglo XX boliviano. Intelectuales, escritores, poetas y el pueblo empezaron a construir una nueva Bolivia. Escritores de gran talla como Carlos Medinaceli, Augusto Céspedes, Alcides Arguedas y Carlos Montenegro criticaron duramente los manejos de la guerra durante el gobierno de Salamanca, pero también aportaron reflexiones significativas e importantes teorías para la construcción de un nacionalismo en el país.

—Algunos de sus poemas tienen un regusto oriental. ¿Se considera influenciado por la cultura de Oriente?

—Has leído mi poemario y creo que haces alusión a Medio Oriente. Si con la palabra «influenciado» te refieres a la causa Palestina, te respondo que sí. Nadie puede negar el sufrimiento del pueblo palestino. Un pueblo generoso, inocente y heroico que ha sido sometido al despojo, al flagelo y a la muerte. El poema «Palestina» esta inspirado en el dolor y la violencia que ha caído, en grado superlativo, sobre el pueblo palestino.

—Uno de sus poemas se titula «He perdido perdón». ¿Debe el poeta pedir perdón?

—El poeta, como cualquier otra persona, es un ser imperfecto. Y la miseria humana siempre está presente. Si el poeta comete un error o un acto deshonesto, entonces debe pedir perdón. El perdón es un acto profundamente humano.

—¿O es el mundo el que tiene que pedir perdón a los poetas?

—El mundo, como la naturaleza y la tierra, son fuentes infinitas de belleza y generosidad. Nos dan vida sin pedir nada a cambio. Son las élites corruptas, ladronas y mitómanas que deben pedir perdón no solo a los poetas, sino a los ciudadanos de a pie del mundo.

—En un mundo cada vez más materialista, ¿cuál es el papel de la poesía?

—En un mundo materialista, donde el valor de las cosas a menudo se mide en términos económicos y utilitarios, la poesía cumple un papel fundamental como resistencia, como algo contestatario y revelación espiritual. La poesía es una señal de que la existencia humana no se reduce a lo mercantil, al consumo ni a la acumulación de bienes materiales. La poesía está hecha de ideas, de sentimientos y trascendencia. Y el precio de un poema bien escrito es incalculable.

—¿Defienden las editoriales la poesía?

—No. Las editoriales defienden sus intereses económicos.

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Maudy Ventosa (Ávila): es Diplomada en Profesorado de Educación General Básica y Licenciada en Psicología del Trabajo y Pedagógica por la Universidad Complutense de Madrid. Lectora voraz, toda su carrera profesional ha estado relacionada con las personas y los libros. Curiosa y buena observadora, en su bolso no faltan nunca una libreta y un bolígrafo para apuntar todo lo que le llama la atención. En la actualidad, colabora como articulista en Todoliteratura, como Azucena de Valle, y en www.laslecturasdeguillermo.

Javier Velasco Oliaga (Madrid): es licenciado en Ciencias de la Información y Máster en Comunicación Empresarial. Es periodista desde hace cuarenta años en prensa y radio. Dirigió el periódico Aquí y Ahora. Colaborador del programa «Sexto Continente» (RNE). Ha publicado artículos sobre la Guerra Civil Española y la II Guerra Mundial en la revista Muy Historia, crónicas de viajes y críticas literarias. Da conferencias en congresos y ha sido jurado del premio Ojo Crítico de RNE. Sus relatos han aparecido en varias antologías, como Amor fou, Imposible no comerse o Rulfo, cien años después. En 2023 publicó junto al periodista David Yagüe Entrevistas con historia, en la que entrevistaba a reconocidos escritores de novela histórica.

 

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¿De qué espejo está hecha la vida?

reseña del poemario por
Francisco Nieto

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i no estamos equivocados, ¿De qué espejo está hecha la vida? es el sexto libro publicado por el poeta boliviano Javier Claure Covarrubias. No vamos a extendernos en presentar al autor; tan solo comentar que en la actualidad se pueden leer sus artículos publicados hasta la fecha en el diario digital Nueva Tribuna de España.

Para todo aquel que desee consultar todo lo concerniente a su biografía y a su obra puede visitar la web publicada en la Asociación de Escritores de Madrid: www.asociacionescritores.com/Autor?url=Javier_Claure_Covarrubias.

El prólogo del libro que nos ocupa viene firmado por Gaby Vallejo Canedo, una de las plumas más destacadas de Bolivia y una figura prominente en la escena literaria internacional, quien por desgracia falleció en agosto de 2023. En él se destaca lo sugerente del título y se remite a tres poemas que son los que más le han inspirado: «Doña Efigo Onamoke»; «¿Saben qué recuerdo de Banjul?» y «Abre la puerta de tu casa».

El poemario propiamente dicho se abre con una declaración de intenciones, ya que se titula «Poema subversivo». Con ello el autor ya nos está indicando que no vamos a asistir a una correlación de escritos plácidos y con una mera intención estética, sino que se trata de sacudir la consciencia del lector y de alterar así desde el uso de la palabra escrita todo lo estable, y por ende, lo políticamente correcto. Un poema esculpido en constantes conatos de irreverencia, y que como se dice en un momento dado: «multiplica el pan sin la ayuda de Dios», o también acusa los males endémicos de nuestra sociedad «porque denuncia el delito envejecido en los bolsillos».

