libro de relatos de Ernesto Uría
entrevista al autor por Diana Segovia Pérez

 

L

as islas sin tierra es el nuevo libro de relatos del escritor vasco, afincado en Madrid, Ernesto Uría, y en donde se nos narra la vida interior ante un mundo lleno de sensaciones, el paso del tiempo como eje desequilibrante y la belleza acariciando la esperanza.

Relatos que tienen la capacidad de alejarnos de nosotros mismos y desplazarnos a ambientes seductores en donde la duda y la certeza se agarran buscando afinidad.

Cada relato de Las islas sin tierra es una pieza de un puzle que, finalmente, nos da un conocimiento preciso de lo que Uría trenza como universo y que engulle a los lectores en un cosmos hermético y fascinante.

Hemos tenido la oportunidad de charlar con el autor y conocer de primera mano las entrañas de la creación.

 

—Llega a las librerías su nuevo libro Las islas sin tierra (editorial Cuadernos del Laberinto, Madrid 2019) un conjunto de relatos con temas como la belleza, lo lejano e ido, o el paso del tiempo. ¿Qué le motivó a escribirlo?

—Quizás haya sido una respuesta a la sensación del paso del tiempo sin hacer nada de particular. Buenos amigos me aconsejaron revisar los archivos, recuperar o no distintos relatos, actualizarlos, añadir otros tantos, preparar una edición… Es decir, volver a sentirme escritor activo con todo lo que eso conlleva, como aguardar las lecturas y sus consiguientes comentarios, desesperarme una vez más, etc.

Un ciclo temporal y emocional ya conocido, al que parece ser no puedo sustraerme, y que pongo en marcha cada dos o tres años.

—¿Cómo ha sido el proceso de pasar de su anterior libro de poemas, Cuatro tintas del aire, a este de narrativa?

—Yo soy poeta, si algo soy en términos literarios. Los relatos que escribo (que ya son unos cuantos: dos libros publicados y algunos otros esperando la ocasión) están empapados, valga la expresión, casi sin excepciones, en las mencionadas tintas del aire, proceso y resultado que no intento soslayar, al contrario: Poesía en prosa no exenta a veces de humor o ironía, que intento no conlleve crueldad.

—¿De dónde surge el título Las islas sin tierra?

—Diría que del mismo recodo donde surgen todas las demás ideas y nociones —las que cuajan y las que no, o no del todo—: Nuestros mares particulares. Nuestras relaciones están salpicadas por islas, islotes o atolones inconsistentes (no necesariamente imaginarios u ocultos) cuyo avistamiento y reconocimiento forma parte de cada periplo vital, que se prolonga, como es bien sabido, todos los días y noches de cada existencia.

—¿Puede hablarnos de la foto de cubierta, qué representa esa mujer de espaldas?

—Verano de 1980, pabellón de Polonia de la Bienal de Venecia. Quería significar que Polonia se levantaba, recuperaba su libertad e identidad. El pabellón era modesto y estaba lleno de torsos curvados, como si se tratara de personas esclavas o sojuzgadas. La modelo era, es polaca; y en su país, en aquellas fechas, los obreros de Gdansk y otras poblaciones, se hallaban en huelga contra un régimen que se preciaba de estar al servicio del proletariado. Nueve años más tarde cayó el Muro. De todo eso trato en alguno de los relatos del libro.

Sin embargo, hoy en día —ciego ya hace mucho tiempo— esa y otras fotos de entonces, han adquirido otra dimensión y significado, sobre los que prefiero no ahondar.

—¿Cómo influye su ceguera en la literatura?

—Si antes me atrinchero… cualquier respuesta al respecto sería una especulación más o menos bien traída.

Algo así, y sin cumplir los treinta, aunque se viera venir, te descabala. La vida cambia y en lo que afecta a la literatura, tengo que acostumbrarme a escuchar al no poder leer.

Siempre me sentí escritor, pero retrasé veinte años la primera publicación.

Tecleo con gran torpeza, de ahí que eluda relatos largos, novelas o, teatro. El acceso a la información se resiente, los límites se estrechan. Y así las cosas, la poesía es un enclave acogedor y grato, donde hallar refugio de una existencia cotidiana y un entorno creciente y alarmantemente prosaicos. Y del inexorable paso del tiempo.

—Además de escritor tiene fama de ser un gran amante de la música ¿Con qué obra y compositor se siente más identificado?

—Amante rendido e incondicional, sí, pero para nada experto, pese a los años de escucha y la devoción. Difícil elección. Las últimas sonatas para piano de Schubert, Beethoven… Casi todas las sinfonías de Mahler… La vida de Sostakovich, en el filo; las cantatas patrióticas de Prokofiev.

Tantos y tantos otros.

—¿Con quién le gustaría compartir cena y charla?

—Depende si la velada concluyera con la charla o prosiguiera por otros derroteros, de ninguna manera incompatibles.

Más en serio y, aunque pueda parecer paradójico, con alguien que ya no vive. Mucho me temo que la cena no tendrá lugar.

—Recomiéndenos un libro

—Del catálogo de mi Editorial: cualquiera de los tres poemarios de Ángel Álvaro Martín del Burgo. De la literatura contemporánea destacaría El palacio azul de los ingenieros belgas, de Fulgencio Argüelles, que fue Premio de novela Café Gijón en el 2003, y editada en Acantilado. Está extraordinariamente bien escrita y nos sitúa en torno a los años de la Dictadura de Primo de Rivera (1934), años revolucionarios en Asturias, una época que dio en llamarse «de las chimeneas», cuando  aparecen empresarios industriales que llegaron dispuestos a explotar los grandes recursos de esa tierra.

 


 

Ernesto Uría

Ernesto UríaDonostiarra (1956). Vallisoletano en años de aprendizaje —servir para servir—, en las dos últimas décadas, madrileño fiel, o casi.
Transeúnte deslumbrado por el tiempo e innumerables lugares, personas y propuestas artísticas en diferentes lenguas. Enamorado del talento y la inocencia, de miradas y rincones que consigo entrever o recordar; de las palabras y de la música, la de las almas, la celestial y aun la del azar.
Economista por la Comercial de Deusto, 1979. Afiliado a la ONCE en 1986, donde he desempeñado diversas tareas técnicas o directivas. Cursos de Doctorado completados en Ciencias de la Información (UCM-2000). Terapeuta Gestalt (IPG-2009), miembro de la AETG.
Aprendiz de actor en muy buenas manos y compañía, Sala Tribueñe. Terapeuta Sistémico-Constructivista (CEFA-2015).
Ocupado en aprender, disfrutar, reparar, repararme y aceptar lo que vaya llegando, lo que se obstina en no llegar, a mí mismo, la insatisfacción.
Además de artículos, colaboraciones poéticas y capítulos de carácter técnico en dos libros en torno a la Discapacidad, ha publicado los libros de poemas Brincando en el paladar (2008), Caricia y cruz (2013), y Cuatro tintas del aire (2017); también el libro de relatos Ficciones y aflicciones (2010). Obtuvo el Primer Premio de la XIX edición del Concurso de Relatos «Meliano Peraile» (Madrid, 2011) por el relato “Isla Negra” que forma parte de este libro.

 

Tapa libro Ernesto Uría

Las islas sin tierra
Colección Anaquel de narrativa, n.º 24 (Cuadernos del Laberinto, 2019) • I.S.B.N.: 978-84-120024-4-7 • 138 págs. • Prólogo de Álvaro Martín del Burgo  • Ilustraciones artículo: Portada del libro y fotografía, con autorización para su uso y publicación en esta reseña; © de sus autores.

Más información:
http://www.cuadernosdelaberinto.com/Narrativa/ernesto_uria_las_islas_sin_tierra.html

 

Reseñas en Margen Cero

Revista Almiar · n.º 107 / noviembre-diciembre de 2019 · PmmC · MARGEN CERO™

 

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