Dedicar un poema a los leprosos, como ocurre en el segundo de la colección, ya es toda una audacia, pues de entrada se trata de hablar de la antítesis de la belleza, aunque se trate de una figura que haya aparecido a lo largo y ancho de nuestra literatura. Sin ir más lejos, ya Alfonso X el Sabio habló de ellos en sus Cantigas. El rechazo de todos hacia los portadores de esta enfermedad bacteriana que afecta a los nervios, la piel y el tracto respiratorio siempre ha sido más que evidente a lo largo de la historia de la literatura.

Como se creía que la lepra era muy contagiosa, la palabra leproso también llegó a utilizarse de forma más general para significar «un paria» o «una persona a la que hay que evitar», por lo que en realidad se nos está hablando de todos aquéllos a los que actualmente tratamos como si fueran leprosos, como por desgracia ocurre con los miles de emigrantes que se ven obligados a exiliarse de su país («y nadie escuchaba su caridad»). Los leprosos —denominados con un sinfín de apelativos despectivos— eran rechazados por el conjunto de la sociedad, lo cual les condenaba a sufrir la pobreza más absoluta.

Observamos en este mismo poema la presencia de la figura llamada polisíndeton, que es una figura retórica que consiste en el uso repetitivo de conjunciones en una frase de un texto. En esta ocasión la «y» es una conjunción copulativa que se va repitiendo con el objetivo de dar énfasis a lo enunciado. Lo curioso es que esta figura tan solo la hallamos a partir de la segunda parte del poema, como si el autor quisiera buscar un in crescendo emocional.

El poema comienza enfatizando la preposición «de» para explicarnos la procedencia de los enfermos, sigue con la preposición «a» para indicarnos hacia dónde se dirigían, y una vez en el lugar al que llegan topan con el rechazo absoluto, y esa «y» que se reitera una y otra vez es un grito de desesperación de quien no les acepta. Esta misma conjunción dará pie a otro poema posterior titulado precisamente «I griega» donde el autor aludirá a su oficio de escribiente preguntándose de forma reiterada los motivos por los que se dedica a escribir.

Más adelante nos vamos a encontrar otros ejemplos que también tratan este mismo tema, como ocurre con el poema titulado «El emigrante», o el que dedica a Palestina, con este mismo título, y es que las grandes injusticias sociales no pasan desapercibidas para un poeta que, como él mismo ha comentado en alguna ocasión: «trata de hablar sobre el peso de una historia y el eco de voces olvidadas», ya que para él escribir poesía «puede ser un acto de hacer frente a la miseria humana», con el punto de mira puesto en «el anhelo incansable por la paz mundial».

Al lado de estos poemas más reivindicativos también hallaremos otros de índole más personal donde se aparca la palabra feroz para dar paso a otro tipo de vocablos que buscan más la belleza y la estética. Esto ocurre por ejemplo en aquellos poemas dedicados a la familia. Nos referiremos a un par de ellos para que el lector se anime a buscar el contraste entre unos y otros.

El titulado «El día en que llegaste al mundo» está dedicado a su hija, y allí la alegría inicial de los tiempos que compartieron juntos dan paso a la melancolía y la tristeza por haberse tenido que separar de él. Así se pasa de versos tan joviales y animados como «y te alcé en mi regazo con infinita ternura» o «y tu primer llanto fue la dulce melodía…» a otros más afligidos y apesadumbrados como «luego fuiste una larga epístola» o «mis cicatrices afloraban como rosas sobre el nivel del mar». A este poema de índole más íntimo y personal hay que añadir otros poemas similares como los titulados «Mis abuelos»o «Cartas de Beatriz».

En definitiva, Javier Claure nos señala de manera harto elocuente que la poesía no es solamente un lugar donde plasmar lo bello mediante los elementos propios del género, sino también una oportunidad perfecta para denunciar las atrocidades que por desgracia siguen sucediendo; una mezcla de resistencia ante las injusticias  y de añoranza nostálgica. En los tiempos que corren, poemarios como este que nos ocupa son más necesarios que nunca, y tan solo queda felicitar al autor por su valentía a la hora de hacer buenas aquellas palabras de Gabriel Celaya de que «la poesía es un arma cargada de futuro».

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Francisco Nieto es periodista y fotógrafo español especializado, sobre todo, en fotografía macro y de paisaje. Imparte cursos y talleres sobre fotografía macro, composición, paisaje, iluminación y revelado digital.

Es autor de tres libros que han sido un gran éxito de ventas: El arte del revelado, Fotografía macro y El arte de la composición, editados por FotoRuta. Ha obtenido más de 40 premios en concursos nacionales e internacionales y sus fotos se editan en almanaques, dípticos, folletos, pósteres, carteles, revistas y libros. Ha participado en más de 20 exposiciones colectivas y montado 5 individuales.

Miembro fundador de International Wildlife Photography Society y de Fotografía y Biodiversidad, que trata de dar a conocer la enorme biodiversidad de España a través de la fotografía, implicando a la ciudadanía en su conservación a través de la obtención de imágenes. Organizador y promotor del primer y segundo Congreso Internacional de Naturaleza y Fotografía de A Coruña que contó con la colaboración de los Museos de A Coruña y el CEIDA. Director de la revista Naturaleza Salvaje a través de la Fotografía desde enero de 2004 hasta 2009.

 


 

📚 ¿De qué espejo está hecha la vida?, poemario de Javier Claure C. ISBN: 978-84-10374-41-6. Para adquirir este libro: aliarediciones.es/libro/de-que-espejo-esta-hecha-la-vida/

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Ilustraciones: Portada del libro y retratos remitidos por Javier Claure. Derechos reservados.

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